Melisa R.

Cien golpes de cepillo antes de dormir

golpes

"Esta novela deberia haberse titulado Diario de una adolescente, porque esto es lo que es en realidad; pero su autora Melisa R. quiso ponerle los cien golpes porque su madre le repetia constantemente que para ser una princesa tenía que dar cien golpes de cepillo a su cabello antes de ir a dormir. Una adolescente de apenas 15 años siente que no es querida por nadie e incluso ignorada por sus padres, por lo que cuando conoce a un chico guapo, se enamora perdidamente de él. Se entrega a este joven en cuerpo y alma pero él no siente lo mismo que ella. Solo la utiliza para satisfacer sus instintos sexuales. La mujer en la que se ha convertido la niña, anota con todo tipo de detalles en su diario todos los acontecimientos, utilizando el lenguaje vulgar, pero muy común entre los adolescentes de su época. Conoce el sexo y se siente amada cuando es usada y eso le gusta tanto que cuando rompe con su primer novio, no hace otra cosa que buscar otros hombres que le den placer y sin darse cuenta se mete en una espiral de la que es muy dificil salir. Por suerte, un hombre bueno, que la ama como ella es por dentro y no solo por su belleza, la saca de ese mundo infernal." Como se lo está contando a sí misma a través de su diario, no le importa contar los hechos en toda su crudeza. Unos la tachan de pornografía, otros como una obra de arte, y nosotros como una biografía desgarrada, real, y como tal hermosa·"

el 6 de julio de 2000 15,25

Diario, escribo de mi habitación semioscura tapizada de las prensas de Gustave Klimt y de los pósteres de Marlene Dietrich; le me mira con su mirada lánguida y soberbia mientras emborrono la hoja blanca sobre que se reflejan los rayos del sol, filtrados en los resquicios de las persianas. No es caliente, es un calor tórrido, seco. Siento el sonido de la televisión encendida en la otra habitación y me llega la pequeña voz de mi hermana que entona la sigla de un dibujo animado, fuera un grillo canta su despreocupación y todo es calmo y templado dentro de esta casa. Parece que todo sesté encerrado y protegido por una campana de vidrio y el calor hace más pesados los movimientos; pero dentro hace mas que calma. Es como un ratón carcomiendo mi alma y de manera tan imperceptible que hasta me parece dulce. No estoy mal y no estoy tampoco bien, la cosa inquietante es que" "no estoy." En cambio, sé hallarme: basta con levantar la mirada y cruzarlo con aquel reflejo sobre el espejo para que una calma y una felicidad templada se adueñen de mí. Delante del espejo me admiro y quedo extasiada por las formas que voy paulatinamente perfilando, de los músculos que asumen una forma más modelada y segura, de los senos que empiezan a notarse bajo las camisetas y se mueven dulcemente a cada paso. Desde pequeña mi madre, girando cándidamente desnuda por casa, me ha acostumbrado a observar el cuerpo femenino y por tanto para mí no es un misterio las formas de una mujer adulta; pero, como una selva inextricable, los pelos esconden el Secreto y lo celan a los ojos. Muchas veces, siempre con mi figura reflejada en el espejo, deslizo despacio un dedo y, mirándome a los ojos, pruebo en mis carnes un sentimiento de amor y admiración. El placer de observarme es tan grande y tan fuerte que se vuelve en un gusto físico y llega con una cosquilla inicial y acaba con un calor y un escalofrío nuevo, que duran pocos instantes. Después llega la incomodidad. Al contrario de Alessandra, no desarrollo nunca fantasías mientras me toco; algun tiempo atrás me ha confiado que también ella se toca y me ha dicho que en aquellos momentos le gusta creerse poseída por un hombre con fuerza y violencia, casi de hacerse daño. Yo me he asombrado ya que para excitarme me basta observarme; me ha preguntado si también yo me toco y le he contestado que no. No quiero destruir absolutamente este mundo acolchado que me he construido, es mi mundo, cuyos únicos habitantes son mi cuerpo y el espejo y contestar que sí a su pregunta habría sido traicionarlo. La única cosa que me hace estar realmente bien es aquella imagen que contemplo y que admiro; todo el resto es ficción. Son fingidas mis amistades, nacidas para el caso y crecidas en la mediocridad, y tan poco intensas... Son fingidos los besos que tímidamente le he regalado a algún chico en la boca. En cuanto apoyo los labios siento como una especie de repulsión y escaparía lejos cuando siento su lengua colarse torpe. Es fingida esta casa, así un poco parecido al estado de ánimo que tengo ahora. Querría que de repente todos los cuadros se apartaran de las paredes, que entrara un frío helado y escalofriante de las ventanas, que los aullidos de los perros tomaran el sitio de los cantos de los grillos. Quiero amor, diario. Quiero sentir mi corazón derretirse y quiero ver las estalactitas de mi hielo partirse y hundirse en el río de la pasión, de la belleza.

8 Julio 2000, 8,30 de la tarde

Alborotos por la calle. Risotadas que llenan este sofocante aire veraniego. Imagino los ojos de mis coetáneos antes de salir de casa: encendidos, vivos, ansiosos de pasar una noche divertida. Pasarán la noche sobre la playa a entonar cantos acompañados por una guitarra, alguien se apartará en el fondo, dónde la oscuridad cubre todo y se susurrarán palabras infinitas en la oreja. Alguien más, mañana, nadará en el mar calentado por el sol matutino, tenebroso, guarda de una vida marina desconocida. Ellos vivirán, y sabrán cómo administrar su vida.

el 9 de julio de 2000 10,30

¿Sabes una cosa, pienso? Pienso que quizás haya sido una pésima idea iniciar un diario... Lo sé cómo estoy hecha, me conozco. Dentro de algún día olvidaré la llave en alguna parte, o a lo mejor pararé voluntariamente de escribir, demasiado celosa de mis pensamientos. O quizás (cosa no inverosímil) la indiscreta de mi madre mirará entre las hojas y entonces me sentiré a estúpida y pararé de contar. No sé si me hace bien desahogarme, pero por lo menos me distraigo.

13 de julio

¡ Estoy contenta! Ayer he ido a una fiesta con Alessandra, empinada y flaca sobre sus tacones, bonita como siempre, y como siempre un poco grosera en las expresiones y en los movimientos. Pero cariñosa y dulce. Al principio no quise ir, un poco porque las fiestas me aburren y un poco porque anoche el calor fue tan sofocante que me sentía incapaz de cualquier cosa. Pero lella me ha rogado acompañarla y así la he seguido. Hemos llegado cantando sobre el escúter en periferia, donde las colinas verdes y lozanas se han transformado por el calor incesante, en zonas secas y apagadas. La gente estaba reunida en la gran fiesta en la plaza y sobre el asfalto hecho tibio de la tarde, habia muchos tenderetes de golosinas y fruta seca. El chalé estaba al final de una callejuela iluminada; llegadas delante de la cancela ella se ha echado a gesticular con las manos como si quisiera saludar a alguien y ha llamado fuerte: "Daniele, Daniele!."
Él ha llegado a pasos muy lentos y la ha saludado. Pareció bastante guapo aunque la oscuridad dejó divisar bien poco. Alessandra nos ha presentado y me ha apretado débilmente la mano. Ha susurrado su nombre, y yo he sonreído un poco pensando que era tímido; en algun apunto he notado un relampagueo bien evidente en la oscuridad: fueron sus dientes de un blancor y un brillo esplendidos. Entonces apretándole más fuerte la mano he dicho personalmente un poco demasiado alto: "Melisa" y quizás él no habrá notado mis dientes, no tan blancos como los suyos, pero quizás haya visto mis ojos iluminarse y brillar. Una vez entrados me he percatado que bajo la luz aún me pareció mas guapo; yo estuve detrás y vi los músculos de los hombros moverse a cada paso. Me sentí pequeñísima en mi metro y sesenta y también me he sentido borrada delante de él.
Cuando en efecto nos hemos sentado sobre los sillones de la sala, él se halló frente mí y paladeó despacio la cerveza mirándome recto a los ojos y en aquel entonces me he avergonzado de mis rizos sobre la frente y de mi tez demasiado clara con respecto de la suya. Su nariz recta y proporcionada parecia igual a la de ciertas estatuas. Las venas en relieve sobre las manos le donaron una fuerza notable; los ojos, adultos y azul oscuro, me miraron altaneros y soberbios. Me ha hecho muchas preguntas demostrando indiferencia en mis respuestas pero en lugar de desanimarme me ha hecho más fuerte. A él no le gusta bailar, y tampoco a mí. Así hemos quedado solos mientras los otros se acaloraron, bebieron y bromearon. Ha caído un silencio a que he querido remediar.

"Bella esta casa, verdad?", he dicho aparentando seguridad.

Él solamente ha sacudido los hombros, y yo no he querido ser indiscreta, así que me he quedado en silencio. Luego ha llegado el momento de las preguntas íntimas; cuando todos estaban ocupados en bailar, él se ha acercado mas a mi sillón y ha empezado a mirarme con una sonrisa. Yo quedé sorprendida y encantada y me esperé a que hiciera cualquier otro movimiento; estuvimos solos, en la oscuridad, y ahora en una cercanía muy favorable. Luego la pregunta:

"Eres virgen?."

Me he ruborizado, he sentido un nudo a la garganta y muchos alfileres picarme la cabeza. He contestado un sí tímido que me ha llevado enseguida a dirigir a otro lugar la mirada para rechazar aquella inmensa incomodidad. Él se ha mordido los labios para reprimir una risotada y se ha limitado a toser un poco, no pronunciando una sílaba. ¡Y dentro de mí los reproches fueron fuertes y violentos: "Ahora no te hablará más! Idiota!", pero en el fondo estaba contenta de haber dicho la verdad: soy virgen.. No he sido tocada nunca por nadie salvo por mí, y eso me enorgullece.
Pero la curiosidad que tengo también es mucha. La curiosidad ante todo de conocer el cuerpo masculino desnudo, ya que nunca me ha sido permitido verlo: cuando en televisión transmiten escenas de desnudo, mi padre agarra rápidamente el mando de distancia y cambia de canal. Y, cuando este verano he quedado toda la noche con un chico florentino que estuvo aquí de vacaciones, no he osado poner la mano en el mismo punto en el que él puso la suya.
Y luego habría las ganas de probar un placer producido por alguien más que no fuera yo, de sentir su piel contra la mía. Por último el privilegio de ser, entre las chicas de mi misma edad que conozco, la primera en tener una relación sexual. ¿Por qué me ha hecho aquella pregunta? No he pensado todavía en como será mi primera vez y muy probablemente no lo pensaré nunca, quiero sólo vivir la y, si puedo, tener de ello un recuerdo para siempre bonito que me acompañará en los momentos más tristes de mi vida. Pienso que pudiera ser él, Daniele, lo ha intuido por algunas cosas. Anoche nos hemos intercambiado los números de teléfono y esta noche, mientras dormía, me ha mandado un mensaje que he leído esta mañana: he estado muy bien contigo, eres muy bonita y tengo ganas de volver a verte. Mañana vienes a mi casa, nos daremos un baño en la piscina."
Estoy perpleja y agitada. El impacto con lo que hasta hace una hora desconocía ha sido bastante brusco, aunque no completamente disgustoso. Su casa de veraneo es muy bonita, es circundada de un jardín verde y de miríadas de flores rojas y frescos. En la piscina azul brilló el reflejo del sol y el agua nos invitaba al baño justo hoy que no podía ya que el ciclo me lo impedía. Bajo el sauce llorón observé a los demás zambullirse y jugar mientras yo estuaba sentada en el banco de bambú con un vaso de te frio en la mano. Me miraba sonriendo y de vez en cuando yo correspondía contenta. Luego lo he visto encaramarse por el borde y venir hacia mi con las gotas de agua que resbalaban sobre su torso brillante, mientras que con una mano se alisó el pelo mojado rociando gotas por todas partes.

Siento "que tú no puedas divertirte", ha dicho con una expresión ligeramente irónica.

"No es problema", he contestado, "tomaré un poco de sol."

Sin decir nada me ha tomado una mano mientras con lo otra agarró el vaso frío y lo apoyó sobre la mesa.

"Adónde vamos?", he preguntado riendo pero un poco temorosa.

No ha contestado y me ha conducido a una puerta encima de una decena de escaleras, ha desplazado el felpudo y ha tomado las llaves; ha insertado una de ellas en la cerradura, mirándome con ojos listos y brillantes mientras abría. "Pero dónde me llevas?", he preguntado con el mismo temor de antes.
Una vez más ninguna respuesta, sólo un ligero bullón de risotada. Ha abierto la puerta, ha entrado arrastrándome dentro y la ha cerrado a mis espaldas. En la habitación apenas iluminada por los resquicios de luz filtrados entre las persianas enrollables y extremadamente caliente, me ha apoyado sobre la puerta y me ha besado con pasión, haciendo que sus labios me gustasen y me supieron a fresa.
Sus manos estaban apoyadas sobre la puerta y los músculos de sus brazos estaban desdoblados, pude sentirlos fuertes bajo mis manos que los acariciaron y los recorrieron del mismo modo que sus dedos estaban recorriendo mi cuerpo. Luego me ha tomado el rostro entre las manos, se ha apartado de mi boca y me ha preguntado despacio: “ te gustaría hacerlo?."
Mordiéndome los labios he contestado que no, porque mil miedos me han invadido a la improvisación, miedos sin un rostro, abstractas. Ha hecho más presión con las manos apoyadas sobre mis mejillas y con una fuerza que quizás él quiso traducir, en vano, en dulzura me ha empujado cada vez más abajo, enseñándome bruscamente al desconocido. Ahora lo tuve delante de los ojos, duro y palpitante con un fuerte olor a hombre y cada veta que lo atravesaba expresaba una tal potencia que me ha parecido una cosa barbara y al mismo tiempo muy excitante. Ha entrado de pronto entre mis labios, cambiando el sabor de fresa de sus labios por ese olor intenso a macho excitado.
De repente ha habido otra sorpresa y en la boca me he encontrado un líquido caliente y ácido, muy abundante y denso. Un brinco mío repentino ante este nuevo descubrimiento le ha provocado en él un ligero dolor, me ha agarrado la cabeza con las manos y de un fuerte tirón me ha obligado a engullirlo aún más hasta que su punta rozó mis campanillas y me provocó un vomito que por suerte no salió al exterior. Su respiración lo sentí afanoso y ha habido un momento en que he creído que el calor de su aliento llegaba hasta mi. He bebido aquel líquido porque no supe que hacer con ello, el esófago ha creado un ligero ruido del que me he avergonzado. Mientras todavía estaba de rodillas he visto sus manos bajar, creyendo que me quisiera levantar la cara he sonreído, en cambio ha tirado sobre el bañador para taparse y he sentido el ruido del elástico que sacudió contra su piel mojada por el sudor. Entonces me he levantado sola y lo he mirado a los ojos buscándo en él alguna palabra que pudiera alentarme y hacerme feliz.

"Quieres algo de beber, para borrar el sabor de mi leche?", ha preguntado. ,

Todavía sintiendo el sabor ácido del líquido dentro de mi boca he contestado que sí, un vaso de agua. Ha ido allá y ha vuelto después con el vaso en la mano, mientras que yo todavía apoyada en la puerta mirando la habitación después de que él encendiera la luz. Observé las cortinas de seda y las esculturas, y sobre los elegantes sofás muchos libros y revistas. Un enorme acuario proyectó sus luces brillantes sobre las paredes. Sentí los ruidos provenir de la cocina y dentro de mí no hubo turbación o vergüenza pero si una extraña alegría. Sólo después me ha atacado la vergüenza, mientras con un gesto indiferente me entregó el vaso y he preguntado:

"Pero se hace de veras así?."

Ciertamente!", me ha contestado con una sonrisa socarrona que enseñó todos sus bonitos dientes. Entonces le he sonreído y lo he abrazado y, mientras olía su cogote, he sentido detrás sus manos palpando mi trasero antes de agarrar la manija y abrir la puerta.

Nos vemos mañana", ha dicho, y después de un beso muy dulce hemos regresado junto a los otros. Alessandra me ha mirado riendo y yo he señalado una sonrisa que enseguida ha desaparecido y no se porqué tenía lágrimas en los ojos.

el 29 de julio de 2000

Hace más de dos semanas que salgo con Daniele y ya me siento muy atada a él. Es verdad que sus modos en nuestros encuentros son bastante bruscos y nunca de su boca sale una felicitación o una bonita palabra: sólo indiferencia, e insultos y risotadas provocadoras. Sin embargo su forma de actuar me atrae cada vez mas. Estoy segura que la pasión que tengo dentro logrará hacerlo completamente a mi, y él se adaptará pronto. En las tardes calientes y monótonas de este verano a menudo me encuentro a pensar en su sabor, el frescor de su boca húmeda, los músculos duros y vibrantes como grandes peces vivos. Y casi siempre me toco, teniendo estupendos orgasmos, intensos y llenos de fantasías. Siento dentro una gran pasión, la siento golpear sobre mi piel porque querría salir, azuzando fuera toda su potencia. Tengo unas ganas locas de hacer el amor, también lo haría enseguida, y continuaría por días y días, hasta que la pasión se apague por fin. Sé a priori que estaré en todo caso no saciada, después de poco reabsorberé de fuera lo que he hecho dispersar para luego abandonarlo de nuevo, en un ciclo siempre igual, siempre emocionante.

el 1 de agosto de 2000

Me ha dicho que no soy capaz de hacerlo, que soy algo pasional. Me lo ha dicho con su usual sonrisa socarrona y he llorado, humillada por su respuesta. Estuvimos sobre la hamaca de su jardín, su cabeza apoyada sobre mis piernas, acaricié despacio su pelo y miré sus pestañas cerradas de dieciocho años. Le he pasado un dedo sobre los labios y me he mojado un poco la yema, él se ha despertado y le he dicho interrogante.

"Tengo ganas de follar, Daniele", he dicho de un tirón, con las mejillas incandescentes.

"¡Pero niña! ¿Qué díces? Si ni siquiera eres capaz de chuparmela bien!."

Lo he mirado perpleja, desentonada, quise hundirme bajo su jardín y pudrirme allá bajo, mientras que sus pies habrían seguido pisándome para la eternidad. Huyo fuera, gritándole contra un "Stronzo!" rabioso, sacudiendo violentemente la cancela y encendiéndola escúter para partir con el alma destruída y golpeada en el orgullo.
¿Diario, es tan difícil dejarse querer? Yo pensé que no era necesario beber su poción para garantizarme su cariño, que debí necesariamente concederme completamente a él y, ahora que estuve a punto de hacerlo, ahora que tengo ganas de ello, se me burla y me echa fuera de aquel modo. ¿Qué puedo hacer? De revelarle mi amor no hablo. Todavía puedo probarle de ser capaz de hacer lo que él no se espera, soy muy terca y lo lograré.

l3 de diciembre de 2000 22,50

Hoy es el día de mi quince cumpleaños. Fuera hace frío y esta mañana ha llovido fuerte. A casa han venido algunos parientes que no he acogido muy bien y mis padres, incómodos, me han regañado cuando los demás se han ido. El problema es que mis padres sólo ven lo que les gusta ver. Cuando soy más burbujeante participan en mi contento y se muestran afables y comprensivos. Cuando soy triste están aparte, me evitan como una apestada.
Mi madre dice que soy una fallecida, que escucha música de cementerio y que mi única diversión es encerrarme en mi habitación a leer libros, que estoy loca no lo dice, pero lo veo en su mirada...). Mi padre no sabe como se desarrollan mis días, y yo no tengo ninguna gana de contarselo. Es el amor que me falta, es la caricia sobre el pelo que quiero, es una mirada sincera que deseo.
También en la escuela ha sido un día infernal: no tengo ganas de echarme a estudiar, y he tenido que terminar la tarea de latin. Daniele me golpea en la cabeza de mañana a tarde y ocupa hasta los sueños; no puedo revelar a nadie lo que siento por él, no entenderían, lo sé.
Durante la tarea el aula fue silenciosa y oscura, porque la luz se fue. Yo he dejado a Aníbal atravesar los Alpes y he dejado que las gansos en el Capitolio lo esperaran aguerridos, he dirigido fuera la mirada de la ventana de los vidrios empañados y he visto mi imagen opaca y desenfocada: sin amor un hombre no es nada, diario, no es nada... , y yo no soy una mujer...

11 de 25 enero de 2001

Hoy él cumple diecinueve años. Apenas ha sonado el despertador he tomado el telefono movil y la señal acústica de las teclas es apagada por mi habitación; le he mandado un mensaje de felicidades al que sé que no contestará con un gracias, quizás se haga una sana risotada leyéndolo. Y no se podrá contener más cuando lea la última frase que le he escrito: te quiero "

4 de marzo de 2001 horas 7,30

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que he escrito y no ha cambiado casi nada; me he arrastrado en estos meses y he llevado sobre mis hombros la inadecuación respecto al mundo; veo alrededor sólo mediocridad y me duele hasta la idea de salir. ¿Para ir dónde? ¿Con quién? En el ínterin mis sentimientos por Daniele han aumentado y ahora siento el deseo de tenerlo dentro de mi. No nos vemos desde la mañana en que me fui llorando de su casa y sólo anoche una llamada suya ha roto la monotonía que me ha acompañado en todo este tiempo. Espero tanto que no haya cambiado, que todo en él haya quedado igual a aquella mañana en que hice mi conocimiento con el ardiente desconocido.
Oír su voz me ha despertado de un largo y pesado sueño. Me ha preguntado como me lo pasé, que cosa hice en estos meses, luego riendo ha preguntado si me han crecido las tetas y yo le he contestado que sí, aunque no es para nada verdad. Después de haber gastado las últimas palabras de circunstancia le he dicho la misma cosa de aquella mañana, es decir que tenia ganas de hacerlo. En estos meses la gana ha sido lacerante; me he tocado a la exasperación, probando millares de orgasmos. El deseo se apoderó de mí durante las horas de lección, horas en que, segura de que nadie estaba mirando, apoyé mi Flor Secreta sobre el pedestal de hierro del banco e hice una ligera presión con el cuerpo. Extrañamente ayer no se ha burlado, más bien ha quedado en silencio mientras le confié mi gana y ha dicho que no era nada extraño, que era normal que tuviera ciertos deseos.
"Más bien", ha dicho, "puesto que te conozco de algún tiempo, puedo ayudarte a realizarlos." He suspirado y he sacudido la cabeza: "En ocho meses una jovencita puede cambiar y llegar a entender ciertas cosas que al principio no entendió. Daniele, días antes no estabas tan dispuesto y de repente", "por fin me deseas !", te has acordado de mí", he estallado.

"¡Pero tú eres completamente idiota!

Asustada de recibir otra vez la puerta en la cara me he doblado a exclamar un "No" suplicante y luego: "Esta bien, esta bien. Justificándome."
"Veo que sabes razonar... tengo una propuesta que hacerte", ha dicho.
Curiosa de lo que estuvo a punto de decirme lo he incitado de manera infantil a hablar y él ha dicho que sólo lo haria conmigo si entre nosotros no hubiera nada mas, sólo una historia de sexo en la que seríamos amantes solamente cuando tuvieramos ganas de ello. He pensado que a la larga también una historia de sexo puede convertirse en una historia de amor y el cariño, aunque no aparece en los primeros tiempos, comparecerá con la costumbre.
Me he postrado a su deseo con tal de favorecer mis caprichos: seré su pequeño amante a plazo, cuando se haya aburrido me descargará sin demasiados problemas. Veo así mi primera vez quizás como un acuerdo real faltante de un documento escrito que lo sellas y lo certificas entre un ser demasiado listo y un ser demasiado curioso y deseoso que ha aceptado los pactos a cabeza doblada y con un corazón que falta poco para que estalle.
Espero que sea un éxito, porque el recuerdo quiero conservarlo dentro para siempre y quiero que sea bonito, brillante, poético.

15 de Marzo 2001 15:35

Siento mi cuerpo destruído y pesado, increíblemente pesado. Y como si algo muy grande me hubiera caído encima y me hubiera aplastadp. No me refiero al dolor físico, sino a un dolor diferente, dentro. Dolor físico no he sentido cuando lo he probado. Esta mañana he tomado de la cochera mi escúter y he ido a su casa en el centro. Fue pronto por la mañana, media ciudad todavía durmiendo y las calles casi vacías; de vez en cuando algún camionero tocó ruidosamente y me lanzó un piropo y yo sonreí un poco porque pensé que los demás pudieran divisar mi alegría, que me hace más bonita y luminosa. Llegada bajo la casa he mirado el reloj y me he dado cuenta de haber llegado con antelación, como siempre. ¡Entonces me he sentado sobre el ciclomotor, he abierto la carpeta y he tomado el libro de griego para repasar la lección que habría tenido que repetir en clase esta misma mañana, si mis profesores supieran que he echo novillos en la escuela para acostarme con un chico! ). Estaba sin embargo ansiosa y deshojé y manoseé el libro sin poder leer una palabra, sentí el corazón pulsar veloz, la sangre, veloz en mis venas, la sentí correr bajo la piel. He cerrado el libro y me he visto reflejada sobre el espejo del escúter. He pensado que mis gafas rosas a gota lo habrían hechizado y que el ponche negro sobre mis hombros lo habría asombrado; he sonreído mordiéndome los labios y me he sentido orgullosa de mí. Sólo faltaban cinco minutos a las nueve, no habría sido un drama si hubiera tocado al timbre con antelación, pensé. Enseguida lo he entrevisto la espalda desnuda y tras la ventana, ha levantado la persiana y ha dicho con una cara y un tono duros, irónicos: "Faltan cinco minutos, espera allí, te llamaré yo a las nueve exacto." En aquel entonces he reído estúpidamente, pero ahora repensando creo que el suyo fue un mensaje en que quiso bien aclarar quién decidia las reglas y quién debía respetarlas. Ha salido fuera al balcón y ha dicho: puedes entrar.
Sobre las escaleras sentí olor de meados de gato y flores a medio marchitar, he oído una puerta abrirse y he escalado de dos en dos los peldaños, porque no queria retardar nada. Dejó la puerta abierta y he entrado llamándolo bajito; he sentido ruidos en la cocina y me he dirigido hacia la habitación, me ha venido al encuentro parándome con un beso sobre los labios duros pero bonitos, que me ha hecho recordar su sabor de fresa.
"Ve hacia allí, voy en un instante", ha dicho indicándome a la derecha la primera habitación. He entrado en su habitación en pleno desorden, era evidente que se habia despertado hacía muy poco. Sobre la pared estaban clavadas placas de matrícula de automóviles americanos, póster de dibujos animados manga y variadas fotos de sus viajes. Sobre la mesilla de noche una foto de niño, la he tocado despacio con un dedo y de detrás él ha bajado el marco diciéndome que no tuve que mirarla. Me ha agarrado los hombros y me ha hecho volverme, me ha escudriñado cuidadosamente y ha exclamado:

"Como coño te has vestido?!."

