Me he ruborizado, he sentido un nudo a la garganta y muchos
alfileres picarme la cabeza. He contestado un sí
tímido
que me ha llevado enseguida a dirigir a otro lugar la mirada para
rechazar aquella inmensa incomodidad. Él se ha mordido los
labios para reprimir una risotada y se ha limitado a toser un poco, no
pronunciando una sílaba. ¡Y dentro de
mí los
reproches fueron fuertes y violentos: "Ahora no te hablará
más! Idiota!", pero en el fondo estaba contenta de haber
dicho
la verdad: soy virgen.. No he sido tocada nunca por nadie salvo por
mí, y eso me enorgullece.
Pero la curiosidad que tengo también es mucha. La
curiosidad ante todo de conocer el cuerpo masculino desnudo, ya que
nunca me ha sido permitido verlo: cuando en televisión
transmiten escenas de desnudo, mi padre agarra rápidamente
el
mando de distancia y cambia de canal. Y, cuando este verano he quedado
toda la noche con un chico florentino que estuvo aquí de
vacaciones, no he osado poner la mano en el mismo punto en el que
él puso la suya.
Y luego habría las ganas de probar un placer
producido por
alguien más que no fuera yo, de sentir su piel contra la
mía. Por último el privilegio de ser, entre las
chicas de
mi misma edad que conozco, la primera en tener una relación
sexual. ¿Por qué me ha hecho aquella pregunta? No
he
pensado todavía en como será mi primera vez y muy
probablemente no lo pensaré nunca, quiero sólo
vivir la
y, si puedo, tener de ello un recuerdo para siempre bonito que me
acompañará en los momentos más tristes
de mi vida.
Pienso que pudiera ser él, Daniele, lo ha intuido por
algunas
cosas. Anoche nos hemos intercambiado los números de
teléfono y esta noche, mientras dormía, me ha
mandado un
mensaje que he leído esta mañana: he estado muy
bien
contigo, eres muy bonita y tengo ganas de volver a verte.
Mañana
vienes a mi casa, nos daremos un baño en la piscina."
Estoy perpleja y agitada. El impacto con lo que hasta hace
una
hora desconocía ha sido bastante brusco, aunque no
completamente
disgustoso. Su casa de veraneo es muy bonita, es circundada de un
jardín verde y de miríadas de flores rojas y
frescos. En
la piscina azul brilló el reflejo del sol y el agua nos
invitaba
al baño justo hoy que no podía ya que el ciclo me
lo
impedía. Bajo el sauce llorón observé
a los
demás zambullirse y jugar mientras yo estuaba sentada en el
banco de bambú con un vaso de te frio en la mano. Me miraba
sonriendo y de vez en cuando yo correspondía contenta. Luego
lo
he visto encaramarse por el borde y venir hacia mi con las gotas de
agua que resbalaban sobre su torso brillante, mientras que con una mano
se alisó el pelo mojado rociando gotas por todas partes.
Siento "que tú no puedas divertirte", ha dicho con
una expresión ligeramente irónica.
Sin decir nada me ha tomado una mano mientras con lo otra
agarró el vaso frío y lo apoyó sobre
la mesa.
"Adónde vamos?", he preguntado riendo pero un poco
temorosa.
No ha contestado y me ha conducido a una puerta encima de
una
decena de escaleras, ha desplazado el felpudo y ha tomado las llaves;
ha insertado una de ellas en la cerradura, mirándome con
ojos
listos y brillantes mientras abría. "Pero dónde
me
llevas?", he preguntado con el mismo temor de antes.
Una vez más ninguna respuesta, sólo un
ligero
bullón de risotada. Ha abierto la puerta, ha entrado
arrastrándome dentro y la ha cerrado a mis espaldas. En la
habitación apenas iluminada por los resquicios de luz
filtrados
entre las persianas enrollables y extremadamente caliente, me ha
apoyado sobre la puerta y me ha besado con pasión, haciendo
que
sus labios me gustasen y me supieron a fresa.
Sus manos estaban apoyadas sobre la puerta y los
músculos
de sus brazos estaban desdoblados, pude sentirlos fuertes bajo mis
manos que los acariciaron y los recorrieron del mismo modo que sus
dedos estaban recorriendo mi cuerpo. Luego me ha tomado el rostro entre
las manos, se ha apartado de mi boca y me ha preguntado despacio:
“ te gustaría hacerlo?."
Mordiéndome los labios he contestado que no,
porque mil
miedos me han invadido a la improvisación, miedos sin un
rostro,
abstractas. Ha hecho más presión con las manos
apoyadas
sobre mis mejillas y con una fuerza que quizás él
quiso
traducir, en vano, en dulzura me ha empujado cada vez más
abajo,
enseñándome bruscamente al desconocido. Ahora lo
tuve
delante de los ojos, duro y palpitante con un fuerte olor a hombre y
cada veta que lo atravesaba expresaba una tal potencia que me ha
parecido una cosa barbara y al mismo tiempo muy excitante. Ha entrado
de pronto entre mis labios, cambiando el sabor de fresa de sus labios
por ese olor intenso a macho excitado.
De repente ha habido otra sorpresa y en la boca me he
encontrado
un líquido caliente y ácido, muy abundante y
denso. Un
brinco mío repentino ante este nuevo descubrimiento le ha
provocado en él un ligero dolor, me ha agarrado la cabeza
con
las manos y de un fuerte tirón me ha obligado a engullirlo
aún más hasta que su punta rozó mis
campanillas y
me provocó un vomito que por suerte no salió al
exterior.
Su respiración lo sentí afanoso y ha habido un
momento en
que he creído que el calor de su aliento llegaba hasta mi.
He
bebido aquel líquido porque no supe que hacer con ello, el
esófago ha creado un ligero ruido del que me he avergonzado.
Mientras todavía estaba de rodillas he visto sus manos
bajar,
creyendo que me quisiera levantar la cara he sonreído, en
cambio
ha tirado sobre el bañador para taparse y he sentido el
ruido
del elástico que sacudió contra su piel mojada
por el
sudor. Entonces me he levantado sola y lo he mirado a los ojos
buscándo en él alguna palabra que pudiera
alentarme y
hacerme feliz.
"Quieres algo de beber, para borrar el sabor de mi leche?", ha
preguntado. ,
Todavía sintiendo el sabor ácido del
líquido
dentro de mi boca he contestado que sí, un vaso de agua. Ha
ido
allá y ha vuelto después con el vaso en la mano,
mientras
que yo todavía apoyada en la puerta mirando la
habitación
después de que él encendiera la luz.
Observé las
cortinas de seda y las esculturas, y sobre los elegantes
sofás
muchos libros y revistas. Un enorme acuario proyectó sus
luces
brillantes sobre las paredes. Sentí los ruidos provenir de
la
cocina y dentro de mí no hubo turbación o
vergüenza
pero si una extraña alegría. Sólo
después
me ha atacado la vergüenza, mientras con un gesto indiferente
me
entregó el vaso y he preguntado:
Ciertamente!", me ha contestado con una sonrisa socarrona que
enseñó todos sus bonitos dientes. Entonces le he
sonreído y lo he abrazado y, mientras olía su
cogote, he
sentido detrás sus manos palpando mi trasero antes de
agarrar la
manija y abrir la puerta.
Nos vemos mañana", ha dicho, y después
de un beso
muy dulce hemos regresado junto a los otros. Alessandra me ha mirado
riendo y yo he señalado una sonrisa que enseguida ha
desaparecido y no se porqué tenía
lágrimas en los
ojos.
Hace más de dos semanas que salgo con Daniele y
ya me
siento muy atada a él. Es verdad que sus modos en nuestros
encuentros son bastante bruscos y nunca de su boca sale una
felicitación o una bonita palabra: sólo
indiferencia, e
insultos y risotadas provocadoras. Sin embargo su forma de actuar me
atrae cada vez mas. Estoy segura que la pasión que tengo
dentro
logrará hacerlo completamente a mi, y él se
adaptará pronto. En las tardes calientes y
monótonas de
este verano a menudo me encuentro a pensar en su sabor, el frescor de
su boca húmeda, los músculos duros y vibrantes
como
grandes peces vivos. Y casi siempre me toco, teniendo estupendos
orgasmos, intensos y llenos de fantasías. Siento dentro una
gran
pasión, la siento golpear sobre mi piel porque
querría
salir, azuzando fuera toda su potencia. Tengo unas ganas locas de hacer
el amor, también lo haría enseguida, y
continuaría
por días y días, hasta que la pasión
se apague por
fin. Sé a priori que estaré en todo caso no
saciada,
después de poco reabsorberé de fuera lo que he
hecho
dispersar para luego abandonarlo de nuevo, en un ciclo siempre igual,
siempre emocionante.
Me ha dicho que no soy capaz de hacerlo, que soy algo
pasional. Me
lo ha dicho con su usual sonrisa socarrona y he llorado, humillada por
su respuesta. Estuvimos sobre la hamaca de su jardín, su
cabeza
apoyada sobre mis piernas, acaricié despacio su pelo y
miré sus pestañas cerradas de dieciocho
años. Le
he pasado un dedo sobre los labios y me he mojado un poco la yema,
él se ha despertado y le he dicho interrogante.
"Tengo ganas de follar, Daniele", he dicho de un
tirón, con las mejillas incandescentes.
Lo he mirado perpleja, desentonada, quise hundirme bajo su
jardín y pudrirme allá bajo, mientras que sus
pies
habrían seguido pisándome para la eternidad. Huyo
fuera,
gritándole contra un "Stronzo!" rabioso, sacudiendo
violentemente la cancela y encendiéndola escúter
para
partir con el alma destruída y golpeada en el orgullo.
¿Diario, es tan difícil dejarse
querer? Yo
pensé que no era necesario beber su poción para
garantizarme su cariño, que debí necesariamente
concederme completamente a él y, ahora que estuve a punto de
hacerlo, ahora que tengo ganas de ello, se me burla y me echa fuera de
aquel modo. ¿Qué puedo hacer? De revelarle mi
amor no
hablo. Todavía puedo probarle de ser capaz de hacer lo que
él no se espera, soy muy terca y lo lograré.
Hoy es el día de mi quince cumpleaños.
Fuera hace
frío y esta mañana ha llovido fuerte. A casa han
venido
algunos parientes que no he acogido muy bien y mis padres,
incómodos, me han regañado cuando los
demás se han
ido. El problema es que mis padres sólo ven lo que les gusta
ver. Cuando soy más burbujeante participan en mi contento y
se
muestran afables y comprensivos. Cuando soy triste están
aparte,
me evitan como una apestada.
Mi madre dice que soy una fallecida, que escucha
música de
cementerio y que mi única diversión es encerrarme
en mi
habitación a leer libros, que estoy loca no lo dice, pero lo
veo
en su mirada...). Mi padre no sabe como se desarrollan mis
días,
y yo no tengo ninguna gana de contarselo. Es el amor que me falta, es
la caricia sobre el pelo que quiero, es una mirada sincera que deseo.
También en la escuela ha sido un día
infernal: no
tengo ganas de echarme a estudiar, y he tenido que terminar la tarea de
latin. Daniele me golpea en la cabeza de mañana a tarde y
ocupa
hasta los sueños; no puedo revelar a nadie lo que siento por
él, no entenderían, lo sé.
Durante la tarea el aula fue silenciosa y oscura, porque la
luz se
fue. Yo he dejado a Aníbal atravesar los Alpes y he dejado
que
las gansos en el Capitolio lo esperaran aguerridos, he dirigido fuera
la mirada de la ventana de los vidrios empañados y he visto
mi
imagen opaca y desenfocada: sin amor un hombre no es nada, diario, no
es nada... , y yo no soy una mujer...
11 de 25 enero de 2001
Hoy él cumple diecinueve años. Apenas
ha sonado el
despertador he tomado el telefono movil y la señal
acústica de las teclas es apagada por mi
habitación; le
he mandado un mensaje de felicidades al que sé que no
contestará con un gracias, quizás se haga una
sana
risotada leyéndolo. Y no se podrá contener
más
cuando lea la última frase que le he escrito: te quiero "
4 de marzo de 2001 horas 7,30
Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que he
escrito y
no ha cambiado casi nada; me he arrastrado en estos meses y he llevado
sobre mis hombros la inadecuación respecto al mundo; veo
alrededor sólo mediocridad y me duele hasta la idea de
salir.
¿Para ir dónde? ¿Con quién?
En el
ínterin mis sentimientos por Daniele han aumentado y ahora
siento el deseo de tenerlo dentro de mi. No nos vemos desde la
mañana en que me fui llorando de su casa y sólo
anoche
una llamada suya ha roto la monotonía que me ha
acompañado en todo este tiempo. Espero tanto que no haya
cambiado, que todo en él haya quedado igual a aquella
mañana en que hice mi conocimiento con el ardiente
desconocido.
Oír su voz me ha despertado de un largo y pesado
sueño. Me ha preguntado como me lo pasé, que cosa
hice en
estos meses, luego riendo ha preguntado si me han crecido las tetas y
yo le he contestado que sí, aunque no es para nada verdad.
Después de haber gastado las últimas palabras de
circunstancia le he dicho la misma cosa de aquella mañana,
es
decir que tenia ganas de hacerlo. En estos meses la gana ha sido
lacerante; me he tocado a la exasperación, probando millares
de
orgasmos. El deseo se apoderó de mí durante las
horas de
lección, horas en que, segura de que nadie estaba mirando,
apoyé mi Flor Secreta sobre el pedestal de hierro del banco
e
hice una ligera presión con el cuerpo.
Extrañamente ayer no se ha burlado, más bien ha
quedado
en silencio mientras le confié mi gana y ha dicho que no era
nada extraño, que era normal que tuviera ciertos deseos.
"Más bien", ha dicho, "puesto que te conozco de
algún tiempo, puedo ayudarte a realizarlos." He suspirado y
he
sacudido la cabeza: "En ocho meses una jovencita puede cambiar y llegar
a entender ciertas cosas que al principio no entendió.
Daniele,
días antes no estabas tan dispuesto y de repente", "por fin
me
deseas !", te has acordado de mí", he estallado.
"¡Pero tú eres completamente idiota!
Asustada de recibir otra vez la puerta en la cara me he
doblado a
exclamar un "No" suplicante y luego: "Esta bien, esta bien.
Justificándome."
"Veo que sabes razonar... tengo una propuesta que hacerte",
ha dicho.
Curiosa de lo que estuvo a punto de decirme lo he incitado
de
manera infantil a hablar y él ha dicho que sólo
lo haria
conmigo si entre nosotros no hubiera nada mas, sólo una
historia
de sexo en la que seríamos amantes solamente cuando
tuvieramos
ganas de ello. He pensado que a la larga también una
historia de
sexo puede convertirse en una historia de amor y el cariño,
aunque no aparece en los primeros tiempos, comparecerá con
la
costumbre.
Me he postrado a su deseo con tal de favorecer mis
caprichos:
seré su pequeño amante a plazo, cuando se haya
aburrido
me descargará sin demasiados problemas. Veo así
mi
primera vez quizás como un acuerdo real faltante de un
documento
escrito que lo sellas y lo certificas entre un ser demasiado listo y un
ser demasiado curioso y deseoso que ha aceptado los pactos a cabeza
doblada y con un corazón que falta poco para que estalle.
Espero que sea un éxito, porque el recuerdo
quiero
conservarlo dentro para siempre y quiero que sea bonito, brillante,
poético.
15 de Marzo 2001 15:35
Siento mi cuerpo destruído y pesado,
increíblemente
pesado. Y como si algo muy grande me hubiera caído encima y
me
hubiera aplastadp. No me refiero al dolor físico, sino a un
dolor diferente, dentro. Dolor físico no he sentido cuando
lo he
probado. Esta mañana he tomado de la cochera mi
escúter y
he ido a su casa en el centro. Fue pronto por la mañana,
media
ciudad todavía durmiendo y las calles casi
vacías; de vez
en cuando algún camionero tocó ruidosamente y me
lanzó un piropo y yo sonreí un poco porque
pensé
que los demás pudieran divisar mi alegría, que me
hace
más bonita y luminosa. Llegada bajo la casa he mirado el
reloj y
me he dado cuenta de haber llegado con antelación, como
siempre.
¡Entonces me he sentado sobre el ciclomotor, he abierto la
carpeta y he tomado el libro de griego para repasar la
lección
que habría tenido que repetir en clase esta misma
mañana,
si mis profesores supieran que he echo novillos en la escuela para
acostarme con un chico! ). Estaba sin embargo ansiosa y
deshojé
y manoseé el libro sin poder leer una palabra,
sentí el
corazón pulsar veloz, la sangre, veloz en mis venas, la
sentí correr bajo la piel. He cerrado el libro y me he visto
reflejada sobre el espejo del escúter. He pensado que mis
gafas
rosas a gota lo habrían hechizado y que el ponche negro
sobre
mis hombros lo habría asombrado; he sonreído
mordiéndome los labios y me he sentido orgullosa de
mí.
Sólo faltaban cinco minutos a las nueve, no
habría sido
un drama si hubiera tocado al timbre con antelación,
pensé. Enseguida lo he entrevisto la espalda desnuda y tras
la
ventana, ha levantado la persiana y ha dicho con una cara y un tono
duros, irónicos: "Faltan cinco minutos, espera
allí, te
llamaré yo a las nueve exacto." En aquel entonces he
reído estúpidamente, pero ahora repensando creo
que el
suyo fue un mensaje en que quiso bien aclarar quién decidia
las
reglas y quién debía respetarlas. Ha salido fuera
al
balcón y ha dicho: puedes entrar.
Sobre las escaleras sentí olor de meados de gato
y flores a
medio marchitar, he oído una puerta abrirse y he escalado de
dos
en dos los peldaños, porque no queria retardar nada.
Dejó
la puerta abierta y he entrado llamándolo bajito; he sentido
ruidos en la cocina y me he dirigido hacia la habitación, me
ha
venido al encuentro parándome con un beso sobre los labios
duros
pero bonitos, que me ha hecho recordar su sabor de fresa.
"Ve hacia allí, voy en un instante", ha dicho
indicándome a la derecha la primera habitación.
He
entrado en su habitación en pleno desorden, era evidente que
se
habia despertado hacía muy poco. Sobre la pared estaban
clavadas
placas de matrícula de automóviles americanos,
póster de dibujos animados manga y variadas fotos de sus
viajes.
Sobre la mesilla de noche una foto de niño, la he tocado
despacio con un dedo y de detrás él ha bajado el
marco
diciéndome que no tuve que mirarla. Me ha agarrado los
hombros y
me ha hecho volverme, me ha escudriñado cuidadosamente y ha
exclamado:
"Como coño te has vestido?!."
"Con el uniforme del colegio , Daniele", he contestado una vez
más herida.
El teléfono ha sonado y él ha salido
de la
habitación para contestar; no sentí bien lo que
dijo,
sólo palabras tenues y risotadas ahogadas. En
algún
momento he sentido: "Espera. Voy a verla y luego te lo digo."
Entonces ha asomado la cabeza de la puerta y me ha mirado, ha
vuelto al teléfono y ha dicho:
"Está de pie cerca de la cama con las manos en el
bolsillo. Ahora me la follo y luego te digo. Adios."
Ha vuelto con el rostro sonriente y me he contestado con una
sonrisa nerviosa. Sin decir nada ha bajado la persiana y ha cerrado con
llave la puerta de su habitación; me ha mirado por un
instante y
se ha quitado los pantalones, quedando en calzoncillos.
"¿Be?'
¿Qué haces todavía vestida? Desnudos,
no?", ha
dicho con una mueca sobre la cara. Rió mientras me
desvestí y, una vez completamente desnuda, me ha dicho
inclinando un poco la cabeza: "Be'... no estas tan mal. He hecho un
acuerdo con un bonito coño." No he sonreído esta
vez,
estuve nerviosa, miré mis brazos blancos y
cándidos que
resplandecieron por los rayos que se filtraban por la ventana. Ha
empezado a besarme sobre el cuello y ha bajado paulatinamente
más abajo, sobre los senos y luego sobre la Flor Secreta,
dónde ya los jugos habian comenzado a correr.
"Por qué no te depilas la raja?", ha susurrado.
"No", he dicho con el mismo volumen de voz, me gusta
más así ".
Bajando la cabeza pude notar su pene completamente endurecido
y entonces le he preguntado si quisiera empezar.
"Cómo te gustaria hacerlo?", ha preguntado sin
tardar.
"No sé, dime tú... "no lo he hecho
nunca", he contestado con una pizca de vergüenza.
Me he tumbado sobre su cama pasada y de las sábanas
frías, Daniele se ha metido sobre mí, me ha
mirado
derecho a los ojos y me ha dicho:
"Ponte sobre mi."
No me dolerá estando sobre ti?", casi he preguntado
con un tono de reproche.
"Te va a doler de todas formas, voy a romperte el virgo", ha
exclamado sin mirarme.
Me he encaramado sobre él y he dejado que su asta
encajara en
el centro de mi cuerpo. He sentido un poco de dolor pero nada terrible.
Sentirlo dentro de mí no ha provocado aquel trastorno que me
esperé, más bien. Dentro su sexo sólo
provocó escozor y molestia, pero era preciso para
mí
quedarme encajada de aquel modo.
Ni un gemido de mis labios, alas en una sonrisa. Hacerle
comprender
mi dolor habría sido expresar aquellos sentimientos que
él no quiere conocer. Quiere valerse de mi cuerpo, no quiere
conocer mi luz.
Bien, pequeña, no te haré
daño", ha dicho
"No, tranquilo, no tengo miedo. Pero no podrías
ponerte
tú sobre mi?", he preguntado con una sonrisa leve. Con un
suspiro ha consentido y se ha tirado sobre de mí.
"Sientes algo?", me ha preguntado mientras empezó a
moverse suave.
"No", he contestado creyendo que se referia al dolor.
"¿Cómo no? Será el
preservativo?."
"No sé", he continuado, "no siento
ningún mal."
Me ha mirado disgustado y ha dicho: "Tú,
coño, no es virgen!."
No he contestado enseguida y lo he mirado atónita:
"Como no? que es lo qe ocurre?."
"Con quién has follado antes, eh?"
ha preguntado mientras se levantó apresuradamente
de la cama y retomó los vestidos esparcidos sobre el suelo.
"Con nadie, te lo juro!", he dicho fuerte.
"Por hoy hemos acabado". Se me han quitado las ganas de follar.
El resto es inútil contarlo, diario. He ido fuera
sin el
ánimo de llorar o de gritar, sólo con una
tristeza
infinita que me aprieta el corazón y devora poco a poco
el 6 de marzo de 2001
Hoy mi madre en el almuerzo me ha mirado con ojos
investigadores y
me ha preguntado con un tono imponente en que cosas pensaba esos dias.
"La escuela", he contestado con un suspiro, me están
"atorando a
tareas." Mi padre continuó atiforrandose de espaguetis,
levantándo la mirada para poder ver el telediario las
últimas noticias de la política italiana. Me he
secado
los labios en el mantel y la he manchado de jugo; he ido velozmente a
la cocina mientras mi madre siguió imprecando que no tengo
nunca
para nada respeto por nadie, que ella a mi edad fue responsable y
limpió los manteles antes que ensuciarlos.
"Sí sí!", grité de la otra
habitación.
Tengo deshecha la cama y me he acurrucado bajo las mantas, mojando las
sábanas con mis lágrimas. El olor de suavizante
se
mezcló al extravagante olor de la mucosidad que me
coló
de la nariz, lo he secado con el palmo de la mano y también
he
secado las lágrimas. He observado el retrato colgado en la
pared
que un pintor brasileño me ha hecho tiempo atrás
; me
paró mientras caminaba y me dijo: "Tienes un rostro muy
bonito,
deja que lo dibuje. Lo hago gratis, de veras." Y mientras su
lápiz trazaba líneas sobre la hoja sus ojos
resplandecieron y sonrieron. "Por qué piensa que tengo un
bonito
rostro?", le he preguntado mientras estuve en pose. "Porque expresa
belleza, blancura, inocencia y espiritualidad", ha contestado con
anchos gestos de las manos. Dentro de las mantas he repensado en las
palabras del pintor y luego a la pasada mañana cuando he
creido
perdido aquél brillo que el brasileño raramente
encontró en mí. Lo he perdido entre las
sábanas
demasiado frías y entre las manos de quien tiene roto el
propio
corazón, y ahora no pulsa más. Muerto. Yo un
corazón lo tengo, diario, aunque él no se entera,
aunque
quizás nunca nadie se enterará. Y antes de
abrirlo, a
cualquier hombre daré mi cuerpo, por dos motivos: porque
quizás saboreando me gustará el sabor de la rabia
y la
amargura y por tanto probare un mínimo de ti, negrura, luego
porque se enamorará de mi pasión hasta no poder
prescindir de ella. Sólo después le
daré
completamente yo misma, sin demoras, sin constricciones, porque nada de
lo que he deseado se pierda. Me lo tendré estrecho entre los
brazos y lo haré crecer como una flor rara y delicada,
atenta
que una bofetada del viento no lo estropee a la
improvisación,
lo juro.
el 9 de abril de 2001
Los días son mejores, la primavera este
año ha
estallado sin medias medidas. Un día me despierto y
encuentro
las flores brotadas y el aire más tibio, mientras el mar
recoge
el reflejo del cielo convirtiéndose en un azul intenso. Como
cada mañana tomo el escúter para llegar a la
escuela; el
frío todavía es punzante, pero el sol en el cielo
promete
que más tarde la temperatura se levantará.
Avanzan del
mar los Farallones que Polifemo lanzó a Nadie
después de
que este lo hubo cegado. Estan anclados sobre el fondo marino,
están allí de tal vez cuanto tiempo y ni las
guerras ni
los terremotos y tampoco las violentas coladas del Etna los han hecho
hundir. Se yerguen imponentes sobre el agua y en mi mente pienso en
cuanta mediocridad, cuanta pequeñez pueda existir en el
mundo.
Nosotros hablamos, cumplimos todas las acciones que debemos cumplir por
un ser humano pero, a diferencia de los Farallones, no quedan siempre
al mismo apuesto, del mismo modo. Nos deterioramos, a diario, las
guerras nos matan, los terremotos nos agotan, la lava nos quema y el
amor nos traiciona. ¿Y tampoco somos inmortalizados; pero
quizás ésto es bueno, no?