"Con el uniforme del colegio , Daniele", he contestado una vez más herida.

El teléfono ha sonado y él ha salido de la habitación para contestar; no sentí bien lo que dijo, sólo palabras tenues y risotadas ahogadas. En algún momento he sentido: "Espera. Voy a verla y luego te lo digo."

Entonces ha asomado la cabeza de la puerta y me ha mirado, ha vuelto al teléfono y ha dicho:

"Está de pie cerca de la cama con las manos en el bolsillo. Ahora me la follo y luego te digo. Adios."

Ha vuelto con el rostro sonriente y me he contestado con una sonrisa nerviosa. Sin decir nada ha bajado la persiana y ha cerrado con llave la puerta de su habitación; me ha mirado por un instante y se ha quitado los pantalones, quedando en calzoncillos. "¿Be?' ¿Qué haces todavía vestida? Desnudos, no?", ha dicho con una mueca sobre la cara. Rió mientras me desvestí y, una vez completamente desnuda, me ha dicho inclinando un poco la cabeza: "Be'... no estas tan mal. He hecho un acuerdo con un bonito coño." No he sonreído esta vez, estuve nerviosa, miré mis brazos blancos y cándidos que resplandecieron por los rayos que se filtraban por la ventana. Ha empezado a besarme sobre el cuello y ha bajado paulatinamente más abajo, sobre los senos y luego sobre la Flor Secreta, dónde ya los jugos habian comenzado a correr.

"Por qué no te depilas la raja?", ha susurrado.

"No", he dicho con el mismo volumen de voz, me gusta más así ".

Bajando la cabeza pude notar su pene completamente endurecido y entonces le he preguntado si quisiera empezar.

"Cómo te gustaria hacerlo?", ha preguntado sin tardar.

"No sé, dime tú... "no lo he hecho nunca", he contestado con una pizca de vergüenza.

Me he tumbado sobre su cama pasada y de las sábanas frías, Daniele se ha metido sobre mí, me ha mirado derecho a los ojos y me ha dicho:

"Ponte sobre mi."

No me dolerá estando sobre ti?", casi he preguntado con un tono de reproche.

"Te va a doler de todas formas, voy a romperte el virgo", ha exclamado sin mirarme.

Me he encaramado sobre él y he dejado que su asta encajara en el centro de mi cuerpo. He sentido un poco de dolor pero nada terrible. Sentirlo dentro de mí no ha provocado aquel trastorno que me esperé, más bien. Dentro su sexo sólo provocó escozor y molestia, pero era preciso para mí quedarme encajada de aquel modo.

Ni un gemido de mis labios, alas en una sonrisa. Hacerle comprender mi dolor habría sido expresar aquellos sentimientos que él no quiere conocer. Quiere valerse de mi cuerpo, no quiere conocer mi luz.

Bien, pequeña, no te haré daño", ha dicho

"No, tranquilo, no tengo miedo. Pero no podrías ponerte tú sobre mi?", he preguntado con una sonrisa leve. Con un suspiro ha consentido y se ha tirado sobre de mí.

"Sientes algo?", me ha preguntado mientras empezó a moverse suave.

"No", he contestado creyendo que se referia al dolor.

"¿Cómo no? Será el preservativo?."

"No sé", he continuado, "no siento ningún mal."

Me ha mirado disgustado y ha dicho: "Tú, coño, no es virgen!."

No he contestado enseguida y lo he mirado atónita:

"Como no? que es lo qe ocurre?."

"Con quién has follado antes, eh?"

ha preguntado mientras se levantó apresuradamente de la cama y retomó los vestidos esparcidos sobre el suelo.

"Con nadie, te lo juro!", he dicho fuerte.

"Por hoy hemos acabado". Se me han quitado las ganas de follar.

El resto es inútil contarlo, diario. He ido fuera sin el ánimo de llorar o de gritar, sólo con una tristeza infinita que me aprieta el corazón y devora poco a poco

el 6 de marzo de 2001

Hoy mi madre en el almuerzo me ha mirado con ojos investigadores y me ha preguntado con un tono imponente en que cosas pensaba esos dias. "La escuela", he contestado con un suspiro, me están "atorando a tareas." Mi padre continuó atiforrandose de espaguetis, levantándo la mirada para poder ver el telediario las últimas noticias de la política italiana. Me he secado los labios en el mantel y la he manchado de jugo; he ido velozmente a la cocina mientras mi madre siguió imprecando que no tengo nunca para nada respeto por nadie, que ella a mi edad fue responsable y limpió los manteles antes que ensuciarlos.
"Sí sí!", grité de la otra habitación. Tengo deshecha la cama y me he acurrucado bajo las mantas, mojando las sábanas con mis lágrimas. El olor de suavizante se mezcló al extravagante olor de la mucosidad que me coló de la nariz, lo he secado con el palmo de la mano y también he secado las lágrimas. He observado el retrato colgado en la pared que un pintor brasileño me ha hecho tiempo atrás ; me paró mientras caminaba y me dijo: "Tienes un rostro muy bonito, deja que lo dibuje. Lo hago gratis, de veras." Y mientras su lápiz trazaba líneas sobre la hoja sus ojos resplandecieron y sonrieron. "Por qué piensa que tengo un bonito rostro?", le he preguntado mientras estuve en pose. "Porque expresa belleza, blancura, inocencia y espiritualidad", ha contestado con anchos gestos de las manos. Dentro de las mantas he repensado en las palabras del pintor y luego a la pasada mañana cuando he creido perdido aquél brillo que el brasileño raramente encontró en mí. Lo he perdido entre las sábanas demasiado frías y entre las manos de quien tiene roto el propio corazón, y ahora no pulsa más. Muerto. Yo un corazón lo tengo, diario, aunque él no se entera, aunque quizás nunca nadie se enterará. Y antes de abrirlo, a cualquier hombre daré mi cuerpo, por dos motivos: porque quizás saboreando me gustará el sabor de la rabia y la amargura y por tanto probare un mínimo de ti, negrura, luego porque se enamorará de mi pasión hasta no poder prescindir de ella. Sólo después le daré completamente yo misma, sin demoras, sin constricciones, porque nada de lo que he deseado se pierda. Me lo tendré estrecho entre los brazos y lo haré crecer como una flor rara y delicada, atenta que una bofetada del viento no lo estropee a la improvisación, lo juro.

el 9 de abril de 2001

Los días son mejores, la primavera este año ha estallado sin medias medidas. Un día me despierto y encuentro las flores brotadas y el aire más tibio, mientras el mar recoge el reflejo del cielo convirtiéndose en un azul intenso. Como cada mañana tomo el escúter para llegar a la escuela; el frío todavía es punzante, pero el sol en el cielo promete que más tarde la temperatura se levantará. Avanzan del mar los Farallones que Polifemo lanzó a Nadie después de que este lo hubo cegado. Estan anclados sobre el fondo marino, están allí de tal vez cuanto tiempo y ni las guerras ni los terremotos y tampoco las violentas coladas del Etna los han hecho hundir. Se yerguen imponentes sobre el agua y en mi mente pienso en cuanta mediocridad, cuanta pequeñez pueda existir en el mundo. Nosotros hablamos, cumplimos todas las acciones que debemos cumplir por un ser humano pero, a diferencia de los Farallones, no quedan siempre al mismo apuesto, del mismo modo. Nos deterioramos, a diario, las guerras nos matan, los terremotos nos agotan, la lava nos quema y el amor nos traiciona. ¿Y tampoco somos inmortalizados; pero quizás ésto es bueno, no?
Ayer las piedras de Polifemo nos miraban mientras él se movia convulsamente sobre mi cuerpo, no haciendo caso a mis escalofríos de frío y mis ojos apuntaban a otro lugar, sobre el reflejo de la luna en el agua. Hemos hecho todo en silencio, como siempre, del mismo modo, cada vez. Su cara hundida tras mis hombros y sintiendo su aliento sobre el cuello, más caliente, pero frío. Su boca subió, mojó cada centímetro de mi piel como si un caracol lento y holgazan dejara la misma estela viscosa. Y su piel ya no recordó la piel dorada y sudada que besé una mañana de verano; sus labios no supieron más de fresa, ya no tuvieron ningún sabor. Al momento, me ofrece su poción oculta que ha emitido con el usual estertor, despues de un gruñido. Se ha despegado de mi cuerpo y se ha tumbado sobre el paño a lado del mío, suspirando como si se hubiera librado de un peso embarazoso. Apoyando el cuerpo sobre una cadera he observado las curvas de su espalda y las he admirado; he señalado un lento acercarse de mi mano pero he retirado enseguida mi gesto, atemorizada por su reacción. He seguido mirando y los Farallones por mucho tiempo, un ojo a él y otro a ellos; luego desplazándolo mirada me he dado cuenta de la luna en medio y la he mirado admirada entrecerrando los ojos para enfocar la redondez y el color indefinible.
Me he vuelto de lado, como si a la improvisación hubiera comprendido algo, un misterio primero inalcanzable: "no te quiero", he susurrado despacio, como a mí misma. No he tenido tampoco el tiempo de pensarlo. El se ha girado despacio, ha abierto los ojos y ha preguntado: "Que coño has dicho?." Lo he mirado un instante con la cara firme, inmóvil y a voz más alta he dicho: "no te quiero." Ha arrugado la frente y las cejas se han acercado, para decirme bien fuerte: "¡ Quién coño te ha pedido que me quieras!."
Hemos quedado en silencio, y él se ha desplazado de nuevo de espalda; en la lejanía he sentido la puerta de un coche cerrar y luego las risitas de una pareja. Daniele se ha vuelto hacia uno de ellos y fastidiado ha dicho: "Que coño quieren estos... por qué no joden en otra parte y me dejan descansar en paz?." Incluso "tendrán el derecho a joder dónde quieren, no?", he dicho observando el relampagueo del esmalte transparente sobre mis uñas. "Oyes alegría... no tienes que decirme tú que tienen que hacer los otros. Yo decido, siempre yo, y siempre yo" decidiré. Mientras habló me he vuelto, fastidiada, tumbándome sobre el paño húmedo; me ha sacudido enfadadamente los hombros y emitido a regañadientes sonidos indescifrables. No me he movido, cada músculo de mi cuerpo estuvo firme. "Tú no puedes tratarme así!", gritó, "tú no puedes darme la espalda... cuándo te hablo tienes que escucharme, y no te permitas nunca más girarte, has entendido?." Entonces me he vuelto hacia él, le he agarrado las muñecas y las he sentido débiles bajo mis manos. He tenido piedad por él, me he sentido con el corazón apretado. "Yo estaría a encantada de escucharte horas y horas si me hablaras con cariño", he dicho despacio. He visto y sentido su cuerpo relajarse y sus ojos arrimarse y venirse abajo al Fin. Ha roto a llorar y se ha cubierto el rostro con las manos por la vergüenza; luego se ha acurrucado de nuevo sobre el paño y con las piernas agachadas aún más me pareció un niño indefenso e inocente. Le he dado un beso sobre la mejilla, he doblado silenciosa y cauta mi paño, he recogido todas mis cosas y lentamente me he dirigido hacia la pareja. Estaban ambos abrazados, el uno sintió el olor del otro oliendo su cuello; me he parado un instante a mirarlos y entre el ligero ruido de las olas del mar he sentido un te quiero" "susurrado. Me han acompañado a casa, los he agradecido justificaciónme de haberles interrumpido pero ellos me han animado diciéndome que eran felices de haberme ayudado. Ahora diario mientras te escribo me siento culpable. Lo he dejado sobre la playa húmeda llorando lágrimas duras y piadosas, me he ido como una cobarde y he dejado que él se sintiera mal. Pero lo he hecho todo por él, y también por mí. A menudo me ha dejado llorar y en lugar de apretarme me ha mandado fuera burlándose; ahora no será un drama porque sea él el que se quede sólo. Y no lo será tampoco para mí.

el 30 de abril de 2001

¡Soy feliz, feliz, feliz! No ha sucedido nada para que tenga que serlo, sin embargo lo soy. Nadie me llama nunca, nadie me busca, sin embargo broto alegría de todos los poros, estoy contenta hasta lo inverosímil. Todas las paranoias las he echado fuera, no tengo la ansiedad más en esperar su llamada, ya no tengo aquella angustia de sentirlo encima de mí agitarse pasando él de mi cuerpo y de mí. Ya no tengo que contar mentiras a mi madre, cuando, vuelta de follar con él, me pregunta dónde he estado. Y puntualmente yo contesto con cualquier excusa: al centro a beber una cerveza, al cine o bien a teatro. Y antes de dormirme fantaseo con la mente y pienso que cosa habría hecho si de veras hubiera ido a aquellos sitios.
Me habría divertido, ciertamente, habría conocido a gente, habría tenido una vida que no fuera sólo escuela, casa y sexo con Daniele. Y ahora esta otra vida la quiero, no importa cuánto dure, ahora no hay nadie que interese a Melisa. La soledad está destruyéndome quizás, pero no me da miedo. Yo soy la mejor amiga de mí misma, yo no podría traicionarme nunca, nunca me abandonare. Pero quizás hacerme mal, hacerme mal quizás sí. Y no porque goce en hacerlo, sino porque quiero castigarme de algún modo. ¿Pero como se hace una para quererse y castigarse al mismo tiempo? Es una contradicción, diario, lo se. Pero nunca amor y odio han estado tan cercanos, así cómplices, así dentro de mí.

el 7 de julio de 2001 12,38 de la noche

Hoy lo he vuelto a ver, ha abusado de mi una vez más, y espero que sea la última, ha abusado de mis sentimientos. Ha empezado como siempre todo, y ha acabado todo del mismo modo. Soy una estúpida, diario, no habría tenido que permitirle acercarse.

el 5 de agosto de 2001

Todo ha acabado, para siempre. Y me complazco en decir que yo no estoy acabada, más bien, estoy recomenzando a vivir.

el 11 de septiembre de 2001 15,25

Quizás Daniele está mirándo las mismas imaginenes en la TV, las mismas que yo veo.

el 28 de septiembre de 2001 9,10

La escuela acaba de empezar hace poco y se respira ya el clima de huelgas, manifestaciones y asambleas con los mismos argumentos de siempre; ya imagino los rostros encarnizados de aquellos del colectivo que se estrellan contra los de acción. Dentro de algunas horas empezará la primera asamblea de este año, que tendrá como argumento la globalización; en este momento estoy en el aula, durante una hora de suplencia, detrás de mi algunas de mis compañeras que hablan del huésped que tendrá esta mañana la asamblea.
Dicen que es un bonito tipo, con una cara angélica y una inteligencia aguda, se carcajean cuando una de ellas dice que la inteligencia aguda le interesa bien poco, le interesa más lo que tiene entre las piernas. Las que están hablando son las mismas que hace algún mes me han jorobado por ahí diciendo que le di el virgo a uno que no era mi novio; y yo confié en una de ellas, le conté todo de Daniele y me abrazó, pronunciando abiertamente un hipócrita lo siento.

"Te dejarias revolcar así con uno?", la misma pregunta de una a otra.

"No, me violaría contra mi voluntad", contesta la otra riendo.

"Y tú Melisa?", me pregunta. "Tú qué cosa harías con un tío así?."

Me he vuelto y le he dicho que no lo conozco y que no tengo ganas de hacer nada. Ahora las siento reír, y sus risotadas se equivocan con el sonido metálico y sonoro de la campana que indican el fin de la hora.

16,35

Sobre el palchetto montado por la asamblea, no me he cuidado de las aduanas derrocadas o de los McDonald's incendiados, aunque haya sido elegida para verbalizar el encuentro. Sobre el largo escritorio fui al centro, a mis lados los huéspedes de las adversas facciones. El chico de la cara angélica se sentó junto a mí, con una pluma en la boca que carcomió indecentemente. Y mientras el destriota convencido se estrelló con el sinistriota encarnizado, mis ojos observaron el bolígrafo azul encajado entre los dientes de él.

"Escribes mi nombre entre las intervenciones", ha dicho en algun punto con la cara revuelta a su folleto de las notas.

"Cuál es tu nombre?", he preguntado con tono discreto.

"Roberto", ha dicho esta vez mirándome, sorprendido que no lo supiera ya.

Se levanto para hablar, su discurso fue fuerte y convinvente. Lo observé mientras se movió con el hacer desenvuelto teniendo en la mano el micrófono y la pluma, la platea atenta sonrió por sus golpes irónicos que supieron golpear en el punto justo. Es un estudiante de jurisprudencia, pensé, es normal que tenga algunas habilidades oratorias; noté de vez en cuando que se volvia para mirarme y yo, un poco maliciosamente sin embargo de manera natural, he abierto la blusa descubriendo el cuello, hasta la coyuntura de los senos blancos. Quizás se haya dado cuenta de mi gesto y en efecto ha iniciado más a menudo volverse y con aire un tantino molestado y despertada la curiosidad me lanzó varios vistazos, al menos así me ha parecido. Acabado el discurso, se ha sentado y ha repuesto la pluma en su boca no haciendo caso a los aplausos que le fueron dirigidos. Luego se ha vuelto de cara a mí, que recomencé mientras tanto a verbalizar, y ha dicho: "no recuerdo tu nombre."

He tenido ganas de jugar: No no "te lo he dicho" todavía, he contestado.

Ha movido ligeramente la cabeza y ha dicho: "Ya!."

Lo he visto recomenzar a escribir sus notas, mientras que yo un poco sonreí, contenta de que él mismo esperase que le dijera mi nombre.

"Y no quieres decirlo?", ha preguntado escudriñándome cuidadosamente la cara.

He sonreído cándidamente: "Melisa", ha dicho.

"Mmm... tienes el nombre de las abejas. Te gusta la miel?."

"Demasiado postre", he contestado, "prefiero los sabores más fuertes."

Ha sacudido la cabeza, ha sonreído y hemos seguido escribiendo juntos cada uno por su cuenta.
Después de un poco se ha levantado para fumar un cigarrillo y lo vi reír y gesticular animadamente con otro chico, también él muy guapo, y a veces me miró y sonrió llevando el cigarrillo truncado en la boca. De lejos pareció más sutil y esbelto y su pelo pareció blando y perfumado, pequeños bucles color bronce que cayeron dulcemente sobre la cara. Estuvo apoyado al palo de la luz trasladando todo el peso sobre una cadera, que pareció tirara con la mano dentro del bolsillo de los pantalones, una camisa a cuadros de tonos verdes brincó fuera deordenada y las gafas redondas completaron su aspecto de intelectual. Su amigo lo habia visto bastantes veces fuera de la escuela que distruibuyendo octavillas, siempre entregado a un tosco cigarro en la boca, encendido o apagado. Acabada la asamblea estaba recogiendo las hojas esparcidas por el escritorio que habría tenido que agregar a mi acta, cuando Roberto ha llegado, me ha apretado la mano y me ha saludado con una ancha sonrisa.

"Hasta luego, compañera!."

Me he echado a reír y le he confesado que ser llamada compañera me gustaba, es divertido.

"¡Fuera, fuera! ¿Qué haceis charlando? No veis que la asamblea se acabó?", ha dicho el Presidente aplaudiendo.

Hoy estoy contenta, he hecho este bonito conocimiento y espero que no acabe aquí. Lo sabes, diario, yo persevero mucho si quiero alcanzar algo. Ahora quiero su número y estoy segura que lograré conseguirlo. Después de su número querré aquello que tú ya sabes, o sea tomar espacio entre sus pensamientos.

el 10 de octubre de 2001 17,15

Hoy es un día húmedo y triste, el cielo es gris y el sol una mancha pálida y desenfocada. Esta mañana ha llovido poco y suave, mientras que ahora solo falta que los rayos hagan saltar la corriente. Pero no me importa el día, yo soy feliz.
A la salida de la escuela los usuales buitres que quieren venderte algún libro o convencerte con alguna octavilla, indiferentes hasta a la lluvia. Cubierto del impermeable verde y con el toscanello en la boca estaba el amigo de Roberto que distribuyó hojas rojas con la sonrisa impresa en el rostro. Cuando se ha acercado para también darmelo a mi, lo he mirado inquieta ya que no sabia que cosa hacer, como comportarme. He susurrado un tímido gracias y he seguido caminando muy lentamente pensando que una ocasión no me habría ocurrido de nuevo tan fácilmente. He escrito mi número sobre la hoja y, volviendo atrás, se lo he devuelto.

"Qué haces, me lo devuelves antes que tirarlo como hacen los otros?", me ha preguntado sonriente.

"No, quiero que se lo des a Roberto", he dicho.

Se asombra, entonces ha exclamado: "Pero Roberto tiene centenares de ello de estas hojas."

Me he mordido los labios y he dicho: "A. Roberto le interesará ese que esta escrito por detrás allí...."

"Ay... he entendido...", aún más asombrado me ha dicho, "tranquila, lo veré después y se lo entregaré de tu parte."

"Gracias mil!", habría querido darle un sonoro beso sobre la mejilla.

Mientras me iba me siento llamar, me vuelvo y es él que viene corriendo.

"En todo caso me llamo Pino, a mandar. Tú Melisa, tu nombre verdadero?", ha dicho jadeando.

"Sí, Melisa... veo que no has tardado en leer tras la hoja."

"Eh... qué quieres dijo...", "la curiosidad es propia de los inteligentes. Eres tú curiosa?."

He cerrado los ojos y he dicho: "Mucho."

"¿Ves? Entonces eres inteligente."

Se saciado mi ego y harta de contento lo he saludado y he ido hacia la plazoleta de la ciudad frente a la escuela, semi-vacía por culpa del mal tiempo. He tardado un poco en tomar el ciclomotor, el tráfico a la hora punta es bastante horrible si se conduce un escúter. Un minuto después suena celular.

"Diga?."

"Ehm... hola, soy Roberto."

"Uei, hola."

Me has sorprendido ", sabes?."

Me gusta "ser osada. También habrías podido no llamarme, he corrido el riesgo de que me dieras con la puerta en la cara."

Has hecho muy bien. Habría venido yo a preguntartelo una de estas veces. Sólo que, sepas que ... mi chica frecuenta tu mismo bachillerato...."

"Ay, te has echado novia...."

"Sí, pero... "por mi, no importa."

«...tampoco a mí me importa."

"Pero me dices, por qué me has buscado?."

"Y tú por qué me habrías buscado?."

"Be'... lo he preguntado primero."

"Porque quiero conocerte mejor y quiero estar un tiempo contigo...." Silencio. ;

"Ahora" te toca a ti.

"Ídem. Aunque la premisa la sabes: ya estoy comprometido."

"Creo poco en los compromisos , pasan de ser tales cuando se acaba de creer en ellos."

Te va "de encontrarnos mañana mañana?."

"No, mañana no, tengo escuela. Mejor el viernes, hay huelga. Dónde?."

"Delante del comedor universitario a las 10,30."

De acuerdo.

"Hala entonces, hasta el viernes."

"Hasta el viernes, un beso."

el 14 de octubre de 2001

He llegado como es usual en mi con increíble antelación, el tiempo siempre igual a aquel de hace cuatro días, una monotonía increíble. Del comedor provino olor de ajo y en el punto en que fui yo pude escuchar a las cocineras protestar con las ollas y maldecir de algún colega. Algún estudiante pasó y me miró estrujándome el ojo y yo fingí de no verlo. Fui más atenta a las cocineras y a sus discursos que a mis pensamientos; fui tranquila, para nada nerviosa, me he dejado arrastrar del mundo externo y no me he cuidado demasiado.
Él ha llegado con su coche amarillo, arropado de modo exagerado, con una enorme bufanda que le cubrió mitad cara y dejó destapadas sólo las gafas.

"Es para no hacerme reconocer, sabes como es... mi chica. Tomaremos calles secundarias, tardaremos un poco más pero al menos no habrá riesgo", ha dicho cuando estoy dentro del coche. Sobre el vidrio de la máquina la lluvia la sentí golpear más fuerte, parecia como si quisiera romperlo. El sitio donde fuimos era su casa de veraneo a las laderas del Etna, en las afuerasde la ciudad. Las ramas secas y morenas de los árboles desgarraron el cielo nebuloso con pequeñas grietas, las bandadas de pajaros volaron a duras penas por la lluvia espesa, ansiosos de llegar al lugar más caliente. Y también yo habría querido iniciar el vuelo para llegar a otro sitio más caliente. En mí ninguna ansiedad: ha sido como partir de casa para ir a iniciar un nuevo trabajo, para nada emocionante, más bien. Un trabajo preciso y pesado.

"Abre el salpicadero, debe haber algunos CD."

He tomado un par, luego he elegido a Carlos Santana.

Hemos hablado de la escuela, de su universidad y luego de nosotros.

"Yo no quiero que me juzgues mal", he dicho.

"¿Bromeas? Sería juzgar como juzgame mal yo mismo... en fin estamos haciendo ambos la misma cosa, del mismo modo. Más bien, quizás para mí aún más deshonroso puesto que tengo novia. Pero ves, ella...."

"No" no me hables de ella, lo he interrumpido con una sonrisa.

"Mejor", ha dicho con la misma sonrisa.

Ha embocado una callejuela y luego se ha parado delante de un portón verde. Ha bajado del coche y ha abierto el portón; vuelta de nuevo en el coche he notado el rostro de Che Guevara impreso sobre su camiseta completamente empapada. "Coño!", ha exclamado. Todavía "estamos en otoño y aun el tiempo da asco", luego se ha vuelto y me ha preguntado: "Pero no estarás un poco asustada?." He cerrado los labios rizando el mentón y he sacudido la cara, después he dicho: "No, para nada." Para llegar a la puerta me he cubierto la cabeza con el bolso y corriendo bajo aquella lluvia hemos reído mucho, como dos imbéciles. La casa estaba completamente oscura; cuando luego he entrado he sentido un frío helado. Apenas me moví en el oscuro picadillo, evidentemente él estaba acostumbrado, conocia todos los rincones y por tanto caminó con cierta soltura. He quedado puesta en un punto dónde pareció hubiera más luz y he visto un sofá sobre que he posado mi bolso. Roberto ha llegado de detrás, se ha vuelto y me ha besado con toda la lengua. Me ha dado un poco de asco este beso, no fue para nada parecido a aquel de Daniele. La suya , su lengua, me rozó, subió, dejándola colar un poco sobre los labios. Lo he alejado amablemente sin hacerle entender nada y me he secado con la palma de la mano. Me ha tomado aquella misma mano y me ha conducido al dormitorio, siempre en la misma oscuridad y con el mismo frío.

No puedes encender la luz?", he preguntado mientras me besaba el cuello.

"No, me gusta más así."