Ayer las piedras de Polifemo nos miraban mientras
él se
movia convulsamente sobre mi cuerpo, no haciendo caso a mis
escalofríos de frío y mis ojos apuntaban a otro
lugar,
sobre el reflejo de la luna en el agua. Hemos hecho todo en silencio,
como siempre, del mismo modo, cada vez. Su cara hundida tras mis
hombros y sintiendo su aliento sobre el cuello, más
caliente,
pero frío. Su boca subió, mojó cada
centímetro de mi piel como si un caracol lento y holgazan
dejara
la misma estela viscosa. Y su piel ya no recordó la piel
dorada
y sudada que besé una mañana de verano; sus
labios no
supieron más de fresa, ya no tuvieron ningún
sabor. Al
momento, me ofrece su poción oculta que ha emitido con el
usual
estertor, despues de un gruñido. Se ha despegado de mi
cuerpo y
se ha tumbado sobre el paño a lado del mío,
suspirando
como si se hubiera librado de un peso embarazoso. Apoyando el cuerpo
sobre una cadera he observado las curvas de su espalda y las he
admirado; he señalado un lento acercarse de mi mano pero he
retirado enseguida mi gesto, atemorizada por su reacción. He
seguido mirando y los Farallones por mucho tiempo, un ojo a
él y
otro a ellos; luego desplazándolo mirada me he dado cuenta
de la
luna en medio y la he mirado admirada entrecerrando los ojos para
enfocar la redondez y el color indefinible.
Me he vuelto de lado, como si a la improvisación
hubiera
comprendido algo, un misterio primero inalcanzable: "no te quiero", he
susurrado despacio, como a mí misma. No he tenido tampoco el
tiempo de pensarlo. El se ha girado despacio, ha abierto los ojos y ha
preguntado: "Que coño has dicho?." Lo he mirado un instante
con
la cara firme, inmóvil y a voz más alta he dicho:
"no te
quiero." Ha arrugado la frente y las cejas se han acercado, para
decirme bien fuerte: "¡ Quién coño te
ha pedido que
me quieras!."
Hemos quedado en silencio, y él se ha desplazado
de nuevo
de espalda; en la lejanía he sentido la puerta de un coche
cerrar y luego las risitas de una pareja. Daniele se ha vuelto hacia
uno de ellos y fastidiado ha dicho: "Que coño quieren
estos...
por qué no joden en otra parte y me dejan descansar en
paz?."
Incluso "tendrán el derecho a joder dónde
quieren, no?",
he dicho observando el relampagueo del esmalte transparente sobre mis
uñas. "Oyes alegría... no tienes que decirme
tú
que tienen que hacer los otros. Yo decido, siempre yo, y siempre yo"
decidiré. Mientras habló me he vuelto,
fastidiada,
tumbándome sobre el paño húmedo; me ha
sacudido
enfadadamente los hombros y emitido a regañadientes sonidos
indescifrables. No me he movido, cada músculo de mi cuerpo
estuvo firme. "Tú no puedes tratarme así!",
gritó,
"tú no puedes darme la espalda... cuándo te hablo
tienes
que escucharme, y no te permitas nunca más girarte, has
entendido?." Entonces me he vuelto hacia él, le he agarrado
las
muñecas y las he sentido débiles bajo mis manos.
He
tenido piedad por él, me he sentido con el
corazón
apretado. "Yo estaría a encantada de escucharte horas y
horas si
me hablaras con cariño", he dicho despacio. He visto y
sentido
su cuerpo relajarse y sus ojos arrimarse y venirse abajo al Fin. Ha
roto a llorar y se ha cubierto el rostro con las manos por la
vergüenza; luego se ha acurrucado de nuevo sobre el
paño y
con las piernas agachadas aún más me
pareció un
niño indefenso e inocente. Le he dado un beso sobre la
mejilla,
he doblado silenciosa y cauta mi paño, he recogido todas mis
cosas y lentamente me he dirigido hacia la pareja. Estaban ambos
abrazados, el uno sintió el olor del otro oliendo su cuello;
me
he parado un instante a mirarlos y entre el ligero ruido de las olas
del mar he sentido un te quiero" "susurrado. Me han
acompañado a
casa, los he agradecido justificaciónme de haberles
interrumpido
pero ellos me han animado diciéndome que eran felices de
haberme
ayudado. Ahora diario mientras te escribo me siento culpable. Lo he
dejado sobre la playa húmeda llorando lágrimas
duras y
piadosas, me he ido como una cobarde y he dejado que él se
sintiera mal. Pero lo he hecho todo por él, y
también por
mí. A menudo me ha dejado llorar y en lugar de apretarme me
ha
mandado fuera burlándose; ahora no será un drama
porque
sea él el que se quede sólo. Y no lo
será tampoco
para mí.
el 30 de abril de 2001
¡Soy feliz, feliz, feliz! No ha sucedido nada para
que tenga
que serlo, sin embargo lo soy. Nadie me llama nunca, nadie me busca,
sin embargo broto alegría de todos los poros, estoy contenta
hasta lo inverosímil. Todas las paranoias las he echado
fuera,
no tengo la ansiedad más en esperar su llamada, ya no tengo
aquella angustia de sentirlo encima de mí agitarse pasando
él de mi cuerpo y de mí. Ya no tengo que contar
mentiras
a mi madre, cuando, vuelta de follar con él, me pregunta
dónde he estado. Y puntualmente yo contesto con cualquier
excusa: al centro a beber una cerveza, al cine o bien a teatro. Y antes
de dormirme fantaseo con la mente y pienso que cosa habría
hecho
si de veras hubiera ido a aquellos sitios.
Me habría divertido, ciertamente,
habría conocido a
gente, habría tenido una vida que no fuera sólo
escuela,
casa y sexo con Daniele. Y ahora esta otra vida la quiero, no importa
cuánto dure, ahora no hay nadie que interese a Melisa. La
soledad está destruyéndome quizás,
pero no me da
miedo. Yo soy la mejor amiga de mí misma, yo no
podría
traicionarme nunca, nunca me abandonare. Pero quizás hacerme
mal, hacerme mal quizás sí. Y no porque goce en
hacerlo,
sino porque quiero castigarme de algún modo.
¿Pero como
se hace una para quererse y castigarse al mismo tiempo? Es una
contradicción, diario, lo se. Pero nunca amor y odio han
estado
tan cercanos, así cómplices, así
dentro de
mí.
el 7 de julio de 2001 12,38 de la noche
Hoy lo he vuelto a ver, ha abusado de mi una vez
más, y
espero que sea la última, ha abusado de mis sentimientos. Ha
empezado como siempre todo, y ha acabado todo del mismo modo. Soy una
estúpida, diario, no habría tenido que permitirle
acercarse.
el 5 de agosto de 2001
Todo ha acabado, para siempre. Y me complazco en decir que
yo no estoy acabada, más bien, estoy recomenzando a vivir.
el 11 de septiembre de 2001 15,25
Quizás Daniele está mirándo
las mismas imaginenes en la TV, las mismas que yo veo.
el 28 de septiembre de 2001 9,10
La escuela acaba de empezar hace poco y se respira ya el
clima de
huelgas, manifestaciones y asambleas con los mismos argumentos de
siempre; ya imagino los rostros encarnizados de aquellos del colectivo
que se estrellan contra los de acción. Dentro de algunas
horas
empezará la primera asamblea de este año, que
tendrá como argumento la globalización; en este
momento
estoy en el aula, durante una hora de suplencia, detrás de
mi
algunas de mis compañeras que hablan del huésped
que
tendrá esta mañana la asamblea.
Dicen que es un bonito tipo, con una cara
angélica y una
inteligencia aguda, se carcajean cuando una de ellas dice que la
inteligencia aguda le interesa bien poco, le interesa más lo
que
tiene entre las piernas. Las que están hablando son las
mismas
que hace algún mes me han jorobado por ahí
diciendo que
le di el virgo a uno que no era mi novio; y yo confié en una
de
ellas, le conté todo de Daniele y me abrazó,
pronunciando
abiertamente un hipócrita lo siento.
"Te dejarias revolcar así con uno?", la misma
pregunta de una a otra.
"No, me violaría contra mi voluntad", contesta la
otra riendo.
"Y tú Melisa?", me pregunta. "Tú
qué cosa harías con un tío
así?."
Me he vuelto y le he dicho que no lo conozco y que no tengo
ganas
de hacer nada. Ahora las siento reír, y sus risotadas se
equivocan con el sonido metálico y sonoro de la campana que
indican el fin de la hora.
16,35
Sobre el palchetto montado por la asamblea, no me he cuidado
de
las aduanas derrocadas o de los McDonald's incendiados, aunque haya
sido elegida para verbalizar el encuentro. Sobre el largo escritorio
fui al centro, a mis lados los huéspedes de las adversas
facciones. El chico de la cara angélica se sentó
junto a
mí, con una pluma en la boca que carcomió
indecentemente.
Y mientras el destriota convencido se estrelló con el
sinistriota encarnizado, mis ojos observaron el bolígrafo
azul
encajado entre los dientes de él.
"Escribes mi nombre entre las intervenciones", ha dicho en
algun punto con la cara revuelta a su folleto de las notas.
"Cuál es tu nombre?", he preguntado con tono
discreto.
"Roberto", ha dicho esta vez mirándome, sorprendido
que no lo supiera ya.
Se levanto para hablar, su discurso fue fuerte y
convinvente. Lo
observé mientras se movió con el hacer
desenvuelto
teniendo en la mano el micrófono y la pluma, la platea
atenta
sonrió por sus golpes irónicos que supieron
golpear en el
punto justo. Es un estudiante de jurisprudencia, pensé, es
normal que tenga algunas habilidades oratorias; noté de vez
en
cuando que se volvia para mirarme y yo, un poco maliciosamente sin
embargo de manera natural, he abierto la blusa descubriendo el cuello,
hasta la coyuntura de los senos blancos. Quizás se haya dado
cuenta de mi gesto y en efecto ha iniciado más a menudo
volverse
y con aire un tantino molestado y despertada la curiosidad me
lanzó varios vistazos, al menos así me ha
parecido.
Acabado el discurso, se ha sentado y ha repuesto la pluma en su boca no
haciendo caso a los aplausos que le fueron dirigidos. Luego se ha
vuelto de cara a mí, que recomencé mientras tanto
a
verbalizar, y ha dicho: "no recuerdo tu nombre."
He tenido ganas de jugar: No no "te lo he dicho"
todavía, he contestado.
Ha movido ligeramente la cabeza y ha dicho: "Ya!."
Lo he visto recomenzar a escribir sus notas, mientras que yo
un
poco sonreí, contenta de que él mismo esperase
que le
dijera mi nombre.
"Y no quieres decirlo?", ha preguntado
escudriñándome cuidadosamente la cara.
He sonreído cándidamente: "Melisa", ha
dicho.
"Mmm... tienes el nombre de las abejas. Te gusta la miel?."
"Demasiado postre", he contestado, "prefiero los sabores
más fuertes."
Ha sacudido la cabeza, ha sonreído y hemos
seguido escribiendo juntos cada uno por su cuenta.
Después de un poco se ha levantado para fumar un
cigarrillo
y lo vi reír y gesticular animadamente con otro chico,
también él muy guapo, y a veces me
miró y
sonrió llevando el cigarrillo truncado en la boca. De lejos
pareció más sutil y esbelto y su pelo
pareció
blando y perfumado, pequeños bucles color bronce que cayeron
dulcemente sobre la cara. Estuvo apoyado al palo de la luz trasladando
todo el peso sobre una cadera, que pareció tirara con la
mano
dentro del bolsillo de los pantalones, una camisa a cuadros de tonos
verdes brincó fuera deordenada y las gafas redondas
completaron
su aspecto de intelectual. Su amigo lo habia visto bastantes veces
fuera de la escuela que distruibuyendo octavillas, siempre entregado a
un tosco cigarro en la boca, encendido o apagado. Acabada la asamblea
estaba recogiendo las hojas esparcidas por el escritorio que
habría tenido que agregar a mi acta, cuando Roberto ha
llegado,
me ha apretado la mano y me ha saludado con una ancha sonrisa.
"Hasta luego, compañera!."
Me he echado a reír y le he confesado que ser
llamada compañera me gustaba, es divertido.
"¡Fuera, fuera! ¿Qué haceis
charlando? No veis
que la asamblea se acabó?", ha dicho el Presidente
aplaudiendo.
Hoy estoy contenta, he hecho este bonito conocimiento y
espero que
no acabe aquí. Lo sabes, diario, yo persevero mucho si
quiero
alcanzar algo. Ahora quiero su número y estoy segura que
lograré conseguirlo. Después de su
número
querré aquello que tú ya sabes, o sea tomar
espacio entre
sus pensamientos.
el 10 de octubre de 2001 17,15
Hoy es un día húmedo y triste, el
cielo es gris y el
sol una mancha pálida y desenfocada. Esta mañana
ha
llovido poco y suave, mientras que ahora solo falta que los rayos hagan
saltar la corriente. Pero no me importa el día, yo soy feliz.
A la salida de la escuela los usuales buitres que quieren
venderte
algún libro o convencerte con alguna octavilla, indiferentes
hasta a la lluvia. Cubierto del impermeable verde y con el toscanello
en la boca estaba el amigo de Roberto que distribuyó hojas
rojas
con la sonrisa impresa en el rostro. Cuando se ha acercado para
también darmelo a mi, lo he mirado inquieta ya que no sabia
que
cosa hacer, como comportarme. He susurrado un tímido gracias
y
he seguido caminando muy lentamente pensando que una ocasión
no
me habría ocurrido de nuevo tan fácilmente. He
escrito mi
número sobre la hoja y, volviendo atrás, se lo he
devuelto.
"Qué haces, me lo devuelves antes que tirarlo como
hacen los otros?", me ha preguntado sonriente.
"No, quiero que se lo des a Roberto", he dicho.
Se asombra, entonces ha exclamado: "Pero Roberto tiene
centenares de ello de estas hojas."
Me he mordido los labios y he dicho: "A. Roberto le
interesará ese que esta escrito por detrás
allí...."
"Ay... he entendido...", aún más
asombrado me ha
dicho, "tranquila, lo veré después y se lo
entregaré de tu parte."
"Gracias mil!", habría querido darle un sonoro beso
sobre la mejilla.
Mientras me iba me siento llamar, me vuelvo y es él
que viene corriendo.
"En todo caso me llamo Pino, a mandar. Tú Melisa,
tu nombre verdadero?", ha dicho jadeando.
"Sí, Melisa... veo que no has tardado en leer tras
la hoja."
"Eh... qué quieres dijo...", "la curiosidad es
propia de los inteligentes. Eres tú curiosa?."
He cerrado los ojos y he dicho: "Mucho."
"¿Ves? Entonces eres inteligente."
Se saciado mi ego y harta de contento lo he saludado y he
ido
hacia la plazoleta de la ciudad frente a la escuela,
semi-vacía
por culpa del mal tiempo. He tardado un poco en tomar el ciclomotor, el
tráfico a la hora punta es bastante horrible si se conduce
un
escúter. Un minuto después suena celular.
"Diga?."
"Ehm... hola, soy Roberto."
"Uei, hola."
Me has sorprendido ", sabes?."
Me gusta "ser osada. También habrías
podido no
llamarme, he corrido el riesgo de que me dieras con la puerta en la
cara."
Has hecho muy bien. Habría venido yo a
preguntartelo una de
estas veces. Sólo que, sepas que ... mi chica frecuenta tu
mismo
bachillerato...."
"Ay, te has echado novia...."
"Sí, pero... "por mi, no importa."
«...tampoco a mí me importa."
"Pero me dices, por qué me has buscado?."
"Y tú por qué me habrías
buscado?."
"Be'... lo he preguntado primero."
"Porque quiero conocerte mejor y quiero estar un tiempo
contigo...."
Silencio. ;
"Ahora" te toca a ti.
"Ídem. Aunque la premisa la sabes: ya estoy
comprometido."
"Creo poco en los compromisos , pasan de ser tales cuando se
acaba de creer en ellos."
Te va "de encontrarnos mañana mañana?."
"No, mañana no, tengo escuela. Mejor el viernes,
hay huelga. Dónde?."
"Delante del comedor universitario a las 10,30."
De acuerdo.
"Hala entonces, hasta el viernes."
"Hasta el viernes, un beso."
el 14 de octubre de 2001
He llegado como es usual en mi con increíble
antelación, el tiempo siempre igual a aquel de hace cuatro
días, una monotonía increíble. Del
comedor provino
olor de ajo y en el punto en que fui yo pude escuchar a las cocineras
protestar con las ollas y maldecir de algún colega.
Algún
estudiante pasó y me miró estrujándome
el ojo y yo
fingí de no verlo. Fui más atenta a las cocineras
y a sus
discursos que a mis pensamientos; fui tranquila, para nada nerviosa, me
he dejado arrastrar del mundo externo y no me he cuidado demasiado.
Él ha llegado con su coche amarillo, arropado de
modo
exagerado, con una enorme bufanda que le cubrió mitad cara y
dejó destapadas sólo las gafas.
"Es para no hacerme reconocer, sabes como es... mi chica.
Tomaremos
calles secundarias, tardaremos un poco más pero al menos no
habrá riesgo", ha dicho cuando estoy dentro del coche. Sobre
el
vidrio de la máquina la lluvia la sentí golpear
más fuerte, parecia como si quisiera romperlo. El sitio
donde
fuimos era su casa de veraneo a las laderas del Etna, en las afuerasde
la ciudad. Las ramas secas y morenas de los árboles
desgarraron
el cielo nebuloso con pequeñas grietas, las bandadas de
pajaros
volaron a duras penas por la lluvia espesa, ansiosos de llegar al lugar
más caliente. Y también yo habría
querido iniciar
el vuelo para llegar a otro sitio más caliente. En
mí
ninguna ansiedad: ha sido como partir de casa para ir a iniciar un
nuevo trabajo, para nada emocionante, más bien. Un trabajo
preciso y pesado.
"Abre el salpicadero, debe haber algunos CD."
He tomado un par, luego he elegido a Carlos Santana.
Hemos hablado de la escuela, de su universidad y luego de
nosotros.
"Yo no quiero que me juzgues mal", he dicho.
"¿Bromeas? Sería juzgar como juzgame mal
yo mismo...
en fin estamos haciendo ambos la misma cosa, del mismo modo.
Más
bien, quizás para mí aún
más deshonroso
puesto que tengo novia. Pero ves, ella...."
"No" no me hables de ella, lo he interrumpido con una sonrisa.
"Mejor", ha dicho con la misma sonrisa.
Ha embocado una callejuela y luego se ha parado delante de
un
portón verde. Ha bajado del coche y ha abierto el
portón;
vuelta de nuevo en el coche he notado el rostro de Che Guevara impreso
sobre su camiseta completamente empapada. "Coño!", ha
exclamado.
Todavía "estamos en otoño y aun el tiempo da
asco", luego
se ha vuelto y me ha preguntado: "Pero no estarás un poco
asustada?." He cerrado los labios rizando el mentón y he
sacudido la cara, después he dicho: "No, para nada." Para
llegar
a la puerta me he cubierto la cabeza con el bolso y corriendo bajo
aquella lluvia hemos reído mucho, como dos
imbéciles. La
casa estaba completamente oscura; cuando luego he entrado he sentido un
frío helado. Apenas me moví en el oscuro
picadillo,
evidentemente él estaba acostumbrado, conocia todos los
rincones
y por tanto caminó con cierta soltura. He quedado puesta en
un
punto dónde pareció hubiera más luz y
he visto un
sofá sobre que he posado mi bolso. Roberto ha llegado de
detrás, se ha vuelto y me ha besado con toda la lengua. Me
ha
dado un poco de asco este beso, no fue para nada parecido a aquel de
Daniele. La suya , su lengua, me rozó, subió,
dejándola colar un poco sobre los labios. Lo he alejado
amablemente sin hacerle entender nada y me he secado con la palma de la
mano. Me ha tomado aquella misma mano y me ha conducido al dormitorio,
siempre en la misma oscuridad y con el mismo frío.
No puedes encender la luz?", he preguntado mientras me besaba
el cuello.
"No, me gusta más así."
Me ha dejado sobre la gran cama, se ha arrodillado delante y
me ha
sacado los zapatos. Yo no estaba excitada y tampoco impasible. Me
pareció sólo estar haciendo todo lo que a
él
parecia gustar. Me ha desvestido como si fuera un maniquí en
un
escaparate, como un vendedor espabilado e indiferente que desviste al
niñato para revestirlo. Vistas mis medias ha preguntado
asombrado:
"Pero aun usas las medias del cole?."
"Sí, siempre", he contestado.
"Pero eres una gran zorra", ha exclamado fuerte.
Me ha avergonzado su comentario fuera de lugar, pero
aún
más he quedado golpeada por su cambio de chico amable y
educado
a hombre ruin y vulgar. Tenia los ojos encendidos y
famélicos,
las manos hurgardo bajo la blusa, bajo las bragas.
"Quieres que me deje puestas las medias?", he preguntado para
favorecer sus ganas.
Ciertamente, déjatelas, así estas
más guarra."
Mis mejillas se han ruborizado de nuevo, pero luego he
sentido
despacio encenderse mi hogar y la realidad gradualmente alejarse. La
Pasión estaba tomando la ventaja. He bajado de la cama y he
percibido el suelo increíblemente frío y liso
bajo mis
pies. Esperé que se quitara los calzones.
Chupame la polla, cerda", ha susurrado.
No he hecho caso a mi vergüenza, se la he sacado
fuera
enseguida y he hecho lo que me acababa de pedir. He sentido su miembro
ponerse duro y grande, me ha tomado por las axilas y me ha levantado
hacia la cama. Me ha puesto como una muñeca inerme sobre
él y ha dirigido su larga verga hacia mi sexo,
todavía
poco abierto y apenas mojado.
"Quiero oírte gritar de dolor. Grita , quiero
sentir que te hago daño."
Efectivamente me hizo mucho daño,
sentí las paredes
de mi vagina quemarse porque aun no estaba suficientemente lubricada.
Grité mientras la habitación oscura giraba a mi
alrededor. La incomodidad era manifiesta pero si grito, he pensado,
"estará contento, me lo ha pedido él.
Haré todo lo
que quiera que haga." Grité y me sentí mal, no
estaba
sintiendo ningun placer cuando su daga me estaba atravesando. En cambio
él ha estallado fuera de si, levantando al máximo
la voz
y profiriendo palabras obscenas y vulgares. Me la ha metido con tal
violencia que toda su longitud queda enterrada en mi interior. Todo ha
vuelto a la normalidad, en menos de diez segundos se ha vaciado dentro
de mi y sin embargo ha sido placentero, bastante placentero,
¿acaso me gusta el dolor?. Ha retomado las gafas sobre la
mesilla de noche, ha echado el preservativo al cenicero
cogiéndolo con un pañuelo, se ha revestido con
calma, me
ha acariciado la cabeza y en el coche hemos hablado de Bin Laden y Bush
como si nada hubiera sucedido entre nosotros...
el 25 de octubre de 2001
Roberto a menudo me llama, dice que sentirme lo llena de
alegría y le hace venir las ganas de follar. Esta
última
cosa la dice despacio, no quiere hacerse sentir y luego se
avergüenza un poco a admitirlo. Le digo que a mi me pasa lo
mismo
y que a menudo lo pienso tocándome. No es verdad.
Sólo lo
digo por su orgullo, él, lleno de si, siempre dice: lo
sé
"que soy un buen amante. Les gusto mucho a las mujeres." Es un
ángel presumido, es irresistible. Su imagen me persigue
durante
el día, pero lo pienso más como el chico amable
que como
el loco jodedor pasional. Y cuando se transforma me hace
sonreír, pienso que debe sentar bien al equilibrio emocional
el
ser personas diferentes en momentos diferentes. Al contrario que yo que
siempre soy la misma, siempre hago lo mismo , siempre igual. Mi
pasión es así como con malicia.
el 1 de diciembre de 2001
Le he dicho que pasado mañana es mi
cumpleaños y ha
exclamado: "Bien, entonces tenemos que celebrarlo de manera apropiada."
He sonreído y he dicho: "Roby, lo hemos celebrado
ayer tres
veces seguidas y estuvo bastante bien. No estas satisfecho?."
"Eh, no... he dicho que el día de tu
cumpleaños será especial. Conoces tú a
Pino, verdad?."
"Sí, cierto", he contestado.
Te gusta "?."
Temorosa de contestar algo que lo habría hecho
alejar de
mí he tardado un poco, luego he decidido decir la verdad:
"Si,
bastante."
"Muy bien. Te vengo a buscar pasado mañana
entonces."
"De acuerdo...", he apagado el movil y me ha despertado la
curiosidad por que estoy casi segura de a que se refería
el 3 de diciembre de 2001 4,30 de la mañana
Mi décimosexto cumpleaños. Quiero
pararme ahora y no
vayas más adelante. A dieciséis años
soy
dueña de mis acciones, pero también
víctima del
mundo y de lo imprevisible. Saliendo por el portón de casa
he
notado que en el coche amarillo Roberto no estaba solo. He visto el
puro oscuro en la oscuridad y he entendido enseguida todo.
"Sería bueno que me dieras un beso al menos el
día de tu
cumpleaños", mi madre me dijo antes de salir y no le
presté, cerrando despacio la puerta de entrada mientras
salia
fuera sin contestarle. El ángel presumido me tiene ojeada
sonriente y yo subo al coche fingiendo que no me importaba que Pino
estuviera detrás. "Entonces?", ha preguntado Roberto, "no
dices
nada?", indicándome con la cabeza los asientos posteriores.
Me
he vuelto y he visto detrás a Pino espatarrado, con los ojos
rojos y las pupilas dilatadas. Le he sonreído y he
preguntado:
has fumado?." Él ha hecho seña de sí
con la cabeza
y Roberto ha dicho: "Y también se ha bebido una botella
entera
de aguardiente." "Bueno", he dicho, todo esta bien." Las luces de la
ciudad se reflejaron sobre las ventanillas del coche, las tiendas
todavía estaban abiertas, los propietarios esperan con
ansiedad
la Navidad. Sobre las aceras Magda y Celine caminaban inconscientes de
que dentro del coche que las adelantaba, estaba yo con dos hombres que
me llevaban quien sabe donde. Hemos atravesado la calle Etnea y vi la
Catedral iluminada por las luces blancas y circundado por los
imponentes árboles de palma de dátil. Bajo esta
calle
corre un río, celado por la piedra lávica. Es
silencioso,
imperceptible. Tal como mis pensamientos silenciosos y mitos,
escondidos sabiamente bajo mi coraza. Corren. Me destrozan. Por la
mañana aquí cercano está la
pescadería, se
siente el olor del mar provenir de las manos de los pescadores que, con
las uñas ennegrecidas por las entrañas de los
peces,
toman el agua del cubo y la rocían sobre los cuerpos
fríos y chispeantes de los animales aun vivos y deslizantes.
Estábamos dirigiéndonosnos justo allí,
aunque por
la noche la atmósfera cambia.
Bajada del coche me he dado
cuenta
que el olor del mar se transforma en olor de humo y hashish, los chicos
con los piercing se sustituyen a los viejos pescadores bronceados y la
vida continua a ser vida, siempre y en todo caso. He bajado del coche y
cerca una mujer anciana me inunda con su mal olor, vestida de rojo, con
un gato también de pelo rojo, delgado y ciego de un ojo.