Me ha dejado sobre la gran cama, se ha arrodillado delante y me ha sacado los zapatos. Yo no estaba excitada y tampoco impasible. Me pareció sólo estar haciendo todo lo que a él parecia gustar. Me ha desvestido como si fuera un maniquí en un escaparate, como un vendedor espabilado e indiferente que desviste al niñato para revestirlo. Vistas mis medias ha preguntado asombrado:

"Pero aun usas las medias del cole?."

"Sí, siempre", he contestado.

"Pero eres una gran zorra", ha exclamado fuerte.

Me ha avergonzado su comentario fuera de lugar, pero aún más he quedado golpeada por su cambio de chico amable y educado a hombre ruin y vulgar. Tenia los ojos encendidos y famélicos, las manos hurgardo bajo la blusa, bajo las bragas.

"Quieres que me deje puestas las medias?", he preguntado para favorecer sus ganas.

Ciertamente, déjatelas, así estas más guarra."

Mis mejillas se han ruborizado de nuevo, pero luego he sentido despacio encenderse mi hogar y la realidad gradualmente alejarse. La Pasión estaba tomando la ventaja. He bajado de la cama y he percibido el suelo increíblemente frío y liso bajo mis pies. Esperé que se quitara los calzones.

Chupame la polla, cerda", ha susurrado.

No he hecho caso a mi vergüenza, se la he sacado fuera enseguida y he hecho lo que me acababa de pedir. He sentido su miembro ponerse duro y grande, me ha tomado por las axilas y me ha levantado hacia la cama. Me ha puesto como una muñeca inerme sobre él y ha dirigido su larga verga hacia mi sexo, todavía poco abierto y apenas mojado.

"Quiero oírte gritar de dolor. Grita , quiero sentir que te hago daño."

Efectivamente me hizo mucho daño, sentí las paredes de mi vagina quemarse porque aun no estaba suficientemente lubricada. Grité mientras la habitación oscura giraba a mi alrededor. La incomodidad era manifiesta pero si grito, he pensado, "estará contento, me lo ha pedido él. Haré todo lo que quiera que haga." Grité y me sentí mal, no estaba sintiendo ningun placer cuando su daga me estaba atravesando. En cambio él ha estallado fuera de si, levantando al máximo la voz y profiriendo palabras obscenas y vulgares. Me la ha metido con tal violencia que toda su longitud queda enterrada en mi interior. Todo ha vuelto a la normalidad, en menos de diez segundos se ha vaciado dentro de mi y sin embargo ha sido placentero, bastante placentero, ¿acaso me gusta el dolor?. Ha retomado las gafas sobre la mesilla de noche, ha echado el preservativo al cenicero cogiéndolo con un pañuelo, se ha revestido con calma, me ha acariciado la cabeza y en el coche hemos hablado de Bin Laden y Bush como si nada hubiera sucedido entre nosotros...

el 25 de octubre de 2001

Roberto a menudo me llama, dice que sentirme lo llena de alegría y le hace venir las ganas de follar. Esta última cosa la dice despacio, no quiere hacerse sentir y luego se avergüenza un poco a admitirlo. Le digo que a mi me pasa lo mismo y que a menudo lo pienso tocándome. No es verdad. Sólo lo digo por su orgullo, él, lleno de si, siempre dice: lo sé "que soy un buen amante. Les gusto mucho a las mujeres." Es un ángel presumido, es irresistible. Su imagen me persigue durante el día, pero lo pienso más como el chico amable que como el loco jodedor pasional. Y cuando se transforma me hace sonreír, pienso que debe sentar bien al equilibrio emocional el ser personas diferentes en momentos diferentes. Al contrario que yo que siempre soy la misma, siempre hago lo mismo , siempre igual. Mi pasión es así como con malicia.

el 1 de diciembre de 2001

Le he dicho que pasado mañana es mi cumpleaños y ha exclamado: "Bien, entonces tenemos que celebrarlo de manera apropiada."
He sonreído y he dicho: "Roby, lo hemos celebrado ayer tres veces seguidas y estuvo bastante bien. No estas satisfecho?."

"Eh, no... he dicho que el día de tu cumpleaños será especial. Conoces tú a Pino, verdad?."

"Sí, cierto", he contestado.

Te gusta "?."

Temorosa de contestar algo que lo habría hecho alejar de mí he tardado un poco, luego he decidido decir la verdad: "Si, bastante."

"Muy bien. Te vengo a buscar pasado mañana entonces."

"De acuerdo...", he apagado el movil y me ha despertado la curiosidad por que estoy casi segura de a que se refería

el 3 de diciembre de 2001 4,30 de la mañana

Mi décimosexto cumpleaños. Quiero pararme ahora y no vayas más adelante. A dieciséis años soy dueña de mis acciones, pero también víctima del mundo y de lo imprevisible. Saliendo por el portón de casa he notado que en el coche amarillo Roberto no estaba solo. He visto el puro oscuro en la oscuridad y he entendido enseguida todo. "Sería bueno que me dieras un beso al menos el día de tu cumpleaños", mi madre me dijo antes de salir y no le presté, cerrando despacio la puerta de entrada mientras salia fuera sin contestarle. El ángel presumido me tiene ojeada sonriente y yo subo al coche fingiendo que no me importaba que Pino estuviera detrás. "Entonces?", ha preguntado Roberto, "no dices nada?", indicándome con la cabeza los asientos posteriores. Me he vuelto y he visto detrás a Pino espatarrado, con los ojos rojos y las pupilas dilatadas. Le he sonreído y he preguntado: has fumado?." Él ha hecho seña de sí con la cabeza y Roberto ha dicho: "Y también se ha bebido una botella entera de aguardiente." "Bueno", he dicho, todo esta bien." Las luces de la ciudad se reflejaron sobre las ventanillas del coche, las tiendas todavía estaban abiertas, los propietarios esperan con ansiedad la Navidad. Sobre las aceras Magda y Celine caminaban inconscientes de que dentro del coche que las adelantaba, estaba yo con dos hombres que me llevaban quien sabe donde. Hemos atravesado la calle Etnea y vi la Catedral iluminada por las luces blancas y circundado por los imponentes árboles de palma de dátil. Bajo esta calle corre un río, celado por la piedra lávica. Es silencioso, imperceptible. Tal como mis pensamientos silenciosos y mitos, escondidos sabiamente bajo mi coraza. Corren. Me destrozan. Por la mañana aquí cercano está la pescadería, se siente el olor del mar provenir de las manos de los pescadores que, con las uñas ennegrecidas por las entrañas de los peces, toman el agua del cubo y la rocían sobre los cuerpos fríos y chispeantes de los animales aun vivos y deslizantes. Estábamos dirigiéndonosnos justo allí, aunque por la noche la atmósfera cambia.

Bajada del coche me he dado cuenta que el olor del mar se transforma en olor de humo y hashish, los chicos con los piercing se sustituyen a los viejos pescadores bronceados y la vida continua a ser vida, siempre y en todo caso. He bajado del coche y cerca una mujer anciana me inunda con su mal olor, vestida de rojo, con un gato también de pelo rojo, delgado y ciego de un ojo. Caminó como un fantasma, lentamente, con los ojos trastornados, y yo la observé interesada mientras esperé que ellos bajaran del coche amarillo. La mujer me ha rozado la manga del abrigo y he sentido un escalofrío extraño; hemos cruzado la mirada por un instante breve pero ha sido tan intenso y todo ha sido tan elocuente que he tenido miedo, miedo verdadero, loco. Su mirada sesgo y vivo, para nada estúpido, dijo: "Dentro encontrarás la muerte. Ya no podrás retomar el corazón, niña, morirá, y alguien echará la tierra sobre tu tumba. Ni una sola flor. " Me ha venido la carne de gallina, aquella bruja me hechizó. Pero no la he prestado mas atención, les he sonreído a los dos chicos que vinieron cerca de mí, bellos y peligrosos. Pino se tenia de pie a duras penas, ha quedado en silencio por todo el camino y tampoco Roberto y yo hemos hablado, igual que muchas otras veces.

Roberto ha extraído una gran sarta de llaves del bolsillo de los pantalones y ha enhebrado a una de ellas en la cerradura. El portón ha chirriado, ha hecho un poco de fuerza para abrirlo y al final se ha cerrado ruidosamente a nuestros hombros. Yo no hablé, no tuve nada que preguntar, supe muy bien que cosa estábamos a punto de hacer. Subimos por las escaleras consumidas por los años, las paredes del edificio parecieron así frágiles y en mi ha nacido el miedo temiendo que viniera alguien y nos matara; las grietas, muchas, y las luces blancas dieron un aspecto diáfano a las paredes azules. Nos hemos parado a una puerta donde pude escuchar música.

"Pero hay alguien?", he preguntado.

"No, hemos olvidado la radio encendida antes de salir", costesta Roberto. Pino ha ido al baño, dejando la puerta abierta; lo vi mear, sostenia en su mano el miembro blandujo y arrugado. Roberto ha ido a la otra habitación a bajarnos el volumen y he quedado en el pasillo observando curiosa todas las habitaciones que allí pude mirar.

El ángel presumido ha vuelto sonriendo, me ha besado en la boca e indicándome una habitación me ha dicho: nos "Esperas en la celda de los deseos, llegamos dentro de poco." "Eehehehe", he reído, "celda de los deseos... qué extraño nombre para llamar una habitación en la que se folla!."

He entrado en la habitación, bastante amplia. Sobre la pared han sido sujetas centenares de fotos de modelos desnudas, recortes de revistas porno, póster erótico hentai y posiciones del ka-masutra. Infalible, sobre el techo, la bandera roja con el rostro del Che "Pero" dónde estoy, he pensado, "una especie de museo del sexo... de quién será esta casa?." Roberto ha llegado con un tejido negro en la mano. Se ha vuelto y me ha vendado con el pañuelo, me ha dado vueltas cerca de él y ha exclamado riendo: "Pareces" la diosa suerte. He sentido el interruptor de la luz emitir su clic y luego no he logrado ver nada. He advertido de los pasos y de los susurros, luego dos manos han bajado los vaqueros, sacado el jersey endosado y el sujetador. He quedado en bragas y botas con tacón de alfiler. Me vi vendada y desnuda, vi sobre mi cara mis labios rojos que dentro de poco habrían probado algo de ellos.

De repente las manos son aumentadas, convirtiéndose en cuatro. Fue fácil distinguirles ya que dos estaban sobre mis tetas y dos abajo, rozándome el chocho por el taparrabo y acariciándome el trasero. No logré sentir el olor de alcohol de Pino, quizás en el baño se lavó los dientes.
Mientras me imaginé cada vez más en poder de sus manos y empecé a excitarme, he sentido, detrás, el contacto con un objeto congelado, un vaso. Las manos siguieron tocándome, pero el vaso imprimió con más fuerza la piel. Asustada he preguntado entonces: "Qué cojones es eso?." Una risita de fondo y luego una voz desconocida: "tu barman, tesoro. No te preocupes, te he dado solo una bebida." Me ha acercado el vaso a la boca y he paladeado despacio crema de güisqui. Me he lamido los labios y otra boca me ha besado con pasión mientras las manos siguieron acariciándome y el barman me dio de beber. Un cuarto hombre estaba besándome. "Qué bonito culo que tienes...", dijo la voz desconocida, "Suave, cándido, duro. Puedo darte un mordisco?." He sonreído por la ridícula solicitud y he contestado: "Error y basta ya, no preguntes, haced lo que tengais que hacer. Pero una cosa quiero saber: cuántos sois?." "Estáte tranquila amor", ha dicho otra voz a mis hombros. Y he sentido una lengua lamer las vértebras de mi espalda. Ahora la imagen que tuve de mí fue más seductora: vendada, medio desnuda, cinco hombres que me lamen, me acarician y se enredan en mi cuerpo. Yo para ellos fui el centro de la atención y me llenaron de besos y caricias. No oí una voz, sólo suspiros y gemidos. Y cuando un dedo se ha colado despacio en mi coño me he sentido húmeda y caliente y me he abandonado. Me sentía rendida al toque de sus manos y en mí estuvo viva la curiosidad de saber quienes fueran, como fueran. ¿Y si el placer que acabo de sentir hubiera sido fruto del trabajo de un hombre feo y baboso? En aquel entonces no me importaba. Y ahora me avergüenzo de ello, diario, pero sé que añorar las cosas después de haberlas hecho no sirve de nada. "Bien", Roberto por fin dice, "echa de menos" al último miembro del grupo.

"Que Cosa?", he preguntado.

No te preocupes. Puedes sacar la venda, ahora haremos otro juego."

He titubeado un instante para sacar la venda pero luego la he quitado despacio de la cabeza y he visto que en la habitación Roberto y yo estabamos solos.

"Pero adónde se han ido?", he preguntado con sorpresa.

Nos esperan en la otra "habitación." :

"Qué se llama...?", he preguntado divertida.

"Mmm... sala del fumanza. Nos hacemos una caña."

Quise irme con todas mis fuerzas y dejarlos allí. Aquella pausa me habia enfriado y la realidad se ha presentado con toda su crudeza. Pero no pude, ya inicié y tuve que acabar a toda costa. Lo he hecho por ellos. He entrevisto los perfiles destacarse en la habitación oscura, sólo alumbrada por tres velas apoyadas por tierra. De aquel poco que pude notar las formas de los chicos presentes en la sala no fueron feas y esto me ha consolado. En la habitación habia una mesa redonda y alrededor de las sillas. El ángel presumido se ha sentado.

"Fumas tú también?", Pino me ha preguntado.

"No, gracias, no fumo nunca."

"Eh no... de esta noche tú" también fumarás, ha dicho el barman del que pude notar el bonito físico torneado y esbelto, la piel oscura y el pelo largo hasta los hombros, crespos.

No, siento decepcionarte. Cuando digo no es no. No he fumado nunca, no fumaré ahora y no sé si fumaré en el futuro. Encuentro inútil hacerlo y lo dejo hacer por tanto a vosotros."

"Pero al menos nos mostrarás una bonita vista", ha dicho Roberto golpeando la mano sobre la madera de la mesa, "quitate las bragas y siéntate aquí."

Me he sentado sin bragas sobre la mesa con las piernas abiertas, los tacones de las botas clavadas sobre la madera y el chocho abierto a la vista de todos. Roberto ha acercado la silla, ha apuntado la vela encendida hacia mi pubis para iluminarlo. Enrolló su mapa dirigiéndo la mirada primero hacia la hierba perfumada y luego hacia mi coño. Sus ojos brillaron. "Tocate", me ha ordenado. Entonces yo he deslizado despacio un dedo en mi herida y él ha dejado el trabajo para deleitarse la vista con mi sexo. De detrás ha llegado alguien que me ha besado los hombros, me ha tomado entre los brazos y me ha encajado a su cuerpo buscando con su pene erecto entrar dentro de mí. Dócil, con la mirada baja y apagada. Vacío. No he querido mirar.

"Eh, no, no... hemos hablado primero de ello... esta noche nadie la penetrará", dice Pino.

El obus invasor se ha parado justo en la entrada, apenas rozando mis abultados labios. El barman ha ido a la otra habitación y ha retomado la venda negra que cubrió por primera vez mis ojos. Me han vendado de nuevo y una mano me ha obligado a arrodillarme.
"Ahora, Melisa, se pasará la caña", he sentido a la voz de Roberto "y cada vez que uno de nosotros tenga en la mano su polla bien dura, chascaremos los dedos y te tocaremos la cabeza, así sabrás que ha llegado el momento. Tú te acercarás donde nosotros te diremos y agarrarás el cipote con tu mano y lo acogerás en tu boca hasta la corrida final. Cinco veces, Melisa, cinco pollas se correran en tu boca y tu lo paladearas y tragarás como sabes hacerlo. A partir de ahora no hablaremos más. Buen trabajo."
Dentro de mi paladar se han estrellado cinco gustos diferentes, cinco sabores de cinco hombres, cinco cremas de cinco tubos distintos. Cada sabor su historia, cada poción mi vergüenza. Durante aquellos momentos he tenido la sensación y la ilusión de que el placer no fuera solo carnal, que fueran gozos de belleza, alegría, libertad. Y estando desnuda entre ellos he sentido la pertenencia a otro mundo, desconocido. Pero luego, acabada la sesión, me he sentido el corazón a trozos y he sentido una vergüenza indecible.
Después me he abandonado sobre la cama y he sentido mi cuerpo entumecerse. Sobre el escritorio de la habitación estrecha vi el display de mí celular relampaguear y supe que estaban llamándome de casa, ya eran las dos y media de la mañana. Pero algunas horas atrás alguien ha entrado en mi cama, se ha tumbado encima de mi y me ha follado; otro lo ha seguido y ha apuntado su pene hacia mi boca. Y cuando uno acabó, otro me descargó encima su líquido blanquecino.
Y también los otros. Algunos soltaron su esperma encima de mi coño, todos en mi boca, otros se derritieron en mis tetas y en mis muslos. Suspiros, quejidos y gruñidos. Y lágrimas silenciosas.
He vuelto a casa llena de esperma reseca, no habia tenido tiempo de ducharme. Entro y mi madre que me esperaba durmiendo en un sofá.

"Estoy aquí", le he dicho, he vuelto."

Estaba demasiado adormecida para regañarme por el horario, así ha señalado con la cabeza y ha ido hacia el dormitorio. He entrado a baño, me he mirado en el espejo y ya no he visto la imagen de quien se observó encantada hace unos años. He visto los ojos tristes, aún más hechos piadosos del lápiz negro que manchaba las mejillas. He visto una boca que ha sido muchas veces violada esta tarde y ha perdido su frescor. Me sentí con asco, ensuciada por corpusculos extraños.
Luego me he dado cien golpes de cepillo, como hacen las princesas, según mi madre siempre dice, con la vagina que todavía ahora, mientras te escribo, diario, en plena noche, me sigue oliendo a lefa de macho.

el 4 de diciembre de 2001 12,45

"Te divertiste ayer?", mi madre me ha preguntado esta mañana cubriendo con un bostezo el silbido de la cafetera. He sacudido los hombros y he contestado que he transcurrido una noche como las otras. "Tus vestidos tenian un extraño olor", ha dicho con los usuales ojos de quien quiere saber y entender todo de los otros, a mayor razón si se trata de mí.
Asustada me he vuelto de chasquido mordiéndome los labios, he pensado que a lo mejor sintió el olor de esperma. "De qué?", he preguntado fingiéndome calma, observando descuidadamente el sol más allá de la ventana de la cocina. "De humo... qué sé... marihuana", ha dicho con el rostro disgustado. Animada, me he vuelto, he sonreído levemente y he exclamado: "Be'... no sé, en el local de ayer hubo gente que fumó. No pude impedirlo." Me ha mirado con ojos siniestros y ha dicho: me "Vuelves a casa fumada y no sales más, ni tan siquiera para ir al colegio!." "Mmm, bien", he bromeado, "veré de encontrarme algunos fumatas de confianza. Gracias, me has dado una óptima coartada para no frecuentar aquellos coñazos de lecciones." ...Como si lo que hiciera mal sólo fuera el hashish. Fumaría gramos y gramos con tal que no pruebes esta extraña sensación de vacío, de nada. Es como si fuera suspendida por el aire, y estoy admirando desde lo alto lo que he hecho ayer. No, no fui yo aquella. Fue la que no se quiere dejar rozar de manos ávidas y desconocidas; fue la que no quiere recibir esperma de cinco personas diferentes y a ser contaminada en el alma, dónde echa el ancla el deseo, el dolor no existió. La que se quiere soy yo, soy la que esta noche ha devuelto su pelo de nuevo brillante después de tenerlos cepillando con ganas cientos de veces, la que ha hallado la suavidad de niña de los labios. Y que se ha besado, compartiéndo con ella misma el amor que ayer le ha sido negado.

el 20 de diciembre de 2001

Tiempo de regalos y falsos sonreídos, de armonia colada, con una momentánea dosis de buena conciencia, entre las manos de los gitanos con los niños en brazos a los márgenes de las calles. A mí no gusta comprar regalos para los otros, siempre los compro sólo para mí misma, quizás porque no tengo a nadie a quien hacerselo. Esta tarde he salido con Ernesto, un tipo que he conocido en chat. Me pareció enseguida simpático, intercambiamos los números y hemos empezado a vernos como bueno amigos. Aunque él es un poco lejano, tomado de la universidad y de sus misteriosas amistades. A menudo salimos para ir de compras y no me avergüenzo con él entrar en alguna tienda de ropa íntima, más bien muchas veces también el tambien se compra alguna. "Para mi nueva chica", siempre dice. Con los pedidos semeja tener una buena confianza, se dan del tú y a menudo ríen. Yo revuelvo entre los cajones buscando las prendas que tendré que vestir por el que logrará quererme. Les tengo bien redoblados dentro del primer cajón de la cómoda, intactos. En el segundo cajón tengo las prendas íntimas que llevaba encima durante los encuentros con Roberto y sus amigos. Algodon consumido por sus uñas y bragas de encaje un poco laceradas con pequeños hilos que cuelgan porque fueron tocados por demasiadas manos deseosas. No me hagan caso , a ustedes les basta saber que soy una marrana. Al principio siempre compré ropa íntima en encaje blanco, estando atenta a coordinarla bien. "El negro te estaría mejor", me ha dicho una vez Ernesto, se combina mejor a los colores de tu cara y tu piel." He seguido su consejo, y desde entonces sólo compro el encaje negro.
Lo miro interesado en las tangas pintadas, dignos de una bailarina brasileña: rosa shocking, verde, azul eléctrico, y cuando quiere mantenerse serio elige el rojo. Ciertamente que son muy exquisitos tus gustos", le digo.

Él ríe y dice: "Nunca tanto como tú", y mi ego se encuentra de nuevo bombeado.

Los sujetadores son casi todo acolchados, no los coordina nunca a los eslip, prefiere acercar colores demasiado inverosímiles entre ellos. Luego las medias: las mías casi siempre de marca velados con el barranco en encaje, rigurosamente negro, que se estrellan claramente con el blancor invernal de mi piel. Aquéllos que compra él no son ciertamente de mi gusto. Cuando una chica le gusta más que las otras, Ernesto se zambulle entre la muchedumbre de un gran almacén y compra para ella habitas brillantes enriquecidos por paillettes multicolores, con escotes vertiginosos y grietas audaces.

"Cuánto vale ahora la chica?", bromeaba yo.

Él se pone serio y sin contestar va a pagar. Entonces yo me siento culpable y paro de hacer la papanatas. Hoy, mientras paseamos entre las tiendas iluminadas y los pedidos ácidos y jóvenes, la lluvia a menudo nos ha sorprendido ha mojado nuestros paquetes de cartón que teniamos en la mano. - "Vamos bajo un porche!", ha dicho fuerte mientras me agarró la mano.
"Ernesto!", he dicho a media calle entre lo malsufrido y lo divertido. "En calle Etnea no hay porches!." Me ha mirado pasmado, ha levantado los hombros y ha exclamado: "Vamos entonces a mi casa!." No queria irnos, he descubierto que uno de sus vecinos es Maurizio, un amigo de Roberto. No queria verlo, ni mucho menos que Ernesto descubriera estas mis actividades ocultas. De pronto nos fuimos acercandonos a unos metros de su casa que hemos recorrido a paso veloz mano en la mano. Ha sido bonito correr con alguien sin tener que pensar que después habría tenido que echarme sobre una cama y dejarme ir sin frenos. Me gustaría, por una vez, ser yo la que decide: cuando y dónde hacerlo, por cuanto tiempo, con cuanto deseo.

Hay alguien en casa?", le he susurrado subiendo las escaleras, mientras que mi eco retumbó.

"No", ha contestado él con el jadeo, "están tos de vacaciones. Ha quedado solo Gianmaria, pero en este momento esta fuera también él." Contenta, lo he seguido, fijándome de pasada al espejo en la pared.

Su casa esta semivacía y la presencia de cuatro hombres es visible: hay un mal olor, sí, aquel agobiador olor de esperma, y el desorden tiende a llenar las habitaciones.
Hemos arrojado los bultos por tierra y nos hemos apartado los abrigos empapados.

"¿Quieres alguna ropa? El tiempo que tus vestidos se sequen."

"Esta bien, gracias", he contestado.

Llegados en su habitación-biblioteca, ha abierto el armario con cierto temor y, una vez que estaba completamente abierto, me ha pedido de ir de allá a tomar los paquetes. ¿Ha cerrado de prisa el armario y yo divertida y mojada he exclamado: "Que nos tienes? Tus mujeres muertas?." Ha sonreído y ha contestado: "Más o menos."
¡Me ha despertado la curiosidad el modo en que me ha contestado y para evitar que le hiciera otras preguntas ha dicho arrancándome los bultos de las manos: "Deja que vea. ¡Qué has comprado chiquitina?." Ha abierto con ambas las manos el cartón mojado y ha hincado la cabeza como un niño que recibe su regalo de Navidad. Sus ojos brillaron y con la punta de los dedos ha extraído un par de calzones negros. "Ay-ay. ¿Y que haces con este, eh? ¿Por quién las vistes? No creo que las uses para ir al colegio...." "Tenemos secretos, nosotros", he dicho irónica, consciente de sospecharlo.
¿Me ha mirado asombrado, ha inclinado a mano izquierda un poco la cabeza y ha dicho despacio: "Tú dices...? ...Y que secreto tendrías?."

Estoy cansada de tenerlo dentro, casi a diario. Se lo he dicho. Su cara no ha cambiado la expresión, ha quedado con la misma mirada hechizada de antes.

¿Tenerlo qué, y dentro de qué?

“Joder, pues eso que estoy harta de tener siempre una polla incrustada en el coño.

Silencio.

"Pero no dices nada?", he preguntado fastidiada.

Es tu elección, pequeña. Sólo puedo decirte que seas feliz."

"Demasiado tarde", he dicho con un tono de falsa resignación.

Tratando de parar la incomodidad he reído fuerte y luego he dicho con voz alegre: "Be', bonito, ahora es el turno de tu secreto." Su blancor ha estallado, los ojos se movieron de prisa por toda la habitación, inciertos. Se ha levantado del sofá leído a flores desteñidas y a grandes pasos se ha dirigido hacia el armario. Ha abierto un postigo con un gesto violento, ha indicado con un dedo las prendas colgadas y ha dicho: "Éstos son mís secretos." Reconocí aquellos vestidos, los compramos juntos y estuvieron colgados allí sin etiqueta y visiblemente usados y arrugados.

"Qué quieres decir, Ernesto?", he preguntado despacio.

Sus movimientos se han entibiado, los músculos se han relajado y los ojos se fijaron en tierra.

"Estos vestidos los compro para mí. " “Para mi trabajo”

También yo lo he privado de cualquier comentario, no pensé en realidad en nada.