Caminó como un fantasma, lentamente, con los ojos
trastornados,
y yo la observé interesada mientras esperé que
ellos
bajaran del coche amarillo. La mujer me ha rozado la manga del abrigo y
he sentido un escalofrío extraño; hemos cruzado
la mirada
por un instante breve pero ha sido tan intenso y todo ha sido tan
elocuente que he tenido miedo, miedo verdadero, loco. Su mirada sesgo y
vivo, para nada estúpido, dijo: "Dentro
encontrarás la
muerte. Ya no podrás retomar el corazón,
niña,
morirá, y alguien echará la tierra sobre tu
tumba. Ni una
sola flor. " Me ha venido la carne de gallina, aquella bruja me
hechizó. Pero no la he prestado mas atención, les
he
sonreído a los dos chicos que vinieron cerca de
mí,
bellos y peligrosos. Pino se tenia de pie a duras penas, ha quedado en
silencio por todo el camino y tampoco Roberto y yo hemos hablado, igual
que muchas otras veces.
Roberto ha extraído una gran sarta
de
llaves del bolsillo de los pantalones y ha enhebrado a una de ellas en
la cerradura. El portón ha chirriado, ha hecho un poco de
fuerza
para abrirlo y al final se ha cerrado ruidosamente a nuestros hombros.
Yo no hablé, no tuve nada que preguntar, supe muy bien que
cosa
estábamos a punto de hacer. Subimos por las escaleras
consumidas
por los años, las paredes del edificio parecieron
así
frágiles y en mi ha nacido el miedo temiendo que viniera
alguien
y nos matara; las grietas, muchas, y las luces blancas dieron un
aspecto diáfano a las paredes azules. Nos hemos parado a una
puerta donde pude escuchar música.
"Pero hay alguien?", he preguntado.
"No, hemos olvidado la radio encendida antes de salir",
costesta
Roberto. Pino ha ido al baño, dejando la puerta abierta; lo
vi
mear, sostenia en su mano el miembro blandujo y arrugado. Roberto ha
ido a la otra habitación a bajarnos el volumen y he quedado
en
el pasillo observando curiosa todas las habitaciones que
allí
pude mirar.
El ángel presumido ha vuelto sonriendo, me ha
besado en la
boca e indicándome una habitación me ha dicho:
nos
"Esperas en la celda de los deseos, llegamos dentro de poco."
"Eehehehe", he reído, "celda de los deseos... qué
extraño nombre para llamar una habitación en la
que se
folla!."
He entrado en la habitación, bastante amplia. Sobre
la
pared han sido sujetas centenares de fotos de modelos desnudas,
recortes de revistas porno, póster erótico hentai
y
posiciones del ka-masutra. Infalible, sobre el techo, la bandera roja
con el rostro del Che "Pero" dónde estoy, he pensado, "una
especie de museo del sexo... de quién será esta
casa?."
Roberto ha llegado con un tejido negro en la mano. Se ha vuelto y me ha
vendado con el pañuelo, me ha dado vueltas cerca de
él y
ha exclamado riendo: "Pareces" la diosa suerte. He sentido el
interruptor de la luz emitir su clic y luego no he logrado ver nada. He
advertido de los pasos y de los susurros, luego dos manos han bajado
los vaqueros, sacado el jersey endosado y el sujetador. He quedado en
bragas y botas con tacón de alfiler. Me vi vendada y
desnuda, vi
sobre mi cara mis labios rojos que dentro de poco habrían
probado algo de ellos.
De repente las manos son aumentadas,
convirtiéndose en cuatro. Fue fácil distinguirles
ya que
dos estaban sobre mis tetas y dos abajo, rozándome el chocho
por
el taparrabo y acariciándome el trasero. No logré
sentir
el olor de alcohol de Pino, quizás en el baño se
lavó los dientes.
Mientras me imaginé cada vez más en
poder de sus
manos y empecé a excitarme, he sentido, detrás,
el
contacto con un objeto congelado, un vaso. Las manos siguieron
tocándome, pero el vaso imprimió con
más fuerza la
piel. Asustada he preguntado entonces: "Qué cojones es
eso?."
Una risita de fondo y luego una voz desconocida: "tu barman, tesoro. No
te preocupes, te he dado solo una bebida." Me ha acercado el vaso a la
boca y he paladeado despacio crema de güisqui. Me he lamido
los
labios y otra boca me ha besado con pasión mientras las
manos
siguieron acariciándome y el barman me dio de beber. Un
cuarto
hombre estaba besándome. "Qué bonito culo que
tienes...",
dijo la voz desconocida, "Suave, cándido, duro. Puedo darte
un
mordisco?." He sonreído por la ridícula solicitud
y he
contestado: "Error y basta ya, no preguntes, haced lo que tengais que
hacer. Pero una cosa quiero saber: cuántos sois?."
"Estáte tranquila amor", ha dicho otra voz a mis hombros. Y
he
sentido una lengua lamer las vértebras de mi espalda. Ahora
la
imagen que tuve de mí fue más seductora: vendada,
medio
desnuda, cinco hombres que me lamen, me acarician y se enredan en mi
cuerpo. Yo para ellos fui el centro de la atención y me
llenaron
de besos y caricias. No oí una voz, sólo suspiros
y
gemidos. Y cuando un dedo se ha colado despacio en mi coño
me he
sentido húmeda y caliente y me he abandonado. Me
sentía
rendida al toque de sus manos y en mí estuvo viva la
curiosidad
de saber quienes fueran, como fueran. ¿Y si el placer que
acabo
de sentir hubiera sido fruto del trabajo de un hombre feo y baboso? En
aquel entonces no me importaba. Y ahora me avergüenzo de ello,
diario, pero sé que añorar las cosas
después de
haberlas hecho no sirve de nada. "Bien", Roberto por fin dice, "echa de
menos" al último miembro del grupo.
"Que Cosa?", he preguntado.
No te preocupes. Puedes sacar la venda, ahora haremos otro
juego."
He titubeado un instante para sacar la venda pero luego la he
quitado despacio de la cabeza y he visto que en la
habitación
Roberto y yo estabamos solos.
"Pero adónde se han ido?", he preguntado con
sorpresa.
Nos esperan en la otra "habitación." :
"Qué se llama...?", he preguntado divertida.
"Mmm... sala del fumanza. Nos hacemos una caña."
Quise irme con todas mis fuerzas y dejarlos allí.
Aquella
pausa me habia enfriado y la realidad se ha presentado con toda su
crudeza. Pero no pude, ya inicié y tuve que acabar a toda
costa.
Lo he hecho por ellos. He entrevisto los perfiles destacarse en la
habitación oscura, sólo alumbrada por tres velas
apoyadas
por tierra. De aquel poco que pude notar las formas de los chicos
presentes en la sala no fueron feas y esto me ha consolado. En la
habitación habia una mesa redonda y alrededor de las sillas.
El
ángel presumido se ha sentado.
"Fumas tú también?", Pino me ha
preguntado.
"No, gracias, no fumo nunca."
"Eh no... de esta noche tú" también
fumarás, ha
dicho el barman del que pude notar el bonito físico torneado
y
esbelto, la piel oscura y el pelo largo hasta los hombros, crespos.
No, siento decepcionarte. Cuando digo no es no. No he fumado
nunca,
no fumaré ahora y no sé si fumaré en
el futuro.
Encuentro inútil hacerlo y lo dejo hacer por tanto a
vosotros."
"Pero al menos nos mostrarás una bonita vista", ha
dicho
Roberto golpeando la mano sobre la madera de la mesa, "quitate las
bragas y siéntate aquí."
Me he sentado sin bragas sobre la mesa con las piernas
abiertas,
los tacones de las botas clavadas sobre la madera y el chocho abierto a
la vista de todos. Roberto ha acercado la silla, ha apuntado la vela
encendida hacia mi pubis para iluminarlo. Enrolló su mapa
dirigiéndo la mirada primero hacia la hierba perfumada y
luego
hacia mi coño. Sus ojos brillaron. "Tocate", me ha ordenado.
Entonces yo he deslizado despacio un dedo en mi herida y él
ha
dejado el trabajo para deleitarse la vista con mi sexo. De
detrás ha llegado alguien que me ha besado los hombros, me
ha
tomado entre los brazos y me ha encajado a su cuerpo buscando con su
pene erecto entrar dentro de mí. Dócil, con la
mirada
baja y apagada. Vacío. No he querido mirar.
"Eh, no, no... hemos hablado primero de ello... esta noche
nadie la penetrará", dice Pino.
El obus invasor se ha parado justo en la entrada, apenas
rozando
mis abultados labios. El barman ha ido a la otra habitación
y ha
retomado la venda negra que cubrió por primera vez mis ojos.
Me
han vendado de nuevo y una mano me ha obligado a arrodillarme.
"Ahora, Melisa, se pasará la caña", he
sentido a la
voz de Roberto "y cada vez que uno de nosotros tenga en la mano su
polla bien dura, chascaremos los dedos y te tocaremos la cabeza,
así sabrás que ha llegado el momento.
Tú te
acercarás donde nosotros te diremos y agarrarás
el cipote
con tu mano y lo acogerás en tu boca hasta la corrida final.
Cinco veces, Melisa, cinco pollas se correran en tu boca y tu lo
paladearas y tragarás como sabes hacerlo. A partir de ahora
no
hablaremos más. Buen trabajo."
Dentro de mi paladar se han estrellado cinco gustos
diferentes,
cinco sabores de cinco hombres, cinco cremas de cinco tubos distintos.
Cada sabor su historia, cada poción mi vergüenza.
Durante
aquellos momentos he tenido la sensación y la
ilusión de
que el placer no fuera solo carnal, que fueran gozos de belleza,
alegría, libertad. Y estando desnuda entre ellos he sentido
la
pertenencia a otro mundo, desconocido. Pero luego, acabada la
sesión, me he sentido el corazón a trozos y he
sentido
una vergüenza indecible.
Después me he abandonado sobre la cama y he
sentido mi
cuerpo entumecerse. Sobre el escritorio de la habitación
estrecha vi el display de mí celular relampaguear y supe que
estaban llamándome de casa, ya eran las dos y media de la
mañana. Pero algunas horas atrás alguien ha
entrado en mi
cama, se ha tumbado encima de mi y me ha follado; otro lo ha seguido y
ha apuntado su pene hacia mi boca. Y cuando uno acabó, otro
me
descargó encima su líquido blanquecino.
Y también los otros. Algunos soltaron su esperma
encima de
mi coño, todos en mi boca, otros se derritieron en mis tetas
y
en mis muslos. Suspiros, quejidos y gruñidos. Y
lágrimas
silenciosas.
He vuelto a casa llena de esperma reseca, no habia tenido
tiempo
de ducharme. Entro y mi madre que me esperaba durmiendo en un
sofá.
"Estoy aquí", le he dicho, he vuelto."
Estaba demasiado adormecida para regañarme por el
horario,
así ha señalado con la cabeza y ha ido hacia el
dormitorio. He entrado a baño, me he mirado en el espejo y
ya no
he visto la imagen de quien se observó encantada hace unos
años. He visto los ojos tristes, aún
más hechos
piadosos del lápiz negro que manchaba las mejillas. He visto
una
boca que ha sido muchas veces violada esta tarde y ha perdido su
frescor. Me sentí con asco, ensuciada por corpusculos
extraños.
Luego me he dado cien golpes de cepillo, como hacen las
princesas,
según mi madre siempre dice, con la vagina que
todavía
ahora, mientras te escribo, diario, en plena noche, me sigue oliendo a
lefa de macho.
el 4 de diciembre de 2001 12,45
"Te divertiste ayer?", mi madre me ha preguntado esta
mañana cubriendo con un bostezo el silbido de la cafetera.
He
sacudido los hombros y he contestado que he transcurrido una noche como
las otras. "Tus vestidos tenian un extraño olor", ha dicho
con
los usuales ojos de quien quiere saber y entender todo de los otros, a
mayor razón si se trata de mí.
Asustada me he vuelto de chasquido mordiéndome
los labios,
he pensado que a lo mejor sintió el olor de esperma. "De
qué?", he preguntado fingiéndome calma,
observando
descuidadamente el sol más allá de la ventana de
la
cocina. "De humo... qué sé... marihuana", ha
dicho con el
rostro disgustado. Animada, me he vuelto, he sonreído
levemente
y he exclamado: "Be'... no sé, en el local de ayer hubo
gente
que fumó. No pude impedirlo." Me ha mirado con ojos
siniestros y
ha dicho: me "Vuelves a casa fumada y no sales más, ni tan
siquiera para ir al colegio!." "Mmm, bien", he bromeado,
"veré
de encontrarme algunos fumatas de confianza. Gracias, me has dado una
óptima coartada para no frecuentar aquellos
coñazos de
lecciones." ...Como si lo que hiciera mal sólo fuera el
hashish.
Fumaría gramos y gramos con tal que no pruebes esta
extraña sensación de vacío, de nada.
Es como si
fuera suspendida por el aire, y estoy admirando desde lo alto lo que he
hecho ayer. No, no fui yo aquella. Fue la que no se quiere dejar rozar
de manos ávidas y desconocidas; fue la que no quiere recibir
esperma de cinco personas diferentes y a ser contaminada en el alma,
dónde echa el ancla el deseo, el dolor no
existió. La que
se quiere soy yo, soy la que esta noche ha devuelto su pelo de nuevo
brillante después de tenerlos cepillando con ganas cientos
de
veces, la que ha hallado la suavidad de niña de los labios.
Y
que se ha besado, compartiéndo con ella misma el amor que
ayer
le ha sido negado.
el 20 de diciembre de 2001
Tiempo de regalos y falsos sonreídos, de armonia
colada,
con una momentánea dosis de buena conciencia, entre las
manos de
los gitanos con los niños en brazos a los
márgenes de las
calles. A mí no gusta comprar regalos para los otros,
siempre
los compro sólo para mí misma, quizás
porque no
tengo a nadie a quien hacerselo. Esta tarde he salido con Ernesto, un
tipo que he conocido en chat. Me pareció enseguida
simpático, intercambiamos los números y hemos
empezado a
vernos como bueno amigos. Aunque él es un poco lejano,
tomado de
la universidad y de sus misteriosas amistades. A menudo salimos para ir
de compras y no me avergüenzo con él entrar en
alguna
tienda de ropa íntima, más bien muchas veces
también el tambien se compra alguna. "Para mi nueva chica",
siempre dice. Con los pedidos semeja tener una buena confianza, se dan
del tú y a menudo ríen. Yo revuelvo entre los
cajones
buscando las prendas que tendré que vestir por el que
logrará quererme. Les tengo bien redoblados dentro del
primer
cajón de la cómoda, intactos. En el segundo
cajón
tengo las prendas íntimas que llevaba encima durante los
encuentros con Roberto y sus amigos. Algodon consumido por sus
uñas y bragas de encaje un poco laceradas con
pequeños
hilos que cuelgan porque fueron tocados por demasiadas manos deseosas.
No me hagan caso , a ustedes les basta saber que soy una marrana. Al
principio siempre compré ropa íntima en encaje
blanco,
estando atenta a coordinarla bien. "El negro te estaría
mejor",
me ha dicho una vez Ernesto, se combina mejor a los colores de tu cara
y tu piel." He seguido su consejo, y desde entonces sólo
compro
el encaje negro.
Lo miro interesado en las tangas pintadas, dignos de una
bailarina
brasileña: rosa shocking, verde, azul eléctrico,
y cuando
quiere mantenerse serio elige el rojo. Ciertamente que son muy
exquisitos tus gustos", le digo.
Él ríe y dice: "Nunca tanto como
tú", y mi ego se encuentra de nuevo bombeado.
Los sujetadores son casi todo acolchados, no los coordina
nunca a
los eslip, prefiere acercar colores demasiado inverosímiles
entre ellos. Luego las medias: las mías casi siempre de
marca
velados con el barranco en encaje, rigurosamente negro, que se
estrellan claramente con el blancor invernal de mi piel.
Aquéllos que compra él no son ciertamente de mi
gusto.
Cuando una chica le gusta más que las otras, Ernesto se
zambulle
entre la muchedumbre de un gran almacén y compra para ella
habitas brillantes enriquecidos por paillettes multicolores, con
escotes vertiginosos y grietas audaces.
"Cuánto vale ahora la chica?", bromeaba yo.
Él se pone serio y sin contestar va a pagar.
Entonces yo me
siento culpable y paro de hacer la papanatas. Hoy, mientras paseamos
entre las tiendas iluminadas y los pedidos ácidos y
jóvenes, la lluvia a menudo nos ha sorprendido ha mojado
nuestros paquetes de cartón que teniamos en la mano. -
"Vamos bajo un porche!", ha dicho fuerte mientras me agarró
la
mano.
"Ernesto!", he dicho a media calle entre lo malsufrido y lo
divertido. "En calle Etnea no hay porches!." Me ha mirado pasmado, ha
levantado los hombros y ha exclamado: "Vamos entonces a mi casa!." No
queria irnos, he descubierto que uno de sus vecinos es Maurizio, un
amigo de Roberto. No queria verlo, ni mucho menos que Ernesto
descubriera estas mis actividades ocultas. De pronto nos fuimos
acercandonos a unos metros de su casa que hemos recorrido a paso veloz
mano en la mano. Ha sido bonito correr con alguien sin tener que pensar
que después habría tenido que echarme sobre una
cama y
dejarme ir sin frenos. Me gustaría, por una vez, ser yo la
que
decide: cuando y dónde hacerlo, por cuanto tiempo, con
cuanto
deseo.
Hay alguien en casa?", le he susurrado subiendo las escaleras,
mientras que mi eco retumbó.
"No", ha contestado él con el jadeo,
"están tos de
vacaciones. Ha quedado solo Gianmaria, pero en este momento esta fuera
también él." Contenta, lo he seguido,
fijándome de
pasada al espejo en la pared.
Su casa esta semivacía y la presencia de cuatro
hombres es
visible: hay un mal olor, sí, aquel agobiador olor de
esperma, y
el desorden tiende a llenar las habitaciones.
Hemos arrojado los bultos por tierra y nos hemos apartado
los abrigos empapados.
"¿Quieres alguna ropa? El tiempo que tus vestidos
se sequen."
"Esta bien, gracias", he contestado.
Llegados en su habitación-biblioteca, ha abierto
el armario
con cierto temor y, una vez que estaba completamente abierto, me ha
pedido de ir de allá a tomar los paquetes. ¿Ha
cerrado de
prisa el armario y yo divertida y mojada he exclamado: "Que nos tienes?
Tus mujeres muertas?." Ha sonreído y ha contestado:
"Más
o menos."
¡Me ha despertado la curiosidad el modo en que me
ha
contestado y para evitar que le hiciera otras preguntas ha dicho
arrancándome los bultos de las manos: "Deja que vea.
¡Qué has comprado chiquitina?." Ha abierto con
ambas las
manos el cartón mojado y ha hincado la cabeza como un
niño que recibe su regalo de Navidad. Sus ojos brillaron y
con
la punta de los dedos ha extraído un par de calzones negros.
"Ay-ay. ¿Y que haces con este, eh? ¿Por
quién las
vistes? No creo que las uses para ir al colegio...." "Tenemos secretos,
nosotros", he dicho irónica, consciente de sospecharlo.
¿Me ha mirado asombrado, ha inclinado a mano
izquierda un
poco la cabeza y ha dicho despacio: "Tú dices...? ...Y que
secreto tendrías?."
Estoy cansada de tenerlo dentro, casi a diario. Se lo he
dicho. Su
cara no ha cambiado la expresión, ha quedado con la misma
mirada
hechizada de antes.
¿Tenerlo qué, y dentro de qué?
“Joder, pues eso que estoy harta de tener siempre
una polla incrustada en el coño.
Silencio.
"Pero no dices nada?", he preguntado fastidiada.
Es tu elección, pequeña. Sólo
puedo decirte que seas feliz."
"Demasiado tarde", he dicho con un tono de falsa
resignación.
Tratando de parar la incomodidad he reído fuerte
y luego he
dicho con voz alegre: "Be', bonito, ahora es el turno de tu secreto."
Su blancor ha estallado, los ojos se movieron de prisa por toda la
habitación, inciertos. Se ha levantado del sofá
leído a flores desteñidas y a grandes pasos se ha
dirigido hacia el armario. Ha abierto un postigo con un gesto violento,
ha indicado con un dedo las prendas colgadas y ha dicho:
"Éstos
son mís secretos." Reconocí aquellos vestidos,
los
compramos juntos y estuvieron colgados allí sin etiqueta y
visiblemente usados y arrugados.
"Qué quieres decir, Ernesto?", he preguntado
despacio.
Sus movimientos se han entibiado, los músculos se
han relajado y los ojos se fijaron en tierra.
"Estos vestidos los compro para mí. "
“Para mi trabajo”
También yo lo he privado de cualquier comentario,
no pensé en realidad en nada.
¿Luego un instante después, en mi
cabeza, todas las
preguntas: tu trabajo? ¿dónde trabajas?
¿por
qué?
Me gusta "disfrazarme de mujer. Empecé hace unos
años. Me cierro en mi habitación, pongo una
telecámara sobre la mesa y me disfrazo. Me gusta, me siento
bien. Después me observo sobre la pantalla y... be'... me
excito... Y a veces me dejo ver en chat de alguien que me lo pregunta",
un rubor espontáneo y potente estaba tragándolo.
Silencio
en todo el piso, sólo el ruido de la lluvia que caia abajo
del
cielo, formando sutiles hilos metálicos, que nos enjaularon.
«...Te prostituyes?", he preguntado sin medios
términos.
Ha callado, cubriéndose enseguida el rostro con
ambas las manos.
«...Melisa, créeme, sólo
hago servicios de
boca, nada más. Alguien también me pregunta si...
algunos
quieren romperme el culo, en fin, pero juro, no lo hago nunca... Es
para pagarme los estudios, lo sabes que mis padres no pueden
permitirse...", habría querido continuar, repescar alguna
otra
justificación. No te lo reprocho Ernesto, he dicho
después de un poco observando atenta la ventana sobre la que
brillaron nerviosas las gotas de la lluvia.
"Ves... cada uno elige su vida, tú lo has dicho
hace un
minuto. A veces también las calles se equivocan pueden ser
justas, o viceversa. Lo importante es seguir siendo nosotros mismos y
nuestros sueños, porque sólo si
lográramos
hacerlos realidad podremos decir de haber elegido bien por nosotros. A
este punto quiero saber porque lo haces... de verdad." He sido
hipócrita, lo sé.
Me ha mirado entonces con ojos tiernos y llenos de
preguntas; luego ha preguntado: "Y tú por qué lo
haces ?."
No he contestado, pero mi silencio ha dicho todo. Y gritó mi
conciencia tanto que para tenerla a cuida he dicho muy
espontáneamente, sin avergonzarme: "Por qué no te
disfrazas por mí?."
"Y ahora por qué me preguntas esto?."
No lo supe tampoco yo.
Con un poco de incomodidad he dicho despacio: "Porque es
bonito ver
dos identidades en un cuerpo: hombre y mujer en la misma piel. Otro
secreto: la cosa me excita. Y luego, excusa... es una cosa que gusta a
ambos, nadie está obligándonos a hacerlo. No
puede ser un
error si es un placer, no?."
Vi su polla excitada bajo los pantalones y sin embargo
trató de esconderse.
“Lo hago", ha dicho seco. Del armario ha tomado un
vestido y una camiseta que me ha lanzado.
"Justificandome, olvidé de cogerla. Pontela."
"Pero" tendré que desvestirme, le digo.
Te avergüenzas?."
"No no, figurate", he contestado.
Me he desvestido mientras su excitación
creció por
mi desnudez. Me he metido allí en la gran camiseta rosa
sobre la
que fue escrito: Bye bye Bebé y Marilyn Monroe observando
con un
ojo la toma de hábito de mi amigo. El se vistio de hombros,
mis
ojos lograron sólo ver sus movimientos y la línea
del
taparrabo que dividió sus nalgas escuadradas. El se ha
girado:
minifalda negra corta, medias de red, botas muy altas, top dorado y
sujetador acolchado. He aquí como un amigo se
presentó
como siempre les he visto en Lacoste y Levi's. Mi excitación
no
era visible, pero estaba excitada. Del taparrabo ceñido su
esplendida polla apareció fuera sin problemas. Lo ha
desplazado
y la esta frontando. Se está haciendo una paja por mi.
Como en un espectáculo, me he tumbado sobre el
sofá-cama
y lo he mirado atenta. Tuve ganas de tocarme, hasta de poseer aquel
cuerpo. Se ha asombrado de mi frialdad, casi masculina, cuando se
tocaba. Su rostro fue envuelto por pequeñas gotas de sudor,
mientras mi placer llegó sin penetración, sin
caricias,
sólo de la mente, de mí.
En cambio el suyo ha llegado fuerte y seguro, lo he visto
salir a
borbotones y salpicar fuera y he sentido su estertor que solo se ha
parado cuando ha abierto los ojos. El esta distendido conmigo sobre el
sofá, nos hemos abrazado y nos hemos dormido con Marilyn
cuyo
ojo estaba empapado por el esperma de Ernesto.
el 3 de enero de 2002 2,30 de la mañana
De nuevo en la casa-museo, con las mismas personas. Esta vez
jugamos que yo era la tierra y ellos los gusanos que cavaban. Cinco
gusanos diferentes, unos con capucha, otros no, han cavado surcos sobre
el surco de mi cuerpo depositando su espesa semilla, unas veces en el
volcán de mi vientre, otras veces, las mas, en mi boca
ansiosa y
ávida de zumo cremoso y ardiente; y el terreno, mi cuerpo, a
la
vuelta a casa, fue desmoronado y frio. Un viejo enaguas amarilleado, de
mi abuela, fue colgado en mi armario. La he vestido, he sentido el humo
del suavizante y un tiempo que se pasó se mezcla con el
absurdo
presente. He desatado el pelo sobre los hombros protegidos por aquel
confortador pasado. Los he desatado, los he olido y me he acostado con
una sonrisa que pronto se ha transformado en llanto. Templado.
el 9 de enero de 2002
En casa de Ernesto los secretos no han sido desvelados. Le
he
confiado que lo que sucedió dio a luz en mí el
deseo de
ver a dos hombres uno dentro del otro. Quiero ver follar a dos hombres,
sí. Verlos que se follan tal como hasta ahora me han
follado,
con la misma violencia, con la misma brutalidad. No logro pararme,
corro veloz como un palito que se deja transportar de las corrientes de
un río. Aprendo a decir que no a los otros y sí a
mí misma y dejar que la parte más profunda de
mí
venga fuera sacudiéndo por ello al mundo circunstante.
Aprendo.
"Eres un continuo descubrimiento, Melisa. Como decir... una
mina de
fantasías e imaginación", ha dicho con la voz
ronca del
sueño de que apenas salió.
"Juro, Ernesto. Estaria dispuesta hasta a pagar", he dicho aun
abrazada a él
"Entonces?", he preguntado desesperada después de
un poco de silencio.
"Entonces qué cosa?."
"Tú que eres, bueno... del campo... no conoces a
nadie dispuesto a dejarse mirar?."