¿Luego un instante después, en mi cabeza, todas las preguntas: tu trabajo? ¿dónde trabajas? ¿por qué?
Me gusta "disfrazarme de mujer. Empecé hace unos años. Me cierro en mi habitación, pongo una telecámara sobre la mesa y me disfrazo. Me gusta, me siento bien. Después me observo sobre la pantalla y... be'... me excito... Y a veces me dejo ver en chat de alguien que me lo pregunta", un rubor espontáneo y potente estaba tragándolo. Silencio en todo el piso, sólo el ruido de la lluvia que caia abajo del cielo, formando sutiles hilos metálicos, que nos enjaularon. «...Te prostituyes?", he preguntado sin medios términos.

Ha callado, cubriéndose enseguida el rostro con ambas las manos.

«...Melisa, créeme, sólo hago servicios de boca, nada más. Alguien también me pregunta si... algunos quieren romperme el culo, en fin, pero juro, no lo hago nunca... Es para pagarme los estudios, lo sabes que mis padres no pueden permitirse...", habría querido continuar, repescar alguna otra justificación. No te lo reprocho Ernesto, he dicho después de un poco observando atenta la ventana sobre la que brillaron nerviosas las gotas de la lluvia.
"Ves... cada uno elige su vida, tú lo has dicho hace un minuto. A veces también las calles se equivocan pueden ser justas, o viceversa. Lo importante es seguir siendo nosotros mismos y nuestros sueños, porque sólo si lográramos hacerlos realidad podremos decir de haber elegido bien por nosotros. A este punto quiero saber porque lo haces... de verdad." He sido hipócrita, lo sé.
Me ha mirado entonces con ojos tiernos y llenos de preguntas; luego ha preguntado: "Y tú por qué lo haces ?."
No he contestado, pero mi silencio ha dicho todo. Y gritó mi conciencia tanto que para tenerla a cuida he dicho muy espontáneamente, sin avergonzarme: "Por qué no te disfrazas por mí?."

"Y ahora por qué me preguntas esto?."

No lo supe tampoco yo.

Con un poco de incomodidad he dicho despacio: "Porque es bonito ver dos identidades en un cuerpo: hombre y mujer en la misma piel. Otro secreto: la cosa me excita. Y luego, excusa... es una cosa que gusta a ambos, nadie está obligándonos a hacerlo. No puede ser un error si es un placer, no?."

Vi su polla excitada bajo los pantalones y sin embargo trató de esconderse.

“Lo hago", ha dicho seco. Del armario ha tomado un vestido y una camiseta que me ha lanzado.

"Justificandome, olvidé de cogerla. Pontela."

"Pero" tendré que desvestirme, le digo.

Te avergüenzas?."

"No no, figurate", he contestado.

Me he desvestido mientras su excitación creció por mi desnudez. Me he metido allí en la gran camiseta rosa sobre la que fue escrito: Bye bye Bebé y Marilyn Monroe observando con un ojo la toma de hábito de mi amigo. El se vistio de hombros, mis ojos lograron sólo ver sus movimientos y la línea del taparrabo que dividió sus nalgas escuadradas. El se ha girado: minifalda negra corta, medias de red, botas muy altas, top dorado y sujetador acolchado. He aquí como un amigo se presentó como siempre les he visto en Lacoste y Levi's. Mi excitación no era visible, pero estaba excitada. Del taparrabo ceñido su esplendida polla apareció fuera sin problemas. Lo ha desplazado y la esta frontando. Se está haciendo una paja por mi. Como en un espectáculo, me he tumbado sobre el sofá-cama y lo he mirado atenta. Tuve ganas de tocarme, hasta de poseer aquel cuerpo. Se ha asombrado de mi frialdad, casi masculina, cuando se tocaba. Su rostro fue envuelto por pequeñas gotas de sudor, mientras mi placer llegó sin penetración, sin caricias, sólo de la mente, de mí.
En cambio el suyo ha llegado fuerte y seguro, lo he visto salir a borbotones y salpicar fuera y he sentido su estertor que solo se ha parado cuando ha abierto los ojos. El esta distendido conmigo sobre el sofá, nos hemos abrazado y nos hemos dormido con Marilyn cuyo ojo estaba empapado por el esperma de Ernesto.

el 3 de enero de 2002 2,30 de la mañana

De nuevo en la casa-museo, con las mismas personas. Esta vez jugamos que yo era la tierra y ellos los gusanos que cavaban. Cinco gusanos diferentes, unos con capucha, otros no, han cavado surcos sobre el surco de mi cuerpo depositando su espesa semilla, unas veces en el volcán de mi vientre, otras veces, las mas, en mi boca ansiosa y ávida de zumo cremoso y ardiente; y el terreno, mi cuerpo, a la vuelta a casa, fue desmoronado y frio. Un viejo enaguas amarilleado, de mi abuela, fue colgado en mi armario. La he vestido, he sentido el humo del suavizante y un tiempo que se pasó se mezcla con el absurdo presente. He desatado el pelo sobre los hombros protegidos por aquel confortador pasado. Los he desatado, los he olido y me he acostado con una sonrisa que pronto se ha transformado en llanto. Templado.

el 9 de enero de 2002

En casa de Ernesto los secretos no han sido desvelados. Le he confiado que lo que sucedió dio a luz en mí el deseo de ver a dos hombres uno dentro del otro. Quiero ver follar a dos hombres, sí. Verlos que se follan tal como hasta ahora me han follado, con la misma violencia, con la misma brutalidad. No logro pararme, corro veloz como un palito que se deja transportar de las corrientes de un río. Aprendo a decir que no a los otros y sí a mí misma y dejar que la parte más profunda de mí venga fuera sacudiéndo por ello al mundo circunstante. Aprendo.

"Eres un continuo descubrimiento, Melisa. Como decir... una mina de fantasías e imaginación", ha dicho con la voz ronca del sueño de que apenas salió.

"Juro, Ernesto. Estaria dispuesta hasta a pagar", he dicho aun abrazada a él

"Entonces?", he preguntado desesperada después de un poco de silencio.

"Entonces qué cosa?."

"Tú que eres, bueno... del campo... no conoces a nadie dispuesto a dejarse mirar?."

"¡Pero que cosas dices! No puedes quedarte tranquila con las historias normales?".

"A parte de ser tan buena persona eres un poco inocente", he dicho, "y luego qué entiendes como historias normales?."

"Historias de seduccion, Melisa. Tú chica, él chico. Amor y sexo , basta ya."

"Be', según yo es esa la verdadera perversión!", he dicho histérica, "en fin... vida cómoda: sábados por la tarde en Plaza Teatro Massimo, domingos por la mañana desayuno en ribera al mar, sexo rigurosamente en el fin de semana, confianzas con los padres, etcétera, etcétera... mejor quedar sola!."

Echa el ancla silencio.

"Y luego yo soy así, no quiero cambiar por nadie. ", le he chillado divertidamente en la cara.

Ha reído y me ha acariciado la cabeza.

"Pequeña, yo te quiero, no querría nunca que algo desagradable" te sucediera.

Me sucederia "si no hiciera lo que quiero. Y también yo te quiero.

Me ha hablado de dos chicos, estudiantes del último año de jurisprudencia. Los conoceré mañana, después de la escuela me vendrán a buscar a Villa Mona, delante de la fuente dónde nadan los cisnes. Llamaré a mi madre para decirle que quedaré fuera toda la tarde por el curso de teatro.

el 10 de enero de 2002 15,45

¡Ciertamente que vosotras las mujeres sois idiotas! Mirar a dos hombres follar... ah!", ha dicho Germano, al volante. Sus ojos eran grandes y negros; la cara maciza y bien impresa poblada por bonitos bucles negros que le hacen parecer cetrino, si no hubiera sido por la tez aceitunada, un joven africano potente y soberbio. Estuvo al volante del coche, se sentaba como el Rey de la selva, alto y majestuoso, los largos y huesudos dedos apoyados sobre el volante, un anillo de acero con señales tribales brillaba en medio de su mano. ¿Con una voz debil y gentil el otro chico, de los labios sutiles, contestó de detrás de mí: la "Dejas estar, con nosotros a esta chica nueva? También es así pequeña... mira que bonita cara : no se que tiene, así de tierno. Seguro, pequeño, de quererlo hacer?." He asentido con la cabeza. De cuánto he entendido, los dos han aceptado este encuentro porque debian un favor a Ernesto, aunque no he entendido de qué lo recompensaron. Germano estuvo irritado de esta situación y si hubiera podido me hubiera dejado sobre el arcén de la carretera desierta que estábamos recorriendo. Sin embargo un entusiasmo desconocido le brilló en los ojos, fue una sensación sutil que sentí llegarde forma intermitente. Durante el viaje el viento nos hizo compañía. Estábamos recorriendo carreteras por el campo, tuvieron que alcanzar la villa de Gianmaria, el único sitio en cuyo sitio nadie nos estorbaría. Fue una vieja finca construida de piedra circundada de árboles de aceitunos y abetos; más lejano se vieron las extensiones de vides, muertas ya en esta estación. El viento sopló fuerte y cuando Gianmaria ha bajado para abrir el enorme portón de hierro, decenas de hojas han entrado cayendo sobre mi pelo. El frío fue punzante, el olor típico de la tierra mojada y las hojas dejadas a podrirse bajo el agua con el paso del tiempo. Tuve el bolso en la mano y estuve derecha sobre mis botas altas, apretón a mi misma por el hielo; sentí la punta de la nariz helada y las mejillas inmóviles, anestesiadas. Hemos llegado a la puerta principal sobre las que son entallados los nombres que algunos niños imprimieron sobre la madera en sus juegos veraniegos, una señal del propio paso del tiempo. .. tengo que escapar, diario, mi madre ha abierto la puerta y me ha dicho que tengo que acompañarla, mi tía, se ha roto una cadera, está en el hospital.

el 11 de enero de 2002

Un sueño que he tenido esta noche. Bajo del avión, el cielo de Milán me enseña un rostro enojado y hostil. El viento helado y pegajoso me desordena y recarga el pelo fresco de peluquero; con la luz grisácea mi rostro asume una tez apagada y mis ojos parecen vacíos, rodeados por sutiles esferas fosforescentes que me dan un aire aún más extraño. Mis manos están frías y blancas, desfallecida. Llegada al aereoporto y me reflejo sobre un vidrio: noto mi cara delgada y desteñida, mi pelo largo desgreñado y ya horroroso, mis labios cerrados, diques herméticamente cerrados. Percibo una extraña excitación, sin motivo aparente. Luego me vuelvo a ver tal y como el espejo me representa, pero en otro lugar. En lugar de estar en este aereoporto, vistiendo mis usuales vestidos firmados, estoy extrañamente en una oscura y hedionda celda a la que llega poca luz, así que no soy tampoco capaz de ver cuáles sean mis vestidos, cuales mis condiciones. Lloro, estoy sola. Fuera tiene que ser de noche. Al final del pasillo entreveo una luz tambaleante, de color intenso pero ningún ruido. Unas pisadas en el pasillo se oyen. Está cada vez más cerca y me asusta, porque no oigo ningún otro ruido. El hombre que llega se mueve con gran cautela, es alto, poderoso. Apoya ambas manos a las barras y yo, secándome la cara, me levanto y le voy al encuentro; la luz de la antorcha ilumina su rostro dándole un aire diabólico, mientras que el resto del cuerpo queda escondido. Veo sus ojos enormes, y famélicos, de un color indefinible y dos labios grandes, entreabiertos, que dejan entrever una fila de dientes blancos. Se entrega un dedo a la boca dandome a entender silencio. Quedo para observar su rostro de mas cerca y me percato que es fascinante, misterioso y guapísimo. Tengo una sacudida terrible cuando apoya sus dedos perfectos sobre mis labios, cumpliendo un movimiento rotatorio. Lo hace dulcemente, mis labios ya están húmedos y yo, con un gesto casi espontáneo, aún más me acerco a las barras comprimiendo mi cara contra ellas. Ahora sus ojos se iluminan pero su calma es perfecta y sin tiempo: sus dedos entran en profundidad en mi boca y mi saliva le hace resbalar mejor. Luego las tira fuera y ayudándose con la otra mano arranca mis vestidos raídos en la parte superior, dejando destapados mis redondos pechos. Los pezones son duros e hirsutos por el frío que entra del oeste y al toque de sus dedos mojados aún más duros se vuelven. Apoya sus labios sobre los senos, oliéndolos en un primer momento, luego besándolos. Doblo la cabeza hacia atrás por el placer, pero mi busto queda firme, sólo se concede a sus solicitudes. Se para, me mira y sonríe. Con una mano hurga entre sus vestidos, que acabo de percatarme que es un hombre de iglesia. Un cura. Hay un tintineo de llaves y el ruido de una puerta herrada qué ya no se cierra. Él está dentro. Conmigo. Continua arrancando mis vestidos a lo largo de todo el cuerpo y deja destapado el vientre y luego más abajo, dónde está mi punto más caliente. Lentamente me hace tumbar por tierra. Hunde su cabeza y su lengua entra entre mis piernas. Mientras yo ya no tengo frío, tengo ganas de sentirme, de percibirme por él. Lo tiro frente de mí y siento mis humores sobre su boca. Palpo bajo la sotana y siento su miembro erguido, hermoso y palpitante en mi mano que hurga cada vez más afanosamente... Su polla bajo la sotana quiere salir y yo le ayudo levantando la negra falda.
Sin perder un solo segundo ha abierto lo mas posible mis piernas, y apoyando su rigido bastón en la entrada de mi húmeda cueva, de un solo y bestial embite me mete la polla hasta las bolas, Entra dentro de mí, nuestros líquidos se encuentran y resbalan estupendamente como el cuchillo en la manteca caliente, pero no me golpea. Desfila su miembro y lo deja quieto en lo mas profundo de mi. Yo lo dejo hacer y solo muevo las caderas cuando el saca y mete su verga con golpes de riñón. Lo repite una y otra vez: polla incrustada hasta el fondo, parada de un par de segundos y vuelve a sacar y meter su daga cada vez con mayor impetu y fuerza colosal. Bastan unos pocos golpes, duros, para llevarme a un placer infinito. Nos movemos al unísono, cuando él entra yo elevo mis glúteos para sentir su polla lo más adentro posible, cuando la saca humedecida por mis abundantes jugos, yo me retiro para saborear el orgasmo dulce y contínuado.

Una respiración mas agitada y unos bufidos enormes me indican que está a punto de correrse. Y así es, unos chorros fuertes de líquido caliente chocan contra mi útero. Otro chorro y despues otro y otro, inundan por completo la cueva. Se ha quedado quieto, exhausto dentro de mí sonriente, cuando bombardea mi interior con toda su artillería. Se levanta, y me pone de rodillas abriendo mi boca y metiendo en ella su verga aun dura, aún goteando esperma: “Chupa y traga mi néctar, zorra”.

Luego abro los ojos y estoy de nuevo en el aeropuerto, observo mi rostro.
Un sueño dentro de un sueño. Un sueño que es el eco de lo que ha sucedido ayer. Sus ojos fueron los mismos de Germano. El fuego de la chimenea los iluminó, los hizo brillar. Gianmaria entró con dos grandes troncos y un par de ramas. Ellos han dispuesto la chimenea que ha empezado a alumbrar el entorno volviéndolo más acogedor. Un calor desconocido y confortante me invadió. Lo que estaba observando no me provocó ninguna sensación horrible ni vergonzosa, más bien al contrario. Fue como si mis ojos estuvieran acostumbrados a ciertas escenas y la pasión que ha golpeado contra mi piel en todo este tiempo ha volado fuera y ha golpeado el rostro de los dos jóvenes que involuntariamente estuvieron en mis manos. Los vi encajarse el uno en el otro: yo en el sillón junto a la chimenea; ellos en el sofá de frente que se miraron y se tocaron con los espíritus de amor. Cada gemido fue un te quiero hacia el otro y cada golpe que sentí en mis entrañas desoladoras y dolorosas, para ellos era una cándida caricia. Quise también formar parte de aquella intimidad incomprendida, de su refugio amoroso y tierno, pero no me he atrevido, sólo he mirado como habia pactado. Germano y Gianmaria estaban empalmados mientras se acariciaban. Quedé sorprendida del tamaño y grosor del pene de Germano. Nunca había visto nada igual, enorme y tan grueso como mis muñecas, bañado por un sinfin de gruesas y azuladas venas que lo hacían aún mas poderoso. Su glande inflado hasta la exageración parecia un enorme fresón color rojo violáceo a punto de reventar. Y sin embargo esa cosa descomunal se introdujo poco a poco en el ano de Gianmaria que se iba expandiando a medida que Germano apretaba. Como por arte de magia, y aunque parezca increible el ano de Gianmaria logró engullir integramente aquellos 24 centímetros. Mientras Germano daba por el culo a Gianmaria, éste se pajeaba como un loco, dando gritos enormes, mitad de dolor, mitad de gusto como me confesó después. Ante ese festín erótico no tuve más remedio que tocarme. Tuve un orgasmo muy dulce justo cuando Germano anunciaba su corrida y Gianmaria expulsaba borbotones de esperma que salian de su pene con tanta fuerza que se estrellaron contra la pared detras de mi.
Estuve desnuda y cándida en el cuerpo y en los pensamientos. Luego Germano me ha lanzado una mirada beata. Se ha despegado de su amante y con mi estupor se ha arrodillado delante de mí y ha abierto despacio mis muslos. Ha esperado una señal mía para zambullirse en aquel universo. Al princio fue dulce y encantador para mostrarse luego como era él mismo, duro e implacable Rey africano. Ha tomado mi sitio y tirándome por el pelo ha dirigido su miembro hacia mi boca, y ha sido aquel el momento en que he notado sus ojos. Ha sido aquel el momento en que he entendido que su pasión no es diferente de la mía: se tuvieron ambas de la mano y se han estrellado y luego fundido. Luego ellos dos se ha dormido abrazados sobre el sofá, mientras yo he seguido observándolos con la piel incandescente por las llamas rojas de la chimenea, como siempre sola.

el 24 de enero de 2002

El invierno me fastidia, en todos los sentidos. Los días son tan iguales y monótonas de ya no logro soportarlo. Despierto prontísimo, escuela, peleas con los profesores, volver a casa, hacer las tareas hasta un horario increíblemente tardio, fijarse alguna estupidez en la TV, cuando los ojos todavía pueden leer algún libro y luego a dormir. Día tras día transcurre así, salvo alguna llamada repentina del ángel presumido y sus diablos; en aquel caso me visto como mejor puedo, me aparto los vestidos de diligente estudiante y encima los de la mujer que hace volverse loco a los hombres. Les agradezco su llamada porque me doy la posibilidad de despegarme del gris y ser algo de diferente. Cuando estoy en casa me enlazo a internet. Busco, exploro. Busco todo lo que me excita y me hace estar mal en al mismo tiempo. Busco la excitación que nace de la humillación. Busco el aniquilamiento. Busco a los individuos más extravagantes, los que me mandan foto sadomaso, los que me tratan de verdadera puta. Los que quieren descargar. Rabia, esperma, angustias, miedos. Yo no soy diferente de ellos. Mis ojos asumen una luz enferma, mi corazón golpea alborozad. Creo, o quizás me ilusione?) de encontrar en los meandros de la red alguien dispuesto a quererme. Quienquiera que éste sea: hombre, mujer, vieja, chico, casado, soltero, gay, transexuales. Todo. Anoche he encendido la imaginación al lesbo. Probar con una mujer.
No me da demasiado la idea. Más que nada me molesta, me da miedo. Algunas me han contactado pero les he descartado enseguida, sin haber visto las fotos. Esta mañana he encontrado un correo electrónico en mi dirección de correo: es una chica, uno de veinte años. Dice de llamarse Letizia, también es de Catania ella. El mensaje dice bien poco, sólo su nombre, su edad y su teléfono.

el 1 de febrero de 2002 19,30

En la escuela me han ofrecido un papel para el espectáculo teatral. Por fin pasaré mis días en hacer algo divertido. Tendré que salir a escena dentro de un mes, en un teatro del centro.

el 5 de febrero de 2002 22,00

La he llamado, tiene una voz un poco chillóna. Tiene un tono alegre y desenvuelto, al revés del mío, melancólico, pesado. Después de un poco de conversación me he derretido, he sonreído. No tuve ninguna gana de saber de ella ni de su vida. Sólo fui curiosa en conocerla físicamente. En efecto la he preguntado: "Letizia.... No tienes por casualidad una foto para mandarme?." ¡Se ha reído ruidosamente y ha exclamado: "Ciertamente! Enciendes el PC, te la mando al instante mientras seguimos al teléfono." "VALE", he dicho satisfecha.
Bella, increíblemente bonita. Y desnuda. Apetitosa, sensual, atractiva.

He balbucido: "Eres de veras tú?."

"¡Pues claro! No me crees?."

"Sí, sí, ... Eres... guapísima...", he dicho asombrada, y atolondrada, de la foto y de mi estupor. No me gustan las mujeres, en fin... No me vuelvo por la calle cuando pasa una mujer bonita, no me atraen las formas femeninas y no he pensado nunca en serio en una relación de pareja con una mujer.
Pero Letizia tiene una cara angélica y unos bonitos labios carnosos. Bajo el vientre he visto un dulce islote sobre el que poder arribar, rico y abrupto, perfumado y sensual. Y los senos como dos dulces colinas encima de las que hay dos círculos rosas y grandes. "Y tú?", me ha preguntado, tienes "tú una foto para mandarme?."

"Sí", le he dicho, "espera un instante."

Tengo en el ordenador una colección de desnudos que me han hecho los chicos.

"¡Pareces un ángel", me dice Letizia, "estás deliciosa".!

"Ya, parezco un ángel... Pero no lo soy, de veras" he dicho un poco timida.

"Melisa, yo quiero conocerte."

Yo" también "espero, he contestado.

Después hemos cerrado la comunicación y ella me ha mandado un SMS: te recorrería "el cuello con besos ardientes, mientras con una mano te exploraría." He apartado los braguitas, me he metido bajo las mantas y he puesto punto final a la dulce tortura que Letizia empezó inconscientemente.

7 de febrero de 2002

Hoy en casa de Ernesto he vuelto a ver Gianmaria. Estaba muy contento, me ha abrazado fuerte. Me ha dicho que gracias a mí entre él y Germano las cosas han cambiado. No me ha dicho en que he intervenido y no lo he preguntado. Sin embargo quedo confusa por el motivo por el que Germano se comportara así aquella tarde, es evidente que la causa he sido yo. ¿Pero de qué? ¿Por qué? Yo solo era yo misma, diario.

8 de febrero 13,18

Echo el ancla en las búsquedas, no acabarán nunca si todavia no se lo que quiero. Busca, sigue buscando, Melisa, siempre. He entrado en un chat, en la sala " Sexo perverso" con el nick" whore." He buscado entre las varias preferencias del perfil, he insertado algunos datos que me interesaron. Me ha contactado enseguida, " the_carnage"; es su apodo, explícito, meticón tal y como yo deseaba.

"Cómo te gusta ser follada?", fue su primera frase.

Y yo he contestado: "Con brutalidad, quiero ser tratada como un objeto."

"Y quieres que yo te trate como un objeto?."

"No quiero nada. Haz lo que tengas que hacer."

"Eres mi puta, lo sabes?."

"Difícil para mí ser de alguien, no soy ni siquiera de mí misma."

Ha empezado a explicarme como y dónde me habría puesto la polla, cuanto tiempo lo habría tenido dentro y como habría gozado. Observé las palabras que eran tecleadas, cada vez más soaces y obscenas. Mi estómago se contorsionaba y dentro surgió una vida y un deseo tan seductor que no pude hacer otra cosa que dejarle hacer. Aquellas palabras fueron el canto de las sirenas y yo me he expuesto consciente, aunque dolorosamente. Sólo después de haberme dicho que se habia corrido en la mano me ha preguntado cuántos años tenia.

"Dieciséis", le he escrito.

Ha digitado estupor por mi corta edad. ¡Luego: "Whore ! Felicitaciones!."

"Por qué?."

“Ya tan joven y eres así experta...."

"Sí."

"No te creo."

"Qué quieres que te diga... Tampoco tiene importancia saberlo, nosotros no nos veremos nunca. No eres de Catania."

"¡Cómo no?! Sí, soy de Catania",

Coño... ! ¡También es casualidad de haber sido contactada por un catanese!

¿Qué pasa te ehas para atrás?

"No, ¿que quieres de mí?", le he preguntado segura del la respuesta.

"Follarte."

“Acabas de hacerlo."

"Solo me hecho una paja imaginandote, quiero follarte mirandote cara a cara."

Lo he pensado un segundo luego he digitado el número para que me llame por telefono. Al momento de mandarlo he tenido un instante de indecisión. Luego sus "Gracias!" me ha hecho apenas darme cuenta del paso que acababa de dar. No sé nada de él, sólo que se llama Fabricio y tiene treinta y nueve años. No ha tardado mucho. La cita es dentro de media hora en Curso Italia.

21,00

Sé muy bien que a veces el diablo se presenta bajo falsas apariencias y sólo manifiesta su identidad después de haberte conquistado. Antes te mira con ojos verdes y brillantes, luego te sonríe bondadosamente, te da un beso leve sobre el cuello y después te traga. El hombre que se ha presentado delante era elegante pero no guapo; alto, robusto, pelo entrecano y raro, tal vez debe tener mucho mas de treinta y nueve años, ojos verdes y dientes grises. Al primer impacto he quedado hechizada por la gran diferencia de edad y después pense que él era el mismo hombre del chat me ha asustado. Hemos recorrido las aceras limpias por donde se asoman las tiendas chics de los escaparates brillantes; me ha hablado de él, de su trabajo, de la mujer que no ha querido nunca pero que se ha casado porque se sintió obligado por el nacimiento de la niña. Tiene una bonita voz pero una risotada estúpida que me fastidia. Mientras caminamos me ha ceñido el busto con un brazo y me ha sonreído, cosa que me fastidia y un poco inquieta por lo que iba a suceder después.
Quiere besarme en la boca,me he vuelto la cabeza porque no queria. Nadie me besa desde los tiempos de Daniele, el calor de mis suspiros lo reservo a mi imagen refleja y la suavidad de mis labios solo ha sido sofocada con las vergas chorreantes de los diablos del ángel presumido, sin embargo ellos, estoy segura, no la han gustado. Así he movido la cabeza para evitar el contacto con sus labios pero no le he dejado ver mi repugnancia. He simulado querer cambiar de posición, él como un animal ha transformado la dulzura de primera pasando a cruda bestialidad, gruñendo y llamándome puta, zorra y otras lindezas similares en voz alta, mientras que sus dedos comprimian la piel de mis caderas.
Ante mi insistencia reconoció finalmente su verdadera edad: cincuenta y dos años, (igual que mi padre, pensé, y de inmediato, no sé por qué razón, empapé las bragas). A pesar de su edad era un hombre corpulento, recio, de músculos trabajados en el gimnasio, al contrario que la mayoría de los hombres, era mucho más atractivo desnudo que vestido. Aunque estaba lejos de las medidas de Germano, la naturaleza le habia tratado bien. Estaba bastante bien dotado. Se nota que ha estado con muchas mujeres, sabe cómo hacerlas vibrar y tiene un control absoluto sobre la eyaculación. Maneja a las mil maravillas su lengua y sobre todo sus dedos que se introducen en todas las oquedades ampliando tanto el dolor como el placer. Me está dando duro, muy duro, con excesiva violencia, (como le habia pedido), y el dolor de sus embestidas se confunde con mis gemidos de placer. Cuando me llega el orgasmo, le grito que la saque ya y que se corra de una vez; él me pide vaciarse dentro y me niego; entonces la saca, y cogiendome fuerte por la nariz me obliga a abrir la boca y allí deposita su esperma. Su fluido es el más espeso de los que he probado, mas copioso, abundante y sobretodo de un olor muy intenso, agrio, de un sabor demasiado ácido para mi gusto. No deseo paladearlo como suelo hacer, me lo trago sin mas.

"Tienes los labios grandes y jugosos para ser chupados. ¿Por qué no te depilas? Serías más apetecible y preciosa."

No he contestado, no es asunto suyo lo que hago con los labios de mi coño.

¿Lo has hecho alguna vez por detrás?, me dice.

¿Al estilo perrito?.

No, me refiero...ya sabes... a dejarte follar por el culo.

No.

¿Porqué, no te gusta?.

Ni me lo he planteado ni nunca me lo han propuesto

Te lo propongo yo ahora, de verdad, soy un experto culeador.

No lo dudo, pero por ahora no me apetece.

En serio Melisa, si lo haces con un experto, tendrás los mayores orgasmos de tu vida.

Conformate con follarme de nuevo el coño

No se lo tuve que repetir dos veces. De nuevo me metió la polla hasta el útero de un terrile empujón.Controlando su orgasmo hasta qe llegó el mío. Solo entonces la sacó de mi chocho y me la puso en la boca corriendose de nuevo en abundancia. Pese a mis ascos, me lo tragué todo de nuevo

¿Te animas y terminamos con una buena enculada?

No le contesté, el tio estaba obsesionado con mi culo, se estaba calentando de nuevo y ya la tenía tiesa como una barra de acero y yo no tenía ganas de follar de nuevo.
Así se lo dije, nos vestimos, besos en las mejillas y quedamos para contactar por internet.

11 de febrero

En la escuela no me va muy bien. Seré yo que soy perezosa y vaga, serán los profesores demasiado esquemáticos y categóricos... Quizás tengo en general una visión un poco idealista de la escuela y la enseñanza, pero la realidad me decepciona completamente. ¡Odio la matemáticas! El hecho que no sea una opinión me enoja. ¡Y luego aquel idiota del profe que sigue dándome de ignorante sin saberse explicar nada! Sobre el" Baratillo" he buscado los anuncios de maestros privados y he encontrado un par interesante. Sólo uno estaba disponible. Es un hombre, de la voz parece bastante joven, mañana tendremos que vernos para conocernos.
Letizia me golpea en la cabeza de mañana a la tarde, no sé que cosa está ocurriéndome. A veces me parece estar dispuesta a todo.

22,40

Fabricio me ha llamado por teléfono, hemos hablado largo rato. Al fin me ha preguntado si por aquella zona yo tengo disponibilidad de lugares para vernos. He contestado que no. "Entonces será el momento de que te haga un bonito regalo", ha dicho.

"12 de febrero

Me ha abierto la puerta en camisa blanca y calzoncillos negros, pelo mojado y gafas ligeras. Me he mordido los labios y lo he saludado. Su saludo ha sido una sonrisa y cuando ha dicho: "Perdona, Melisa, mi aspecto", he sentido la misma sensación de cuando de pequeña mezclé leche, naranjas, chocolate, café y fresas. Ha abierto la puerta y por primera vez he entrado en una habitación de cama de un hombre normal: nada de fotos pornográficas, ningún trofeo deficiente, ningun desorden. Los muros estan tapizados de viejas fotos, de póster de viejos grupos heavy metal y de prensas impresiónistas. Y un perfume particular y seductor que me enebró. No se ha disculpado por el vestuario indudablemente informal y a mí me ha divertido bastante el que no lo haya hecho. Me ha dicho de sentarme sobre la cama, mientras que él tomó la silla del escritorio y lo acercó sentándose frente a mí. Estaba un poco sorprendida. Me esperaba un árido profesor con jersey de escote a V color amarillo canario, pelos con gomina agregada y tez a juego con el jersey. Delante de mi un joven hombre, bronceado, perfumado y extremadamente fascinador. No me había quitado todavía el abrigo y con una risotada me ha dicho: "Eh, mira que no te como en absoluto si te lo quitas." Yo también he reído, disgustada del hecho de que no pudiera comerme. No noté todavía sus zapatos: afortunadamente ningún calcetín blanco, sólo un flaco tobillo y un pie cuidado y bronceado que hizo movimientos concéntricos mientras discutiamos sobre la tarifa, sobre el programa y sobre las horas de lección.

"Tenemos que iniciar de muy, muy lal principio", he dicho.

No te preocupes, iniciaremos por la tabla de multiplicar del dos", ha guiñado un ojo.

Me senté al borde de la cama, con una pierna cruzada y una mano aprentando a la otra.

"Qué bonito modo tienes de sentarte", me dice mi profe de matemáticas.

Me he mordido de nuevo los labios y he jadeado como para decir "Pero qué cosas dice...!."

"Ay, olvidé. Me llamo Valerio, no me llames nunca profesor, me haces sentir demasiado viejo", ha dicho con un dedo fingidamente amenazador, cambiando de tema.

He aclarado un poco la voz y he dicho despacio: "Y si yo quisiera llamarte intencionalmente profesor?."

Esta vez ha sido él quien se ha mordido los labios, ha sacudido la cabeza y ha preguntado: "Y por qué habrías de hacer algo así?."

He levantado los hombros y después he dicho: "Por qué así es más bonito, no profesor?."

"Llámame como quieras pero no me mires con esos ojos", has dicho visiblemente agitado.

Y aquí recomienzo siempre la usual historia. Me divierte provocar al que está delante si éste me gusta. Lo golpeo con cada palabra y con cada silencio, me hace sentir bien. Y me parece un juego muy divertido y excitante.

18 de febrero, , 20,35

En la cocina ya cenan. Yo me he retrasado un instante para escribir, porque quiero dejar escrito lo que ha sucedido antes de que se me vaya de la memoria. Hoy he tenido la primera lección con Valerio. Con él algo logro entenderla, será porque tiene bonitos hombros o de las manos ahusadas y elegantes que acompañan el curso de la pluma. He logrado desarrollar un par de ejercicios, aunque a duras penas. Él estuvo muy serio, profesional, y esto lo volvió más fascinador. Me ha capturado. Las miradas que me dirigió fueron de admiración, sin embargo trató de mantener cierta distancia entre él y yo, sin que mi malicia interfiriera en su trabajo. He vestido una falda estrecha para la ocasión, quise seducirlo descaradamente. Así, cuando me he levantado para alcanzar la puerta, él ha empezado a caminar casi adosado a mí. Yo, para jugar, alterné pasos veloces y distanciados a pasos lentos, de manera que le dejaba acercarse para luego retirarme enseguida. Mientras pulsaba el interruptor para llamar al ascensor he sentido su aliento sobre el cuello y con un susurro ha dicho:

"Deja mañana el teléfono libre de las 22 a las 22,15."

el 19 de febrero de 2002 22,30

Dos noticias, como siempre un buena y la otra mala. Fabricio ha comprado un pequeño piso en centro donde podemos vernos sin ser descubiertos por las correspondientes familias. Ha exclamado todo contento al teléfono: he hecho montar una pantalla gigante frente a la cama, así podríamos ver ciertas pelis, eh pequeña? Ah, obviamente también tienes las llaves. Te doy un gran beso. Adios. Y colgó." Obviamente ésta es la fea noticia. No me ha dado tiempo de contestar, de hacerle presente mi perplejidad. Me parece demasiado imprudente lo que ha hecho. ¡Yo tenia la intención de acostarme allí una vez solamente y luego hasta luego y gracias, no quiero convertirme en el amante de un hombre casado con una hija de mi misma edad a su cargo ! No quiero, su piso, ni su pantalla gigante con las películas pornos, no quiero que él me posea como si adquiriera uno de sus usuales productos de alta tecnología. Con Daniele y el ángel presumido he sufrido bastante y ahora que estoy recomenzando a vivir a mi manera, llega un ogro vejestorio y me dice que quiere empeñarse sexualmente conmigo. Pero los castigos siempre alian sobre nuestras cabezas, las puntas afiladas de las espadas están allí listas a golpearnos en el centro del cráneo cuando menos lo esperamos. Y la espada también lo golpeará a él porque yo la agarraré por el mango.

Ahora la bonita noticia.

La llamada ha llegado puntual y es acabada puntual.

A las 22,15 ha dicho: "Buenas noches Loly."

"Buenas noches profesor."

Hemos hablado de sexo, me dice cosas excitantes con palabras dulces al principio, luego cada vez mas osadas y obscenas que me ponen a mil. Esta alabando todas las partes de mi cuerpo que aun no ha visto, me dice que se está tocando, yo le digo que también, él gime, suspira y me susurra “me he corrido”. Cuando colgamos, rios de flujo vaginal caen por mis muslos.
Hay días en que no sé si parar de respirar definitivamente o quedar en apnea por todo el tiempo que pueda. Días en que bajo la cubierta de la respiración y trago mis lágrimas y siento su sabor sobre la lengua. Me despierto de una cama en desorden, con el pelo despeinado y mi piel violada. Desnuda, delante de un espejo, observo mi cuerpo. Diviso una lágrima caer del ojo a la mejilla, lo seco con un dedo y me araño un poco con una uña. Paso las manos sobre el pelo, me lo echo atrás, hago una mueca para lograrme simpática y reírme de mí misma: pero no lo logro, quiero llorar, quiero castigarme. Me dirijo hacia el primer cajón de la mesilla de noche. Antes observo todo lo que hay dentro, luego escojo con cuidado lo que tengo que vestir. Repongo las prendas agachadas sobre la cama y desplazo el espejo en posición frontal a dónde me encuentro. Todavía observo mi cuerpo. Los músculos todavía son desdoblados, la piel es blanda y lisa, blanca y cándida como aquel de una niña. Y niña soy. Me siento al borde de la cama, enhebro las medias de nylon apuntando el pie y haciendo resbalar el sutil velo sobre la piel hasta que el encaje llega al muslo, comprimiéndola un poco. Luego es la vez del sostén, negro, de media copa, de seda con cordones y cintas. Los senos todavía son pequeños: son duros, blancos y redondos pueden caber cada uno en una mano y calentarla con su calor. El sujetador está apretado, los senos son comprimidos y cercanos entre ellos, apenas ocultos los rosados pezones. No es todavía tiempo de observarme. Encima los zapatos con el tacones altos, enhebran el pie hasta el tobillo sutil y siento que mi metro y sesenta se convierten de repente diez centímetros más. Voy a baño, tomo la barra de labios roja y mojo mis labios jugosos y blandos; luego espeso las pestañas con el rimmel, peino el pelo largo y liso y rocio tres veces el perfume. Vuelvo a mi habitación. Allí veré a la persona que sabe hacerme vibrar fuerte el alma y el cuerpo. Me observo encantada, los ojos brillan ; una luz especial hace de contorno a mi cuerpo y mis pelos que recaen dulcemente sobre mis hombros . La mano del pelo cae despacio, sin que yo casi me de cuenta, hacia el cuello; acaricia la piel delicada y dos dedos ciñen un poco los pezones erizados. Empiezo a sentir el sonido del placer, casi imperceptible. La mano baja un poco más, inicia a acariciar el bajo vientre. ¿La niña adornada de mujer que tengo enfrente tiene dos ojos encendidos y deseosos, de qué? ¿de sexo? ¿de amor? de vida verdadera?). La niña sólo es dueña de si misma. Sus dedos se cuelan entre los pelos de su sexo y el calor le hace subir un escalofrío a la cabeza, mil sensaciones me invaden. "Eres" mío, me susurro y enseguida la excitación se adueña de mi deseo. Me muerdo los labios con los dientes perfectos y blancos, el pelo deordenado me hacen sudar la espalda, pequeñas gotas afloran en mi cuerpo. Jadeo, los suspiros aumentan... Cierro los ojos, mi cuerpo tiene curvas en todos los sitios, mi mente está libre y vuela. Las rodillas ceden, la respiración es rota y la lengua recorre los labios. Abro los ojos: le sonrío a la niña. Me acerco al espejo y le ofrezco un beso largo e intenso, mi respiración empaña el vidrio. Me siento sola, abandonada. Me siento un planeta sobre el que en este momento orbitan tres estrellas diferentes: Letizia, Fabricio y el profesor. Tres estrellas que me hacen compañía en los pensamientos pero no igualmente en la realidad.

21 de febrero

He acompañado a mi madre al veterinario porque mi gatito, padece de una ligera forma de asma. Maulló despacio, asustado por las manos enguantadas del médico; yo le acaricié la cabeza animándolo con palabras dulces. » En el coche mi madre me ha preguntado como va la escuela y como voy con los chicos. En ambas las respuestas han sido vagas. Vuelta a mentir, me parecería extraño no hacerlo más... La digo que si quiere acompañarme a casa del profesor de matemáticas porque era la hora de la lección. "Ay, bien, por fin lo conoceré!", ha dicho entusiasta.
No le he contestado porque no quise que algo sospechara, por otra parte estuba segura que Valerio esperaba de un momento a otro un encuentro con mi madre. Dichosamente esta vez su vestuario fue más serio pero, extrañamente, cuando mi madre me ha preguntado de acompañarla al ascensor me ha dicho: no me gusta, tiene la cara de un vicioso."
He hecho un gesto de descuido y le he dicho que solo tiene que impartirme lecciones de matemáticas, no tenemos que casarnos en absoluto. ¡Y luego mi madre tiene esta obsesión de reconocer a la gente por la cara, y es una cosa que me hace ponerme nerviosa! Una vez cerrada la puerta, Valerio me ha solicitado tomar el cuaderno y a iniciar enseguida. No hemos hablado mínimamente de la llamada, sólo de raíces curvas, cuadradas, binomio... y sus ojos se camuflan tan bien que no se que pensar. ¿Y si aquella llamada ha sido hecha para ridiculizarme? ¿Y si no le importara nada de mí, si sólo quisiera un orgasmo al teléfono? ¡Me esperé una seña, un mínimo discurso, nada! Luego, mientras me entrega el cuaderno me ha mirado como si hubiera entendido todo y ha dicho: "Este sábado por la tarde procura no tener compromisos. Y no te vistas hasta que yo no te haya llamado." Lo he mirado asombrada pero no he dicho nada y tratando de aparentar una absurda indiferencia a sus palabras he abierto el cuaderno, he observado lo que escribió y he leído entre las equis y las ies en escritura minúscula: Como un paraíso fue mi Lolita, un paraíso inmerso. en las llamas - prof. Hubert, - Una vez más no he hablado, nos hemos saludado y me ha recordado de nuevo la cita. Y quién se olvida...

22 de febrero

A la una he recibido la llamada de Letizia que me ha preguntado si quisiera almorzar con ella. He contestado que sí, también porque no podia volver a casa puesto que a las 15,30 empezaban los ensayos generales para el espectáculo. Tuve ganas de verla, a menudo la he añorado por la noche antes de ir a dormir. A lo vivo es aún más hermosa, más verdadera. Miré sus manos blandas verterme el vino y enseguida después observé las mías que por culpa del frío que pillo cada mañana con el escúter se han convertido en rojas y fofas como de una mona. Me ha hablado de todo, en poco rato ha logrado contarme sus veinte años. Me ha hablado de su familia, de la madre fallecida prematuramente, del padre partido para Alemania y de la hermana que ve raramente porque ahora esta casada. Me ha dicho de sus enseñantes, de la escuela, de la universidad, de los pasatiempos, de su trabajo. He mirado sus cejas y me ha venido el deseo fuerte de besarle. ¡Qué extravagante las cejas! Las de Letizia se mueven con sus ojos y son tan bonitas que te inducucen a besar tal perfección, luego recaer en su rostro, en sus mejillas, en su boca... Ahora, lo sé diario, la deseo. Deseo su calor, su piel, sus manos, la suya subió, su voz susurrada. Querría acariciarle la cabeza, visitar su islote con mi respiración, proporcionarle una fiesta en todo el cuerpo. Sin embargo me parece obvio que me sienta atascada, para mí es una cosa nueva y no puedo pretender ciertamente que también ella tenga las mismas sensaciones, o quizás lo tenga pero no lo sabré nunca. Me miró y se mojó los labios, su mirada fue irónica y yo me sentí rendida. No a ella, sino a mis caprichos.

"Quieres hacer el amor conmigo, Melisa?", me ha preguntado mientras paladeé el vino.

He apoyado sobre la mesa el vaso, la he mirado agitada y he agitado la cabeza en gesto de asentimiento.

"Pero tienes que enseñarme...."

¿Enseñarme a hacer el amor con una mujer o enseñarme a querer? Quizás las dos cosas se compensan...

23 de febrero 5,45

Sábado por la noche o mejor domingo por la mañana puesto que es de madrugada y el cielo se ha aclarado. Me siento feliz, diario, tengo el cuerpo lleno de euforia calmada y sin embargo con sensación de beatitud, una tranquilidad llena y dulce me invade todo. Esta noche he descubierto que dejarse ir con quién nos gusta y nos invade los sentidos es algo sagrado, está allí que el sexo por el sexo e inicia a ser amor, allí, a oler los pelos perfumados de su espalda, o bien a acariciar sus hombros fuertes y blandos, a alisar su pelo. No estuve agitada para nada, sabia lo que estaba a punto de hacer. Sabia que iba a decepcionar a mis padres. Estaba subiendo en el coche de un desconocido venteañero, un atractivo profesor de matemáticas, alguien que tiene ardiendo mis sentidos. Lo he esperado fuera de casa, bajo el imponente árbol de pino y he visto su coche verde avanzar despacio dentro con él, tenia una bufanda alrededor del cuello y el reflejo de las lentes me golpeó. Contrariamente a lo que me habia dicho antes no he esperado que me llamara para ordenarme lo que habría tenido que vestir. He tomado la ropa del primer cajón, me he puesto un vestido negro. Me he mirado en el espejo y he hecho una mueca pensando que algo faltaba; he enhebrado las manos bajo la falda y he arrojado las bragas al suelo y entonces he sonreído y he susurrado despacio: "Así eres perfecta", y me he mandado un beso. Cuando he salido de casa sentí el frío entrar bajo la falda, el viento rozó hosco mi sexo desnudo; subida en el coche, el profesor me ha mirado con ojos iluminados y encantados y me ha dicho: no te has puesto lo que te pedí que vistieras." Entonces he dirigido la mirada a la calle delante de mí y he dicho: lo sé ", desobedecerles a los profesores es la cosa que mejor se me da." Me ha dado un beso un poco ruidoso sobre la mejilla y hemos partido para un lugar oculto. Seguí haciendo correr los dedos entre mi pelo, quizás él piense que estoy en tensión, sólo fue ansiedad. Ansiedad de tenerle allí, enseguida, sin ningún presupuesto.
No sé de qué hemos hablado durante el trayecto porque en mi mente hubo el pensamiento de poseerlo; lo he mirado a los ojos mientras condujo, me gustan sus ojos: tienen la pestañas largas y negras, ojos intrigantes, magnéticos. Me he percatado que me echaba vistazos furtivos al amplio escote pero he simulado no darme cuenta de nada, también eso forma parte del juego. Luego hemos llegado al Paraíso, o quizás al infierno, depende de los puntos de vista. Con su utilitario hemos recorrido calles y callejuelas desiertas y estrechas de las que me pareció imposible poder pasar; hemos superado una iglesia derruida y manta de yedra y musgo y Valerio me ha dicho: "Controla si a tu izquierda hay una fuente, el sitio está enseguida después" en la traviesa. He escudriñado atenta la calle esperando encontrar lo más pronto posible la fuente dentro de aquel oscuro laberinto.

"Ahí está!", he exclamado demasiado fuerte.

Ha apagado el motor delante de un portón verde y herrumbroso y los faros del coche iluminaron las frases escritas sobre la pared; mis ojos se han posado sobre dos nombres integrados en un corazón tembloroso: Valerio y Melisa. Lo he mirado asombrada y le he indicado lo que leí.

Él ha sonreído y ha dicho: no puedo creerlo...!", ¿luego se ha vuelto hacia mí y ha susurrado: "Ves? Estamos escritos en las estrellas."

He tenido miedo de este paraíso porque estaba oscuro, escarpado, impracticable sobre todo si se visten botas bastante altas. Traté de agarrarme lo más posible a él, quise sentir su calor. Hemos tropezado repetidamente entre aquellos peñascos, por aquellas callejuelas pequeñísimas y oscuras, valladas por paredes, la única parte visible era el cielo, estrellado esta noche y la luna que salia y se ocultaba jugando con nosotros. No sé por qué pero este silencio me ha inspirado sensaciones macabras y oscuras: pensé estúpidamente, o legítimamente quizás, que en alguna parte, parecida a está se éstá desarrollando una misa negra de la que yo era la victima; hombres encapuchados me habrían atado a una mesa, habría sido circundada por velas y candelabros, luego me habrían violado por turno y por último matada con un puñal de la hoja sinuosa y afilada. Pero confié en él, fueron quizás pensamientos debidos a la inconsciencia de aquel momento mágico. Aquellas callejuelas que suscitaron en mí algún temor nos han llevado a un claro a desplomo sobre el mar, se podian sentir las olas que espumaban en la ribera. Habia rocas blancas, lisas y grandes: he imaginado enseguida para que cosa pudieran servir. Antes de acercarnos hemos tropezado por la enésima vez; me ha atraído acercándome a su rostro, nos hemos rozado los labios sin besarlas oliendo nuestros olores y escuchando nuestra respiración. Nos hemos acercado el uno a la otra y hemos devorado nuestros labios, chupándolos y mordiéndolos. Nuestras lenguas se han encontrado: la suya estuvo caliente y blanda, me acarició dentro como una pluma pero me ha hecho gemir.
Los besos se han enrojecido hasta que me ha preguntado si podia tocarme, si aquel era el momento. Sí, he contestado, es el momento. Se quedó parado cuando ha descubierto que no llevaba bragas, ha quedado admirandome durante unos segundos. Luego ha posado su mano frotando aquel volcán que estaba estallando. Me ha dicho que queria comerme el coño. Así me he sentado sobre uno de aquellos enormes peñascos y su lengua ha acariciado mi sexo como la mano de una madre acaricia la mejilla de un recién nacido: suave, dulcemente, el placer me llegó al mismo tiempo inexorable y continuo, denso y frágil, me desató. Me ha besado y he sentido mis humores en su boca, los he sentido dulces. Yo le rocé el miembro muchas veces y lo sentí duro y denso bajo los vaqueros; se ha desabrochado y me ha ofrecido su pene. No, no he estado nunca con un hombre circunciso, nunca hasta entonces habia visto el glande ya fuera por si solo. Se presenta como una punta gruesa, lisa y blanda a la que me ha sido imposible no acercarme para chuparlo, para lamerlo con deleite. Me he levantado y acercándome a su oreja he susurrado: "Follame." También lo queria él y me ha preguntado mientras me alcé de rodillas de mi posición de quien habia aprendido a lamer de aquel modo, lo ha vuelto loco mi lengua serpentina. Me ha dicho de ponerme de espaldas, el vestido remangado, con las nalgas bien a la vista; primero me las ha observado, he considerado extravagante su gesto pero su mirada lujuriosa sobre las redondeces de mis glúteos me ha excitado mucho. He esperado el primer golpe con las manos apoyadas sobre la piedra fría y lisa. Se ha acercado y ha apuntado con su dardo caliente. He querido que me dijera de qué manera quería que me moviera “muevete cuando yo pare”, me ha dicho. Siento como frota su verga por los pliegues de mi raja y eso hace desbordarse mis fluidos. Noto como abre con sus manos la flor de mis labios y si previo aviso, me mete su hermosa polla hasta el útero, de un solo golpe de riñón. No lo esperaba, pero me ha puesto a cien, sus embites desenfrenados hacen que miles de burbujas chispeantes invadan mi mente. Siento cómo me llega el orgasmo y me quedo quieta para disfrutarlo a tope y el sonido de “chop”, “chop” que hace su polla al entrar y salir me indica que estoy super lubricada y deseosa. Le pido que se corra dentro de mí, quiero sentir su delicioso nectar en mis entrañas.
Lo hacemos a pelo, sin condon, desde que terminé con Daniele no he vuelto a usar condones, el miedo a las enfermedades sexuales queda minimizado por el placer que me supone sentir discurrir el semen en mi interior, es algo que me gusta casi tanto como bebermelo. El no tarda en disparar sus ráfagas de fuego liquido y espeso que me queman y me transportan al paraiso. La ha sacado enseguida y me ha dicho: “Chupame”. Y me he puesto a ello con verdadero placer. Sorpresivamente de su endurecida verga aún manaban chorros de esperma y lo paladee. Me pareció el semen mas dulce y exquisito que he probado jamás. Lo saboreé largamente antes de tragarlo y así continué hasta que no quedó nada que beber. Su pene semiflaccido brillaba a la luz de la luna por los efectos de mi saliva.

"Vamos al coche", le he dicho, "estaremos más cómodos."