"¡Pero que cosas dices! No puedes quedarte tranquila
con las historias normales?".
"A parte de ser tan buena persona eres un poco inocente", he
dicho, "y luego qué entiendes como historias normales?."
"Historias de seduccion, Melisa. Tú chica,
él chico. Amor y sexo , basta ya."
"Be', según yo es esa la verdadera
perversión!", he
dicho histérica, "en fin... vida cómoda:
sábados
por la tarde en Plaza Teatro Massimo, domingos por la mañana
desayuno en ribera al mar, sexo rigurosamente en el fin de semana,
confianzas con los padres, etcétera, etcétera...
mejor
quedar sola!."
Echa el ancla silencio.
"Y luego yo soy así, no quiero cambiar por nadie.
", le he chillado divertidamente en la cara.
Ha reído y me ha acariciado la cabeza.
"Pequeña, yo te quiero, no querría nunca
que algo desagradable" te sucediera.
Me sucederia "si no hiciera lo que quiero. Y
también yo te quiero.
Me ha hablado de dos chicos, estudiantes del último
año de jurisprudencia. Los conoceré
mañana,
después de la escuela me vendrán a buscar a Villa
Mona,
delante de la fuente dónde nadan los cisnes.
Llamaré a mi
madre para decirle que quedaré fuera toda la tarde por el
curso
de teatro.
el 10 de enero de 2002 15,45
¡Ciertamente que vosotras las mujeres sois
idiotas! Mirar a
dos hombres follar... ah!", ha dicho Germano, al volante. Sus ojos eran
grandes y negros; la cara maciza y bien impresa poblada por bonitos
bucles negros que le hacen parecer cetrino, si no hubiera sido por la
tez aceitunada, un joven africano potente y soberbio. Estuvo al volante
del coche, se sentaba como el Rey de la selva, alto y majestuoso, los
largos y huesudos dedos apoyados sobre el volante, un anillo de acero
con señales tribales brillaba en medio de su mano.
¿Con
una voz debil y gentil el otro chico, de los labios sutiles,
contestó de detrás de mí: la "Dejas
estar, con
nosotros a esta chica nueva? También es así
pequeña... mira que bonita cara : no se que tiene,
así de
tierno. Seguro, pequeño, de quererlo hacer?." He asentido
con la
cabeza. De cuánto he entendido, los dos han aceptado este
encuentro porque debian un favor a Ernesto, aunque no he entendido de
qué lo recompensaron. Germano estuvo irritado de esta
situación y si hubiera podido me hubiera dejado sobre el
arcén de la carretera desierta que estábamos
recorriendo.
Sin embargo un entusiasmo desconocido le brilló en los ojos,
fue
una sensación sutil que sentí llegarde forma
intermitente. Durante el viaje el viento nos hizo
compañía. Estábamos recorriendo
carreteras por el
campo, tuvieron que alcanzar la villa de Gianmaria, el único
sitio en cuyo sitio nadie nos estorbaría. Fue una vieja
finca
construida de piedra circundada de árboles de aceitunos y
abetos; más lejano se vieron las extensiones de vides,
muertas
ya en esta estación. El viento sopló fuerte y
cuando
Gianmaria ha bajado para abrir el enorme portón de hierro,
decenas de hojas han entrado cayendo sobre mi pelo. El frío
fue
punzante, el olor típico de la tierra mojada y las hojas
dejadas
a podrirse bajo el agua con el paso del tiempo. Tuve el bolso en la
mano y estuve derecha sobre mis botas altas, apretón a mi
misma
por el hielo; sentí la punta de la nariz helada y las
mejillas
inmóviles, anestesiadas. Hemos llegado a la puerta principal
sobre las que son entallados los nombres que algunos niños
imprimieron sobre la madera en sus juegos veraniegos, una
señal
del propio paso del tiempo. .. tengo que escapar, diario, mi madre ha
abierto la puerta y me ha dicho que tengo que acompañarla,
mi
tía, se ha roto una cadera, está en el hospital.
el 11 de enero de 2002
Un sueño que he tenido esta noche. Bajo del
avión, el
cielo de Milán me enseña un rostro enojado y
hostil. El
viento helado y pegajoso me desordena y recarga el pelo fresco de
peluquero; con la luz grisácea mi rostro asume una tez
apagada y
mis ojos parecen vacíos, rodeados por sutiles esferas
fosforescentes que me dan un aire aún más
extraño.
Mis manos están frías y blancas, desfallecida.
Llegada al
aereoporto y me reflejo sobre un vidrio: noto mi cara delgada y
desteñida, mi pelo largo desgreñado y ya
horroroso, mis
labios cerrados, diques herméticamente cerrados. Percibo una
extraña excitación, sin motivo aparente. Luego me
vuelvo
a ver tal y como el espejo me representa, pero en otro lugar. En lugar
de estar en este aereoporto, vistiendo mis usuales vestidos firmados,
estoy extrañamente en una oscura y hedionda celda a la que
llega
poca luz, así que no soy tampoco capaz de ver
cuáles sean
mis vestidos, cuales mis condiciones. Lloro, estoy sola. Fuera tiene
que ser de noche. Al final del pasillo entreveo una luz tambaleante, de
color intenso pero ningún ruido. Unas pisadas en el pasillo
se
oyen. Está cada vez más cerca y me asusta, porque
no oigo
ningún otro ruido. El hombre que llega se mueve con gran
cautela, es alto, poderoso. Apoya ambas manos a las barras y yo,
secándome la cara, me levanto y le voy al encuentro; la luz
de
la antorcha ilumina su rostro dándole un aire
diabólico,
mientras que el resto del cuerpo queda escondido. Veo sus ojos enormes,
y famélicos, de un color indefinible y dos labios grandes,
entreabiertos, que dejan entrever una fila de dientes blancos. Se
entrega un dedo a la boca dandome a entender silencio. Quedo para
observar su rostro de mas cerca y me percato que es fascinante,
misterioso y guapísimo. Tengo una sacudida terrible cuando
apoya
sus dedos perfectos sobre mis labios, cumpliendo un movimiento
rotatorio. Lo hace dulcemente, mis labios ya están
húmedos y yo, con un gesto casi espontáneo,
aún
más me acerco a las barras comprimiendo mi cara contra
ellas.
Ahora sus ojos se iluminan pero su calma es perfecta y sin tiempo: sus
dedos entran en profundidad en mi boca y mi saliva le hace resbalar
mejor. Luego las tira fuera y ayudándose con la otra mano
arranca mis vestidos raídos en la parte superior, dejando
destapados mis redondos pechos. Los pezones son duros e hirsutos por el
frío que entra del oeste y al toque de sus dedos mojados
aún más duros se vuelven. Apoya sus labios sobre
los
senos, oliéndolos en un primer momento, luego
besándolos.
Doblo la cabeza hacia atrás por el placer, pero mi busto
queda
firme, sólo se concede a sus solicitudes. Se para, me mira y
sonríe. Con una mano hurga entre sus vestidos, que acabo de
percatarme que es un hombre de iglesia. Un cura.
Hay un tintineo de llaves y el ruido de una puerta herrada
qué
ya no se cierra. Él está dentro. Conmigo.
Continua
arrancando mis vestidos a lo largo de todo el cuerpo y deja destapado
el vientre y luego más abajo, dónde
está mi punto
más caliente. Lentamente me hace tumbar por tierra. Hunde su
cabeza y su lengua entra entre mis piernas. Mientras yo ya no tengo
frío, tengo ganas de sentirme, de percibirme por
él. Lo
tiro frente de mí y siento mis humores sobre su boca. Palpo
bajo
la sotana y siento su miembro erguido, hermoso y palpitante en mi mano
que hurga cada vez más afanosamente... Su polla bajo la
sotana
quiere salir y yo le ayudo levantando la negra falda.
Sin perder un solo segundo ha abierto lo mas posible mis
piernas,
y apoyando su rigido bastón en la entrada de mi
húmeda
cueva, de un solo y bestial embite me mete la polla hasta las bolas,
Entra dentro de mí, nuestros líquidos se
encuentran y
resbalan estupendamente como el cuchillo en la manteca caliente, pero
no me golpea. Desfila su miembro y lo deja quieto en lo mas profundo de
mi. Yo lo dejo hacer y solo muevo las caderas cuando el saca y mete su
verga con golpes de riñón. Lo repite una y otra
vez:
polla incrustada hasta el fondo, parada de un par de segundos y vuelve
a sacar y meter su daga cada vez con mayor impetu y fuerza colosal.
Bastan unos pocos golpes, duros, para llevarme a un placer infinito.
Nos movemos al unísono, cuando él entra yo elevo
mis
glúteos para sentir su polla lo más adentro
posible,
cuando la saca humedecida por mis abundantes jugos, yo me retiro para
saborear el orgasmo dulce y contínuado.
Una respiración mas agitada y unos bufidos enormes
me indican
que está a punto de correrse. Y así es, unos
chorros
fuertes de líquido caliente chocan contra mi
útero. Otro
chorro y despues otro y otro, inundan por completo la cueva. Se ha
quedado quieto, exhausto dentro de mí sonriente, cuando
bombardea mi interior con toda su artillería. Se levanta, y
me
pone de rodillas abriendo mi boca y metiendo en ella su verga aun dura,
aún goteando esperma: “Chupa y traga mi
néctar,
zorra”.
Luego abro los ojos y estoy de nuevo en el aeropuerto,
observo mi rostro.
Un sueño dentro de un sueño. Un
sueño que es
el eco de lo que ha sucedido ayer. Sus ojos fueron los mismos de
Germano. El fuego de la chimenea los iluminó, los hizo
brillar.
Gianmaria entró con dos grandes troncos y un par de ramas.
Ellos
han dispuesto la chimenea que ha empezado a alumbrar el entorno
volviéndolo más acogedor. Un calor desconocido y
confortante me invadió. Lo que estaba observando no me
provocó ninguna sensación horrible ni vergonzosa,
más bien al contrario. Fue como si mis ojos estuvieran
acostumbrados a ciertas escenas y la pasión que ha golpeado
contra mi piel en todo este tiempo ha volado fuera y ha golpeado el
rostro de los dos jóvenes que involuntariamente estuvieron
en
mis manos. Los vi encajarse el uno en el otro: yo en el
sillón
junto a la chimenea; ellos en el sofá de frente que se
miraron y
se tocaron con los espíritus de amor. Cada gemido fue un te
quiero hacia el otro y cada golpe que sentí en mis
entrañas desoladoras y dolorosas, para ellos era una
cándida caricia. Quise también formar parte de
aquella
intimidad incomprendida, de su refugio amoroso y tierno, pero no me he
atrevido, sólo he mirado como habia pactado. Germano y
Gianmaria
estaban empalmados mientras se acariciaban. Quedé
sorprendida
del tamaño y grosor del pene de Germano. Nunca
había
visto nada igual, enorme y tan grueso como mis muñecas,
bañado por un sinfin de gruesas y azuladas venas que lo
hacían aún mas poderoso. Su glande inflado hasta
la
exageración parecia un enorme fresón color rojo
violáceo a punto de reventar. Y sin embargo esa cosa
descomunal
se introdujo poco a poco en el ano de Gianmaria que se iba expandiando
a medida que Germano apretaba. Como por arte de magia, y aunque parezca
increible el ano de Gianmaria logró engullir integramente
aquellos 24 centímetros. Mientras Germano daba por el culo a
Gianmaria, éste se pajeaba como un loco, dando gritos
enormes,
mitad de dolor, mitad de gusto como me confesó
después.
Ante ese festín erótico no tuve más
remedio que
tocarme. Tuve un orgasmo muy dulce justo cuando Germano anunciaba su
corrida y Gianmaria expulsaba borbotones de esperma que salian de su
pene con tanta fuerza que se estrellaron contra la pared detras de mi.
Estuve desnuda y cándida en el cuerpo y en los
pensamientos. Luego Germano me ha lanzado una mirada beata. Se ha
despegado de su amante y con mi estupor se ha arrodillado delante de
mí y ha abierto despacio mis muslos. Ha esperado una
señal mía para zambullirse en aquel universo. Al
princio
fue dulce y encantador para mostrarse luego como era él
mismo,
duro e implacable Rey africano. Ha tomado mi sitio y
tirándome
por el pelo ha dirigido su miembro hacia mi boca, y ha sido aquel el
momento en que he notado sus ojos. Ha sido aquel el momento en que he
entendido que su pasión no es diferente de la
mía: se
tuvieron ambas de la mano y se han estrellado y luego fundido. Luego
ellos dos se ha dormido abrazados sobre el sofá, mientras yo
he
seguido observándolos con la piel incandescente por las
llamas
rojas de la chimenea, como siempre sola.
el 24 de enero de 2002
El invierno me fastidia, en todos los sentidos. Los
días
son tan iguales y monótonas de ya no logro soportarlo.
Despierto
prontísimo, escuela, peleas con los profesores, volver a
casa,
hacer las tareas hasta un horario increíblemente tardio,
fijarse
alguna estupidez en la TV, cuando los ojos todavía pueden
leer
algún libro y luego a dormir. Día tras
día
transcurre así, salvo alguna llamada repentina del
ángel
presumido y sus diablos; en aquel caso me visto como mejor puedo, me
aparto los vestidos de diligente estudiante y encima los de la mujer
que hace volverse loco a los hombres. Les agradezco su llamada porque
me doy la posibilidad de despegarme del gris y ser algo de diferente.
Cuando estoy en casa me enlazo a internet. Busco, exploro. Busco todo
lo que me excita y me hace estar mal en al mismo tiempo. Busco la
excitación que nace de la humillación. Busco el
aniquilamiento. Busco a los individuos más extravagantes,
los
que me mandan foto sadomaso, los que me tratan de verdadera puta. Los
que quieren descargar. Rabia, esperma, angustias, miedos. Yo no soy
diferente de ellos. Mis ojos asumen una luz enferma, mi
corazón
golpea alborozad. Creo, o quizás me ilusione?) de encontrar
en
los meandros de la red alguien dispuesto a quererme. Quienquiera que
éste sea: hombre, mujer, vieja, chico, casado, soltero, gay,
transexuales. Todo. Anoche he encendido la imaginación al
lesbo.
Probar con una mujer.
No me da demasiado la idea. Más que nada me
molesta, me da
miedo. Algunas me han contactado pero les he descartado enseguida, sin
haber visto las fotos. Esta mañana he encontrado un correo
electrónico en mi dirección de correo: es una
chica, uno
de veinte años. Dice de llamarse Letizia, también
es de
Catania ella. El mensaje dice bien poco, sólo su nombre, su
edad
y su teléfono.
el 1 de febrero de 2002 19,30
En la escuela me han ofrecido un papel para el
espectáculo
teatral. Por fin pasaré mis días en hacer algo
divertido.
Tendré que salir a escena dentro de un mes, en un teatro del
centro.
el 5 de febrero de 2002 22,00
La he llamado, tiene una voz un poco chillóna.
Tiene un
tono alegre y desenvuelto, al revés del mío,
melancólico, pesado. Después de un poco de
conversación me he derretido, he sonreído. No
tuve
ninguna gana de saber de ella ni de su vida. Sólo fui
curiosa en
conocerla físicamente. En efecto la he preguntado:
"Letizia....
No tienes por casualidad una foto para mandarme?." ¡Se ha
reído ruidosamente y ha exclamado: "Ciertamente! Enciendes
el
PC, te la mando al instante mientras seguimos al teléfono."
"VALE", he dicho satisfecha.
Bella, increíblemente bonita. Y desnuda.
Apetitosa, sensual, atractiva.
He balbucido: "Eres de veras tú?."
"¡Pues claro! No me crees?."
"Sí, sí, ... Eres...
guapísima...", he dicho
asombrada, y atolondrada, de la foto y de mi estupor. No me gustan las
mujeres, en fin... No me vuelvo por la calle cuando pasa una mujer
bonita, no me atraen las formas femeninas y no he pensado nunca en
serio en una relación de pareja con una mujer.
Pero Letizia tiene una cara angélica y unos
bonitos labios
carnosos. Bajo el vientre he visto un dulce islote sobre el que poder
arribar, rico y abrupto, perfumado y sensual. Y los senos como dos
dulces colinas encima de las que hay dos círculos rosas y
grandes. "Y tú?", me ha preguntado, tienes "tú
una foto
para mandarme?."
"Sí", le he dicho, "espera un instante."
Tengo en el ordenador una colección de desnudos que
me han hecho los chicos.
"¡Pareces un ángel", me dice Letizia,
"estás deliciosa".!
"Ya, parezco un ángel... Pero no lo soy, de veras"
he dicho un poco timida.
"Melisa, yo quiero conocerte."
Yo" también "espero, he contestado.
Después hemos cerrado la comunicación
y ella me ha
mandado un SMS: te recorrería "el cuello con besos
ardientes,
mientras con una mano te exploraría." He apartado los
braguitas,
me he metido bajo las mantas y he puesto punto final a la dulce tortura
que Letizia empezó inconscientemente.
7 de febrero de 2002
Hoy en casa de Ernesto he vuelto a ver Gianmaria. Estaba muy
contento, me ha abrazado fuerte. Me ha dicho que gracias a
mí
entre él y Germano las cosas han cambiado. No me ha dicho en
que
he intervenido y no lo he preguntado. Sin embargo quedo confusa por el
motivo por el que Germano se comportara así aquella tarde,
es
evidente que la causa he sido yo. ¿Pero de qué?
¿Por qué? Yo solo era yo misma, diario.
8 de febrero 13,18
Echo el ancla en las búsquedas, no
acabarán nunca si
todavia no se lo que quiero. Busca, sigue buscando, Melisa, siempre. He
entrado en un chat, en la sala " Sexo perverso" con el nick" whore." He
buscado entre las varias preferencias del perfil, he insertado algunos
datos que me interesaron. Me ha contactado enseguida, " the_carnage";
es su apodo, explícito, meticón tal y como yo
deseaba.
"Cómo te gusta ser follada?", fue su primera frase.
Y yo he contestado: "Con brutalidad, quiero ser tratada como
un objeto."
"Y quieres que yo te trate como un objeto?."
"No quiero nada. Haz lo que tengas que hacer."
"Eres mi puta, lo sabes?."
"Difícil para mí ser de alguien, no soy
ni siquiera de mí misma."
Ha empezado a explicarme como y dónde me
habría
puesto la polla, cuanto tiempo lo habría tenido dentro y
como
habría gozado. Observé las palabras que eran
tecleadas,
cada vez más soaces y obscenas. Mi estómago se
contorsionaba y dentro surgió una vida y un deseo tan
seductor
que no pude hacer otra cosa que dejarle hacer. Aquellas palabras fueron
el canto de las sirenas y yo me he expuesto consciente, aunque
dolorosamente. Sólo después de haberme dicho que
se habia
corrido en la mano me ha preguntado cuántos años
tenia.
"Dieciséis", le he escrito.
Ha digitado estupor por mi corta edad. ¡Luego:
"Whore ! Felicitaciones!."
"Por qué?."
“Ya tan joven y eres así experta...."
"Sí."
"No te creo."
"Qué quieres que te diga... Tampoco tiene
importancia saberlo, nosotros no nos veremos nunca. No eres de Catania."
"¡Cómo no?! Sí, soy de
Catania",
Coño... ! ¡También es
casualidad de haber sido contactada por un catanese!
¿Qué pasa te ehas para atrás?
"No, ¿que quieres de mí?", le he
preguntado segura del la respuesta.
"Follarte."
“Acabas de hacerlo."
"Solo me hecho una paja imaginandote, quiero follarte
mirandote cara a cara."
Lo he pensado un segundo luego he digitado el
número para
que me llame por telefono. Al momento de mandarlo he tenido un instante
de indecisión. Luego sus "Gracias!" me ha hecho apenas darme
cuenta del paso que acababa de dar. No sé nada de
él,
sólo que se llama Fabricio y tiene treinta y nueve
años.
No ha tardado mucho. La cita es dentro de media hora en Curso Italia.
21,00
Sé muy bien que a veces el diablo se presenta
bajo falsas
apariencias y sólo manifiesta su identidad
después de
haberte conquistado. Antes te mira con ojos verdes y brillantes, luego
te sonríe bondadosamente, te da un beso leve sobre el cuello
y
después te traga. El hombre que se ha presentado delante era
elegante pero no guapo; alto, robusto, pelo entrecano y raro, tal vez
debe tener mucho mas de treinta y nueve años, ojos verdes y
dientes grises. Al primer impacto he quedado hechizada por la gran
diferencia de edad y después pense que él era el
mismo
hombre del chat me ha asustado. Hemos recorrido las aceras limpias por
donde se asoman las tiendas chics de los escaparates brillantes; me ha
hablado de él, de su trabajo, de la mujer que no ha querido
nunca pero que se ha casado porque se sintió obligado por el
nacimiento de la niña. Tiene una bonita voz pero una
risotada
estúpida que me fastidia. Mientras caminamos me ha
ceñido
el busto con un brazo y me ha sonreído, cosa que me fastidia
y
un poco inquieta por lo que iba a suceder después.
Quiere besarme en la boca,me he vuelto la cabeza porque no
queria.
Nadie me besa desde los tiempos de Daniele, el calor de mis suspiros lo
reservo a mi imagen refleja y la suavidad de mis labios solo ha sido
sofocada con las vergas chorreantes de los diablos del ángel
presumido, sin embargo ellos, estoy segura, no la han gustado.
Así he movido la cabeza para evitar el contacto con sus
labios
pero no le he dejado ver mi repugnancia. He simulado querer cambiar de
posición, él como un animal ha transformado la
dulzura de
primera pasando a cruda bestialidad, gruñendo y
llamándome puta, zorra y otras lindezas similares en voz
alta,
mientras que sus dedos comprimian la piel de mis caderas.
Ante mi insistencia reconoció finalmente su
verdadera edad:
cincuenta y dos años, (igual que mi padre, pensé,
y de
inmediato, no sé por qué razón,
empapé las
bragas). A pesar de su edad era un hombre corpulento, recio, de
músculos trabajados en el gimnasio, al contrario que la
mayoría de los hombres, era mucho más atractivo
desnudo
que vestido. Aunque estaba lejos de las medidas de Germano, la
naturaleza le habia tratado bien. Estaba bastante bien dotado.
Se nota que ha estado con muchas mujeres, sabe cómo hacerlas
vibrar y tiene un control absoluto sobre la eyaculación.
Maneja
a las mil maravillas su lengua y sobre todo sus dedos que se introducen
en todas las oquedades ampliando tanto el dolor como el placer. Me
está dando duro, muy duro, con excesiva violencia, (como le
habia pedido), y el dolor de sus embestidas se confunde con mis gemidos
de placer. Cuando me llega el orgasmo, le grito que la saque ya y que
se corra de una vez; él me pide vaciarse dentro y me niego;
entonces la saca, y cogiendome fuerte por la nariz me obliga a abrir la
boca y allí deposita su esperma. Su fluido es el
más
espeso de los que he probado, mas copioso, abundante y sobretodo de un
olor muy intenso, agrio, de un sabor demasiado ácido para mi
gusto. No deseo paladearlo como suelo hacer, me lo trago sin mas.
"Tienes los labios grandes y jugosos para ser chupados.
¿Por
qué no te depilas? Serías más
apetecible y
preciosa."
No he contestado, no es asunto suyo lo que hago con los labios
de mi coño.
¿Lo has hecho alguna vez por detrás?, me
dice.
¿Al estilo perrito?.
No, me refiero...ya sabes... a dejarte follar por el culo.
No.
¿Porqué, no te gusta?.
Ni me lo he planteado ni nunca me lo han propuesto
Te lo propongo yo ahora, de verdad, soy un experto culeador.
No lo dudo, pero por ahora no me apetece.
En serio Melisa, si lo haces con un experto,
tendrás los mayores orgasmos de tu vida.
Conformate con follarme de nuevo el coño
No se lo tuve que repetir dos veces. De nuevo me
metió la
polla hasta el útero de un terrile
empujón.Controlando su
orgasmo hasta qe llegó el mío. Solo entonces la
sacó de mi chocho y me la puso en la boca corriendose de
nuevo
en abundancia. Pese a mis ascos, me lo tragué todo de nuevo
¿Te animas y terminamos con una buena enculada?
No le contesté, el tio estaba obsesionado con mi
culo, se
estaba calentando de nuevo y ya la tenía tiesa como una
barra de
acero y yo no tenía ganas de follar de nuevo.
Así se lo dije, nos vestimos, besos en las
mejillas y quedamos para contactar por internet.
11 de febrero
En la escuela no me va muy bien. Seré yo que soy
perezosa y
vaga, serán los profesores demasiado esquemáticos
y
categóricos... Quizás tengo en general una
visión
un poco idealista de la escuela y la enseñanza, pero la
realidad
me decepciona completamente. ¡Odio la matemáticas!
El
hecho que no sea una opinión me enoja. ¡Y luego
aquel
idiota del profe que sigue dándome de ignorante sin saberse
explicar nada! Sobre el" Baratillo" he buscado los anuncios de maestros
privados y he encontrado un par interesante. Sólo uno estaba
disponible. Es un hombre, de la voz parece bastante joven,
mañana tendremos que vernos para conocernos.
Letizia me golpea en la cabeza de mañana a la
tarde, no
sé que cosa está ocurriéndome. A veces
me parece
estar dispuesta a todo.
22,40
Fabricio me ha llamado por teléfono, hemos
hablado largo
rato. Al fin me ha preguntado si por aquella zona yo tengo
disponibilidad de lugares para vernos. He contestado que no. "Entonces
será el momento de que te haga un bonito regalo", ha dicho.
"12 de febrero
Me ha abierto la puerta en camisa blanca y calzoncillos
negros,
pelo mojado y gafas ligeras. Me he mordido los labios y lo he saludado.
Su saludo ha sido una sonrisa y cuando ha dicho: "Perdona, Melisa, mi
aspecto", he sentido la misma sensación de cuando de
pequeña mezclé leche, naranjas, chocolate,
café y
fresas. Ha abierto la puerta y por primera vez he entrado en una
habitación de cama de un hombre normal: nada de fotos
pornográficas, ningún trofeo deficiente, ningun
desorden.
Los muros estan tapizados de viejas fotos, de póster de
viejos
grupos heavy metal y de prensas impresiónistas. Y un perfume
particular y seductor que me enebró. No se ha disculpado por
el
vestuario indudablemente informal y a mí me ha divertido
bastante el que no lo haya hecho. Me ha dicho de sentarme sobre la
cama, mientras que él tomó la silla del
escritorio y lo
acercó sentándose frente a mí. Estaba
un poco
sorprendida. Me esperaba un árido profesor con jersey de
escote
a V color amarillo canario, pelos con gomina agregada y tez a juego con
el jersey. Delante de mi un joven hombre, bronceado, perfumado y
extremadamente fascinador. No me había quitado
todavía el
abrigo y con una risotada me ha dicho: "Eh, mira que no te como en
absoluto si te lo quitas." Yo también he reído,
disgustada del hecho de que no pudiera comerme. No noté
todavía sus zapatos: afortunadamente ningún
calcetín blanco, sólo un flaco tobillo y un pie
cuidado y
bronceado que hizo movimientos concéntricos mientras
discutiamos
sobre la tarifa, sobre el programa y sobre las horas de
lección.