Me he desvestido enseguida, completamente, queria que cada célula de nuestro cuerpo y nuestra piel entrara a contacto con la del otro y se intercambiara sensaciones nuevas, excitantes. Me he montado sobre de él y he empezado a cabalgarlo con ímpetu aprisionando su émbolo con mis abultados labios donándole golpes dulces y rítmicos alternados con golpes secos, duros y severos. Lamiéndolo y besando lo he sentido fluir. Sus gemidos me hacen morir, pierdo el control. Me quedo quieta encima suya observando cómo se escapa su semen por entre nuestros sexos gozosos. Luego he bajado de su cuerpo y he visto lagrimar su sexo, instintivamente he acercado la boca y he tragado por segunda ese esperma tan dulce y delicioso.
Me ha abrazado y por aquel instante que a mí me ha parecido eterno he creido tener allí todo conmigo. En con ternura me ha apoyado la cabeza sobre el asiento mientras todavía estaba desnuda, acurrucada e iluminada por la luna. Tuve los ojos cerrados, pero sabia que el no quitaba su mirada de mí. He pensado que era injusto dejarme encima los ojos por todo aquel tiempo, que los hombres no se contentan nunca con tu cuerpo, que además de acariciarlo, besarlo, quiere imprimirselo en la cabeza y no lo borres más. He tratado de reprimir una risotada cuando lo he sentido refunfuñar quejándose de no encontrar el mechero y con los ojos todavía cerrados y la voz ronca le he dicho que lo vi volar del bolsillo de la blusa mientras follabamos. Se ha limitado a mirarme por un breve instante y ha abierto la ventanilla dejando entrar aquel frío que de primera no sentí. Luego después de muchos minutos de silencio ha dicho tirando el humo del cigarrillo: “no he hecho nunca una cosa igual." Lo importante es que ha estado bien, que lo hemos vivido hasta el final", me he mordido los labios consciente de que un hombre adulto no habría prestado atención a una jovencita tan presumida. En cambio se ha vuelto, ha echado fuera el cigarrillo y ha dicho: "He aquí porque me haces perder la cabeza: eres madura, inteligente, y tienes dentro una pasión que no tiene límites."
Es él, diario. La ha conocido. Mi pasión, entiendo. Acompañándome a casa me ha dicho que era mejor no vernos como profesor y alumna, no me vería ya nunca mas bajo aquel aspecto y luego no debiamos mezclar nunca el trabajo con ell placer. He contestado que me parecía bien, lo he besado en la mejilla y he abierto el portón mientras esperó que yo entrara.

24 de febrero

Esta mañana no he ido al colegio, estaba demasiado agotada. Y luego esta noche la tendré antes del espectáculo, tengo coartada.
Hacia la hora de almuerzo he recibido un mensaje de ella que me dijo que a las 21 en punto estará allí a verme. Ya, Letizia... ayer la he olvidado. ¿Pero como se hace para ensamblar la perfección con la perfección? Ayer tuve a Valerio y me bastó; hoy estoy sola y no me basto, por qué solo no me basto más?), quiero a Letizia.
¡P.D.: Aquel imbécil de Fabricio! ¡ Se le ha metido en la cabeza de venirme a ver con la mujer! Menos mal qué no es demasiado presumido, al final lo he convencido a quedarse en casa. Esta noche no he estado particularmente agitada, más bien me atravesó una ligera apatía, no vi la hora de acabar. Todo los demás brincaron unos por miedo otros por contento, yo estuve tras el telón a espiar a la gente que llegó, atenta observé si Letizia ya llegó. No la he visto y Aldo, el escenógrafo, me ha llamado diciéndome que tenia que iniciar. Entonces se han apagado las luces de la platea y se han encendido aquellos del palco. Me he lanzado a escena como una flecha disparada por el arco, he llegado sobre el escenario salpicando exactamente en el modo en que el director siempre me ha rogado hacer durante las pruebas aunque yo no lo haya logrado nunca. Eliza Doolittle se ha asombrado del todo, hasta yo misma, me ha venido fuera una espontaneidad de gestos y expresión absolutamente nueva, estaba contenta por ello. Del palco traté de divisar a Letizia sin lograrlo. Así he esperado que acabara el espectáculo, los saludos, los aplausos y de tras del telón ya cerrado he seguido escudriñando a los huéspedes para encontrar su rostro. Estaban mis padres, que golpearon fuerte las manos, vino Alessandra que no veia de meses, y por suerte que Fabricio no apareció. Luego la he visto, su rostro fue iluminado y alegre, aplaudió como una loca; también me gusta por eso, porque es espontánea, alegre, pone dentro de una alegría de vivir extrema, mirarla a la cara significa lograr el mismo contento.
¡Aldo me ha tirado por un brazo y ha exclamado fuerte: "Bien , bien tesoro! , vas a cambiarte, vamos a celebrar fuera con los otros", tuvo una expresión loca y particular, me he echado a reír ruidosamente. Le he dicho que no podia, tenía que ver a una persona. En el mismo momento Letizia ha llegado con su rostro sonriente; cuando se ha dado cuenta de Aldo su expresión ha cambiado, su sonrisa ha desaparecido y los ojos se han entristecido. He visto a Aldo y he notado la misma expresión seria bajar sobre el rostro blanqueado. ¿Me he vuelto como una lela como dos o tres veces para observar primero al uno y luego la otra, despues he preguntado: "Pero que hay? Qué sucede?."
Han quedado en silencio, mirándose ahora con ojos duros, casi amenazadores. Aldo ha hablado primero: "Nada, nada, va. Diré a los otros que no puedes venir. Hala bonita", me ha besado en la frente. Confusa lo he mirado mientras escapó fuera, me he vuelto hacia Letizia y la he preguntado: "Pero se puede saber que sucede? Os conocéis?." Ahora más serena, ha titubeado, trató de huir de mis ojos y ha bajado la cara cubriéndolo con las manos largas y huesudas. Luego me ha mirado derecha a los ojos y ha dicho: "Supongo que tú sabes que Aldo es homosexual." Lo sabiamos todosen la escuela, él no lo esconde y he contestado que sí. "Y entonces?", he tratado de hacerla continuar. "Pues, algun tiempo atrás estuvo con un chico, luego... luego nos hemos conocido, yo y el chico entiendes... Aldo sospechó algo" "Sospechó qué?", he preguntado al mismo tiempo curiosa e histérica.

Me ha mirado con sus ojos brillantes: "No, no puedo decirtelo, ... no puedo...."

Ha dirigido en otro lugar la mirada y ha dicho: "Que no soy sólo lesbiana...."

¿Y yo que cosa soy? Una mujer y tampoco soy lesbiana, para el resto de la vecindad todavía soy demasiado pequeña, pues soy una hembra que busca amparo y amor entre los brazos de una mujer.

Pero estoy mintiendo, diario, no permitiría nunca a mi mitad de parecerse tanto, tengo que ser el único miembro femenino del mismo conjunto. Lo que de Letizia miro y veo sólo el cuerpo, la esencia carnal pero, tengo que decir, también espiritual. Me gusta todo, me intriga y me fascina, de algún tiempo aca se ha convertido en la protagonista de muchas fantasías mías. El amor, lo que busco desde siempre, me parece tan lejos a veces, así diferente de mí..

el 1 de marzo de 2002 23,20

Cuando hoy he salido de casa a mi padre se sentó sobre el sofá que miró con expresión insconsiente la pantalla. Con aire apático me ha preguntado dónde iba y me ha parecido superfluo contestar puesto que cualquier cosa que le hubiera dicho no habría cambiado la expresión del rostro, se habría quedado allí supino. Si le hubiera dicho: "Voy a la casa que un hombre casado ha comprado para que podamos follar", le habría provocado el mismo efecto de mi respuesta: A. estudiar a casa de "Alessandra." He cerrado despacio la puerta, no quise molestar sus abstractos pensamientos lejanos de mí. Fabricio ya me ha provisto de las llaves del piso, me ha dicho de esperarlo allí que él llegaría después del trabajo. No lo vi todavía, fíjate cuanto importa. He aparcado el escúter delante del edificio y he entrado en el zaguán semioscuro y desierto. La voz de la portera que me preguntó a quién buscaba me ha hecho sobresaltar y una caliente improvisación me ha sorprendido. "Soy" la nueva inquilina, he dicho fuerte y recalcando las palabras pensando tontamente que la portera era sorda. Ella en efecto ha aclarado enseguida: "no soy sorda. A qué piso tiene que ir?." He pensado luego un poco : "Al segundo, la casa que ha comprado recientemente el Sr. Láudanos." ¡Ha sonreído y ha dicho: "Ay, sí! Su padre me ha encargado de decirle que es mejor si cierra la lleva una vez dentro" . ...¿Mi padre? He dejado correr, era inútil explicar que no lo era y también bastante embarazoso. He abierto la puerta y en el mismo momento en que la llave ha chascado, he pensado en cuán estúpido e insensato era lo que estaba a punto de hacer. Estúpida yo por hacer una cosa que no queria iniciar absolutamente.
Todo contento con aquella voz de imbécil, Fabricio me dijo que esta tarde habría sido particular, que habríamos inaugurado" nuestro refugio de amor" como algo memorable. La última vez que he hecho algo que alguien me anunció memorable he chupado las pollas de cinco personas en una habitación oscura que olia a porro. Espero que al menos hoy el tema cambiase. La entrada era bastante pequeña y bastante pálida, sólo una alfombra roja daba un poco de color; de allí he podido ver todas las otras habitaciones, aunque en parte: el dormitorio, un pequeño cuarto de estar, una cocinilla y el baño. He evitado ir al dormitorio para no ver de cerca aquel sencillo espejo que hizo montar frente a la cama, me he dirigido hacia el cuarto de estar. Pasando frente al trastero no he podido prescindir de notar tres cajas pintadas apoyadas sobre el suelo, así he encendido la luz y he entrado. Delante de las cajas habia un billete sobre el que con carácteres grandes estaba escrito: ABRES LAS CAJAS Y PONTE UNA ENTRE LAS COSAS QUE HAY. La cosa me ha capturado bastante, mi curiosidad se ha encendido. He hurgado entre las cajas y todo sumado tengo que reconocer que a él no falta la fantasía; en la primera hubo ropa íntima blanca y cándida de encaje, enaguas en velo, bragas sensuales sin embargo castas, sujetador de aros. Otro billete puesto dentro decia: PARA UNA CRÍA QUE NECESITA MIMOS. Primera caja descartada. La segunda contenia dentro un taparrabos rosa con plumas como si fuera la cola de un conejo, un par de medias a red, zapatos rojos con el tacón vertiginoso y otro billetito: PARA UNA CONEJITA QUE QUIRRE SER CAPTURADA POR EL CAZADOR. Antes de descartarla quise ver lo que reservó la tercera caja.Me gustó este juego, éste descubrir sus ganas. La tercera caja es la que he elegido: un brillante y negro chándal en latex acompañado por largas y altas botas en piel, una fusta, un antifaz negro y un tubo de vaselina. En la caja además de algunos cosméticos habia otro billetito: PARA UNA DUEÑA QUE QUIERE CASTIGAR A SU ESCLAVO. Castigo mejor que este no sería . En fin más abajo un post: si decidieras vestir ÉSTE TENDRÁS QUE LLAMARME SOLO DESPUÉS DE HABERTE VESTIDO. No he entendido el por qué de esta solicitud, sin embargo me ha parecido , el juego se hizo más interesante: lo habría hecho venir e ir cuando hubiera querido... ¡bonito! Podia mandarlo a tomar por el culo sin remordimientos o sentidos de culpa. Pero me molestó hacer aquel intrigante juego con él, no lo consideré a la altura, imaginé tener todas aquellas oportunidades con el profesor sería fantástico. He tomado lo celular y lo he llamado. Pensé que no te habrías decidido" ha dicho preocupado.

He hecho mis comodidades", he contestado mala.

Me ha dicho que llegaba en un cuarto de hora y que le esperara en la cama. Me he desvestido y he dejado mis prendas tiradas por tierra en el trastero, he tomado el contenido de la caja y he vestido aquel estrecho chándal que se ha pegado encima y tirando de mi piel picándola. Las botas me llegaban exactamente a medio muslo. No he entendido bien porque también habia incluido una barra de labios roja flamante, un par de pestañas falsas y un colorete muy encendido. He ido a dormitorio para verme en el espejo y cuando he visto mi imagen he tenido un brinco: he aquí mi enésima transformación, mí enésimo derribarme a los deseos prohibidos y escondidos de alguien que no soy yo y que no me quiere. Pero esta vez habría sido diferente, habría tenido una digna recompensa: su humillación. Aunque, en realidad, los desencantados fuimos ambos. Ha llegado más tarde de lo que habia anunciado, se ha disculpado diciendo que tuvo que inventar una excusa con la mujer. Pobre mujer, he pensado, pero esta noche el castigo también lo tendrá de tu parte. Me ha encontrado extendida sobre la cama mientras estuve absorta a observar un moscón que sacudió contra la bombilla colgada al techo produciendo un ruido molesto y he pensado que la gente sacude convulsamente contra el mundo del mismo modo de aquel estúpido animal: crea ruido, desbarajuste, zumba alrededor de las cosas sin poderlas agarrar completamente; a veces confunde un deseo con una trampa y queda seca, pudriendose en el reflejo azul dentro de la jaula. Fabricio ha apoyado su maletín en el suelo y ha quedado firme en la entrada de la puerta observándome en silencio. Sus ojos hablaron de manera elocuente y la excitación bajo sus pantalones me confirmó todo: Tenía que torturarlo suave pero con maldad. Luego ha hablado: "Tú ya me has violado la cabeza, te has metido dentro. Ahora tendrás que violarme el cuerpo, tendrás que hacer entrar algo de ti en mi carne." ¿No te parece que no se distingue quién es el esclavo y quién el dueño? Yo decido las cosas que hacer, tú tienes solo que padecer. Ven", he exclamado como la mejor de las dueñas. Atado en la cama, con una venda en los ojos, tumbado boca arriba completamente desnudo le azoto con la fusta, primero suave y poco a poco mas fuerte hasta hacerle brotar sangre. Gemia, pero aquello le excitaba; solo habia que ver cómo se elevaba mirando al techo su majestuoso y endurecido falo. "quién eres?", le he preguntado helada.

Un estertor prolongado y me ha dicho: "tu esclavo."

Mientras habla mi tacón ha bajado por la espina dorsal y ha acabado entre sus nalgas, comprimiendo.

"No Melisa... No...", ha dicho jadeando fuerte.

No he sido capaz de continuar. Lo he girado con una patada obligándolo a la posición supina y prodigo a su pecho el mismo trato que la espalda. "Girate!", le he ordenado de nuevo. Lo ha hecho y yo me he metido a horcajadas entre sus muslos y sin darse cuenta ha empezado a frotar ligeramente el sexo retenido por el chándal adherente.

"Tienes el chocho todo mojado, como los que me gusta lamer...", ha dicho en un suspiro.

"No!", he dicho fuerte.

Su voz se ha quebrado y senti sus gemidos de dolor cuando clavé un tacón en el pecho. Mi excitación creció, llenó mi ánimo y luego salió de nuevo de mi sexo provocando una misteriosa exaltación. Estaba sometiéndolo y era feliz por ello. Feliz por mí y feliz por él. Por él porque fue lo que quiso, uno de sus más grandes deseos. Por mí porque ha sido afirmarme como a mi persona, mi cuerpo, mi alma, toda yo misma sobre otra persona, aspirándola completamente. Estaba participando en la fiesta de mí misma. Tomando la fusta en la mano he pasado los hilos de cuero primero el asta y luego sobre su trasero, pero sin golpearlo; luego he dado un ligero golpe de fusta y he sentido su cuerpo tensarse. El último golpe violento a su espalda torturada y encarnizada y luego he tomado el consolador. No tuve nunca uno en la mano y no me gustó. He rociado la gel pegajosa sobre su trasero asqueroso impregnándome los dedos de la falsedad, fue bien diferente del ver a Gianmaria y Germano entrar despacio en sus correspondientes cuerpos, hacerlo con dulzura, ternura, estar dentro de una realidad diferente pero verdadera, confortador. En cambio esta realidad me ha dado asco: todo falso, todo míseramente hipócrita. Hipócrita él hacia su vida, hacia su familia, gusano en postrarse a los pies de una niña. El consolador ha entrado con dificultad en su ano, mis manos lo han sentido vibrar como si algo hubiera partido sus entrañas. Lo penetré una y otra vez repitiéndome frases, como fórmulas pronunciadas durante un ritual: Ésta es por tu ignorancia, primer golpe, este por tu débil presunción, segúndo golpe, por tuyo hija que no sospechara nunca de tener un padre como tú, por tu mujer que te está esperando esta noche, por no comprenderme, por no entenderme, por no haber cogido la esencia fundamental de mí que es la belleza. La belleza, aquella verdadera, que todos tenemos y no tienes. Muchos golpes, todo duros, cubos, lacerantes. Él gimió bajo de mí, gritó, lloró a rasgos, y su orificio se extendió y lo vi rojo de tensión y de sangre.

"Ya no tienes aliento, feo asqueroso?", he dicho con una risa sarcástica cruel.

Ha gritado fuerte, quizás haya tenido un orgasmo y luego ha dicho: "Basta ya, te lo ruego." Y yo me he parado mientras mis ojos se llenaban de lágrimas. Lo he dejado sobre la cama, trastornado, destruído, completamente roto; me he vestido y en el zaguán he saludado a la portera. Cuando he llegado a casa no me he mirado al espejo y antes de ir a dormir no me he dado cien golpes de cepillo: ver mi cara destruída y mi pelo despistado me habría hecho mal, demasiado.

el 4 de marzo de 2002

Los míos han partido por una semana y volverán mañana. Por días he tenido la casa libre y he sido dueña de entrar y salir cuando me parecia; al principio creí invitar a alguien a pasar la noche conmigo, a lo mejor a Daniele que he añorado hace un par de días o bien Roberto, o a lo mejor atreverme a llamar a Germano o Letizia, en fin alguien que me hiciera compañía. En cambio he gozado mi soledad, he quedado sola conmigo misma a pensar en todas las cosas bonitas y todas las cosas feas que me han ocurrido en este último período. Sé, diario, de haberme hecho mal a mí misma, de no haber tenido respeto de mí, de mi persona que yo digo de querer tanto. No estoy muy segura de quererme, uno que se quiere no deja violar su cuerpo de cualquier hombre, sin un objetivo bien preciso y tampoco por el gusto de hacerlo; te digo esto para desvelarte un secreto, un secreto triste que queria, tontamente, diario, esconderte, ilusionándome de poder olvidarlo.
Una tarde mientras estuve sola he pensado en distraerme y aspirar un poco de aire y entré a la cerveceria donde siempre voy y entre una jarra y otra de cerveza he conocido a un tío que me ha abordado con modos algo bonitos y poco amables. Estuve borracha, me giró la cabeza y le he dado cuerda. Me ha llevado a su casa y cuando ha cerrado la llave a sus espaldas yo he tenido miedo, un miedo tremendo que me ha hecho pasar repentinamente la cogorza. Le pedi que me dejara ir, pero me retuvo obligándome con los ojos locos y pequeños a chuparsela. Asustada lo he hecho y he hecho todo lo que me ha mandado después hacer. Me he penetrado con el vibrador que me ha puesto en la mano sintiendo las paredes de mí va gina quemar terriblemente y sintiendo arrancarme la piel. He llorado mientras me ofrecia su miembro empapado de semen y reteniéndome la cabeza con una mano no he podido evitar lamer y tragar su asqueroso fluido. Se ha echado sobre la cama y se ha dormido de golpe. . Instintivamente he mirado la mesilla de noche esperando encontrar el dinero que serían debidos a un buena puta. He ido a baño, me he lavado la cara sin atreverme un instante a mirar mi imagen refleja: habría visto el monstruo en el que me he convertido. Estoy sucia, sólo el amor, si existe, podrá limpiarme.

28 de marzo 2002

Ayer le he contado a Valerio lo que me ha sucedido la otra tarde. Me esperé que dijera enseguida "Pobre niña"; tomarme entre los brazos y mecerme, susurrarme que no habría tenido que preocuparme de nada, que él estaba conmigo. ¡Nada de todo esto: me ha dicho con tono de regaño, áspero, que soy una estúpida, un puta buscona, y es verdad que lo soy, coño si que es verdad! Pero yo ya me basto para culpabilizarme, no quiero las prédicas de los otros, sólo quiero que alguien me abrace y me haga estar bien. Esta mañana ha venido a la salida de escuela, no me habría imaginado nunca una sorpresa parecida. Ha llegado en movimiento, pelos al viento y a un par de gafas de sol que cubrian sus espléndidos ojos; yo charlaba delante de un banco con mis compañeros de clase. Tuve el pelo en desorden, la carpeta pesada sobre los hombros y la cara encarnizada. Cuando lo he visto llegar con su sonrisa socarrona y atractiva me he parado enseguida, quedando un instante con la boca abierta. Velozmente me despido de mis compañeros y corro por calle para saludarlo. Me he lanzado contra él de manera infantil, espontánea y bastante elocuente. Me ha dicho que tenía ganas de verme, que le faltaron mi sonrisa y mi perfume, creyó haber caído en un tipo de crisis de abstinencia de Lolita. Miré su lengua que humedeció los labios, me fijé en sus pestañas largas y negras de niño y su nariz que parece la perfecta copia de la mía. Y miré su pene que ha engordado cuando me he acercado a su oreja y le he susurrado: "Quiero ser poseída, ahora, delante de todos." Me ha mirado, me ha sonreído nerviosamente tensos los labios para contener una convulsa excitación y ha dicho: "Loly, Loly... quieres volverme loco?...." He contestado que sí con un movimiento lento y señalando una sonrisa.

"Hazme sentir tu perfume."

Le he ofrecido entonces el cuello cándido y se lo ha olido llenándose los pulmones de mi fragancia aromatizada con vainilla y almizclada, luego ha dicho: ahora.
No pudo ir, esta vez habría jugado hasta al final.

"Quieres saber que calzoncillos tengo hoy?."

Estuvo a punto de reavivar el motor pero me ha mirado asombrado y con la mente aneblada he contestado que sí. He tirado de los pantalones desabrochándolos un poco y me he dado cuenta que no llevaba calzoncillos. Le he mirado buscando una respuesta.
"Muchas veces salgo sin calzoncillos, me gusta", ha contestado, "recuerda que tu no llevabas bragas la tarde que lo hicimos por primera vez." Así "tú me vuelves loco." Me he acercado a su rostro teniendo una distancia breve y por tanto muy peligrosa y "Sì", le he dicho mirándolo recto a los ojos, "es lo que tengo intencion de hacer." Nos hemos mirado sin decir nada por muchos minutos, a veces sacude la cabeza y sonrie. Me he acercado a su oreja y le he dicho: "Violame esta noche."

"No, es peligroso", ha contestado.

"Viólame", he repetido maliciosa e imponente.

"Dónde, aquí?."

"En el sitio donde te la chupé por primera vez."

29 de marzo ' 1,30

He bajado del coche y he cerrado la puerta dejándolo dentro del coche. Me he encaminado por aquellas calles oscuras y estrechas y él ha esperado un poco antes de seguirme. Me he encontrado sola a recorrer aquel adoquinado , sentí el ruido del mar en la lejanía. Miré las estrellas y me pareció también escuchar su sonido, imperceptible, seres que brillan a intermitencia. Luego el motor y los faros de su coche. He mantenido la calma, quise que todo ocurriera como programé: él verdugo, yo víctima. Víctima en el cuerpo, desentonada y sumisa. Pero la mente, la mía y la suya, yo la mando, sólo yo. Yo quiero todo esto, yo soy la dueña. Él es un falso dueño, un dueño mi esclavo, esclavo de mis deseos y de mis caprichos. Ha acercado el coche, ha apagado los faros y el motor y ha bajado. Por algún instante he creído haber quedado de nuevo sola puesto que no sentí nada... De inmediato le sentí: llegó a pasos lentos y tranquilos pero su respiración era veloz y afanoso. Lo he sentido detrás de mí, me ha soplado sobre el cuello. Inesperadamente he tenido miedo. Ha empezado a seguirme con más ímpetu, ha corrido hacia mí y agarrándome por un brazo me ha sacudido contra el muro.

"Las señoritas con los culos bonitos no dan una vuelta solas por calle", ha dicho cambiando la voz. Con una mano me tuvo el brazo haciéndome daño, con la otra me empujó la cabeza hacia el muro comprimiendo con fuerza mi cara contra la superficie ruda y cenagosa.

"Estáte quieta", me ha ordenado.

Yo esperé el movimiento siguiente, estaba excitada pero también asustada y me pregunté qué cosa habría podido pasar si me hubiera violado de veras un desconocido y no mi dulce profe. Luego he borrado este pensamiento, recordándome de hace algunas tardes y todas las violencias del alma a que he sido sometida así muchas veces... y yo todavía quise violencia, violencia hasta no poder más. Me he acostumbrado, quizás ya no puedo pasar sin ello; me parecería extraño si un día la dulzura y la ternura vinieran a llamar a mi puerta y me preguntaran al entrar. La violencia me mata, yo raída, yo sucia y ella se nutre de mí, pero con y por ella sobrevivo, de ella me alimento. Ha usado la mano libre para hurgar en el bolsillo de los pantalones. Ciñó fuerte mis muñecas blancas, me ha dejado un momento y ha agarrado con la otra mano aquel objeto tomado del bolsillo. Era una venda con que ha fajado la parte superior de mi cara cubriéndome los ojos.

"Así eres guapísima", ha dicho, “estoy levantándote la falda bonita putona, no hables y no grites." . Sentí sus manos entrar dentro de mis braguitas y sus dedos acariciar mi sexo. Luego me ha dado una bofetada violenta, me ha hecho gemir de dolor.

"Eh no... te dije de no emitir ningún tipo de sonido."

"Verdaderamente me dijiste de no hablar y no grites, yo he gemido", he susurrado consciente que me habría castigado por eso. En efecto me ha dado una bofetada aún más violenta pero yo no he emitido ningún sonido.

"Bueno Loly, estas muy buena."

Se ha agachado, siempre teniéndome sujeta con las manos y ha empezado a besarme los glúteos, por primera vez en mi vida siento una lengua lamer mi ano. Cuando ha iniciado a lamer suave mi deseo de ser poseída ha crecido, no pude pararlo. Así he arqueado la espalda para hacerle agarrar con ganas.

Por respuesta me ha llegado otra bofetada.

"Cuando yo lo diga", ha ordenado.

Sólo pude percibir los sonidos y sus manos sobre mi cuerpo, me privó de la vista y ahora del placer absoluto. Me ha dejado libres las muñecas y se ha apoyado completamente sobre mí. Con ambas las manos me ha agarrado las tetas, libres de cualquiera ropa que pudiera envolverlos. Los ha agarrado con fuerza, haciéndome daño, pellizcándome con los dedos que parecieron pinzas candentes.

"Despacio", he susurrado con un hilo de voz.