"Tenemos que iniciar de muy, muy lal principio", he dicho.
No te preocupes, iniciaremos por la tabla de multiplicar del
dos", ha guiñado un ojo.
Me senté al borde de la cama, con una pierna
cruzada y una mano aprentando a la otra.
"Qué bonito modo tienes de sentarte", me dice mi
profe de matemáticas.
Me he mordido de nuevo los labios y he jadeado como para decir
"Pero qué cosas dice...!."
"Ay, olvidé. Me llamo Valerio, no me llames nunca
profesor,
me haces sentir demasiado viejo", ha dicho con un dedo fingidamente
amenazador, cambiando de tema.
He aclarado un poco la voz y he dicho despacio: "Y si yo
quisiera llamarte intencionalmente profesor?."
Esta vez ha sido él quien se ha mordido los labios,
ha
sacudido la cabeza y ha preguntado: "Y por qué
habrías de
hacer algo así?."
He levantado los hombros y después he dicho: "Por
qué así es más bonito, no profesor?."
"Llámame como quieras pero no me mires con esos
ojos", has dicho visiblemente agitado.
Y aquí recomienzo siempre la usual historia. Me
divierte
provocar al que está delante si éste me gusta. Lo
golpeo
con cada palabra y con cada silencio, me hace sentir bien. Y me parece
un juego muy divertido y excitante.
18 de febrero, , 20,35
En la cocina ya cenan. Yo me he retrasado un instante para
escribir, porque quiero dejar escrito lo que ha sucedido antes de que
se me vaya de la memoria. Hoy he tenido la primera lección
con
Valerio. Con él algo logro entenderla, será
porque tiene
bonitos hombros o de las manos ahusadas y elegantes que
acompañan el curso de la pluma. He logrado desarrollar un
par de
ejercicios, aunque a duras penas. Él estuvo muy serio,
profesional, y esto lo volvió más fascinador. Me
ha
capturado. Las miradas que me dirigió fueron de
admiración, sin embargo trató de mantener cierta
distancia entre él y yo, sin que mi malicia interfiriera en
su
trabajo. He vestido una falda estrecha para la ocasión,
quise
seducirlo descaradamente. Así, cuando me he levantado para
alcanzar la puerta, él ha empezado a caminar casi adosado a
mí. Yo, para jugar, alterné pasos veloces y
distanciados
a pasos lentos, de manera que le dejaba acercarse para luego retirarme
enseguida. Mientras pulsaba el interruptor para llamar al ascensor he
sentido su aliento sobre el cuello y con un susurro ha dicho:
"Deja mañana el teléfono libre de las
22 a las 22,15."
el 19 de febrero de 2002 22,30
Dos noticias, como siempre un buena y la otra mala. Fabricio
ha
comprado un pequeño piso en centro donde podemos vernos sin
ser
descubiertos por las correspondientes familias. Ha exclamado todo
contento al teléfono: he hecho montar una pantalla gigante
frente a la cama, así podríamos ver ciertas
pelis, eh
pequeña? Ah, obviamente también tienes las
llaves. Te doy
un gran beso. Adios. Y colgó." Obviamente ésta es
la fea
noticia. No me ha dado tiempo de contestar, de hacerle presente mi
perplejidad. Me parece demasiado imprudente lo que ha hecho.
¡Yo
tenia la intención de acostarme allí una vez
solamente y
luego hasta luego y gracias, no quiero convertirme en el amante de un
hombre casado con una hija de mi misma edad a su cargo ! No quiero, su
piso, ni su pantalla gigante con las películas pornos, no
quiero
que él me posea como si adquiriera uno de sus usuales
productos
de alta tecnología. Con Daniele y el ángel
presumido he
sufrido bastante y ahora que estoy recomenzando a vivir a mi manera,
llega un ogro vejestorio y me dice que quiere empeñarse
sexualmente conmigo. Pero los castigos siempre alian sobre nuestras
cabezas, las puntas afiladas de las espadas están
allí
listas a golpearnos en el centro del cráneo cuando menos lo
esperamos. Y la espada también lo golpeará a
él
porque yo la agarraré por el mango.
Ahora la bonita noticia.
La llamada ha llegado puntual y es acabada puntual.
A las 22,15 ha dicho: "Buenas noches Loly."
"Buenas noches profesor."
Hemos hablado de sexo, me dice cosas excitantes con palabras
dulces al principio, luego cada vez mas osadas y obscenas que me ponen
a mil. Esta alabando todas las partes de mi cuerpo que aun no ha visto,
me dice que se está tocando, yo le digo que
también,
él gime, suspira y me susurra “me he
corrido”.
Cuando colgamos, rios de flujo vaginal caen por mis muslos.
Hay días en que no sé si parar de
respirar
definitivamente o quedar en apnea por todo el tiempo que pueda.
Días en que bajo la cubierta de la respiración y
trago
mis lágrimas y siento su sabor sobre la lengua. Me despierto
de
una cama en desorden, con el pelo despeinado y mi piel violada.
Desnuda, delante de un espejo, observo mi cuerpo. Diviso una
lágrima caer del ojo a la mejilla, lo seco con un dedo y me
araño un poco con una uña. Paso las manos sobre
el pelo,
me lo echo atrás, hago una mueca para lograrme
simpática
y reírme de mí misma: pero no lo logro, quiero
llorar,
quiero castigarme. Me dirijo hacia el primer cajón de la
mesilla
de noche. Antes observo todo lo que hay dentro, luego escojo con
cuidado lo que tengo que vestir. Repongo las prendas agachadas sobre la
cama y desplazo el espejo en posición frontal a
dónde me
encuentro. Todavía observo mi cuerpo. Los
músculos
todavía son desdoblados, la piel es blanda y lisa, blanca y
cándida como aquel de una niña. Y niña
soy. Me
siento al borde de la cama, enhebro las medias de nylon apuntando el
pie y haciendo resbalar el sutil velo sobre la piel hasta que el encaje
llega al muslo, comprimiéndola un poco. Luego es la vez del
sostén, negro, de media copa, de seda con cordones y cintas.
Los
senos todavía son pequeños: son duros, blancos y
redondos
pueden caber cada uno en una mano y calentarla con su calor. El
sujetador está apretado, los senos son comprimidos y
cercanos
entre ellos, apenas ocultos los rosados pezones. No es
todavía
tiempo de observarme. Encima los zapatos con el tacones altos, enhebran
el pie hasta el tobillo sutil y siento que mi metro y sesenta se
convierten de repente diez centímetros más. Voy a
baño, tomo la barra de labios roja y mojo mis labios jugosos
y
blandos; luego espeso las pestañas con el rimmel, peino el
pelo
largo y liso y rocio tres veces el perfume. Vuelvo a mi
habitación. Allí veré a la persona que
sabe
hacerme vibrar fuerte el alma y el cuerpo. Me observo encantada, los
ojos brillan ; una luz especial hace de contorno a mi cuerpo y mis
pelos que recaen dulcemente sobre mis hombros . La mano del pelo cae
despacio, sin que yo casi me de cuenta, hacia el cuello; acaricia la
piel delicada y dos dedos ciñen un poco los pezones
erizados.
Empiezo a sentir el sonido del placer, casi imperceptible. La mano baja
un poco más, inicia a acariciar el bajo vientre.
¿La
niña adornada de mujer que tengo enfrente tiene dos ojos
encendidos y deseosos, de qué? ¿de sexo?
¿de amor?
de vida verdadera?). La niña sólo es
dueña de si
misma. Sus dedos se cuelan entre los pelos de su sexo y el calor le
hace subir un escalofrío a la cabeza, mil sensaciones me
invaden. "Eres" mío, me susurro y enseguida la
excitación
se adueña de mi deseo. Me muerdo los labios con los dientes
perfectos y blancos, el pelo deordenado me hacen sudar la espalda,
pequeñas gotas afloran en mi cuerpo. Jadeo, los suspiros
aumentan... Cierro los ojos, mi cuerpo tiene curvas en todos los
sitios, mi mente está libre y vuela. Las rodillas ceden, la
respiración es rota y la lengua recorre los labios. Abro los
ojos: le sonrío a la niña. Me acerco al espejo y
le
ofrezco un beso largo e intenso, mi respiración
empaña el
vidrio. Me siento sola, abandonada. Me siento un planeta sobre el que
en este momento orbitan tres estrellas diferentes: Letizia, Fabricio y
el profesor. Tres estrellas que me hacen compañía
en los
pensamientos pero no igualmente en la realidad.
21 de febrero
He acompañado a mi madre al veterinario porque mi
gatito,
padece de una ligera forma de asma. Maulló despacio,
asustado
por las manos enguantadas del médico; yo le
acaricié la
cabeza animándolo con palabras dulces. » En el
coche mi
madre me ha preguntado como va la escuela y como voy con los chicos. En
ambas las respuestas han sido vagas. Vuelta a mentir, me
parecería extraño no hacerlo más... La
digo que si
quiere acompañarme a casa del profesor de
matemáticas
porque era la hora de la lección. "Ay, bien, por fin lo
conoceré!", ha dicho entusiasta.
No le he contestado porque no quise que algo sospechara, por
otra
parte estuba segura que Valerio esperaba de un momento a otro un
encuentro con mi madre. Dichosamente esta vez su vestuario fue
más serio pero, extrañamente, cuando mi madre me
ha
preguntado de acompañarla al ascensor me ha dicho: no me
gusta,
tiene la cara de un vicioso."
He hecho un gesto de descuido y le he dicho que solo tiene
que
impartirme lecciones de matemáticas, no tenemos que casarnos
en
absoluto. ¡Y luego mi madre tiene esta obsesión de
reconocer a la gente por la cara, y es una cosa que me hace ponerme
nerviosa! Una vez cerrada la puerta, Valerio me ha solicitado tomar el
cuaderno y a iniciar enseguida. No hemos hablado mínimamente
de
la llamada, sólo de raíces curvas, cuadradas,
binomio...
y sus ojos se camuflan tan bien que no se que pensar. ¿Y si
aquella llamada ha sido hecha para ridiculizarme? ¿Y si no
le
importara nada de mí, si sólo quisiera un orgasmo
al
teléfono? ¡Me esperé una
seña, un
mínimo discurso, nada! Luego, mientras me entrega el
cuaderno me
ha mirado como si hubiera entendido todo y ha dicho: "Este
sábado por la tarde procura no tener compromisos. Y no te
vistas
hasta que yo no te haya llamado." Lo he mirado asombrada pero no he
dicho nada y tratando de aparentar una absurda indiferencia a sus
palabras he abierto el cuaderno, he observado lo que
escribió y
he leído entre las equis y las ies en escritura
minúscula: Como un paraíso fue mi Lolita, un
paraíso inmerso. en las llamas - prof. Hubert, - Una vez
más no he hablado, nos hemos saludado y me ha recordado de
nuevo
la cita. Y quién se olvida...
22 de febrero
A la una he recibido la llamada de Letizia que me ha
preguntado si
quisiera almorzar con ella. He contestado que sí,
también
porque no podia volver a casa puesto que a las 15,30 empezaban los
ensayos generales para el espectáculo. Tuve ganas de verla,
a
menudo la he añorado por la noche antes de ir a dormir. A lo
vivo es aún más hermosa, más
verdadera.
Miré sus manos blandas verterme el vino y enseguida
después observé las mías que por culpa
del
frío que pillo cada mañana con el
escúter se han
convertido en rojas y fofas como de una mona. Me ha hablado de todo, en
poco rato ha logrado contarme sus veinte años. Me ha hablado
de
su familia, de la madre fallecida prematuramente, del padre partido
para Alemania y de la hermana que ve raramente porque ahora esta
casada. Me ha dicho de sus enseñantes, de la escuela, de la
universidad, de los pasatiempos, de su trabajo. He mirado sus cejas y
me ha venido el deseo fuerte de besarle. ¡Qué
extravagante
las cejas! Las de Letizia se mueven con sus ojos y son tan bonitas que
te inducucen a besar tal perfección, luego recaer en su
rostro,
en sus mejillas, en su boca... Ahora, lo sé diario, la
deseo.
Deseo su calor, su piel, sus manos, la suya subió, su voz
susurrada. Querría acariciarle la cabeza, visitar su islote
con
mi respiración, proporcionarle una fiesta en todo el cuerpo.
Sin
embargo me parece obvio que me sienta atascada, para mí es
una
cosa nueva y no puedo pretender ciertamente que también ella
tenga las mismas sensaciones, o quizás lo tenga pero no lo
sabré nunca. Me miró y se mojó los
labios, su
mirada fue irónica y yo me sentí rendida. No a
ella, sino
a mis caprichos.
"Quieres hacer el amor conmigo, Melisa?", me ha preguntado
mientras paladeé el vino.
He apoyado sobre la mesa el vaso, la he mirado agitada y he
agitado la cabeza en gesto de asentimiento.
"Pero tienes que enseñarme...."
¿Enseñarme a hacer el amor con una
mujer o enseñarme a querer? Quizás las dos cosas
se compensan...
23 de febrero 5,45
Sábado por la noche o mejor domingo por la
mañana
puesto que es de madrugada y el cielo se ha aclarado. Me siento feliz,
diario, tengo el cuerpo lleno de euforia calmada y sin embargo con
sensación de beatitud, una tranquilidad llena y dulce me
invade
todo. Esta noche he descubierto que dejarse ir con quién nos
gusta y nos invade los sentidos es algo sagrado, está
allí que el sexo por el sexo e inicia a ser amor,
allí, a
oler los pelos perfumados de su espalda, o bien a acariciar sus hombros
fuertes y blandos, a alisar su pelo. No estuve agitada para nada, sabia
lo que estaba a punto de hacer. Sabia que iba a decepcionar a mis
padres. Estaba subiendo en el coche de un desconocido
venteañero, un atractivo profesor de matemáticas,
alguien
que tiene ardiendo mis sentidos. Lo he esperado fuera de casa, bajo el
imponente árbol de pino y he visto su coche verde avanzar
despacio dentro con él, tenia una bufanda alrededor del
cuello y
el reflejo de las lentes me golpeó. Contrariamente a lo que
me
habia dicho antes no he esperado que me llamara para ordenarme lo que
habría tenido que vestir. He tomado la ropa del primer
cajón, me he puesto un vestido negro. Me he mirado en el
espejo
y he hecho una mueca pensando que algo faltaba; he enhebrado las manos
bajo la falda y he arrojado las bragas al suelo y entonces he
sonreído y he susurrado despacio: "Así eres
perfecta", y
me he mandado un beso. Cuando he salido de casa sentí el
frío entrar bajo la falda, el viento rozó hosco
mi sexo
desnudo; subida en el coche, el profesor me ha mirado con ojos
iluminados y encantados y me ha dicho: no te has puesto lo que te
pedí que vistieras." Entonces he dirigido la mirada a la
calle
delante de mí y he dicho: lo sé ", desobedecerles
a los
profesores es la cosa que mejor se me da." Me ha dado un beso un poco
ruidoso sobre la mejilla y hemos partido para un lugar oculto.
Seguí haciendo correr los dedos entre mi pelo,
quizás
él piense que estoy en tensión, sólo
fue ansiedad.
Ansiedad de tenerle allí, enseguida, sin ningún
presupuesto.
No sé de qué hemos hablado durante el
trayecto
porque en mi mente hubo el pensamiento de poseerlo; lo he mirado a los
ojos mientras condujo, me gustan sus ojos: tienen la
pestañas
largas y negras, ojos intrigantes, magnéticos. Me he
percatado
que me echaba vistazos furtivos al amplio escote pero he simulado no
darme cuenta de nada, también eso forma parte del juego.
Luego
hemos llegado al Paraíso, o quizás al infierno,
depende
de los puntos de vista. Con su utilitario hemos recorrido calles y
callejuelas desiertas y estrechas de las que me pareció
imposible poder pasar; hemos superado una iglesia derruida y manta de
yedra y musgo y Valerio me ha dicho: "Controla si a tu izquierda hay
una fuente, el sitio está enseguida después" en
la
traviesa. He escudriñado atenta la calle esperando encontrar
lo
más pronto posible la fuente dentro de aquel oscuro
laberinto.
"Ahí está!", he exclamado demasiado
fuerte.
Ha apagado el motor delante de un portón verde y
herrumbroso y los faros del coche iluminaron las frases escritas sobre
la pared; mis ojos se han posado sobre dos nombres integrados en un
corazón tembloroso: Valerio y Melisa. Lo he mirado asombrada
y
le he indicado lo que leí.
Él ha sonreído y ha dicho: no puedo
creerlo...!",
¿luego se ha vuelto hacia mí y ha susurrado:
"Ves?
Estamos escritos en las estrellas."
He tenido miedo de este paraíso porque estaba
oscuro,
escarpado, impracticable sobre todo si se visten botas bastante altas.
Traté de agarrarme lo más posible a
él, quise
sentir su calor. Hemos tropezado repetidamente entre aquellos
peñascos, por aquellas callejuelas
pequeñísimas y
oscuras, valladas por paredes, la única parte visible era el
cielo, estrellado esta noche y la luna que salia y se ocultaba jugando
con nosotros. No sé por qué pero este silencio me
ha
inspirado sensaciones macabras y oscuras: pensé
estúpidamente, o legítimamente quizás,
que en
alguna parte, parecida a está se éstá
desarrollando una misa negra de la que yo era la victima; hombres
encapuchados me habrían atado a una mesa, habría
sido
circundada por velas y candelabros, luego me habrían violado
por
turno y por último matada con un puñal de la hoja
sinuosa
y afilada. Pero confié en él, fueron
quizás
pensamientos debidos a la inconsciencia de aquel momento
mágico.
Aquellas callejuelas que suscitaron en mí algún
temor nos
han llevado a un claro a desplomo sobre el mar, se podian sentir las
olas que espumaban en la ribera. Habia rocas blancas, lisas y grandes:
he imaginado enseguida para que cosa pudieran servir. Antes de
acercarnos hemos tropezado por la enésima vez; me ha
atraído acercándome a su rostro, nos hemos rozado
los
labios sin besarlas oliendo nuestros olores y escuchando nuestra
respiración. Nos hemos acercado el uno a la otra y hemos
devorado nuestros labios, chupándolos y
mordiéndolos.
Nuestras lenguas se han encontrado: la suya estuvo caliente y blanda,
me acarició dentro como una pluma pero me ha hecho gemir.
Los besos se han enrojecido hasta que me ha preguntado si
podia
tocarme, si aquel era el momento. Sí, he contestado, es el
momento. Se quedó parado cuando ha descubierto que no
llevaba
bragas, ha quedado admirandome durante unos segundos. Luego ha posado
su mano frotando aquel volcán que estaba estallando. Me ha
dicho
que queria comerme el coño. Así me he sentado
sobre uno
de aquellos enormes peñascos y su lengua ha acariciado mi
sexo
como la mano de una madre acaricia la mejilla de un recién
nacido: suave, dulcemente, el placer me llegó al mismo
tiempo
inexorable y continuo, denso y frágil, me desató.
Me ha
besado y he sentido mis humores en su boca, los he sentido dulces. Yo
le rocé el miembro muchas veces y lo sentí duro y
denso
bajo los vaqueros; se ha desabrochado y me ha ofrecido su pene. No, no
he estado nunca con un hombre circunciso, nunca hasta entonces habia
visto el glande ya fuera por si solo. Se presenta como una punta
gruesa, lisa y blanda a la que me ha sido imposible no acercarme para
chuparlo, para lamerlo con deleite. Me he levantado y
acercándome a su oreja he susurrado: "Follame."
También
lo queria él y me ha preguntado mientras me alcé
de
rodillas de mi posición de quien habia aprendido a lamer de
aquel modo, lo ha vuelto loco mi lengua serpentina. Me ha dicho de
ponerme de espaldas, el vestido remangado, con las nalgas bien a la
vista; primero me las ha observado, he considerado extravagante su
gesto pero su mirada lujuriosa sobre las redondeces de mis
glúteos me ha excitado mucho. He esperado el primer golpe
con
las manos apoyadas sobre la piedra fría y lisa. Se ha
acercado y
ha apuntado con su dardo caliente. He querido que me dijera de
qué manera quería que me moviera
“muevete cuando yo
pare”, me ha dicho. Siento como frota su verga por los
pliegues
de mi raja y eso hace desbordarse mis fluidos. Noto como abre con sus
manos la flor de mis labios y si previo aviso, me mete su hermosa polla
hasta el útero, de un solo golpe de
riñón. No lo
esperaba, pero me ha puesto a cien, sus embites desenfrenados hacen que
miles de burbujas chispeantes invadan mi mente. Siento cómo
me
llega el orgasmo y me quedo quieta para disfrutarlo a tope y el sonido
de “chop”, “chop” que hace su
polla al entrar y
salir me indica que estoy super lubricada y deseosa. Le pido que se
corra dentro de mí, quiero sentir su delicioso nectar en mis
entrañas.
Lo hacemos a pelo, sin condon, desde que terminé
con
Daniele no he vuelto a usar condones, el miedo a las enfermedades
sexuales queda minimizado por el placer que me supone sentir discurrir
el semen en mi interior, es algo que me gusta casi tanto como
bebermelo. El no tarda en disparar sus ráfagas de fuego
liquido
y espeso que me queman y me transportan al paraiso. La ha sacado
enseguida y me ha dicho: “Chupame”. Y me he puesto
a ello
con verdadero placer. Sorpresivamente de su endurecida verga
aún
manaban chorros de esperma y lo paladee. Me pareció el semen
mas
dulce y exquisito que he probado jamás. Lo
saboreé
largamente antes de tragarlo y así continué hasta
que no
quedó nada que beber. Su pene semiflaccido brillaba a la luz
de
la luna por los efectos de mi saliva.
"Vamos al coche", le he dicho, "estaremos más
cómodos."
Me he desvestido enseguida, completamente, queria que cada
célula de nuestro cuerpo y nuestra piel entrara a contacto
con
la del otro y se intercambiara sensaciones nuevas, excitantes. Me he
montado sobre de él y he empezado a cabalgarlo con
ímpetu
aprisionando su émbolo con mis abultados labios
donándole
golpes dulces y rítmicos alternados con golpes secos, duros
y
severos. Lamiéndolo y besando lo he sentido fluir. Sus
gemidos
me hacen morir, pierdo el control. Me quedo quieta encima suya
observando cómo se escapa su semen por entre nuestros sexos
gozosos. Luego he bajado de su cuerpo y he visto lagrimar su sexo,
instintivamente he acercado la boca y he tragado por segunda ese
esperma tan dulce y delicioso.
Me ha abrazado y por aquel instante que a mí me
ha parecido
eterno he creido tener allí todo conmigo. En con ternura me
ha
apoyado la cabeza sobre el asiento mientras todavía estaba
desnuda, acurrucada e iluminada por la luna. Tuve los ojos cerrados,
pero sabia que el no quitaba su mirada de mí. He pensado que
era
injusto dejarme encima los ojos por todo aquel tiempo, que los hombres
no se contentan nunca con tu cuerpo, que además de
acariciarlo,
besarlo, quiere imprimirselo en la cabeza y no lo borres
más. He
tratado de reprimir una risotada cuando lo he sentido
refunfuñar
quejándose de no encontrar el mechero y con los ojos
todavía cerrados y la voz ronca le he dicho que lo vi volar
del
bolsillo de la blusa mientras follabamos. Se ha limitado a mirarme por
un breve instante y ha abierto la ventanilla dejando entrar aquel
frío que de primera no sentí. Luego
después de
muchos minutos de silencio ha dicho tirando el humo del cigarrillo:
“no he hecho nunca una cosa igual." Lo importante es que ha
estado bien, que lo hemos vivido hasta el final", me he mordido los
labios consciente de que un hombre adulto no habría prestado
atención a una jovencita tan presumida. En cambio se ha
vuelto,
ha echado fuera el cigarrillo y ha dicho: "He aquí porque me
haces perder la cabeza: eres madura, inteligente, y tienes dentro una
pasión que no tiene límites."
Es él, diario. La ha conocido. Mi
pasión, entiendo.
Acompañándome a casa me ha dicho que era mejor no
vernos
como profesor y alumna, no me vería ya nunca mas bajo aquel
aspecto y luego no debiamos mezclar nunca el trabajo con ell placer. He
contestado que me parecía bien, lo he besado en la mejilla y
he
abierto el portón mientras esperó que yo entrara.
24 de febrero
Esta mañana no he ido al colegio, estaba
demasiado agotada.
Y luego esta noche la tendré antes del
espectáculo, tengo
coartada.
Hacia la hora de almuerzo he recibido un mensaje de ella que
me
dijo que a las 21 en punto estará allí a verme.
Ya,
Letizia... ayer la he olvidado. ¿Pero como se hace para
ensamblar la perfección con la perfección? Ayer
tuve a
Valerio y me bastó; hoy estoy sola y no me basto, por
qué
solo no me basto más?), quiero a Letizia.
¡P.D.: Aquel imbécil de Fabricio!
¡ Se le ha
metido en la cabeza de venirme a ver con la mujer! Menos mal
qué
no es demasiado presumido, al final lo he convencido a quedarse en
casa. Esta noche no he estado particularmente agitada, más
bien
me atravesó una ligera apatía, no vi la hora de
acabar.
Todo los demás brincaron unos por miedo otros por contento,
yo
estuve tras el telón a espiar a la gente que
llegó,
atenta observé si Letizia ya llegó. No la he
visto y
Aldo, el escenógrafo, me ha llamado diciéndome
que tenia
que iniciar. Entonces se han apagado las luces de la platea y se han
encendido aquellos del palco. Me he lanzado a escena como una flecha
disparada por el arco, he llegado sobre el escenario salpicando
exactamente en el modo en que el director siempre me ha rogado hacer
durante las pruebas aunque yo no lo haya logrado nunca. Eliza Doolittle
se ha asombrado del todo, hasta yo misma, me ha venido fuera una
espontaneidad de gestos y expresión absolutamente nueva,
estaba
contenta por ello. Del palco traté de divisar a Letizia sin
lograrlo. Así he esperado que acabara el
espectáculo, los
saludos, los aplausos y de tras del telón ya cerrado he
seguido
escudriñando a los huéspedes para encontrar su
rostro.
Estaban mis padres, que golpearon fuerte las manos, vino Alessandra que
no veia de meses, y por suerte que Fabricio no apareció.
Luego
la he visto, su rostro fue iluminado y alegre, aplaudió como
una
loca; también me gusta por eso, porque es
espontánea,
alegre, pone dentro de una alegría de vivir extrema, mirarla
a
la cara significa lograr el mismo contento.
¡Aldo me ha tirado por un brazo y ha exclamado
fuerte: "Bien
, bien tesoro! , vas a cambiarte, vamos a celebrar fuera con los
otros", tuvo una expresión loca y particular, me he echado a
reír ruidosamente. Le he dicho que no podia,
tenía que
ver a una persona. En el mismo momento Letizia ha llegado con su rostro
sonriente; cuando se ha dado cuenta de Aldo su expresión ha
cambiado, su sonrisa ha desaparecido y los ojos se han entristecido. He
visto a Aldo y he notado la misma expresión seria bajar
sobre el
rostro blanqueado. ¿Me he vuelto como una lela como dos o
tres
veces para observar primero al uno y luego la otra, despues he
preguntado: "Pero que hay? Qué sucede?."
Han quedado en silencio, mirándose ahora con ojos
duros,
casi amenazadores. Aldo ha hablado primero: "Nada, nada, va.
Diré a los otros que no puedes venir. Hala bonita", me ha
besado
en la frente. Confusa lo he mirado mientras escapó fuera, me
he
vuelto hacia Letizia y la he preguntado: "Pero se puede saber que
sucede? Os conocéis?." Ahora más serena, ha
titubeado,
trató de huir de mis ojos y ha bajado la cara
cubriéndolo
con las manos largas y huesudas. Luego me ha mirado derecha a los ojos
y ha dicho: "Supongo que tú sabes que Aldo es homosexual."
Lo
sabiamos todosen la escuela, él no lo esconde y he
contestado
que sí. "Y entonces?", he tratado de hacerla continuar.
"Pues,
algun tiempo atrás estuvo con un chico, luego... luego nos
hemos
conocido, yo y el chico entiendes... Aldo sospechó algo"
"Sospechó qué?", he preguntado al mismo tiempo
curiosa e
histérica.
Me ha mirado con sus ojos brillantes: "No, no puedo decirtelo,
... no puedo...."
Ha dirigido en otro lugar la mirada y ha dicho: "Que no soy
sólo lesbiana...."
¿Y yo que cosa soy? Una mujer y tampoco soy
lesbiana, para el
resto de la vecindad todavía soy demasiado
pequeña, pues
soy una hembra que busca amparo y amor entre los brazos de una mujer.
Pero estoy mintiendo, diario, no permitiría nunca
a mi
mitad de parecerse tanto, tengo que ser el único miembro
femenino del mismo conjunto. Lo que de Letizia miro y veo
sólo
el cuerpo, la esencia carnal pero, tengo que decir, también
espiritual. Me gusta todo, me intriga y me fascina, de algún
tiempo aca se ha convertido en la protagonista de muchas
fantasías mías. El amor, lo que busco desde
siempre, me
parece tan lejos a veces, así diferente de mí..
el 1 de marzo de 2002 23,20
Cuando hoy he salido de casa a mi padre se sentó
sobre el
sofá que miró con expresión
insconsiente la
pantalla. Con aire apático me ha preguntado dónde
iba y
me ha parecido superfluo contestar puesto que cualquier cosa que le
hubiera dicho no habría cambiado la expresión del
rostro,
se habría quedado allí supino. Si le hubiera
dicho: "Voy
a la casa que un hombre casado ha comprado para que podamos follar", le
habría provocado el mismo efecto de mi respuesta: A.
estudiar a
casa de "Alessandra." He cerrado despacio la puerta, no quise molestar
sus abstractos pensamientos lejanos de mí. Fabricio ya me ha
provisto de las llaves del piso, me ha dicho de esperarlo
allí
que él llegaría después del trabajo.
No lo vi
todavía, fíjate cuanto importa. He aparcado el
escúter delante del edificio y he entrado en el
zaguán
semioscuro y desierto. La voz de la portera que me preguntó
a
quién buscaba me ha hecho sobresaltar y una caliente
improvisación me ha sorprendido. "Soy" la nueva inquilina,
he
dicho fuerte y recalcando las palabras pensando tontamente que la
portera era sorda. Ella en efecto ha aclarado enseguida: "no soy sorda.
A qué piso tiene que ir?." He pensado luego un poco : "Al
segundo, la casa que ha comprado recientemente el Sr.
Láudanos."
¡Ha sonreído y ha dicho: "Ay, sí! Su
padre me ha
encargado de decirle que es mejor si cierra la lleva una vez dentro" .
...¿Mi padre? He dejado correr, era inútil
explicar que
no lo era y también bastante embarazoso. He abierto la
puerta y
en el mismo momento en que la llave ha chascado, he pensado en
cuán estúpido e insensato era lo que estaba a
punto de
hacer. Estúpida yo por hacer una cosa que no queria iniciar
absolutamente.
Todo contento con aquella voz de imbécil,
Fabricio me dijo
que esta tarde habría sido particular, que
habríamos
inaugurado" nuestro refugio de amor" como algo memorable. La
última vez que he hecho algo que alguien me
anunció
memorable he chupado las pollas de cinco personas en una
habitación oscura que olia a porro. Espero que al menos hoy
el
tema cambiase. La entrada era bastante pequeña y bastante
pálida, sólo una alfombra roja daba un poco de
color; de
allí he podido ver todas las otras habitaciones, aunque en
parte: el dormitorio, un pequeño cuarto de estar, una
cocinilla
y el baño. He evitado ir al dormitorio para no ver de cerca
aquel sencillo espejo que hizo montar frente a la cama, me he dirigido
hacia el cuarto de estar. Pasando frente al trastero no he podido
prescindir de notar tres cajas pintadas apoyadas sobre el suelo,
así he encendido la luz y he entrado. Delante de las cajas
habia
un billete sobre el que con carácteres grandes estaba
escrito:
ABRES LAS CAJAS Y PONTE UNA ENTRE LAS COSAS QUE HAY. La cosa me ha
capturado bastante, mi curiosidad se ha encendido. He hurgado entre las
cajas y todo sumado tengo que reconocer que a él no falta la
fantasía; en la primera hubo ropa íntima blanca y
cándida de encaje, enaguas en velo, bragas sensuales sin
embargo
castas, sujetador de aros. Otro billete puesto dentro decia: PARA UNA
CRÍA QUE NECESITA MIMOS. Primera caja descartada. La segunda
contenia dentro un taparrabos rosa con plumas como si fuera la cola de
un conejo, un par de medias a red, zapatos rojos con el
tacón
vertiginoso y otro billetito: PARA UNA CONEJITA QUE QUIRRE SER
CAPTURADA POR EL CAZADOR. Antes de descartarla quise ver lo que
reservó la tercera caja.Me gustó este juego,
éste
descubrir sus ganas. La tercera caja es la que he elegido: un brillante
y negro chándal en latex acompañado por largas y
altas
botas en piel, una fusta, un antifaz negro y un tubo de vaselina. En la
caja además de algunos cosméticos habia otro
billetito:
PARA UNA DUEÑA QUE QUIERE CASTIGAR A SU ESCLAVO. Castigo
mejor
que este no sería . En fin más abajo un post: si
decidieras vestir ÉSTE TENDRÁS QUE LLAMARME SOLO
DESPUÉS DE HABERTE VESTIDO. No he entendido el por
qué de
esta solicitud, sin embargo me ha parecido , el juego se hizo
más interesante: lo habría hecho venir e ir
cuando
hubiera querido... ¡bonito! Podia mandarlo a tomar por el
culo
sin remordimientos o sentidos de culpa. Pero me molestó
hacer
aquel intrigante juego con él, no lo consideré a
la
altura, imaginé tener todas aquellas oportunidades con el
profesor sería fantástico. He tomado lo celular y
lo he
llamado. Pensé que no te habrías decidido" ha
dicho
preocupado.
He hecho mis comodidades", he contestado mala.
Me ha dicho que llegaba en un cuarto de hora y que le
esperara en
la cama. Me he desvestido y he dejado mis prendas tiradas por tierra en
el trastero, he tomado el contenido de la caja y he vestido aquel
estrecho chándal que se ha pegado encima y tirando de mi
piel
picándola. Las botas me llegaban exactamente a medio muslo.
No
he entendido bien porque también habia incluido una barra de
labios roja flamante, un par de pestañas falsas y un
colorete
muy encendido. He ido a dormitorio para verme en el espejo y cuando he
visto mi imagen he tenido un brinco: he aquí mi
enésima
transformación, mí enésimo derribarme
a los deseos
prohibidos y escondidos de alguien que no soy yo y que no me quiere.
Pero esta vez habría sido diferente, habría
tenido una
digna recompensa: su humillación. Aunque, en realidad, los
desencantados fuimos ambos. Ha llegado más tarde de lo que
habia
anunciado, se ha disculpado diciendo que tuvo que inventar una excusa
con la mujer. Pobre mujer, he pensado, pero esta noche el castigo
también lo tendrá de tu parte. Me ha encontrado
extendida
sobre la cama mientras estuve absorta a observar un moscón
que
sacudió contra la bombilla colgada al techo produciendo un
ruido
molesto y he pensado que la gente sacude convulsamente contra el mundo
del mismo modo de aquel estúpido animal: crea ruido,
desbarajuste, zumba alrededor de las cosas sin poderlas agarrar
completamente; a veces confunde un deseo con una trampa y queda seca,
pudriendose en el reflejo azul dentro de la jaula. Fabricio ha apoyado
su maletín en el suelo y ha quedado firme en la entrada de
la
puerta observándome en silencio. Sus ojos hablaron de manera
elocuente y la excitación bajo sus pantalones me
confirmó
todo: Tenía que torturarlo suave pero con maldad. Luego ha
hablado: "Tú ya me has violado la cabeza, te has metido
dentro.
Ahora tendrás que violarme el cuerpo, tendrás que
hacer
entrar algo de ti en mi carne." ¿No te parece que no se
distingue quién es el esclavo y quién el
dueño? Yo
decido las cosas que hacer, tú tienes solo que padecer.
Ven", he
exclamado como la mejor de las dueñas. Atado en la cama, con
una
venda en los ojos, tumbado boca arriba completamente desnudo le azoto
con la fusta, primero suave y poco a poco mas fuerte hasta hacerle
brotar sangre. Gemia, pero aquello le excitaba; solo habia que ver
cómo se elevaba mirando al techo su majestuoso y endurecido
falo. "quién eres?", le he preguntado helada.
Un estertor prolongado y me ha dicho: "tu esclavo."
Mientras habla mi tacón ha bajado por la espina
dorsal y ha acabado entre sus nalgas, comprimiendo.
"No Melisa... No...", ha dicho jadeando fuerte.
No he sido capaz de continuar. Lo he girado con una patada
obligándolo a la posición supina y prodigo a su
pecho el
mismo trato que la espalda. "Girate!", le he ordenado de nuevo. Lo ha
hecho y yo me he metido a horcajadas entre sus muslos y sin darse
cuenta ha empezado a frotar ligeramente el sexo retenido por el
chándal adherente.
"Tienes el chocho todo mojado, como los que me gusta
lamer...", ha dicho en un suspiro.
"No!", he dicho fuerte.
Su voz se ha quebrado y senti sus gemidos de dolor cuando
clavé un tacón en el pecho. Mi
excitación
creció, llenó mi ánimo y luego
salió de
nuevo de mi sexo provocando una misteriosa exaltación.
Estaba
sometiéndolo y era feliz por ello. Feliz por mí y
feliz
por él. Por él porque fue lo que quiso, uno de
sus
más grandes deseos. Por mí porque ha sido
afirmarme como
a mi persona, mi cuerpo, mi alma, toda yo misma sobre otra persona,
aspirándola completamente. Estaba participando en la fiesta
de
mí misma. Tomando la fusta en la mano he pasado los hilos de
cuero primero el asta y luego sobre su trasero, pero sin golpearlo;
luego he dado un ligero golpe de fusta y he sentido su cuerpo tensarse.
El último golpe violento a su espalda torturada y
encarnizada y
luego he tomado el consolador. No tuve nunca uno en la mano y no me
gustó. He rociado la gel pegajosa sobre su trasero asqueroso
impregnándome los dedos de la falsedad, fue bien diferente
del
ver a Gianmaria y Germano entrar despacio en sus correspondientes
cuerpos, hacerlo con dulzura, ternura, estar dentro de una realidad
diferente pero verdadera, confortador. En cambio esta realidad me ha
dado asco: todo falso, todo míseramente
hipócrita.
Hipócrita él hacia su vida, hacia su familia,
gusano en
postrarse a los pies de una niña. El consolador ha entrado
con
dificultad en su ano, mis manos lo han sentido vibrar como si algo
hubiera partido sus entrañas. Lo penetré una y
otra vez
repitiéndome frases, como fórmulas pronunciadas
durante
un ritual: Ésta es por tu ignorancia, primer golpe, este por
tu
débil presunción, segúndo golpe, por
tuyo hija que
no sospechara nunca de tener un padre como tú, por tu mujer
que
te está esperando esta noche, por no comprenderme, por no
entenderme, por no haber cogido la esencia fundamental de mí
que
es la belleza. La belleza, aquella verdadera, que todos tenemos y no
tienes. Muchos golpes, todo duros, cubos, lacerantes. Él
gimió bajo de mí, gritó,
lloró a rasgos, y
su orificio se extendió y lo vi rojo de tensión y
de
sangre.
"Ya no tienes aliento, feo asqueroso?", he dicho con una risa
sarcástica cruel.
Ha gritado fuerte, quizás haya tenido un orgasmo
y luego ha
dicho: "Basta ya, te lo ruego." Y yo me he parado mientras mis ojos se
llenaban de lágrimas. Lo he dejado sobre la cama,
trastornado,
destruído, completamente roto; me he vestido y en el
zaguán he saludado a la portera. Cuando he llegado a casa no
me
he mirado al espejo y antes de ir a dormir no me he dado cien golpes de
cepillo: ver mi cara destruída y mi pelo despistado me
habría hecho mal, demasiado.
el 4 de marzo de 2002
Los míos han partido por una semana y
volverán
mañana. Por días he tenido la casa libre y he
sido
dueña de entrar y salir cuando me parecia; al principio
creí invitar a alguien a pasar la noche conmigo, a lo mejor
a
Daniele que he añorado hace un par de días o bien
Roberto, o a lo mejor atreverme a llamar a Germano o Letizia, en fin
alguien que me hiciera compañía. En cambio he
gozado mi
soledad, he quedado sola conmigo misma a pensar en todas las cosas
bonitas y todas las cosas feas que me han ocurrido en este
último período. Sé, diario, de haberme
hecho mal a
mí misma, de no haber tenido respeto de mí, de mi
persona
que yo digo de querer tanto. No estoy muy segura de quererme, uno que
se quiere no deja violar su cuerpo de cualquier hombre, sin un objetivo
bien preciso y tampoco por el gusto de hacerlo; te digo esto para
desvelarte un secreto, un secreto triste que queria, tontamente,
diario, esconderte, ilusionándome de poder olvidarlo.
Una tarde mientras estuve sola he pensado en distraerme y
aspirar
un poco de aire y entré a la cerveceria donde siempre voy y
entre una jarra y otra de cerveza he conocido a un tío que
me ha
abordado con modos algo bonitos y poco amables. Estuve borracha, me
giró la cabeza y le he dado cuerda. Me ha llevado a su casa
y
cuando ha cerrado la llave a sus espaldas yo he tenido miedo, un miedo
tremendo que me ha hecho pasar repentinamente la cogorza. Le pedi que
me dejara ir, pero me retuvo obligándome con los ojos locos
y
pequeños a chuparsela. Asustada lo he hecho y he hecho todo
lo
que me ha mandado después hacer. Me he penetrado con el
vibrador
que me ha puesto en la mano sintiendo las paredes de mí va
gina
quemar terriblemente y sintiendo arrancarme la piel. He llorado
mientras me ofrecia su miembro empapado de semen y
reteniéndome
la cabeza con una mano no he podido evitar lamer y tragar su asqueroso
fluido. Se ha echado sobre la cama y se ha dormido de golpe. .
Instintivamente he mirado la mesilla de noche esperando encontrar el
dinero que serían debidos a un buena puta. He ido a
baño,
me he lavado la cara sin atreverme un instante a mirar mi imagen
refleja: habría visto el monstruo en el que me he
convertido.
Estoy sucia, sólo el amor, si existe, podrá
limpiarme.
28 de marzo 2002
Ayer le he contado a Valerio lo que me ha sucedido la otra
tarde.
Me esperé que dijera enseguida "Pobre niña";
tomarme
entre los brazos y mecerme, susurrarme que no habría tenido
que
preocuparme de nada, que él estaba conmigo. ¡Nada
de todo
esto: me ha dicho con tono de regaño, áspero, que
soy una
estúpida, un puta buscona, y es verdad que lo soy,
coño
si que es verdad! Pero yo ya me basto para culpabilizarme, no quiero
las prédicas de los otros, sólo quiero que
alguien me
abrace y me haga estar bien. Esta mañana ha venido a la
salida
de escuela, no me habría imaginado nunca una sorpresa
parecida.
Ha llegado en movimiento, pelos al viento y a un par de gafas de sol
que cubrian sus espléndidos ojos; yo charlaba delante de un
banco con mis compañeros de clase. Tuve el pelo en desorden,
la
carpeta pesada sobre los hombros y la cara encarnizada. Cuando lo he
visto llegar con su sonrisa socarrona y atractiva me he parado
enseguida, quedando un instante con la boca abierta. Velozmente me
despido de mis compañeros y corro por calle para saludarlo.
Me
he lanzado contra él de manera infantil,
espontánea y
bastante elocuente. Me ha dicho que tenía ganas de verme,
que le
faltaron mi sonrisa y mi perfume, creyó haber
caído en un
tipo de crisis de abstinencia de Lolita. Miré su lengua que
humedeció los labios, me fijé en sus
pestañas
largas y negras de niño y su nariz que parece la perfecta
copia
de la mía. Y miré su pene que ha engordado cuando
me he
acercado a su oreja y le he susurrado: "Quiero ser poseída,
ahora, delante de todos." Me ha mirado, me ha sonreído
nerviosamente tensos los labios para contener una convulsa
excitación y ha dicho: "Loly, Loly... quieres volverme
loco?...." He contestado que sí con un movimiento lento y
señalando una sonrisa.
"Hazme sentir tu perfume."
Le he ofrecido entonces el cuello cándido y se lo
ha olido
llenándose los pulmones de mi fragancia aromatizada con
vainilla
y almizclada, luego ha dicho: ahora.
No pudo ir, esta vez habría jugado hasta al final.
"Quieres saber que calzoncillos tengo hoy?."
Estuvo a punto de reavivar el motor pero me ha mirado
asombrado y
con la mente aneblada he contestado que sí. He tirado de los
pantalones desabrochándolos un poco y me he dado cuenta que
no
llevaba calzoncillos. Le he mirado buscando una respuesta.
"Muchas veces salgo sin calzoncillos, me gusta", ha
contestado,
"recuerda que tu no llevabas bragas la tarde que lo hicimos por primera
vez." Así "tú me vuelves loco." Me he acercado a
su
rostro teniendo una distancia breve y por tanto muy peligrosa y
"Sì", le he dicho mirándolo recto a los ojos, "es
lo que
tengo intencion de hacer." Nos hemos mirado sin decir nada por muchos
minutos, a veces sacude la cabeza y sonrie. Me he acercado a su oreja y
le he dicho: "Violame esta noche."
"No, es peligroso", ha contestado.
"Viólame", he repetido maliciosa e imponente.
"Dónde, aquí?."
"En el sitio donde te la chupé por primera vez."
29 de marzo ' 1,30
He bajado del coche y he cerrado la puerta
dejándolo dentro
del coche. Me he encaminado por aquellas calles oscuras y estrechas y
él ha esperado un poco antes de seguirme. Me he encontrado
sola
a recorrer aquel adoquinado , sentí el ruido del mar en la
lejanía. Miré las estrellas y me
pareció
también escuchar su sonido, imperceptible, seres que brillan
a
intermitencia. Luego el motor y los faros de su coche. He mantenido la
calma, quise que todo ocurriera como programé: él
verdugo, yo víctima. Víctima en el cuerpo,
desentonada y
sumisa. Pero la mente, la mía y la suya, yo la mando,
sólo yo. Yo quiero todo esto, yo soy la dueña.
Él
es un falso dueño, un dueño mi esclavo, esclavo
de mis
deseos y de mis caprichos. Ha acercado el coche, ha apagado los faros y
el motor y ha bajado. Por algún instante he
creído haber
quedado de nuevo sola puesto que no sentí nada... De
inmediato
le sentí: llegó a pasos lentos y tranquilos pero
su
respiración era veloz y afanoso. Lo he sentido
detrás de
mí, me ha soplado sobre el cuello. Inesperadamente he tenido
miedo. Ha empezado a seguirme con más ímpetu, ha
corrido
hacia mí y agarrándome por un brazo me ha
sacudido contra
el muro.
"Las señoritas con los culos bonitos no dan una
vuelta solas
por calle", ha dicho cambiando la voz. Con una mano me tuvo el brazo
haciéndome daño, con la otra me empujó
la cabeza
hacia el muro comprimiendo con fuerza mi cara contra la superficie ruda
y cenagosa.
"Estáte quieta", me ha ordenado.
Yo esperé el movimiento siguiente, estaba
excitada pero
también asustada y me pregunté qué
cosa
habría podido pasar si me hubiera violado de veras un
desconocido y no mi dulce profe. Luego he borrado este pensamiento,
recordándome de hace algunas tardes y todas las violencias
del
alma a que he sido sometida así muchas veces... y yo
todavía quise violencia, violencia hasta no poder
más. Me
he acostumbrado, quizás ya no puedo pasar sin ello; me
parecería extraño si un día la dulzura
y la
ternura vinieran a llamar a mi puerta y me preguntaran al entrar. La
violencia me mata, yo raída, yo sucia y ella se nutre de
mí, pero con y por ella sobrevivo, de ella me alimento. Ha
usado
la mano libre para hurgar en el bolsillo de los pantalones.
Ciñó fuerte mis muñecas blancas, me ha
dejado un
momento y ha agarrado con la otra mano aquel objeto tomado del
bolsillo. Era una venda con que ha fajado la parte superior de mi cara
cubriéndome los ojos.
"Así eres guapísima", ha dicho,
“estoy
levantándote la falda bonita putona, no hables y no grites."
.
Sentí sus manos entrar dentro de mis braguitas y sus dedos
acariciar mi sexo. Luego me ha dado una bofetada violenta, me ha hecho
gemir de dolor.
"Eh no... te dije de no emitir ningún tipo de
sonido."
"Verdaderamente me dijiste de no hablar y no grites, yo he
gemido",
he susurrado consciente que me habría castigado por eso. En
efecto me ha dado una bofetada aún más violenta
pero yo
no he emitido ningún sonido.
"Bueno Loly, estas muy buena."
Se ha agachado, siempre teniéndome sujeta con las
manos y
ha empezado a besarme los glúteos, por primera vez en mi
vida
siento una lengua lamer mi ano. Cuando ha iniciado a lamer suave mi
deseo de ser poseída ha crecido, no pude pararlo.
Así he
arqueado la espalda para hacerle agarrar con ganas.
Por respuesta me ha llegado otra bofetada.
"Cuando yo lo diga", ha ordenado.
Sólo pude percibir los sonidos y sus manos sobre
mi cuerpo,
me privó de la vista y ahora del placer absoluto. Me ha
dejado
libres las muñecas y se ha apoyado completamente sobre
mí. Con ambas las manos me ha agarrado las tetas, libres de
cualquiera ropa que pudiera envolverlos. Los ha agarrado con fuerza,
haciéndome daño, pellizcándome con los
dedos que
parecieron pinzas candentes.
"Despacio", he susurrado con un hilo de voz.
"No, será como yo quiera" y ha lanzado otra
bofetada, cada
vez más violenta. Mientras enrolló la falda hasta
las
caderas y ha dicho: habría querido todavía
resistir un
poco mas, pero no puedo. Me provocas demasiado y no puedo hacer otra
cosa que follarte."
Con una embestida bestial me ha penetrado a fondo,
transmitiendome
completamente su excitación, su pasión
incontrolable. Un
orgasmo fuerte, fuerte, me ha arrollado el cuerpo, me he entregado al
muro arañándome la piel; he sentido agitarse
aún
mas su respiración y de inmediato miles de gotas calientes y
espesas invaden mi coño.
Hemos quedado mucho tiempo de aquel modo, demasiado tiempo,
tiempo
que no habría querido que acabara nunca. Volver en el coche
ha
sido volver a la realidad, fría y cruel, una realidad que en
aquel mismo momento me he percatado que fue inevitavile evitar: yo y
él, el connubio de nuestras almas tuvo que acabar
allí,
las circunstancias no permitirán nunca a ninguno de los dos
de
ser completamente y espiritualmente el uno de la otra. Durante el
trayecto, firmes en el tráfico que revuelve Catania la
noche, me
ha mirado, ha sonreído y ha dicho: "Loly, te quiero, me ha
tomado la mano, la ha llevado a la boca y la ha besado. Loly, no
Melisa. Él quiere a Loly, de Melisa no ha oido nunca hablar.
el 4 de abril de 2002
Diario, te escribo dese una habitación de hotel;
estoy en
España, Barcelona. Estoy en excursión con la
escuela y
estoy entreteniéndome bastante aunque el profe
ácido y
obtuso me mira torcido cuando digo que no quiero visitar los museos,
que según yo son una pérdida de tiempo.
¿Odio
visitar un lugar solo para conocer de ello la historia, sí,
VALE, también aquélla es importante pero
después
que hago de ello? Barcelona está tan viva, alegre pero con
una
melancolía de fondo. Una bonita mujer parece, fascinadora,
con
ojos profundos y tristes que cavan dentro del alma. Parezco yo.
Querría poder dar una vuelta por las calles nocturnas
abarrotadas de locales y repletas de gente de todo tipo, pero me
obligan a ir todas las noches a la discoteca dónde, si queda
bien, logro conocer a alguien que no esté derretido
todavía de alcohol. No me gusta bailar, me fastidia. En mi
habitación hay fiesta: quién salta sobre la cama,
quién escurre sangría, quién vomita
allá en
el retrete; ahora voy, Giorgio me arrastra por un brazo...
7 de abril de 2002
Penúltimo día, no quiero volver a
casa. Y esta es mi
casa, mesiento a mi comodidad, segura, feliz, comprendida
aquí
por la gente aunque no hablemos la misma lengua. Es confortadora no
sentir el teléfono sonar por una llamada de Fabricio o
Roberto y
no tener que dar una excusa para no encontrarse. Es confortadora hablar
hasta tarde con Giorgio sin estar obligada a enhebrarme en su cama y
darle mi cuerpo. ¿Dónde Narcisa estas acabada que
mucho
te quisiste y tanto sonreíste, tanto quisiste dar e
igualmente
recibir; dónde estas acabada con tus sueños, con
tus
esperanzas, tus locuras, locuras de vida, locuras de muerte;
dónde tu imagen refleja el espejo eres acabada,
dónde
puedo buscarte, dónde puedo encontrarte, como puedo
retenerte?
el 4 de mayo de 2002
Hoy a la salida de la escuela he visto a Letizia. Me ha
venido al
encuentro con el rostro redondo enmarcado por grandes gafas de sol, muy
parecidas a los que veo sobre las fotos de mi madre de los
años
Setenta. Con ella estaban dos chicas, claramente lesbianas. Uno se
llama Wendy, tiene mi misma edad pero parece mucho más
mayor. La
otra, Floriana, es un poco más pequeña que
Letizia. "Tuve
ganas de verte", me ha dicho Letizia mientras me miró
fìja a los ojos.