"No, será como yo quiera" y ha lanzado otra bofetada, cada vez más violenta. Mientras enrolló la falda hasta las caderas y ha dicho: habría querido todavía resistir un poco mas, pero no puedo. Me provocas demasiado y no puedo hacer otra cosa que follarte."
Con una embestida bestial me ha penetrado a fondo, transmitiendome completamente su excitación, su pasión incontrolable. Un orgasmo fuerte, fuerte, me ha arrollado el cuerpo, me he entregado al muro arañándome la piel; he sentido agitarse aún mas su respiración y de inmediato miles de gotas calientes y espesas invaden mi coño.
Hemos quedado mucho tiempo de aquel modo, demasiado tiempo, tiempo que no habría querido que acabara nunca. Volver en el coche ha sido volver a la realidad, fría y cruel, una realidad que en aquel mismo momento me he percatado que fue inevitavile evitar: yo y él, el connubio de nuestras almas tuvo que acabar allí, las circunstancias no permitirán nunca a ninguno de los dos de ser completamente y espiritualmente el uno de la otra. Durante el trayecto, firmes en el tráfico que revuelve Catania la noche, me ha mirado, ha sonreído y ha dicho: "Loly, te quiero, me ha tomado la mano, la ha llevado a la boca y la ha besado. Loly, no Melisa. Él quiere a Loly, de Melisa no ha oido nunca hablar.

el 4 de abril de 2002

Diario, te escribo dese una habitación de hotel; estoy en España, Barcelona. Estoy en excursión con la escuela y estoy entreteniéndome bastante aunque el profe ácido y obtuso me mira torcido cuando digo que no quiero visitar los museos, que según yo son una pérdida de tiempo. ¿Odio visitar un lugar solo para conocer de ello la historia, sí, VALE, también aquélla es importante pero después que hago de ello? Barcelona está tan viva, alegre pero con una melancolía de fondo. Una bonita mujer parece, fascinadora, con ojos profundos y tristes que cavan dentro del alma. Parezco yo. Querría poder dar una vuelta por las calles nocturnas abarrotadas de locales y repletas de gente de todo tipo, pero me obligan a ir todas las noches a la discoteca dónde, si queda bien, logro conocer a alguien que no esté derretido todavía de alcohol. No me gusta bailar, me fastidia. En mi habitación hay fiesta: quién salta sobre la cama, quién escurre sangría, quién vomita allá en el retrete; ahora voy, Giorgio me arrastra por un brazo...

7 de abril de 2002

Penúltimo día, no quiero volver a casa. Y esta es mi casa, mesiento a mi comodidad, segura, feliz, comprendida aquí por la gente aunque no hablemos la misma lengua. Es confortadora no sentir el teléfono sonar por una llamada de Fabricio o Roberto y no tener que dar una excusa para no encontrarse. Es confortadora hablar hasta tarde con Giorgio sin estar obligada a enhebrarme en su cama y darle mi cuerpo. ¿Dónde Narcisa estas acabada que mucho te quisiste y tanto sonreíste, tanto quisiste dar e igualmente recibir; dónde estas acabada con tus sueños, con tus esperanzas, tus locuras, locuras de vida, locuras de muerte; dónde tu imagen refleja el espejo eres acabada, dónde puedo buscarte, dónde puedo encontrarte, como puedo retenerte?

el 4 de mayo de 2002

Hoy a la salida de la escuela he visto a Letizia. Me ha venido al encuentro con el rostro redondo enmarcado por grandes gafas de sol, muy parecidas a los que veo sobre las fotos de mi madre de los años Setenta. Con ella estaban dos chicas, claramente lesbianas. Uno se llama Wendy, tiene mi misma edad pero parece mucho más mayor. La otra, Floriana, es un poco más pequeña que Letizia. "Tuve ganas de verte", me ha dicho Letizia mientras me miró fìja a los ojos.

Has hecho bien en venir; también yo tuve ganas" de ello, he contestado.

En el ínterin la gente salió de la escuela y tomó sitio entre los bancos de la plazoleta; los chicos interesados nos miraron y cuchichearon riendo entre ellos, las comadres de sant'Ilario" beatas, ácidas e ignorantes como nos miraron torciendo la nariz y los ojos. Me pareció de escuchar sus frases: "Pero has visto a esa con quien va por ahí? Siempre lo he dicho que era muy rara...". Pareció Letizia haber entendido mi malestar ha dicho: "Nosotros vamos a almorzar a la asociación, quieres también venir tú?."

"Qué asociación?", he preguntado.

«...Lesbiano-gay. Tengo las llaves, estaremos solas."

He aceptado, así he cogido a mi escúter y Letizia se ha subido detrás pegando su seno sobre mi espalda y su aliento sobre mi cuello. Hemos reído mucho por calle, yo derrapé sin parar porque no estoy acostumbrada a llevar otro peso, ella hizo las muecas a las viejecitas mientras me ciñó la vida con los brazos. Pareció un mundo especial lo que se ha presentado a mis ojos cuando Letizia ha abierto la puerta. No era otra cosa que una casa, una casa que no era propiedad de nadie sino de la entera comunidad gay. Estaba provista de todo y también de más puesto que sobre la librería junto a los libros habia un gran contenedor lleno de preservativos sin usar; y sobre la mesa revistas gay y revistas de moda, alguna de motores, otras de medicina. Un gato dio una vuelta por las habitaciones y se frotó contra cada pierna y lo he acariciado como acaricio a Merino, mi querido y bonito gato. Teniamos hambre Letizia y Floriana se han propuesto de ir a comprar las pizzas a la gastronomía al rincón de la calle. Mientras estuvieron a punto de salir Wendy me ha mirado con la cara alegre y una sonrisa obtusa, caminó como saltando, parecia una especie de duende enloquecido. Tuve miedo de quedar sola con ella, así he salido de la puerta y he llamado a Letizia diciéndolas que quería hacerle compañía, me fastidiaba quedar dentro. Mi amiga ha intuido enseguida todo y con una sonrisa ha invitado a Floriana a regresar. Mientras esperamos que las pizzas se achicharraran hemos hablado un poco, luego he dicho: "Joder, tienes los dedos helados!." Me ha mirado maliciosamente pero también irónicamente y ha dicho: "Mmm... óptima información, la tendré en cuenta!."
Mientras nos encaminamos sobre la calle de vuelta hemos encontrado a un chico amigo de Letizia. Todo en él era tierno: el rostro, la piel, la voz. La dulzura infinita que tenia me ha hecho muy feliz. Ha entrado con nosotros y por un tiempo hemos quedado a hablar sobre el sofá mientras las otras prepararon la mesa. Me ha dicho que es un empleado de banco aunque su corbata decididamente demasiado alegre contrastaba con el frío mundo bancario. Semejó tristeza en la voz, pero me ha parecido demasiado imprudente preguntar cual era el motivo. Luego Gianfranco que así se llamaba, se quedó y hemos quedado nosotros cuatro alrededor de la mesa a charlar y a reír. O mejor dicho, yo charlé, sin parar mientras Letizia me miraba atenta y a veces pasmada cuando hablaba de algún hombre con el que fui a cama. Después me he levantado y he ido al jardín, ordenado pero no específicamente cuiddo, dónde estaban plantadas palmas altas y extraños árboles del busto espinoso y flores grandes y roídas sobre la cabellera. Letizia me ha alcanzado y me ha abrazado detrás mientras con los labios me rozó el cuello con un beso. Me he vuelto instintivamente y he encontrado su boca: caliente, blanda, extremadamente blanda. Ahora entiendo porque los hombres quieren tanto besar a una mujer: la boca de una mujer es tan inocente, pura, mientras que los hombres que yo he encontrado siempre me han dejado con una estela viscosa, llenándome vulgarmente con la lengua. El beso de Letizia fue diferente, fue terciopelado, fresco pero intenso al mismo tiempo.

"Eres la mujer más bonita que haya tenido" nunca, me ha dicho reteniéndome por el rostro.

"¡También" tú, he contestado, y no sé por qué lo he hecho, fue superfluo decirlo puesto que ella ha sido mi única mujer!

Letizia ha tomado mi sitio y esta vez era yo la que dirigia el juego, frotando mi cuerpo al suyo. La he abrazado fuerte respirando su perfume, luego me ha conducido en la otra habitación, me ha bajado los pantalones y ha acabado la dulce tortura que empezó hace algunas semanas. Su lengua me desató, pero el pensamiento de probar un orgasmo en la boca de una mujer me hizo estremecerse. Mientras su lengua me lamió, mientras ella estaba de rodillas debajo de mí, tendida a mi placer, he cerrado los ojos y con las manos redobladas como los zampette de un conejo asustado, el hombrecito invisible se ha esfumado. El hombrecito invisible no ha vuelto, no tiene colores, sólo es un sexo y una lengua que uso a mi gozo.
Ha estado allí cuando mi orgasmo ha llegado fuerte y jadeante, su boca estuvo llena de mis jugos y cuando he abierto los ojos la he visto, maravillosa sorpresa, con una mano dentro de las bragas que se contoneaba de placer que también para ella llegó, quizás más consciente y sincero de lo que haya sido el mío. Después nos hemos tumbado sobre el sofá y por un rao creo haber dormido. Cuando el sol ya bajó y el cielo oscurecia me ha acompañado a la puerta y le he dicho: "Lety, será mejor no vernos más." Ha sacudido la cabeza, ha sonreído levemente y ha dicho: yo también lo pienso "." Nos hemos intercambiado un último beso. Mientras volvía a casa en ciclomotor me he sentido usada por enésima vez, usada de alguien y de mis malos instintos.

el 18 de mayo de 2002

Me parece de oír la voz caliente y tranquilizadora de mi madre que me contó ayer mientras fui a cama esta historia:
"Una cosa difícil y no deseada puede revelarse un gran regalo;( ya lo sabia, Melisa, recibe a menudo regalos solo por ser un poco puta). Este cuento trata la historia de un joven soberano que llegó al gobierno de un reino; él era querido ya antes de convertirse en rey y los sujetos, felices por su coronación, le llevaron numerosos regalos. Después de la ceremonia el nuevo rey estaba cenando en su edificio; de improviso se sintió llamar a la puerta. Los sirviente salieron y encontraron un viejo míseramente vestido, de aspecto de un mendigo, que quiso ver al soberano. Hicieron lo posible para disuadirlo, pero inútilmente. Entonces el rey salió para encontrarlo; el viejo lo cubrió de laudos, diciéndole que era guapísimo y que todos en el reino eran felices de tenerlo como soberano. Le llevó como regalo un melón, el rey detestaba los melones pero, para ser gentil con el viejo, lo aceptó y lo agradeció y el hombre se alejó contento. El rey regresó a sus habitaciones y entregó el fruto a los sirvientes para que lo echaran al jardín. La semana siguiente a la misma hora de nuevo llamaron a la puerta. El rey fue de nuevo llamado y el mendigo lo encomió y le ofreció otro melón. El rey lo aceptó y saludó al viejo y, de nuevo, echó el melón al jardín. La escena se repitió por muchas semanas: el rey era demasiado gentil para defraudar al viejo o despreciar la generosidad de su regalo. Luego, una tarde, justo cuando el viejo estaba a punto de entregar el melón al rey, una mona saltó abajo de un porche del edificio e hizo caer el fruto de sus manos; el melón se partió en mil trozos contra la fachada del edificio. Cuando el rey miró, vio una lluvia de diamantes caer del corazón del melón. Ansiosamente, corrio al jardín: todos los melones se derretian alrededor de un cerro de joyas." La he parado y he dicho: puedo deducirme la moral?", exaltada por la bonita historia. Me ha sonreído y ha dicho: "Ciertamente."
He respirado tal como respiro cada vez que me preparo para repetir la lección en la escuela: "A veces las situaciones incómodas, los problemas o las dificultades esconden oportunidades de crecimiento: muy espeso en el corazón de las dificultades brilla la luz de una preciosa joya. Es por tanto sabio acoger lo que es incómodo y difìcil." Ha sonreído de nuevo, me ha acariciado el pelo y ha dicho: eres lista, pequeña. Eres una princesa." Quise llorar pero me he retenido, mi madre no sabe que los diamantes del rey han sido para mí las crudas bestialidades de hombres groseros e incapaces de querer.

20 de mayo

Hoy el profe me ha venido a buscar de nuevo fuera de la escuela. Yo lo esperé, le he dado una carta junto a un par de braguitas particulares. La carta dice así: “Esta prenda soy yo. Es la cosa que me describe mejor. ¿De quiénes podrían ser esos dibujos y extrañas figuras con aquellos dos lacitos colgantes si no de una pequeña Lolita? Me ha ocurrido muchas veces de hacer el amor vistiéndolas, quizás contigo nunca, pero no importa... Aquellos lacitos son mis instintos y mis sentidos, son los cordones que mueven mis sentimientos además de dejar las huellas sobre la piel... Imagina mi cuerpo semidesnudo que viste sólo estas bragas: desatado un nudo, se librará como espíritu solo una parte de mí, la Sensualidad. El espíritu de amor todavía es obstaculizado por el nudo puesto sobre la cadera izquierda. He aquí entonces que el que ha desatado la parte de la Sensualidad me verá en mí solamente tú la mujer, la niña, o genéricamente la hembra, en grado solo de recibir sexo, nada más. Me posee solamente por mitad y probablemente es lo que quiero en la mayor parte de los casos. Cuando luego alguien sólo desatara la parte del amor en aquel caso únicamente daré una parte de mí, una parte mínima aunque profunda. Luego en la vida, un día cualquiera a lo mejor aquel carcelero llega y te ofrece ambas las llaves para liberar tus espíritus: Sensualidad y Amor están libres y relucientes. Te sientes bien, libre y satisfecha y tu mente y tu cuerpo no preguntan, más nada, no te atormentas más con sus solicitudes. Como un tierno secreto son liberados por una mano que sabe cómo acariciarte, que te sabe hacer vibrar, y el sólo pensamiento de aquella mano te llena de calor el cuerpo y la mente. Ahora huele aquella parte de mí que está exactamente al centro entre Amor y Sensualidad: es mi Alma que sale y filtra por mis humores. Tuviste razón cuando me dijiste que he nacido para follar, como también ves que mi Alma tiene ganas de sentirse deseada y emana su olor, el olor de hembra. Quizás la mano que ha liberado mis espíritus eres tu profe.
Y me arriesgo a decir que sólo tu olfato ha sido capaz de coger mis humores, mi Alma. No me regañes por esto profe, si me he desequilibrado, siento que tengo que hacerlo porque al menos en el futuro no tendré el remordimiento de haber perdido algo antes de haberlo agarrado. Esta cosa chirria dentro de mí como una puerta no bien cerrada, su ruido es ensordecedor. Estando contigo, entre tus brazos, yo y mis bragas estamos faltos de cualquier impedimento y cadenas. Pero los espíritus en su vuelo han encontrado un muro: el horroroso e injusto muro del tiempo que pasa lento para el uno, veloz por la otra, una serie de cifras que nos tienen a distancia; espero que tu inteligencia matemática pueda ofrecerte alguna ocasión para solucionar la terrible ecuación. Pero no es solamente esto: tú sólo conoces una parte de mí, aunque me haya liberado de las dos. Y no es aquella la parte que querría dejar vivir, al menos no sólo esa. Está en ti decidir si dar una vuelta a nuestra relación, hacerlo volverse más... "espiritual", un tanto más profundo. Confío en ti. Tu Melisa .”

el 23 de mayo de 15,14

¿Dónde está Valerio? ¿Por qué me ha dejado sin siquiera un beso?

El 27 de mayo de 2002

Hoy me ha pasado algo, diario, que nunca hubiera imaginado. He ampliado mi experiencia con una vejación mas. Resulta que a las 6 de la tarde estaba estudiando aburrida en casa sin poderme quitar de la cabeza a Valerio, cuando he recibido una llamada. Era Germano para invitarme a otra sesión de voyeur en su casa. “Esta vez mi contrincante no será Gianmaria”, me ha dicho. ¿Ah, y quien si puedo saber?. “Es una sorpresa, pero es alguien a quien tú conoces muy bien”. Cuando ha colgado me he quedado sorprendida, dando vueltas a mi cabeza intentando adivinar que chico gay conocia yo aparte de Gianmaria y Aldo y no se me ocurría quien pudiera ser...¿Quizás el amigo de Letizia?, ¿Alguien conocido de la pandilla que oculta su inclinación sexual?. Estaba tan intrigada y carcomida por el morbo que ni siquiera por una llamada de Valerio hubiera faltado a la cita. La casa Germano estaba tan solo tres calles mas allá, pero quería llegar cuanto antes, así que me monté en la scouter y en dos minutos estaba tocando al portero. Nadie habló, pero la puerta se abrió. La puerta del piso estaba entreabierta, pasé y oí a Germano: “Pasa Melisa y espera un minuto que estoy en la ducha”. Nunca habia estado en ese piso asi que me llevé una gran sorpresa cuando entré en la habitación. Aquello era un verdadero picadero. Espejos por todas partes, incluido el techo, luz suave y atenuada, música romántica y una enorme cama de agua en el centro. Nada mas, solo cojines, muchos cojines esparcidos por aquí y por allá y una pequeña mesilla de noche.
Pero aún quedé mas sorprendida cuando vi entrar a Gianmaria. Notó por mi cara mi estado de animo: “Tranquila Melisa, estoy enterado de todo, solo soy un invitado mas”. Quise preguntar si conocia al parterner de Germano pero me callé, estaba claro que si lo sabia. Unos segundos después apareció Germano en pijama, limpio, brillante, guapo, espectacular y sonriente. Besos en las mejillas.

¿Parece que se retrasa, no?, pregunté.

No, me contestó, en realidad ya estamos todos.

No entendia nada, ¿acaso el amante misterioso era él mismo?. ¿Se iba a hacer una paja en mi presencia?.

“Vamos a desnudarnos mientras te explico”.

“Tu como casi todos en el barrio creeis que soy homosexual porque siempre me veis acompañando a algún chico y casi nunca con una chica, pero el caso es que yo solo soy un degenerado, un obseso sexual; cuando veo un culo bonito, sea de hombre o de mujer, quiero follarmelo. Y el otro día cuando te ví desnuda me fijé en tu trasero y te juro mi amor que es el culo más bonito que he visto en mi vida. Me dije: Este culito me lo follo yo”

“¿Y si me niego?”, dije, aunque sabia la respuesta.

“Gianmaria no está aquí como voyeur. Esta aquí para ayudarme; si te niegas, te ataremos a la cama bien espatarrada y serás sodomizada sin compasión. Tu decides.

“No hace falta que me ates, solo necesito que me pongas cachonda”.

Ya estabamos los tres desnudos. Gianmaria exhibia ya una máxima erección y sin embargo en ese estado su verga no superaba ni de lejos la longitud de la de Germano que aún la mantenia fofa y colgando entre sus bolsas peludas. Me entretuve lamiendo a Gianmaría que soportaba la succión solo porque él le estaba dando el mismo tratamiento a Germano que chupaba y lamia todos mis rincones ocultos, todos mis pliegues, todas mis grietas. Metiendo su lengua durante mucho tiempo ocupada en mi pozo oscuro. Abrió un cajón y saco un tubo con vaselina que aplicó en grandes cantidades en la entrada aun cerrada a cal y canto. Uno de sus dedos se incrustó en el interior oradando para agrandar el agujero, mientras su dedo pulgar masajeaba con mucha pericia mi botoncito del placer.
Vi la imagen obscena que se desarrollaba en la habitación reflejada en los espejos desde diferentes angulos y su sola visión me calentó aún mas, no pude evitar que un rio de jugos vaginales asomaran al exterior empapando esos dedos maliciosos.
Mi clitoris había crecido al máximo, como nunca lo habia visto, brillante como una perla y duro como el diamante. “Miraté”, dijo Germano. Me ví en el espejo de atrás y contemplé anonadada en el enorme hoyo en el que se había convertido mi ano, rojo, profundo y oscuro. Esperé en tensión. Vi la enorme bellota rojo-violacea cómo se posaba en la entrada y poco a poco quedaba enterrada en el interior, un golpe bestial y de mi boca salió el grito más terrorifico y aterrador que habia escuchado nunca. Las lágrimas se me saltaron, las mejillas enrojecidas e inflamadas por el dolor. Un dolor indescriptible me llenó, cuando esa verga gruesa y poderosa se clavó en mi culo hasta los mismos huevos que quedaron pegados en mi vagina. El no se movió, esperó a que mi aro se acostumbrara al invasor y después comenzó el bombeo, sacando totalmente la polla de su esondite y volviendola enterrar por completo, pero esta vez a una velocidad inusitada, golpes de riñón casi inhumanos peforaban mis esfinteres y volví a gritar y gemir y llorar como una loca, pero esta vez, me da vergüenza confesarlo, no lo hacía por el dolor, sino por el inmenso placer que ese endiablado baiben me proporcionaba. Uno, dos y hasta tres orgasmos seguidos explotaron en mi interior. Mi coño era una lava incontenible de fluidos. Unos segundos después exploté en otro orgasmo gigantesco cuando sentí fluir a borbotones su esperma que regaba mis entrañas, tan adentro, que creí por un momento que iban a escaparse por la boca. ¡Chop, chop, chop!, seguia follandome el culo aunque yo ya no sentía nada, desmayada, casi muerta, en un estado de sopor delicioso, como nunca antes me había encontrado. Dejó de empujar cuando su pene perdió consistencia y le pidio a Gianmaria que le limpiara. Estaba empapado de su jugo y de mi sangre pero no pareció importarle. Me dio la vuelta y se puso a chuparme la almeja casi tan bien como lo hacía Leticia.
Miré el reloj, las siete y media, intente levantarme pero Germano me detuvo mostrandome su polla que de nuevo estaba dura y majestuosa dispuesta a dar otro repaso a mi culo dolorido. Tres veces me folló el culo. Tres veces se corrió, tres veces le limpio Gianmaria y decenas de veces me desmayé de placer.
Tuve que dejar aparcada la moto porque fuí incapaz de subirme en ella de como me dolia el trasero, cogí el autobús y cuando llegué a casa, mi padre observó mi extraño caminar por el salon camino de mi habitación, que cualquier otro ser humano hubiera adivinado que acababan de romperme el culo, pero él impasible me dejó ir, sin una pregunta, sin un reproche, solo indiferencia. Ahora diario, bien lo sabes, estoy llorando no de dolor, tampoco de placer, bien sabes tu, diario, que lloro de rabia, de vergüenza. ¿Hasta donde llegará mi lujuria, mi vicio por el sexo?. Estoy arrepentida, no quiero ser tan bonita, no quiero tener este cuerpo esbelto, no quiero ver lascivia y deseo en los hombres con los que me cruzo. ¿Cuando encontraré a alguien que me quiera como soy y no porque estoy buena?

el 29 de mayo de 2002 2,30

De nuevo lloro, diario, lloro de alegría inmensa. Siempre lo he sabido que existian la alegría y la felicidad. Algo que he investigado en muchas camas, en muchos hombres, también en una mujer, que he investigado en mí misma y que después he perdido por mi culpa. Es en el lugar más anónimo y banal donde lo he encontrado. Y no en una persona, sino en la mirada de una persona. Giorio, Yo y otros hemos ido al nuevo local que apenas ha sido abierto justo bajo mi casa, a 50 m del mar. Es un local árabe, con bailarinas del vientre alrededor de las mesas que bailan o sirven los pedidos, y luego las almohadas en el suelo, las alfombras, la luz de las velas y el perfume de incienso. Estaba repleto, así hemos decidido esperar que alguna mesa se librara para poder tomar sitio. Estoy apoyada a una farola, pensé en la llamada de Fabricio acabada mal; le he dicho que no quería nada de él, que ya no quería volverlo a ver. Se ha echado a llorar y ha dicho que me habría dado todo, precisando pero qué: dinero, dinero y dinero. "Si es eso lo que quieres dar a un ser humano, no soy yo quien lo deba recibir. Te doy las gracias en todo caso" por la oferta, he exclamado irónicamente, luego le he colgado el teléfono en la cara y no he hecho caso de sus llamadas y nunca mas lo haré, lo juro. Odio a aquel hombre: es un gusano, está sucio, ya no quiero abandonarme a él. Pensé en todo esto y en Valerio, tuve las cejas fruncidas y los ojos fijos en un punto no identificable; luego, derepente le ví: Lo miré y se fijó en intervalos de tiempo hartos breves, apartamos la mirada sin poder evitar de mirarnos de nuevo los ojos. Sus ojos eran profundos y sinceros, y esta vez no me he ilusionado creando absurdas fantasías para hacerme mal y castigarme, esta vez realmente no lo he creído, vi sus ojos, estaban allí, me fijaron y semejaron decirme cosas tiernas, de quererme conocer de veras. Y poco a poco he empezado a observarlo mejor: se sentó con las piernas cruzadas, un cigarrillo entre las manos, dos labios carnosos, una nariz un poco pronunciada pero importante y los ojos de príncipe árabe. Lo que estaba ofreciéndome era algo de mío, sólo mio. No miró a ninguna otra, me miró a mí y no como cualquier hombre acostumbra a mirarme por la calle sino con sinceridad y honestidad. No sé por cuál oscuro motivo pero se me ha escapado demasiado fuerte una risotada, no pude contenerme; la felicidad fue tan grande que no pude limitarme a una sonrisa. Giorgio me miró divertido, me preguntó quéme pasaba. Con un gesto de la mano le he dicho de no se preocupara y me he abrazado a él para poder justificar aquel mi repentino estallido. Me he vuelto de nuevo y he notado que estaba sonriéndome y estaba ofreciéndome la vista de sus espléndidos dientes blancos. Hazle ver que eres una estúpida, una idiota y una ignorante... y sobre todo enseguida, no lo hagas esperar!." Mientras pensaba una chica pasa cerca y le ha rozado el pelo sin querer; se ha ocultado por un instante y luego se ha desplazado un poco para lograr verme mejor. Giorgio me ha distraído: "Melisa, estas en otra parte. Yo tengo las ranas en el estómago, no me gusta esperar.” "Tranquilo , Giorgino, otros diez minutos, de verás...", le he contestado porque no quise despegarme de aquella mirada.

"¿Qué es todo esto, está gana de quedar aquí? Algún macho entre los pies?."

He sonreído un poco y he asentido.

Él ha suspirado y ha dicho: hemos hablado largo y tendido sobre eso. Melisa, vive tranquila por un tiempo, las cosas bonitas llegarán por si solas."

"Esta vez es diferente. Giorgino...", le dije como una pequeña niña viciosa

Lo he visto entrar en la heladería con las sombrillas japonesas sobre cada mesa y me he apoyado a la farola, tratando lo más posible de no mirarlo. A un rasgo lo he visto levantarse y creo haberseme puesto indudablemente morada la cara, no supe qué hacer, estaba en absoluta incomodidad; así me he vuelto hacia la calle y he simulado de estar esperando a alguien observando todos los coches que llegaron; y mis pantalones de seda indiano aletearon acompañados por el ligero viento del mar. Su voz caliente, profunda, la he sentido a mis espaldas y ha dicho: "A quién esperas?." De repente he pensado en una vieja cantinela que he leído de pequeña en un cuento que mi padre me llevó de uno de sus viajes. De manera espontánea e inesperada la he pronunciado, girando me vuelvo a él: "Aspecto, aspecto, en la oscura noche, y abro la puerta si alguien golpea. Después de la mala viene la buena suerte y viene el que no sabe el arte." Hemos quedado en silencio, con la expresión de las caras serias; luego nos hemos echado a reír. Me tiene cogida la blanda mano y se la he apretado despacio pero con determinación.

"Claudio", ha dicho siguiendo mirándome a los ojos.

"Melisa", he logrado no sé cómo a decir.