Has hecho bien en venir; también yo tuve ganas" de
ello, he contestado.
En el ínterin la gente salió de la
escuela y
tomó sitio entre los bancos de la plazoleta; los chicos
interesados nos miraron y cuchichearon riendo entre ellos, las comadres
de sant'Ilario" beatas, ácidas e ignorantes como nos miraron
torciendo la nariz y los ojos. Me pareció de escuchar sus
frases: "Pero has visto a esa con quien va por ahí? Siempre
lo
he dicho que era muy rara...". Pareció Letizia haber
entendido
mi malestar ha dicho: "Nosotros vamos a almorzar a la
asociación, quieres también venir tú?."
"Qué asociación?", he preguntado.
«...Lesbiano-gay. Tengo las llaves, estaremos solas."
He aceptado, así he cogido a mi
escúter y Letizia se
ha subido detrás pegando su seno sobre mi espalda y su
aliento
sobre mi cuello. Hemos reído mucho por calle, yo
derrapé
sin parar porque no estoy acostumbrada a llevar otro peso, ella hizo
las muecas a las viejecitas mientras me ciñó la
vida con
los brazos. Pareció un mundo especial lo que se ha
presentado a
mis ojos cuando Letizia ha abierto la puerta. No era otra cosa que una
casa, una casa que no era propiedad de nadie sino de la entera
comunidad gay. Estaba provista de todo y también de
más
puesto que sobre la librería junto a los libros habia un
gran
contenedor lleno de preservativos sin usar; y sobre la mesa revistas
gay y revistas de moda, alguna de motores, otras de medicina. Un gato
dio una vuelta por las habitaciones y se frotó contra cada
pierna y lo he acariciado como acaricio a Merino, mi querido y bonito
gato. Teniamos hambre Letizia y Floriana se han propuesto de ir a
comprar las pizzas a la gastronomía al rincón de
la
calle. Mientras estuvieron a punto de salir Wendy me ha mirado con la
cara alegre y una sonrisa obtusa, caminó como saltando,
parecia
una especie de duende enloquecido. Tuve miedo de quedar sola con ella,
así he salido de la puerta y he llamado a Letizia
diciéndolas que quería hacerle
compañía, me
fastidiaba quedar dentro. Mi amiga ha intuido enseguida todo y con una
sonrisa ha invitado a Floriana a regresar. Mientras esperamos que las
pizzas se achicharraran hemos hablado un poco, luego he dicho: "Joder,
tienes los dedos helados!." Me ha mirado maliciosamente pero
también irónicamente y ha dicho: "Mmm...
óptima
información, la tendré en cuenta!."
Mientras nos encaminamos sobre la calle de vuelta hemos
encontrado
a un chico amigo de Letizia. Todo en él era tierno: el
rostro,
la piel, la voz. La dulzura infinita que tenia me ha hecho muy feliz.
Ha entrado con nosotros y por un tiempo hemos quedado a hablar sobre el
sofá mientras las otras prepararon la mesa. Me ha dicho que
es
un empleado de banco aunque su corbata decididamente demasiado alegre
contrastaba con el frío mundo bancario. Semejó
tristeza
en la voz, pero me ha parecido demasiado imprudente preguntar cual era
el motivo. Luego Gianfranco que así se llamaba, se
quedó
y hemos quedado nosotros cuatro alrededor de la mesa a charlar y a
reír. O mejor dicho, yo charlé, sin parar
mientras
Letizia me miraba atenta y a veces pasmada cuando hablaba de
algún hombre con el que fui a cama. Después me he
levantado y he ido al jardín, ordenado pero no
específicamente cuiddo, dónde estaban plantadas
palmas
altas y extraños árboles del busto espinoso y
flores
grandes y roídas sobre la cabellera. Letizia me ha alcanzado
y
me ha abrazado detrás mientras con los labios me
rozó el
cuello con un beso. Me he vuelto instintivamente y he encontrado su
boca: caliente, blanda, extremadamente blanda. Ahora entiendo porque
los hombres quieren tanto besar a una mujer: la boca de una mujer es
tan inocente, pura, mientras que los hombres que yo he encontrado
siempre me han dejado con una estela viscosa, llenándome
vulgarmente con la lengua. El beso de Letizia fue diferente, fue
terciopelado, fresco pero intenso al mismo tiempo.
"Eres la mujer más bonita que haya tenido" nunca,
me ha dicho reteniéndome por el rostro.
"¡También" tú, he contestado,
y no sé por
qué lo he hecho, fue superfluo decirlo puesto que ella ha
sido
mi única mujer!
Letizia ha tomado mi sitio y esta vez era yo la que dirigia
el
juego, frotando mi cuerpo al suyo. La he abrazado fuerte respirando su
perfume, luego me ha conducido en la otra habitación, me ha
bajado los pantalones y ha acabado la dulce tortura que
empezó
hace algunas semanas. Su lengua me desató, pero el
pensamiento
de probar un orgasmo en la boca de una mujer me hizo estremecerse.
Mientras su lengua me lamió, mientras ella estaba de
rodillas
debajo de mí, tendida a mi placer, he cerrado los ojos y con
las
manos redobladas como los zampette de un conejo asustado, el hombrecito
invisible se ha esfumado. El hombrecito invisible no ha vuelto, no
tiene colores, sólo es un sexo y una lengua que uso a mi
gozo.
Ha estado allí cuando mi orgasmo ha llegado
fuerte y
jadeante, su boca estuvo llena de mis jugos y cuando he abierto los
ojos la he visto, maravillosa sorpresa, con una mano dentro de las
bragas que se contoneaba de placer que también para ella
llegó, quizás más consciente y sincero
de lo que
haya sido el mío. Después nos hemos tumbado sobre
el
sofá y por un rao creo haber dormido. Cuando el sol ya
bajó y el cielo oscurecia me ha acompañado a la
puerta y
le he dicho: "Lety, será mejor no vernos más." Ha
sacudido la cabeza, ha sonreído levemente y ha dicho: yo
también lo pienso "." Nos hemos intercambiado un
último
beso. Mientras volvía a casa en ciclomotor me he sentido
usada
por enésima vez, usada de alguien y de mis malos instintos.
el 18 de mayo de 2002
Me parece de oír la voz caliente y
tranquilizadora de mi
madre que me contó ayer mientras fui a cama esta historia:
"Una cosa difícil y no deseada puede revelarse un
gran
regalo;( ya lo sabia, Melisa, recibe a menudo regalos solo por ser un
poco puta). Este cuento trata la historia de un joven soberano que
llegó al gobierno de un reino; él era querido ya
antes de
convertirse en rey y los sujetos, felices por su coronación,
le
llevaron numerosos regalos. Después de la ceremonia el nuevo
rey
estaba cenando en su edificio; de improviso se sintió llamar
a
la puerta. Los sirviente salieron y encontraron un viejo
míseramente vestido, de aspecto de un mendigo, que quiso ver
al
soberano. Hicieron lo posible para disuadirlo, pero
inútilmente.
Entonces el rey salió para encontrarlo; el viejo lo
cubrió de laudos, diciéndole que era
guapísimo y
que todos en el reino eran felices de tenerlo como soberano. Le
llevó como regalo un melón, el rey detestaba los
melones
pero, para ser gentil con el viejo, lo aceptó y lo
agradeció y el hombre se alejó contento. El rey
regresó a sus habitaciones y entregó el fruto a
los
sirvientes para que lo echaran al jardín. La semana
siguiente a
la misma hora de nuevo llamaron a la puerta. El rey fue de nuevo
llamado y el mendigo lo encomió y le ofreció otro
melón. El rey lo aceptó y saludó al
viejo y, de
nuevo, echó el melón al jardín. La
escena se
repitió por muchas semanas: el rey era demasiado gentil para
defraudar al viejo o despreciar la generosidad de su regalo. Luego, una
tarde, justo cuando el viejo estaba a punto de entregar el
melón
al rey, una mona saltó abajo de un porche del edificio e
hizo
caer el fruto de sus manos; el melón se partió en
mil
trozos contra la fachada del edificio. Cuando el rey miró,
vio
una lluvia de diamantes caer del corazón del
melón.
Ansiosamente, corrio al jardín: todos los melones se
derretian
alrededor de un cerro de joyas." La he parado y he dicho: puedo
deducirme la moral?", exaltada por la bonita historia. Me ha
sonreído y ha dicho: "Ciertamente."
He respirado tal como respiro cada vez que me preparo para
repetir
la lección en la escuela: "A veces las situaciones
incómodas, los problemas o las dificultades esconden
oportunidades de crecimiento: muy espeso en el corazón de
las
dificultades brilla la luz de una preciosa joya. Es por tanto sabio
acoger lo que es incómodo y difìcil." Ha
sonreído
de nuevo, me ha acariciado el pelo y ha dicho: eres lista,
pequeña. Eres una princesa." Quise llorar pero me he
retenido,
mi madre no sabe que los diamantes del rey han sido para mí
las
crudas bestialidades de hombres groseros e incapaces de querer.
20 de mayo
Hoy el profe me ha venido a buscar de nuevo fuera de la
escuela.
Yo lo esperé, le he dado una carta junto a un par de
braguitas
particulares. La carta dice así: “Esta prenda soy
yo. Es
la cosa que me describe mejor. ¿De quiénes
podrían
ser esos dibujos y extrañas figuras con aquellos dos lacitos
colgantes si no de una pequeña Lolita? Me ha ocurrido muchas
veces de hacer el amor vistiéndolas, quizás
contigo
nunca, pero no importa... Aquellos lacitos son mis instintos y mis
sentidos, son los cordones que mueven mis sentimientos
además de
dejar las huellas sobre la piel... Imagina mi cuerpo semidesnudo que
viste sólo estas bragas: desatado un nudo, se
librará
como espíritu solo una parte de mí, la
Sensualidad. El
espíritu de amor todavía es obstaculizado por el
nudo
puesto sobre la cadera izquierda. He aquí entonces que el
que ha
desatado la parte de la Sensualidad me verá en mí
solamente tú la mujer, la niña, o
genéricamente la
hembra, en grado solo de recibir sexo, nada más. Me posee
solamente por mitad y probablemente es lo que quiero en la mayor parte
de los casos. Cuando luego alguien sólo desatara la parte
del
amor en aquel caso únicamente daré una parte de
mí, una parte mínima aunque profunda. Luego en la
vida,
un día cualquiera a lo mejor aquel carcelero llega y te
ofrece
ambas las llaves para liberar tus espíritus: Sensualidad y
Amor
están libres y relucientes. Te sientes bien, libre y
satisfecha
y tu mente y tu cuerpo no preguntan, más nada, no te
atormentas
más con sus solicitudes. Como un tierno secreto son
liberados
por una mano que sabe cómo acariciarte, que te sabe hacer
vibrar, y el sólo pensamiento de aquella mano te llena de
calor
el cuerpo y la mente. Ahora huele aquella parte de mí que
está exactamente al centro entre Amor y Sensualidad: es mi
Alma
que sale y filtra por mis humores. Tuviste razón cuando me
dijiste que he nacido para follar, como también ves que mi
Alma
tiene ganas de sentirse deseada y emana su olor, el olor de hembra.
Quizás la mano que ha liberado mis espíritus eres
tu
profe.
Y me arriesgo a decir que sólo tu olfato ha sido
capaz de
coger mis humores, mi Alma. No me regañes por esto profe, si
me
he desequilibrado, siento que tengo que hacerlo porque al menos en el
futuro no tendré el remordimiento de haber perdido algo
antes de
haberlo agarrado. Esta cosa chirria dentro de mí como una
puerta
no bien cerrada, su ruido es ensordecedor. Estando contigo, entre tus
brazos, yo y mis bragas estamos faltos de cualquier impedimento y
cadenas. Pero los espíritus en su vuelo han encontrado un
muro:
el horroroso e injusto muro del tiempo que pasa lento para el uno,
veloz por la otra, una serie de cifras que nos tienen a distancia;
espero que tu inteligencia matemática pueda ofrecerte alguna
ocasión para solucionar la terrible ecuación.
Pero no es
solamente esto: tú sólo conoces una parte de
mí,
aunque me haya liberado de las dos. Y no es aquella la parte que
querría dejar vivir, al menos no sólo esa.
Está en
ti decidir si dar una vuelta a nuestra relación, hacerlo
volverse más... "espiritual", un tanto más
profundo.
Confío en ti. Tu Melisa .”
el 23 de mayo de 15,14
¿Dónde está Valerio?
¿Por qué me ha dejado sin siquiera un beso?
El 27 de mayo de 2002
Hoy me ha pasado algo, diario, que nunca hubiera imaginado.
He
ampliado mi experiencia con una vejación mas. Resulta que a
las
6 de la tarde estaba estudiando aburrida en casa sin poderme quitar de
la cabeza a Valerio, cuando he recibido una llamada. Era Germano para
invitarme a otra sesión de voyeur en su casa.
“Esta vez mi
contrincante no será Gianmaria”, me ha dicho.
¿Ah,
y quien si puedo saber?. “Es una sorpresa, pero es alguien a
quien tú conoces muy bien”. Cuando ha colgado me
he
quedado sorprendida, dando vueltas a mi cabeza intentando adivinar que
chico gay conocia yo aparte de Gianmaria y Aldo y no se me
ocurría quien pudiera ser...¿Quizás el
amigo de
Letizia?, ¿Alguien conocido de la pandilla que oculta su
inclinación sexual?. Estaba tan intrigada y carcomida por el
morbo que ni siquiera por una llamada de Valerio hubiera faltado a la
cita.
La casa Germano estaba tan solo tres calles mas allá, pero
quería llegar cuanto antes, así que me
monté en la
scouter y en dos minutos estaba tocando al portero. Nadie
habló,
pero la puerta se abrió. La puerta del piso estaba
entreabierta,
pasé y oí a Germano: “Pasa Melisa y
espera un
minuto que estoy en la ducha”. Nunca habia estado en ese piso
asi
que me llevé una gran sorpresa cuando entré en la
habitación. Aquello era un verdadero picadero. Espejos por
todas
partes, incluido el techo, luz suave y atenuada, música
romántica y una enorme cama de agua en el centro. Nada mas,
solo
cojines, muchos cojines esparcidos por aquí y por
allá y
una pequeña mesilla de noche.
Pero aún quedé mas sorprendida cuando
vi entrar a
Gianmaria. Notó por mi cara mi estado de animo:
“Tranquila
Melisa, estoy enterado de todo, solo soy un invitado mas”.
Quise
preguntar si conocia al parterner de Germano pero me callé,
estaba claro que si lo sabia. Unos segundos después
apareció Germano en pijama, limpio, brillante, guapo,
espectacular y sonriente. Besos en las mejillas.
¿Parece que se retrasa, no?, pregunté.
No, me contestó, en realidad ya estamos todos.
No entendia nada, ¿acaso el amante misterioso era
él mismo?. ¿Se iba a hacer una paja en mi
presencia?.
“Vamos a desnudarnos mientras te explico”.
“Tu como casi todos en el barrio creeis que soy
homosexual
porque siempre me veis acompañando a algún chico
y casi
nunca con una chica, pero el caso es que yo solo soy un degenerado, un
obseso sexual; cuando veo un culo bonito, sea de hombre o de mujer,
quiero follarmelo. Y el otro día cuando te ví
desnuda me
fijé en tu trasero y te juro mi amor que es el culo
más
bonito que he visto en mi vida. Me dije: Este culito me lo follo
yo”
“¿Y si me niego?”, dije, aunque
sabia la respuesta.
“Gianmaria no está aquí como
voyeur. Esta
aquí para ayudarme; si te niegas, te ataremos a la cama bien
espatarrada y serás sodomizada sin compasión. Tu
decides.
“No hace falta que me ates, solo necesito que me
pongas cachonda”.
Ya estabamos los tres desnudos. Gianmaria exhibia ya una
máxima erección y sin embargo en ese estado su
verga no
superaba ni de lejos la longitud de la de Germano que aún la
mantenia fofa y colgando entre sus bolsas peludas. Me entretuve
lamiendo a Gianmaría que soportaba la succión
solo porque
él le estaba dando el mismo tratamiento a Germano que
chupaba y
lamia todos mis rincones ocultos, todos mis pliegues, todas mis
grietas. Metiendo su lengua durante mucho tiempo ocupada en mi pozo
oscuro. Abrió un cajón y saco un tubo con
vaselina que
aplicó en grandes cantidades en la entrada aun cerrada a cal
y
canto. Uno de sus dedos se incrustó en el interior oradando
para
agrandar el agujero, mientras su dedo pulgar masajeaba con mucha
pericia mi botoncito del placer.
Vi la imagen obscena que se desarrollaba en la
habitación
reflejada en los espejos desde diferentes angulos y su sola
visión me calentó aún mas, no pude
evitar que un
rio de jugos vaginales asomaran al exterior empapando esos dedos
maliciosos.
Mi clitoris había crecido al máximo,
como nunca lo
habia visto, brillante como una perla y duro como el diamante.
“Miraté”, dijo Germano. Me ví
en el espejo de
atrás y contemplé anonadada en el enorme hoyo en
el que
se había convertido mi ano, rojo, profundo y oscuro.
Esperé en tensión. Vi la enorme bellota
rojo-violacea
cómo se posaba en la entrada y poco a poco quedaba enterrada
en
el interior, un golpe bestial y de mi boca salió el grito
más terrorifico y aterrador que habia escuchado nunca. Las
lágrimas se me saltaron, las mejillas enrojecidas e
inflamadas
por el dolor. Un dolor indescriptible me llenó, cuando esa
verga
gruesa y poderosa se clavó en mi culo hasta los mismos
huevos
que quedaron pegados en mi vagina. El no se movió,
esperó
a que mi aro se acostumbrara al invasor y después
comenzó
el bombeo, sacando totalmente la polla de su esondite y volviendola
enterrar por completo, pero esta vez a una velocidad inusitada, golpes
de riñón casi inhumanos peforaban mis esfinteres
y
volví a gritar y gemir y llorar como una loca, pero esta
vez, me
da vergüenza confesarlo, no lo hacía por el dolor,
sino por
el inmenso placer que ese endiablado baiben me proporcionaba. Uno, dos
y hasta tres orgasmos seguidos explotaron en mi interior. Mi
coño era una lava incontenible de fluidos. Unos segundos
después exploté en otro orgasmo gigantesco cuando
sentí fluir a borbotones su esperma que regaba mis
entrañas, tan adentro, que creí por un momento
que iban a
escaparse por la boca. ¡Chop, chop, chop!, seguia follandome
el
culo aunque yo ya no sentía nada, desmayada, casi muerta, en
un
estado de sopor delicioso, como nunca antes me había
encontrado.
Dejó de empujar cuando su pene perdió
consistencia y le
pidio a Gianmaria que le limpiara. Estaba empapado de su jugo y de mi
sangre pero no pareció importarle. Me dio la vuelta y se
puso a
chuparme la almeja casi tan bien como lo hacía Leticia.
Miré el reloj, las siete y media, intente
levantarme pero
Germano me detuvo mostrandome su polla que de nuevo estaba dura y
majestuosa dispuesta a dar otro repaso a mi culo dolorido. Tres veces
me folló el culo. Tres veces se corrió, tres
veces le
limpio Gianmaria y decenas de veces me desmayé de placer.
Tuve que dejar aparcada la moto porque fuí
incapaz de
subirme en ella de como me dolia el trasero, cogí el
autobús y cuando llegué a casa, mi padre
observó
mi extraño caminar por el salon camino de mi
habitación,
que cualquier otro ser humano hubiera adivinado que acababan de
romperme el culo, pero él impasible me dejó ir,
sin una
pregunta, sin un reproche, solo indiferencia.
Ahora diario, bien lo sabes, estoy llorando no de dolor, tampoco de
placer, bien sabes tu, diario, que lloro de rabia, de
vergüenza.
¿Hasta donde llegará mi lujuria, mi vicio por el
sexo?.
Estoy arrepentida, no quiero ser tan bonita, no quiero tener este
cuerpo esbelto, no quiero ver lascivia y deseo en los hombres con los
que me cruzo. ¿Cuando encontraré a alguien que me
quiera
como soy y no porque estoy buena?
el 29 de mayo de 2002 2,30
De nuevo lloro, diario, lloro de alegría inmensa.
Siempre
lo he sabido que existian la alegría y la felicidad. Algo
que he
investigado en muchas camas, en muchos hombres, también en
una
mujer, que he investigado en mí misma y que
después he
perdido por mi culpa. Es en el lugar más anónimo
y banal
donde lo he encontrado. Y no en una persona, sino en la mirada de una
persona. Giorio, Yo y otros hemos ido al nuevo local que apenas ha sido
abierto justo bajo mi casa, a 50 m del mar. Es un local
árabe,
con bailarinas del vientre alrededor de las mesas que bailan o sirven
los pedidos, y luego las almohadas en el suelo, las alfombras, la luz
de las velas y el perfume de incienso. Estaba repleto, así
hemos
decidido esperar que alguna mesa se librara para poder tomar sitio.
Estoy apoyada a una farola, pensé en la llamada de Fabricio
acabada mal; le he dicho que no quería nada de
él, que ya
no quería volverlo a ver. Se ha echado a llorar y ha dicho
que
me habría dado todo, precisando pero qué: dinero,
dinero
y dinero. "Si es eso lo que quieres dar a un ser humano, no soy yo
quien lo deba recibir. Te doy las gracias en todo caso" por la oferta,
he exclamado irónicamente, luego le he colgado el
teléfono en la cara y no he hecho caso de sus llamadas y
nunca
mas lo haré, lo juro. Odio a aquel hombre: es un gusano,
está sucio, ya no quiero abandonarme a él.
Pensé
en todo esto y en Valerio, tuve las cejas fruncidas y los ojos fijos en
un punto no identificable; luego, derepente le ví: Lo
miré y se fijó en intervalos de tiempo hartos
breves,
apartamos la mirada sin poder evitar de mirarnos de nuevo los ojos. Sus
ojos eran profundos y sinceros, y esta vez no me he ilusionado creando
absurdas fantasías para hacerme mal y castigarme, esta vez
realmente no lo he creído, vi sus ojos, estaban
allí, me
fijaron y semejaron decirme cosas tiernas, de quererme conocer de
veras. Y poco a poco he empezado a observarlo mejor: se
sentó
con las piernas cruzadas, un cigarrillo entre las manos, dos labios
carnosos, una nariz un poco pronunciada pero importante y los ojos de
príncipe árabe. Lo que estaba
ofreciéndome era
algo de mío, sólo mio. No miró a
ninguna otra, me
miró a mí y no como cualquier hombre acostumbra a
mirarme
por la calle sino con sinceridad y honestidad. No sé por
cuál oscuro motivo pero se me ha escapado demasiado fuerte
una
risotada, no pude contenerme; la felicidad fue tan grande que no pude
limitarme a una sonrisa. Giorgio me miró divertido, me
preguntó quéme pasaba. Con un gesto de la mano le
he
dicho de no se preocupara y me he abrazado a él para poder
justificar aquel mi repentino estallido. Me he vuelto de nuevo y he
notado que estaba sonriéndome y estaba
ofreciéndome la
vista de sus espléndidos dientes blancos. Hazle ver que eres
una
estúpida, una idiota y una ignorante... y sobre todo
enseguida,
no lo hagas esperar!." Mientras pensaba una chica pasa cerca y le ha
rozado el pelo sin querer; se ha ocultado por un instante y luego se ha
desplazado un poco para lograr verme mejor. Giorgio me ha
distraído: "Melisa, estas en otra parte. Yo tengo las ranas
en
el estómago, no me gusta esperar.” "Tranquilo ,
Giorgino,
otros diez minutos, de verás...", le he contestado porque no
quise despegarme de aquella mirada.
"¿Qué es todo esto, está gana
de quedar aquí? Algún macho entre los pies?."
He sonreído un poco y he asentido.
Él ha suspirado y ha dicho: hemos hablado largo y
tendido
sobre eso. Melisa, vive tranquila por un tiempo, las cosas bonitas
llegarán por si solas."
"Esta vez es diferente. Giorgino...", le dije como una
pequeña niña viciosa
Lo he visto entrar en la heladería con las
sombrillas
japonesas sobre cada mesa y me he apoyado a la farola, tratando lo
más posible de no mirarlo. A un rasgo lo he visto levantarse
y
creo haberseme puesto indudablemente morada la cara, no supe
qué
hacer, estaba en absoluta incomodidad; así me he vuelto
hacia la
calle y he simulado de estar esperando a alguien observando todos los
coches que llegaron; y mis pantalones de seda indiano aletearon
acompañados por el ligero viento del mar. Su voz caliente,
profunda, la he sentido a mis espaldas y ha dicho: "A quién
esperas?." De repente he pensado en una vieja cantinela que he
leído de pequeña en un cuento que mi padre me
llevó de uno de sus viajes. De manera espontánea
e
inesperada la he pronunciado, girando me vuelvo a él:
"Aspecto,
aspecto, en la oscura noche, y abro la puerta si alguien golpea.
Después de la mala viene la buena suerte y viene el que no
sabe
el arte." Hemos quedado en silencio, con la expresión de las
caras serias; luego nos hemos echado a reír. Me tiene cogida
la
blanda mano y se la he apretado despacio pero con
determinación.
"Claudio", ha dicho siguiendo mirándome a los ojos.
"Melisa", he logrado no sé cómo a decir.
"Qué fue aquella cosa que has dicho ahora?."
"¿Cosa...? ...¡ay, sí, antes!
Es la cantinela de
un cuento, la conozco de memoria de cuando tenía siete
años." Ha movido la cabeza para indicar que lo habia
entendido.
Echa el ancla silencio, un silencio de pánico. Un silencio
interrumpido por mi simpático y torpe amigo que
llegó de
carrera diciendo: "Scemotta, ha encontrado el sitio, vienes, estamos
esperándote."
"Tengo que irme", he susurrado.
«...Puedo llamarte?", también lo ha dicho
bajito.
Lo he mirado sabiendo que no era osadía que no fue
presunción, sólo voluntad de que todo no acabara
allí. He bajado los ojos un poco mojados y he dicho: a
menudo me
podrás encontrar por aquí, vivo justo
aquí
encima", indicándole mi balcón.
"Entonces te dedicaré una serenata", ha bromeado
guiñando el ojo.
Nos hemos saludado y yo no me he vuelto para mirarlo una vez
más aunque habría querido, tuve miedo de
estropearlo todo.
Luego Giorgio me ha preguntado: "Pero quién era
ese?."
He sonreído y he dicho: "Es el que viene y no sabe
el arte."
"Ehhh?", ha exclamado.
Todavía he sonreído, le he besado las
mejillas y he dicho: “lo descubrirás pronto,
tranquilo."
el 4 de junio de 2002 18,20
¡Ninguna broma, diario! ¡Me ha dedicado
de veras una
serenata! La gente pasó y miró despertada por la
curiosidad, yo del balcón reí como una loca
mientras un
hombre gordito y rubicundo tocó con una guitarra un poco
desgasta y él cantó desentonado como una campana,
pero
irresistible. Irresistible como la canción que me ha llenado
los
ojos y el corazón; es la historia de un hombre que al
pensamiento de la amada no logra dormir y la melodía es
vehemente y delicada. ¿Lo quieres saber cuándo te
tengo
que dejar? Cuando mi vida acaba y muere... Ha sido un gran gesto, un
sutil cortejo, tradicional, banal si queremos pero perfumado.
Cuándo ha acabado he gritado del
balcón sonriendo:
"Y ahora qué cosa debería hacer? Si no me
equivoco, para
aceptar la corte haría falta encender la luz de la
habitación y si al revés, si no quiero tengo que
regresar
y apagar."
Él no ha contestado pero yo he entendido lo que
habría tenido que hacer. ¡En el pasillo me he
cruzado a mi
padre, casi lo arrollé! que me preguntó
interesado
quién era aquél que cantó. Riendo
fuerte le he
contestado que no lo sabia tampoco yo.
He bajado abajo a la carrera por las escaleras, tal como me
encontré, en pantalones cortos y camiseta, he abierto el
portón y luego me he parado. ¿Correrle al
encuentro y
abrazarlo fuerte o bien sonreírle feliz y agradecerlo con un
apretón de manos? He quedado quieta sobre el
portón y
él sabeque no me habría acercado nunca si no
hubiera
notado una señal, así lo ha hecho él
por mí.
"Pareces un polluelo asustado... le dije un poco meticona,
pero ha sido más fuerte que yo."
Me ha abrazado despacio y yo he dejado que mis brazos
quedaran en su sitio, no he logrado imitar su gesto...
"Melisa... Me permites que te invite esta noche a cenar?."
He dicho que sí con la cabeza y le he
sonreído, luego lo he besado despacio en la mejilla y me doy
la vuelta.
"Pero quién fue?", curiosa mi madre me ha
preguntado.
He levantado los hombros: "Pues no lo sé
mamá, nadie...."
12,45 de la noche
Hemos hablado de nosotros, somos más que
aquéllos
que imaginé decir y sentir. Él tiene veinte
años,
estudia ciencias modernas, tiene aquella expresión
inteligente y
viva en el rostro que lo hace increíblemente fascinadora. Lo
escuché con atención, me gusta mirarlo sin
hablar. Siento
un estremecimiento en la garganta, en el estómago. Me siento
redoblada como sobre mí misma como el tallo de una flor,
pero no
estoy partida. Claudio es templado, sosegado, tranquilizador. Me ha
dicho que ha conocido el amor, pero que luego se le ha ido de las manos.
Me ha preguntado pasando por el borde del vaso un dedo:
"¿Y tú? Me cuentas alguna cosa de ti?."
Me he abierto, he abierto un pequeño resquicio de
luz que
ha desgarrado la densa niebla que me envuelve el alma. Le he contado
algo de mi y mis historias infelices pero no he señalado
mínimamente mi deseo de descubrir y encontrar un sentimiento
verdadero.
Me ha mirado con ojos atentos, tristes y serios y ha dicho:
"Estoy
contento de que me hayas contado tu pasado. Me refuerza la idea que he
hecho de ti."
"Qué idea?", he preguntado asustada que me acusara
ser demasiado fácil.
"Qué eres una chica, excusa, una mujer, que ha
atravesado
ciertas situaciones para llegar a ser lo que es, a asumir aquella
mirada y hacerlo penetrar en el fondo. Melisa, no he encontrado nunca a
una mujer como tú... pasó de oír
ternura
cariñosa a padecer un atractivo misterioso e irresistible",
su
discurso fue distanciado por largos silencios durante los que me
ofreció sus ojos y luego retomó.
He sonreído y he dicho: no me conoces
todavía bien
para decirlo. Sólo podrás probar uno de aquellos
sentimientos que has dicho, o bien nada."
"Ya, es cierto", ha dicho después de haberme
escuchado con
atención, "pero quiero probar a conocerte mejor, me lo
permites?."
Ciertamente, claro que te lo permito!", le he dicho
agarrándole la mano apoyada sobre la mesa. Me
pareció
estar en un sueño, diario, un sueño
guapísimo, sin
fin.
Apenas he recibido un mensaje de Valerio, dice que quiere
verme.
Pero ahora también su pensamiento es distante. Lo
sé, me
bastaría hacer el amor una última vez con el
profe para
devolverme cuanto es de veras que quiero y qué Melisa es de
veras, si un monstruo o una persona capaz de dar y recibir amor.
el 10 de junio de 2002
¡Qué bonito, se ha acabado la escuela!
Este
año los resultados han sido bastante descepcionantes, yo me
he
empeñado poco y mis enseñantes se han preocupado
poco de
entenderme. La promoción me la tengo merecida en todo caso,
he
evitado destruirme definitivamente. Hoy tarde he visto Valerio, me ha
preguntado de alcanzarlo al Bar Época. He partido de
carrera,
pensando que aquélla habría sido la
ocasión en que
habría querido. Llegada al sitio he frenado de golpe,
arrastrándose las cubiertas sobre el asfalto, he llamado la
atención de todos. Valerio sentado solo en una mesa me
miró sonriendo y sacudiendo la cabeza con todos mis
movimientos.
He tratado de darme un comportamiento pausado caminando despacio y
asumiendo una expresión seria. Me he dirigido
contoneándose a su mesa y cuándo he llegado me ha
dicho:
"Loly, no has visto cómo te han mirado todos mientras
caminabas?."
He sacudido la cabeza y he contestado que no.
"No correspondo siempre las miradas."
Un hombre ha llegado a espaldas de Valerio, de aire
misterioso y
un poco huraño, y me ha sido presentado diciendo que se
llamaba
Flavio. Lo he mirado escudriñándolo
cuidadosamente,
él ha parado mi investigación diciendo: "Usted
jovencita
tiene fuego en los ojos y es demasiado bella para su edad."
"Me gustaria invitarte a una fiesta, me dice"
¿Y eso por qué?
Valerio me ha hablado maravillas de tí
Y qué mas?, le pregunto mirandole a los ojos un
poco picarona
Me dice que eres muy sensual y que te gusta el sexo
Asi que tu tambien quieres probarme, ¿no es
así?
No... es decir, no solo yo, una fiesta especial con otros
amigos
Necesitas una menor para unos viejos pervertidos,
¿no?
Un poco incómodo Flavio nos ha mirado y Valerio le
dice:
"Tranquilo, ella es así de directa."
"Veras Melisa", continua Flavio, "Valerio y yo tuvimos
intención de invitarte en una noche particular; me ha
hablado de
ti, tu edad le da mas morbo al asunto y después de haber
sabido
cómo eres... y como te gusta.. bueno, ya sabes... he cedido
y
estoy ansioso por verte en tu salsa."
He dicho sencillamente: "Cuantos años tienes
Flavio?."
Me ha contestado treinta y dos . He dudado, parecia de mas
edad pero me he fiado.
"Cuándo sería esa fiesta particular?",
he preguntado.
“El sábado próximo, a las 22,
en una villa junto
al mar. Vendré a buscarte yo, junto a Valerio se
entiende...."
"En el caso de que contestara que sí”, lo
he interrumpido.
“Ciertamente, en caso de que contestaras que
sí."
Algunos segúndos de silencio y luego he preguntado:
"Tengo que vestir algo especial?."
"Basta con que no se note demasiado tu edad. Todos creen que
tienes dieciocho"
"¿Todos, quiénes? Cuántos
son?", he preguntado a Valerio
"No sabemos tampoco el número preciso,
más o menos
cinco parejas garantizadas. Si otra gente se agrega aun no lo sabemos"
“Vaya, una especie de Orgía, no?
“Si, eso es exactamente, o es lo que pretendemos que
sea, una bacanal”
Donde yo, la nenita Melisa, va a ser la principal
protagonista, no?
“Solo si tu quieres nenita”, ha dicho
Valerio
“Ya he dicho que sí”
“Antes tienes que saber que todos los varones
asistentes
tendrán derecho a tomarte tantas veces como deseen y por
todos
los sitios que les apetezca, ¿lo tienes claro?.
“Ahora que lo has aclarado, me muero de ganas por
asistir”, he dicho con cara viciosa.
He decidido participar; lo siento por Claudio, pero no estoy
segura de merecerle, no soy buena para él, otra mujer
habrá que la hará feliz.
el 15 de junio de 2002
No, no soy la chica que lo hará feliz. No lo
merezco. Mi
teléfono sigue sonando sus SMS. No le contesto, lo ignoro
completamente. Se calentará y buscará en otro
lugar la
felicidad. ¿Y entonces por qué siento este miedo?
el sabado 17 de junio de 2002
En silencio, entre diálogos breves y
esporádicos nos
hemos encaminado hacia el lugar en que ha sido fijada la cita. Era a
las afueras en un chalet de la otra parte de la costa dónde
los
riscos se desmoronan convirtiéndose en arena. El lugar
estaba
desierto y la casa bastante interna. Hemos entrado por un alto
portón de hierro y he contado los coches aparcados por el
camino: nosotros y otros tres. "Dulce, hemos llegado", Flavio con estas
expresiones me irrita a morir... ¿qué
coño conoce
de mí? Como se permite en llamarme dulce, querida,
pequeña... ¡lo estrangularía! Nos ha
abierto la
puerta una mujer de más o menos cuarenta, fascinante y
perfumada. Me ha mirado de arriba a bajo y ha dirigido una mirada de
consentimiento a Flavio que ha sonreído levemente. Hemos
atravesado un largo pasillo sobre cuyas paredes colgaban grandes
cuadros de paisajes. Llegados a la sala he sentido una profunda
incomodidad ya que he sentido decenas de miradas: la mayoría
eran hombres, elegantes y distinguidos, alguno habia con mascarilla que
cubria su rostro, pero la mayor parte estaban a cara destapada. Algunas
mujeres se han acercado y me han dirigido preguntas, de las que Flavio
ya me habia aleccionado, una serie de mentiras construidas con Valerio.
El profe se ha acercado y me ha susurrado: "estoy deseando
empezar ... quiero lamerte y estar dentro de tí toda la
noche y
luego mirarte mientras lo haces con otros."
He pensado enseguida en la sonrisa de Claudio: él
no
podría desear nunca verme follando en la cama con nadie
más.
Flavio me ha llevado un vaso con crema de güisqui,
que me ha
hecho recordar mi conversación telefonica de hace algunos
dias
con Roberto. Lo he amenazado de contarle todo a su chica si no deja de
llamarme y que tenia que decirles a sus amigos que tuvieran la boca
cerrada sobre de mí. ¡Ha funcionado, no he vuelto
a saber
nada de ellos! Al cabo de un momento ha venido junto a mí un
hombre mayor pero con andar ligero, como si volara; tenia un par de
gafas redondas y dos grandes ojos azul-verde sobre una cara marcada
pero bonita.
Me ha mirado escudriñándome
cuidadosamente y luego ha
dicho: "Hola, eres tú la chica de la que tanto se habla?."
Lo he mirado interrogativa y he dicho: "Depende de quien te
refieres... de qué se ha hablado en particular?."
"Bueno... sabemos que eres muy joven, aunque personalmente no
creo
que hallas cumplido ya los dieciocho años. Y no porque no lo
aparentes, sino porque lo siento así... En todo caso me han
dicho que tú ya sabes lo que es estar gozando con muchos
hombres
a la vez y que ya has participado en fiestas como ésta, con
hombres solo, pero...."
Me he ruborizado y he contestado: "Nunca he estado con mas de
cinco".
“Vaya, pues aquí, contandome a
mí somos doce, el
más joven tu amigo Valerio y el mayor soy yo que tengo
cincuenta
y ocho y te aseguro que todos estamos deseosos de gozar de tu
cuerpo”
Sabia que había muchos hombres, pero no esperaba
tantos.
“¿Y cuantas mujeres hemos sido invitadas?,
pregunté
“Contigo cuatro, es una norma que siempre haya el
triple de hombres que de mujeres”
“¿Alguna joven como yo?”
“Oh no, ninguna de ellas cumple los treinta y para
tu
información todas estan casadas y sus maridos
están
tambien aquí”
Valerio se ha acercado y me ha pedido de sentarme con
él en
un sofa. He hecho una seña con la mano a un hombre, evitando
saludarlo porque hubieramos estado toda la noche saludandonos unos a
otros. Junto a nosotros en el mismo sofá se sentaron un
joven
bastante corpulento y dos mujeres con la cara tapada, por lo que no
sabia si eran guapas o no, pero ambas estaban dotadas de unas enormes
tetas y curvas sinuosas, algo entradas en carnes, pero para nada
obesas. Por sus manos intuí que tendrian alrededor de
treinta y
cinco años. El profe y yo estabamos en el centro de este
gran
sofá, con una mano él ha empezado a acariciarme
un seno
por debajo de la blusa llevandome enseguida a la vergüenza y
en la
incomodidad.
“Eh, Valerio... tenemos que ser nosotros los
primeros?."
"Y por qué no, te asusta?", me ha preguntado
mordiéndome el lóbulo de la oreja.
"No, no lo pienso ... tiene el deseo impreso en la cara", ha
dicho presumidamente el joven corpulento.
"Por qué no empiezas tú?", he preguntado
con aire de desafío.
No ha contestado, sólo se ha levantado metiendo
una mano
bajo mi falda entre los muslos besándome con impetuosidad.
Empecé a dejarme ir, mi coño empezó a
humedecerse,
la necia violencia estaba arrastrándome fuera de nuevo. He
levantado un poco las nalgas para llegar a besarlo y el profe ha
aprovechado esto, me ha acariciado el culo primero suave y dulcemente,
luego sus gestos han ido poco a poco transformándose,
volviéndose decididos y calientes. La gente alrededor mio,
estaba allí mirando, esperando cual de los dos hombres era
el
primero en penetrarme. Mientras el chico me besó, una de las
dos
mujeres le ha abierto la bragueta y a empezado a lamer su cipote.
Valerio, fuera de sí me ha levantado la falda y me ha
quitado
las bragas: todos estaban admirando mi culo y mi sexo expuestos en un
sofá desconocido entre gente desconocida. Con la espalda
arqueada le ofrecí mi trasero, ansiosa esperando la primera
embestida, mientras el tio de delante agarró mis tetas y las
apretó fuerte.
"Mmm, hueles como un joven melocotón", otro hombre
ha venido
a olerme, "eres blanda y lisa como un melocotón apenas
lavado,
fresco."
Valerio habia comenzado a follarme , otro hombre tocaba mis
tetas
y un tercero me lamia el culo. Unos minutos después
eché
un vistazo alrededor. La anfitriona, la elegante señora que
nos
habia recibido en la puerta estaba tumbada enfrente nuestro, el vestido
levantado, sin bragas y chupando la verga del hombre mayor que antes
habia estado hablando conmigo, mientras Flavio, con los pantalones y
los calzones en las rodillas la estaba empalando por el culo. Las dos
señoras enmascaradas de las tetas grandes estaban
entretenidas
chupando dos hermosas pollas al mismo tiempo que sus coños
eran
atendidas por otras dos buenas estacas. Los otros tres estaban frente a
mi, con las pollas en la mano, pajeandose y esperando turno para
taladrar cualquiera de mis agujeros.
He restregado con rabia los ojos, se me ha enrojecido la cara,
me he
quitado de encima a mis tres amantes y le he dicho al profesor: "Vamos
fuera, "no quiero."
Ha sucedido justo en el momento en que mi cuerpo estaba
abandonando completamente... Pobre Flavio, pobre joven corpulento,
pobre vejete de cincuenta y ocho, pobres todos y pobre yo. He dejado a
todos los tios con la picha fofa, se ha terminado el encanto, me he
repuesto de prisa y con las lágrimas en los ojos
salí
fuera por el largo pasillo, he abierto la puerta de entrada y he ido
hacia el coche firme sobre la callejuela. Tenia los vidrios
completamente empañados por culpa de la humedad espesa que
envolvia la casa.
Durante el trayecto no ha habido una palabra.
Sólo cuando
he llegado bajo el portón de casa he dicho: no me has dicho
todavía nada sobre la carta."
Muchos segundos de silencio y luego sólo:
"Adiós Lolita."
20 de junio 6:30
He apoyado los labios sobre el auricular y he
oído su voz
apenas susurrada por el sueño. "Quiero vivirte", he
susurrado
con un hilo de voz.
24 de junio
Ahora es de noche, querido diario, y estoy fuera en la
terraza de
casa a observar el mar. Esta tan calmo, quieto, dulce; el calor tibio
atenúa las olas y siento en lejanía su ruido,
pacífico y delicado... La luna esta un poco escondida y
semeja
observarme con mirada lastimosa e indulgente. Llorando le he contado
toda la verdad, toda mi vergüenza y despues le he preguntado
que
cosa puedo hacer para que me perdone.
El me dice que es difícil sacar las incrustaciones
del corazón.
Mi corazón... no recordé tenerlo.
Quizás no lo he sabido nunca.
Una escena conmovedora del cine no me habia conmovido nunca
, una
canción intensa no me ha emocionado nunca y en el amor
siempre
he creído a medias, considerando que fuera imposible
conocerlo
de veras. Sencillamente nunca nadie me ha hecho alorar el amor que tuve
dentro escondido, oculto a todo. Estaba en alguna parte escondido,
hacía falta desenterrarlo... Y yo lo he buscado proyectando
mi
deseo en un sitio donde el amor es exiliado; y nadie, nadie digo, me ha
parado el paso diciendo: "No pequeña, de aquí no
se
pasa." Mi corazón ha sido encerrado en una celda helada y
era
peligroso destruirla con un golpe decidido: el corazón
habría quedado mellado para siempre por ello. Pero luego
llega
el sol, no este sol siciliano que quema, que escupe fuego, que pega
incendios sino un sol templado, discreto, generoso, que descongela
despacio el hielo, evitando así inundar de golpe mi alma
árida. Al principio me ha parecido preciso preguntarle
cuando
haríamos el amor pero luego, en el momento en que estuve a
punto
de hacerlo, me he mordido los labios. Ha entendido él que
que
queria decirle algo y me ha preguntado: "Que hay Melisa?", me llama por
mi nombre, para él no soy su nena, ni Loly, ni
muñeca, ni
cielo, solo soy Melisa, soy la persona, la esencia, no el objeto y el
cuerpo.
He sacudido la cabeza: "Nada, Claudio, de veras."
Entonces me ha tomado una mano y la ha apoyado sobre su pecho.
He tomado aliento y he balbucido: "... Me pregunté
cuándo habrías querido hacer el amor...."
Él se ha quedado en silencio y me morí
de vergüenza, he sentido las mejillas sonrosadas.
"No Melisa, no tesoro... No tengo que ser yo quien decida
cuando
hagamos el amor, lo decidiremos los dos. Pero seremos tú y
yo,
juntos", ha sonreído.
Lo miré atónita y él ha
entendido que mi mirada extraviada le pide continuar.
"Porque ves... cuando dos personas se unen es la cumbre de la
espiritualidad y este sólo puede alcanzarse si se quieren.
Es
como si un remolino envolviera los cuerpos y entonces nadie queda
más que ellos mismos, pero uno está dentro del
otro en el
modo más íntimo, más interior,
más bonito."
Aún más asombrada le he oido decir:
“te quiero Melisa, te quiero.
¿Por qué este hombre tan bueno no lo
he conocido
hasta hace pocos días? ¿Por qué la
vida hasta
ahora me ha reservado maldad, suciedad, brutalidad? Este ser
extraordinario puede desdoblarme la mano y levantarme del hoyo estrecho
y fétido en el que me he acurrucado asustada...
¿Luna,
según tu puede hacerlo? Las incrustaciones son duras de
arrancar
del corazón. Pero quizás el corazón
puede romper
en mil pedazos la coraza que lo circunda.
30 de junio
Siento los tobillos y muñecas atadas a una cuerda
invisible. Yo estoy suspendida en el aire y alguien por debajo tira y
grita con voz infernal, alguien más tira de lo alto. Yo
sobresaltada lloro, a veces toco las nubes, otras veces los gusanos.
Repito a mí misma el nombre: Melisa, Melisa, Melisa... como
una
palabra mágica que puede salvarme. Me agarro a mí
misma.
7 de julio
He repintado las paredes de mi habitación. Ahora
es azul y
sobre mi escritorio no hay la mirada lánguida de Marlene
Dietrich sino mi foto con el pelo al viento mientras observo tranquila
los barcos atracados en el puerto; detrás de mí
está Claudio que me ciñe la vida apoyando
delicadamente
las manos sobre mi blusa blanca y baja su cara contra mi hombro
besándolo. Él no parece ver los barcos, parece
que solo
tiene ojos para contemplarme. Una vez sacada la foto me ha susurrado a
la oreja: "Melisa, te quiero." Entonces he apoyado una mejilla a la
suya, he respirado fuerte para saborear el momento y me he vuelto. He
tomado su cara entre las manos, lo he besado con delicadeza hasta ahora
desconocida y he susurrado: yo también te quiero ",
Claudio...."
Un escalofrío y un calor febril me han recorrido el cuerpo
hasta
que me he abandonado entre sus brazos y le he apretado más
fuerte besándole con una pasión que no era ganas
de sexo,
sino de amor. He llorado mucho, como nunca lo hice delante de alguien.
"Ayúdame mi amor, te ruego", he suplicado fuerte.
"Estoy aquí para ti, estoy aquí por
ti...", ha dicho
mientras como ningún hombre me apretó ni me ha
apretado
nunca.
13 de julio
Hemos dormido en playa abrazados el uno a la otra. Nos hemos
calentado con nuestros brazos y su nobleza de ánimo y su
respeto
me hacen temblar de envidia. ¿Cómo puedo
recompensarlo de
toda esta belleza?
24 de julio
Miedo, mucho, mucho miedo.
30 de julio
Yo escapo y el me retoma. Y es tan dulce sentir sus manos
que me
aprietan sin oprimirme... A menudo lloro y cada vez que lo hago me
tiene estrecha hacia si, respira mi pelo y yo apoyo mi cara sobre su
pecho. La tentación de huir y de recaer en el abismo,
recorrer
de nuevo el oscuro túnel y no salir de allí
jamás
sigue latente en mi. Pero sus brazos me sustentan y yo
confío en
ellos y todavía puedo salvarme...
el 12 de agosto de 2002
El deseo de él es fuerte y vibrante, no puedo
prescindir de
su presencia. Me abraza y me pregunta de quien soy. "Tuyo, le contesto,
"completamente tuya. Me mira a los ojos y me dice: "Mi vida, no te
hagas más daño, te lo ruego. Demasiado
daño
tambien me harias a mí." No te haría nunca el
mal", le
digo. "No tienes que hacerlo por mí, tienes que hacerlo por
ti.
Tú eres una flor, no dejes que te pisen más." Me
besa
rozando despacio mis labios y me llena de amor.
Sonrío, soy feliz. Me dice: "Ahora tengo que
besarte, tengo
que robarte esta sonrisa e imprimirlo para siempre sobre mis labios. Me
haces volverme loco, eres un ángel, una princesa,
querría
dedicar la noche entera para quererte." En una cama presentamos cuerpos
que se adhieren perfectamente, la suya y mi piel se unen y nos volvemos
fuerza y dulzura; nos miramos a los ojos mientras se mete dentro muy
suavemente, sin hacerme mal porque dice qué mi cuerpo no
tiene
que ser violado, sólo querido. Lo ciño con los
brazos y
con las piernas, sus suspiros se unen a los míos, sus dedos
se
entrelazan a los mios y su placer se confunde inexorable con el
mío. Me duermo sobre su pecho, mi largo pelo le cubre el
rostro
pero eso le hace feliz y me besa cientos y cientos de veces sobre la
cabeza. "Prométeme... prométeme una cosa:
nosotros no nos
perderemos nunca, me lo prometes", le susurro. Echa el ancla el
silencio, me acaricia la espalda y pruebo escalofríos
irresistibles, entra de nuevo dentro de mí mientras yo hundo
mis
caderas adhiriendo las suyas. Y mientras me muevo despacio dice: hay
dos condiciones para que tú no puedas perderme y yo no pueda
perderte. No tienes que sentirte prisionera ni de mí ni de
mi
amor, de mi cariño, de nada. Tú eres un
ángel que
tiene que volar libre, no tendrás que permitirme nunca ser
dueño de tu vida. Tú serás una gran
mujer, como lo
eres ahora." Mi voz rota por el placer le pregunta cuál es
la
segunda condición.
"De no traicionarte nunca a ti misma, porque traicionandote
a ti
misma me harás daño a ti y será malo
para ti. Yo
te quiero y también te querré cuando nuestras
calles se
dividan." Nuestros placeres se derriten y no puedo prescindir de
apretarte fuerte mi Amor, no lo dejes jamás, nunca.
Me vuelvo a dormir sobre su cama agotada, la noche
transcurre y la mañana se despierta con el sol caliente y
luminoso.
Sobre la almohada un billete suyo:
“Qué tú puedas tener en la
vida la más
alta, llena y perfecta felicidad, maravillosa criatura. Y que yo pueda
ser parte de ti, hasta que tú lo quieras. Porque... deber
saber
que yo lo querré siempre, también cuando no te
vuelvas
más atrás para mirarme. He ido a pedirte
desayuno, vuelvo
pronto.”
Con un sólo ojo abierto observo el sol, los
sonidos llegan
blandos a mis orejas. Los barcos de los pescadores están
empezando a atracar después de una noche pasada en el mar.
Un
viaje a lo desconocido. Una lágrima me atraviesa la cara.
Sonrío cuando su mano roza mi espalda desnuda y me besa el
cuello. Lo miro. Lo miro y entiendo, ahora sé.
He concluido mi viaje dentro del bosque, he logrado escapar
de la
torre del ogro, de las garras del ángel tentador y sus
diablos,
ya estoy fuera del monstruo andrógino. Y estoy acabada en el
castillo del príncipe árabe, que me ha esperado
sentado
sobre una almohada blanda y aterciopelada. Me ha hecho desvestir mis
vestidos raídos y me ha dado vestidos de princesa. Ha
llamado a
las criadas y me ha hecho peinar, luego me ha besado sobre la frente y
ha dicho que me habría observado mientras dormía.
Luego,
una noche, hemos hecho el amor y cuando he vuelto a casa he visto mi
pelo todavía brillante y la trenza intacta. Una princesa,
como
mi madre siempre dice, así tan bonita que también
los
sueños quieren robarla.
FIN