"Qué fue aquella cosa que has dicho ahora?."

"¿Cosa...? ...¡ay, sí, antes! Es la cantinela de un cuento, la conozco de memoria de cuando tenía siete años." Ha movido la cabeza para indicar que lo habia entendido. Echa el ancla silencio, un silencio de pánico. Un silencio interrumpido por mi simpático y torpe amigo que llegó de carrera diciendo: "Scemotta, ha encontrado el sitio, vienes, estamos esperándote."

"Tengo que irme", he susurrado.

«...Puedo llamarte?", también lo ha dicho bajito.

Lo he mirado sabiendo que no era osadía que no fue presunción, sólo voluntad de que todo no acabara allí. He bajado los ojos un poco mojados y he dicho: a menudo me podrás encontrar por aquí, vivo justo aquí encima", indicándole mi balcón.

"Entonces te dedicaré una serenata", ha bromeado guiñando el ojo.

Nos hemos saludado y yo no me he vuelto para mirarlo una vez más aunque habría querido, tuve miedo de estropearlo todo.

Luego Giorgio me ha preguntado: "Pero quién era ese?."

He sonreído y he dicho: "Es el que viene y no sabe el arte."

"Ehhh?", ha exclamado.

Todavía he sonreído, le he besado las mejillas y he dicho: “lo descubrirás pronto, tranquilo."

el 4 de junio de 2002 18,20

¡Ninguna broma, diario! ¡Me ha dedicado de veras una serenata! La gente pasó y miró despertada por la curiosidad, yo del balcón reí como una loca mientras un hombre gordito y rubicundo tocó con una guitarra un poco desgasta y él cantó desentonado como una campana, pero irresistible. Irresistible como la canción que me ha llenado los ojos y el corazón; es la historia de un hombre que al pensamiento de la amada no logra dormir y la melodía es vehemente y delicada. ¿Lo quieres saber cuándo te tengo que dejar? Cuando mi vida acaba y muere... Ha sido un gran gesto, un sutil cortejo, tradicional, banal si queremos pero perfumado.
Cuándo ha acabado he gritado del balcón sonriendo: "Y ahora qué cosa debería hacer? Si no me equivoco, para aceptar la corte haría falta encender la luz de la habitación y si al revés, si no quiero tengo que regresar y apagar."
Él no ha contestado pero yo he entendido lo que habría tenido que hacer. ¡En el pasillo me he cruzado a mi padre, casi lo arrollé! que me preguntó interesado quién era aquél que cantó. Riendo fuerte le he contestado que no lo sabia tampoco yo.
He bajado abajo a la carrera por las escaleras, tal como me encontré, en pantalones cortos y camiseta, he abierto el portón y luego me he parado. ¿Correrle al encuentro y abrazarlo fuerte o bien sonreírle feliz y agradecerlo con un apretón de manos? He quedado quieta sobre el portón y él sabeque no me habría acercado nunca si no hubiera notado una señal, así lo ha hecho él por mí.

"Pareces un polluelo asustado... le dije un poco meticona, pero ha sido más fuerte que yo."

Me ha abrazado despacio y yo he dejado que mis brazos quedaran en su sitio, no he logrado imitar su gesto...

"Melisa... Me permites que te invite esta noche a cenar?."

He dicho que sí con la cabeza y le he sonreído, luego lo he besado despacio en la mejilla y me doy la vuelta.

"Pero quién fue?", curiosa mi madre me ha preguntado.

He levantado los hombros: "Pues no lo sé mamá, nadie...."

12,45 de la noche

Hemos hablado de nosotros, somos más que aquéllos que imaginé decir y sentir. Él tiene veinte años, estudia ciencias modernas, tiene aquella expresión inteligente y viva en el rostro que lo hace increíblemente fascinadora. Lo escuché con atención, me gusta mirarlo sin hablar. Siento un estremecimiento en la garganta, en el estómago. Me siento redoblada como sobre mí misma como el tallo de una flor, pero no estoy partida. Claudio es templado, sosegado, tranquilizador. Me ha dicho que ha conocido el amor, pero que luego se le ha ido de las manos.
Me ha preguntado pasando por el borde del vaso un dedo: "¿Y tú? Me cuentas alguna cosa de ti?."
Me he abierto, he abierto un pequeño resquicio de luz que ha desgarrado la densa niebla que me envuelve el alma. Le he contado algo de mi y mis historias infelices pero no he señalado mínimamente mi deseo de descubrir y encontrar un sentimiento verdadero.
Me ha mirado con ojos atentos, tristes y serios y ha dicho: "Estoy contento de que me hayas contado tu pasado. Me refuerza la idea que he hecho de ti."

"Qué idea?", he preguntado asustada que me acusara ser demasiado fácil.

"Qué eres una chica, excusa, una mujer, que ha atravesado ciertas situaciones para llegar a ser lo que es, a asumir aquella mirada y hacerlo penetrar en el fondo. Melisa, no he encontrado nunca a una mujer como tú... pasó de oír ternura cariñosa a padecer un atractivo misterioso e irresistible", su discurso fue distanciado por largos silencios durante los que me ofreció sus ojos y luego retomó.

He sonreído y he dicho: no me conoces todavía bien para decirlo. Sólo podrás probar uno de aquellos sentimientos que has dicho, o bien nada."

"Ya, es cierto", ha dicho después de haberme escuchado con atención, "pero quiero probar a conocerte mejor, me lo permites?."

Ciertamente, claro que te lo permito!", le he dicho agarrándole la mano apoyada sobre la mesa. Me pareció estar en un sueño, diario, un sueño guapísimo, sin fin.

Apenas he recibido un mensaje de Valerio, dice que quiere verme. Pero ahora también su pensamiento es distante. Lo sé, me bastaría hacer el amor una última vez con el profe para devolverme cuanto es de veras que quiero y qué Melisa es de veras, si un monstruo o una persona capaz de dar y recibir amor.

el 10 de junio de 2002

¡Qué bonito, se ha acabado la escuela! Este año los resultados han sido bastante descepcionantes, yo me he empeñado poco y mis enseñantes se han preocupado poco de entenderme. La promoción me la tengo merecida en todo caso, he evitado destruirme definitivamente. Hoy tarde he visto Valerio, me ha preguntado de alcanzarlo al Bar Época. He partido de carrera, pensando que aquélla habría sido la ocasión en que habría querido. Llegada al sitio he frenado de golpe, arrastrándose las cubiertas sobre el asfalto, he llamado la atención de todos. Valerio sentado solo en una mesa me miró sonriendo y sacudiendo la cabeza con todos mis movimientos. He tratado de darme un comportamiento pausado caminando despacio y asumiendo una expresión seria. Me he dirigido contoneándose a su mesa y cuándo he llegado me ha dicho: "Loly, no has visto cómo te han mirado todos mientras caminabas?."

He sacudido la cabeza y he contestado que no.

"No correspondo siempre las miradas."

Un hombre ha llegado a espaldas de Valerio, de aire misterioso y un poco huraño, y me ha sido presentado diciendo que se llamaba Flavio. Lo he mirado escudriñándolo cuidadosamente, él ha parado mi investigación diciendo: "Usted jovencita tiene fuego en los ojos y es demasiado bella para su edad."

"Me gustaria invitarte a una fiesta, me dice"

¿Y eso por qué?

Valerio me ha hablado maravillas de tí

Y qué mas?, le pregunto mirandole a los ojos un poco picarona

Me dice que eres muy sensual y que te gusta el sexo

Asi que tu tambien quieres probarme, ¿no es así?

No... es decir, no solo yo, una fiesta especial con otros amigos

Necesitas una menor para unos viejos pervertidos, ¿no?

Un poco incómodo Flavio nos ha mirado y Valerio le dice:

"Tranquilo, ella es así de directa."

"Veras Melisa", continua Flavio, "Valerio y yo tuvimos intención de invitarte en una noche particular; me ha hablado de ti, tu edad le da mas morbo al asunto y después de haber sabido cómo eres... y como te gusta.. bueno, ya sabes... he cedido y estoy ansioso por verte en tu salsa."

He dicho sencillamente: "Cuantos años tienes Flavio?."

Me ha contestado treinta y dos . He dudado, parecia de mas edad pero me he fiado.

"Cuándo sería esa fiesta particular?", he preguntado.

“El sábado próximo, a las 22, en una villa junto al mar. Vendré a buscarte yo, junto a Valerio se entiende...."

"En el caso de que contestara que sí”, lo he interrumpido.

“Ciertamente, en caso de que contestaras que sí."

Algunos segúndos de silencio y luego he preguntado: "Tengo que vestir algo especial?."

"Basta con que no se note demasiado tu edad. Todos creen que tienes dieciocho"

"¿Todos, quiénes? Cuántos son?", he preguntado a Valerio

"No sabemos tampoco el número preciso, más o menos cinco parejas garantizadas. Si otra gente se agrega aun no lo sabemos"

“Vaya, una especie de Orgía, no?

“Si, eso es exactamente, o es lo que pretendemos que sea, una bacanal”

Donde yo, la nenita Melisa, va a ser la principal protagonista, no?

“Solo si tu quieres nenita”, ha dicho Valerio

“Ya he dicho que sí”

“Antes tienes que saber que todos los varones asistentes tendrán derecho a tomarte tantas veces como deseen y por todos los sitios que les apetezca, ¿lo tienes claro?.

“Ahora que lo has aclarado, me muero de ganas por asistir”, he dicho con cara viciosa.

He decidido participar; lo siento por Claudio, pero no estoy segura de merecerle, no soy buena para él, otra mujer habrá que la hará feliz.

el 15 de junio de 2002

No, no soy la chica que lo hará feliz. No lo merezco. Mi teléfono sigue sonando sus SMS. No le contesto, lo ignoro completamente. Se calentará y buscará en otro lugar la felicidad. ¿Y entonces por qué siento este miedo?

el sabado 17 de junio de 2002

En silencio, entre diálogos breves y esporádicos nos hemos encaminado hacia el lugar en que ha sido fijada la cita. Era a las afueras en un chalet de la otra parte de la costa dónde los riscos se desmoronan convirtiéndose en arena. El lugar estaba desierto y la casa bastante interna. Hemos entrado por un alto portón de hierro y he contado los coches aparcados por el camino: nosotros y otros tres. "Dulce, hemos llegado", Flavio con estas expresiones me irrita a morir... ¿qué coño conoce de mí? Como se permite en llamarme dulce, querida, pequeña... ¡lo estrangularía! Nos ha abierto la puerta una mujer de más o menos cuarenta, fascinante y perfumada. Me ha mirado de arriba a bajo y ha dirigido una mirada de consentimiento a Flavio que ha sonreído levemente. Hemos atravesado un largo pasillo sobre cuyas paredes colgaban grandes cuadros de paisajes. Llegados a la sala he sentido una profunda incomodidad ya que he sentido decenas de miradas: la mayoría eran hombres, elegantes y distinguidos, alguno habia con mascarilla que cubria su rostro, pero la mayor parte estaban a cara destapada. Algunas mujeres se han acercado y me han dirigido preguntas, de las que Flavio ya me habia aleccionado, una serie de mentiras construidas con Valerio.
El profe se ha acercado y me ha susurrado: "estoy deseando empezar ... quiero lamerte y estar dentro de tí toda la noche y luego mirarte mientras lo haces con otros."
He pensado enseguida en la sonrisa de Claudio: él no podría desear nunca verme follando en la cama con nadie más.
Flavio me ha llevado un vaso con crema de güisqui, que me ha hecho recordar mi conversación telefonica de hace algunos dias con Roberto. Lo he amenazado de contarle todo a su chica si no deja de llamarme y que tenia que decirles a sus amigos que tuvieran la boca cerrada sobre de mí. ¡Ha funcionado, no he vuelto a saber nada de ellos! Al cabo de un momento ha venido junto a mí un hombre mayor pero con andar ligero, como si volara; tenia un par de gafas redondas y dos grandes ojos azul-verde sobre una cara marcada pero bonita.

Me ha mirado escudriñándome cuidadosamente y luego ha dicho: "Hola, eres tú la chica de la que tanto se habla?."

Lo he mirado interrogativa y he dicho: "Depende de quien te refieres... de qué se ha hablado en particular?."

"Bueno... sabemos que eres muy joven, aunque personalmente no creo que hallas cumplido ya los dieciocho años. Y no porque no lo aparentes, sino porque lo siento así... En todo caso me han dicho que tú ya sabes lo que es estar gozando con muchos hombres a la vez y que ya has participado en fiestas como ésta, con hombres solo, pero...."

Me he ruborizado y he contestado: "Nunca he estado con mas de cinco".

“Vaya, pues aquí, contandome a mí somos doce, el más joven tu amigo Valerio y el mayor soy yo que tengo cincuenta y ocho y te aseguro que todos estamos deseosos de gozar de tu cuerpo”

Sabia que había muchos hombres, pero no esperaba tantos. “¿Y cuantas mujeres hemos sido invitadas?, pregunté

“Contigo cuatro, es una norma que siempre haya el triple de hombres que de mujeres”

“¿Alguna joven como yo?”

“Oh no, ninguna de ellas cumple los treinta y para tu información todas estan casadas y sus maridos están tambien aquí”

Valerio se ha acercado y me ha pedido de sentarme con él en un sofa. He hecho una seña con la mano a un hombre, evitando saludarlo porque hubieramos estado toda la noche saludandonos unos a otros. Junto a nosotros en el mismo sofá se sentaron un joven bastante corpulento y dos mujeres con la cara tapada, por lo que no sabia si eran guapas o no, pero ambas estaban dotadas de unas enormes tetas y curvas sinuosas, algo entradas en carnes, pero para nada obesas. Por sus manos intuí que tendrian alrededor de treinta y cinco años. El profe y yo estabamos en el centro de este gran sofá, con una mano él ha empezado a acariciarme un seno por debajo de la blusa llevandome enseguida a la vergüenza y en la incomodidad.

“Eh, Valerio... tenemos que ser nosotros los primeros?."

"Y por qué no, te asusta?", me ha preguntado mordiéndome el lóbulo de la oreja.

"No, no lo pienso ... tiene el deseo impreso en la cara", ha dicho presumidamente el joven corpulento.

"Por qué no empiezas tú?", he preguntado con aire de desafío.

No ha contestado, sólo se ha levantado metiendo una mano bajo mi falda entre los muslos besándome con impetuosidad. Empecé a dejarme ir, mi coño empezó a humedecerse, la necia violencia estaba arrastrándome fuera de nuevo. He levantado un poco las nalgas para llegar a besarlo y el profe ha aprovechado esto, me ha acariciado el culo primero suave y dulcemente, luego sus gestos han ido poco a poco transformándose, volviéndose decididos y calientes. La gente alrededor mio, estaba allí mirando, esperando cual de los dos hombres era el primero en penetrarme. Mientras el chico me besó, una de las dos mujeres le ha abierto la bragueta y a empezado a lamer su cipote. Valerio, fuera de sí me ha levantado la falda y me ha quitado las bragas: todos estaban admirando mi culo y mi sexo expuestos en un sofá desconocido entre gente desconocida. Con la espalda arqueada le ofrecí mi trasero, ansiosa esperando la primera embestida, mientras el tio de delante agarró mis tetas y las apretó fuerte.

"Mmm, hueles como un joven melocotón", otro hombre ha venido a olerme, "eres blanda y lisa como un melocotón apenas lavado, fresco."

Valerio habia comenzado a follarme , otro hombre tocaba mis tetas y un tercero me lamia el culo. Unos minutos después eché un vistazo alrededor. La anfitriona, la elegante señora que nos habia recibido en la puerta estaba tumbada enfrente nuestro, el vestido levantado, sin bragas y chupando la verga del hombre mayor que antes habia estado hablando conmigo, mientras Flavio, con los pantalones y los calzones en las rodillas la estaba empalando por el culo. Las dos señoras enmascaradas de las tetas grandes estaban entretenidas chupando dos hermosas pollas al mismo tiempo que sus coños eran atendidas por otras dos buenas estacas. Los otros tres estaban frente a mi, con las pollas en la mano, pajeandose y esperando turno para taladrar cualquiera de mis agujeros.

He restregado con rabia los ojos, se me ha enrojecido la cara, me he quitado de encima a mis tres amantes y le he dicho al profesor: "Vamos fuera, "no quiero."

Ha sucedido justo en el momento en que mi cuerpo estaba abandonando completamente... Pobre Flavio, pobre joven corpulento, pobre vejete de cincuenta y ocho, pobres todos y pobre yo. He dejado a todos los tios con la picha fofa, se ha terminado el encanto, me he repuesto de prisa y con las lágrimas en los ojos salí fuera por el largo pasillo, he abierto la puerta de entrada y he ido hacia el coche firme sobre la callejuela. Tenia los vidrios completamente empañados por culpa de la humedad espesa que envolvia la casa.
Durante el trayecto no ha habido una palabra. Sólo cuando he llegado bajo el portón de casa he dicho: no me has dicho todavía nada sobre la carta."

Muchos segundos de silencio y luego sólo: "Adiós Lolita."

20 de junio 6:30

He apoyado los labios sobre el auricular y he oído su voz apenas susurrada por el sueño. "Quiero vivirte", he susurrado con un hilo de voz.

24 de junio

Ahora es de noche, querido diario, y estoy fuera en la terraza de casa a observar el mar. Esta tan calmo, quieto, dulce; el calor tibio atenúa las olas y siento en lejanía su ruido, pacífico y delicado... La luna esta un poco escondida y semeja observarme con mirada lastimosa e indulgente. Llorando le he contado toda la verdad, toda mi vergüenza y despues le he preguntado que cosa puedo hacer para que me perdone.

El me dice que es difícil sacar las incrustaciones del corazón.

Mi corazón... no recordé tenerlo. Quizás no lo he sabido nunca.

Una escena conmovedora del cine no me habia conmovido nunca , una canción intensa no me ha emocionado nunca y en el amor siempre he creído a medias, considerando que fuera imposible conocerlo de veras. Sencillamente nunca nadie me ha hecho alorar el amor que tuve dentro escondido, oculto a todo. Estaba en alguna parte escondido, hacía falta desenterrarlo... Y yo lo he buscado proyectando mi deseo en un sitio donde el amor es exiliado; y nadie, nadie digo, me ha parado el paso diciendo: "No pequeña, de aquí no se pasa." Mi corazón ha sido encerrado en una celda helada y era peligroso destruirla con un golpe decidido: el corazón habría quedado mellado para siempre por ello. Pero luego llega el sol, no este sol siciliano que quema, que escupe fuego, que pega incendios sino un sol templado, discreto, generoso, que descongela despacio el hielo, evitando así inundar de golpe mi alma árida. Al principio me ha parecido preciso preguntarle cuando haríamos el amor pero luego, en el momento en que estuve a punto de hacerlo, me he mordido los labios. Ha entendido él que que queria decirle algo y me ha preguntado: "Que hay Melisa?", me llama por mi nombre, para él no soy su nena, ni Loly, ni muñeca, ni cielo, solo soy Melisa, soy la persona, la esencia, no el objeto y el cuerpo.

He sacudido la cabeza: "Nada, Claudio, de veras."

Entonces me ha tomado una mano y la ha apoyado sobre su pecho.

He tomado aliento y he balbucido: "... Me pregunté cuándo habrías querido hacer el amor...."

Él se ha quedado en silencio y me morí de vergüenza, he sentido las mejillas sonrosadas.

"No Melisa, no tesoro... No tengo que ser yo quien decida cuando hagamos el amor, lo decidiremos los dos. Pero seremos tú y yo, juntos", ha sonreído.

Lo miré atónita y él ha entendido que mi mirada extraviada le pide continuar.

"Porque ves... cuando dos personas se unen es la cumbre de la espiritualidad y este sólo puede alcanzarse si se quieren. Es como si un remolino envolviera los cuerpos y entonces nadie queda más que ellos mismos, pero uno está dentro del otro en el modo más íntimo, más interior, más bonito."

Aún más asombrada le he oido decir: “te quiero Melisa, te quiero.

¿Por qué este hombre tan bueno no lo he conocido hasta hace pocos días? ¿Por qué la vida hasta ahora me ha reservado maldad, suciedad, brutalidad? Este ser extraordinario puede desdoblarme la mano y levantarme del hoyo estrecho y fétido en el que me he acurrucado asustada... ¿Luna, según tu puede hacerlo? Las incrustaciones son duras de arrancar del corazón. Pero quizás el corazón puede romper en mil pedazos la coraza que lo circunda.

30 de junio

Siento los tobillos y muñecas atadas a una cuerda invisible. Yo estoy suspendida en el aire y alguien por debajo tira y grita con voz infernal, alguien más tira de lo alto. Yo sobresaltada lloro, a veces toco las nubes, otras veces los gusanos. Repito a mí misma el nombre: Melisa, Melisa, Melisa... como una palabra mágica que puede salvarme. Me agarro a mí misma.

7 de julio

He repintado las paredes de mi habitación. Ahora es azul y sobre mi escritorio no hay la mirada lánguida de Marlene Dietrich sino mi foto con el pelo al viento mientras observo tranquila los barcos atracados en el puerto; detrás de mí está Claudio que me ciñe la vida apoyando delicadamente las manos sobre mi blusa blanca y baja su cara contra mi hombro besándolo. Él no parece ver los barcos, parece que solo tiene ojos para contemplarme. Una vez sacada la foto me ha susurrado a la oreja: "Melisa, te quiero." Entonces he apoyado una mejilla a la suya, he respirado fuerte para saborear el momento y me he vuelto. He tomado su cara entre las manos, lo he besado con delicadeza hasta ahora desconocida y he susurrado: yo también te quiero ", Claudio...." Un escalofrío y un calor febril me han recorrido el cuerpo hasta que me he abandonado entre sus brazos y le he apretado más fuerte besándole con una pasión que no era ganas de sexo, sino de amor. He llorado mucho, como nunca lo hice delante de alguien.

"Ayúdame mi amor, te ruego", he suplicado fuerte.

"Estoy aquí para ti, estoy aquí por ti...", ha dicho mientras como ningún hombre me apretó ni me ha apretado nunca.

13 de julio

Hemos dormido en playa abrazados el uno a la otra. Nos hemos calentado con nuestros brazos y su nobleza de ánimo y su respeto me hacen temblar de envidia. ¿Cómo puedo recompensarlo de toda esta belleza?

24 de julio

Miedo, mucho, mucho miedo.

30 de julio

Yo escapo y el me retoma. Y es tan dulce sentir sus manos que me aprietan sin oprimirme... A menudo lloro y cada vez que lo hago me tiene estrecha hacia si, respira mi pelo y yo apoyo mi cara sobre su pecho. La tentación de huir y de recaer en el abismo, recorrer de nuevo el oscuro túnel y no salir de allí jamás sigue latente en mi. Pero sus brazos me sustentan y yo confío en ellos y todavía puedo salvarme...

el 12 de agosto de 2002

El deseo de él es fuerte y vibrante, no puedo prescindir de su presencia. Me abraza y me pregunta de quien soy. "Tuyo, le contesto, "completamente tuya. Me mira a los ojos y me dice: "Mi vida, no te hagas más daño, te lo ruego. Demasiado daño tambien me harias a mí." No te haría nunca el mal", le digo. "No tienes que hacerlo por mí, tienes que hacerlo por ti. Tú eres una flor, no dejes que te pisen más." Me besa rozando despacio mis labios y me llena de amor.
Sonrío, soy feliz. Me dice: "Ahora tengo que besarte, tengo que robarte esta sonrisa e imprimirlo para siempre sobre mis labios. Me haces volverme loco, eres un ángel, una princesa, querría dedicar la noche entera para quererte." En una cama presentamos cuerpos que se adhieren perfectamente, la suya y mi piel se unen y nos volvemos fuerza y dulzura; nos miramos a los ojos mientras se mete dentro muy suavemente, sin hacerme mal porque dice qué mi cuerpo no tiene que ser violado, sólo querido. Lo ciño con los brazos y con las piernas, sus suspiros se unen a los míos, sus dedos se entrelazan a los mios y su placer se confunde inexorable con el mío. Me duermo sobre su pecho, mi largo pelo le cubre el rostro pero eso le hace feliz y me besa cientos y cientos de veces sobre la cabeza. "Prométeme... prométeme una cosa: nosotros no nos perderemos nunca, me lo prometes", le susurro. Echa el ancla el silencio, me acaricia la espalda y pruebo escalofríos irresistibles, entra de nuevo dentro de mí mientras yo hundo mis caderas adhiriendo las suyas. Y mientras me muevo despacio dice: hay dos condiciones para que tú no puedas perderme y yo no pueda perderte. No tienes que sentirte prisionera ni de mí ni de mi amor, de mi cariño, de nada. Tú eres un ángel que tiene que volar libre, no tendrás que permitirme nunca ser dueño de tu vida. Tú serás una gran mujer, como lo eres ahora." Mi voz rota por el placer le pregunta cuál es la segunda condición.
"De no traicionarte nunca a ti misma, porque traicionandote a ti misma me harás daño a ti y será malo para ti. Yo te quiero y también te querré cuando nuestras calles se dividan." Nuestros placeres se derriten y no puedo prescindir de apretarte fuerte mi Amor, no lo dejes jamás, nunca.
Me vuelvo a dormir sobre su cama agotada, la noche transcurre y la mañana se despierta con el sol caliente y luminoso.

Sobre la almohada un billete suyo:

“Qué tú puedas tener en la vida la más alta, llena y perfecta felicidad, maravillosa criatura. Y que yo pueda ser parte de ti, hasta que tú lo quieras. Porque... deber saber que yo lo querré siempre, también cuando no te vuelvas más atrás para mirarme. He ido a pedirte desayuno, vuelvo pronto.”

Con un sólo ojo abierto observo el sol, los sonidos llegan blandos a mis orejas. Los barcos de los pescadores están empezando a atracar después de una noche pasada en el mar. Un viaje a lo desconocido. Una lágrima me atraviesa la cara. Sonrío cuando su mano roza mi espalda desnuda y me besa el cuello. Lo miro. Lo miro y entiendo, ahora sé.
He concluido mi viaje dentro del bosque, he logrado escapar de la torre del ogro, de las garras del ángel tentador y sus diablos, ya estoy fuera del monstruo andrógino. Y estoy acabada en el castillo del príncipe árabe, que me ha esperado sentado sobre una almohada blanda y aterciopelada. Me ha hecho desvestir mis vestidos raídos y me ha dado vestidos de princesa. Ha llamado a las criadas y me ha hecho peinar, luego me ha besado sobre la frente y ha dicho que me habría observado mientras dormía. Luego, una noche, hemos hecho el amor y cuando he vuelto a casa he visto mi pelo todavía brillante y la trenza intacta. Una princesa, como mi madre siempre dice, así tan bonita que también los sueños quieren robarla.

FIN

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